Posteado por: Javier | enero 31, 2012

Lutero, “el nazi”

Una de las cosas más tristes, pero menos sorprendentes del mundillo “liberaloide” español, sin duda, es la zoquetería e ignorancia de muchos de sus integrantes. Un buen reflejo de ello son los hilos de comentarios de Libertad Digital, donde te puedes encontrar “perlas” como En la España postzapateril -heredada con gusto por Rajoy- sería justamente al revés: los terroristas expulsarían a los periodistas del plató” (seguramente, el idiota que escribió esto pensaba que, en tiempos de ZPatético, en España gobernaban los etarras), “destrucción hasta los cimientos de las Universidades Españolas. Esta legislatura no D. Mariano. Después, con el levantamiento social”, o Desde luego el tal Pedro J. Ramírez es algo “bicho…”, pero un bicho útil, muy útil y de agradecer por este País. A ver si un día se decide y le hace una “biopsia total” al sinvergüenza “Bono vivaespaña” en varias entregas de El Mundo, y otro día le hinca el diente al 23F, que ya va siendo hora… Rozaría la perfección el tal Pedro J”. Normal, por otra parte, en tipos que se tragaron, como verdaderos zotes, y dieron total credibilidad a bolas del calibre de cuando en la COPE se acusó, sin ninguna prueba, a algunas empresas de colaborar con Batasuna, por poner solo un ejemplo.

Ahora, al hilo de los artículos “anti-católicos” (en realidad, no lo son, lo que son es propios del típico paleto que cree que todo lo de fuera es mejor que lo que tenemos en España) del charlatán de César Vidal, de los que he hablado con anterioridad, en los que mezcla datos ciertos con algunas conclusiones tontas, sin embargo, vuelven a desplegar su extrema ignorancia al contestarle.

Lo más manido para “contrarrestar” a Vidal ha sido el “extremo antisemitismo” de Lutero. O la cita de sus textos por parte de los nazis, como si acaso Lutero hubiera sido el culpable del nazismo. Aparte de que la actitud de Lutero en los últimos años de su vida fue antijudaica, que no “antisemita”, como dicen, el que algunos seguidores del papado se dediquen a tachar a otros de “antisemitismo”, ignorando su propia historia, es como mentar la soga en casa del ahorcado, pero, en fin, es algo a lo que merece la pena dedicar un poco de tiempo.

Uno de los argumentos más llenos de prejuicios y deshonestos contra Lutero ha sido, durante mucho tiempo, tratar de culparle, aunque sea indirectamente, del Holocausto. A pesar de que lo que dijo Lutero, tres años antes de su muerte, en 1543, indudablemente es muy condenable, en cuanto al contenido, desde luego que sí, pero el problema es cuando nunca se estudia el contexto histórico en que se hace o se dice algo o cuando se omiten cosas (curiosamente, una de las acusaciones que se hacen al gordito Vidal en sus artículos), como que en 1523, veinte años antes de publicar “Sobre los judíos y sus mentiras”, publicó su tratado “De cómo Jesucristo nació judío”, donde se reveló como un gran defensor de los judíos, frente al antijudaismo existente en aquella época. En esa obra, habla de ellos como los “hermanos de Cristo que aun no han reconocido y aceptado al Mesías”, y pide que se les trate amablemente. En un gesto conciliador afirma que los judíos de la época se convirtieron en prestamistas obligados por las prohibiciones del papado que no les permitían ejercer otras profesiones u oficios, y exhorta a sus lectores no judíos a mostrar frente a ellos un buen testimonio a través de sus vidas y enseñanzas cristianas. Según sus propias palabras, “para ayudarlos no debemos aplicarles la ley del Papa, sino la ley del amor cristiano, y recibirlos con amabilidad … para que puedan oír y ver nuestra vida y nuestras enseñanzas cristianas. Si algunos son obstinados ¿tiene importancia eso? Tampoco nosotros somos todos buenos cristianos”.

En años posteriores, Lutero olvidó en buena medida la cuestión judía, más centrado en la lucha contra el papado (él consideraba al Papa el último Anticristo descrito en la Biblia, así como que los tiempos postreros del Apocalipsis estaban cerca) y, al final de su vida es cuando da un viraje de 180º y, poco antes de morir, publica en 1543 “Sobre los judíos y sus mentiras”.

Seguramente, en parte estaba influido por la frustración de su idea de que los judíos aceptarían a Cristo y se convertirían. Pero, sobre todo, su idea procedió de la lectura de algunos textos talmúdicos, en los que se dice que Jesús es un bastardo y María una adultera (el papado se basaba en ellos para ordenar, durante la Edad Media, quemas del Talmud y muchos editores judíos los suprimían por temor a represalias). Esto es una realidad pero, por supuesto, ES TAN INJUSTO CULPAR A TODOS LOS JUDÍOS POR ESTO, como lo sería actualmente culpar a todos los católicos por la Inquisición, o a todos los musulmanes por Al Qaeda o a todos los ateos por el estalinismo. Hay que recordar que Lutero, por supuesto, sabía leer hebreo y leyó todo esto, pero no hay excusa: Calvino también sabía leer el hebreo y nunca se manifestó en estos términos.

En aquellos tiempos, en algunos pasajes del Mishna y el Talmud, se decía que la madre de Jesús fue, quizá de origen noble, y su nombre era Miriam o María. Su esposo se llamaba Pappus ben Jehudah, y su amante era un tal Panderia. También se le adjudica una relación adúltera con un carpintero. Jesús fue concebido en una relación ilícita, fue un bastardo. Su viaje a Egipto durante la niñez, fue la ocasión donde Jesús aprendió sus trucos de ilusionismo de los magos egipcios. A pesar de que sus milagros fueron artes de magia, Jesús engañó a muchos. Además, pecó contra Israel como Balaam y causó que muchos pecaran contra Dios por culpa de sus herejías. A raiz de esto fue condenado y excomulgado. Por sus supuestos “crímenes” fue primero apedreado y luego colgado o crucificado. Luego de su muerte, Jesús fue lanzado en el infierno donde está sufriendo el castigo eterno sumergido en semen y excremento hirviendo.

Hoy días, estas referencias son difíciles de encontrar, pues el Sínodo de líderes judíos de Petrikau (Polonia) las censuró en 1631, sin embargo, algunas copias previas a ese año se conservan en la Universidad de Oxford y algunas bibliotecas europeas. Ya digo que esto no excusa el antijudaismo de Lutero, pero hemos de situarnos en la época y el contexto. Todo esto es lógico que ofende a cualquiera que sea cristiano sincero. Lo que no es disculpable es la reacción posterior de Lutero.

En “Sobre los judíos y sus mentiras“, escribió: “Nos maldicen a nosotros, los goim, y en sus escuelas y oraciones nos desean el mal. Nos roban con la usura… y se enseñan a hacerlo unos a otros. Los Gentiles nunca hicieron eso… pero el diablo sí lo hace, como también aquellos que están bajo su dominio, como los judíos”… “Ellos son perros sangrientos y asesinos, que han sido acusados una y otra vez de envenenar las aguas, de robar y matar niños cristianos para beber sangre cristiana. Nos tienen prisioneros en nuestro propio país, nos hacen trabajar con nuestras manos, mientras ellos descansan y nos invaden con la usura. El diablo ríe y baila mientras establece su paraíso entre nosotros, los cristianos, recurriendo a sus santos, los judíos. Ellos deberían dejar nuestro país para aliviarnos de la carga que representan. Ejemplos positivos ya se han visto en otros países: Francia, España y Bohemia los han expulsado”.

No solo eso, sino que incluso Lutero consideró que los judíos eran un colectivo que ejercía la usura, ahogando a los más desfavorecidos (él, a diferencia de Calvino, repudiaba como inmorales los préstamos con interés, por “usurarios”)… algo no demasiado distinto a lo que llevaba siglos haciendo la Iglesia Católica, dicho sea de paso.

Lutero había puesto como medida positiva las expulsiones en Francia, España o Bohemia, y él pensó en lo mismo… inspirado en la expulsión decretada por los Reyes Católicos en 1492. Y, así y todo, decir que en ningún momento Lutero aconsejó la eliminación física de los judíos, pese a ser “alma mater del nazismo”, como parece ser.

El caso es que ninguna autoridad desde la Europa católica es conocida porque afeara la conducta a Lutero, evidentemente existía una coincidencia de puntos de vista en esa cuestión. En cambio, el príncipe alemán de Hesse, quien había seguido la enseñanza luterana, se negó expresamente a expulsar a los judíos de su territorio. Incluso amigos de Lutero, como Philip Melanchthon y Andreas Osiander, se horrorizaron al leerle. Por otra parte, ya hemos visto el lenguaje que utiliza Lutero, algo que motivó el que “Sobre los Judíos y sus Mentiras” tuviera una influencia mínima o inexistente sobre los gobiernos de la época, fuese ignorado por el público en general y quedara sepultado en el olvido de la conciencia universal, prácticamente hasta que los nazis de forma oportunista desempolvaran algunas de sus citas. Si no fuera algo tan serio, sería auténticamente de risa pretender sostener que porque leyeron a Lutero, a partir de ahí, los nazis empezaron a planificar un programa de persecución y exterminio sistemático de los judíos, como si acaso el antisemitismo nazi hubiera tenido relación alguna con las acusaciones de Lutero a los judíos. Los primeros veían a los judíos desde una perspectiva racial o étnica, mientras que Lutero se refería a sus creencias.

Más aún deshonesto es pretender resumir todo el pensamiento de Lutero en esto, cuando se ha leído un poco de su obra anterior y se tienen en cuenta las contradicciones en que él mismo incurre en “Sobre los judíos y sus mentiras”.  Después de despotricar contra los judíos, expresa: “Nosotros no podemos apagar la ira de Dios, y tampoco convertir a los judíos. Es necesario que con devoción ejerzamos una marcada misericordia, y con temor a Dios, tengamos la esperanza de salvar a algunos de ellos de las llamas. No debemos recurrir a la venganza: son ellos quienes se vengan”. Mucho sentido no tiene que primero hable de medidas represivas y después de “misericordia”.

Más aún, en otras partes escribe: Mucho menos me propongo a convertir a los judíos, porque ello es imposible”. o “….. aparte de ellos estaban los judíos que vivían en la Diáspora a quienes San Pablo, otros apóstoles y sus discípulos convirtieron junto a los gentiles … Esto es verdad hoy en el caso de los judíos que fueron convertidos.

Por cierto, aún todo lo anterior, un pasaje en el que muestra una cierta magnanimidad: Tres judíos estudiosos se me acercaron, esperando descubrir en mí un nuevo judío porque estábamos empezando a leer hebreo aquí en Wittenberg, y resaltando que las cosas pronto mejorarían ahora que nosotros cristianos estábamos comenzando a leer sus libros. Cuando debatí con ellos, me dieron sus brillos, como lo hacen generalmente. Pero cuando los obligué a volver al texto, pronto huyeron de éste, arguyendo que debían creer a sus rabinos como nosotros le creemos al papa y los doctores. Sentí lástima por ellos y les ofrecí una carta de recomendación a las autoridades, pidiéndoles que por el amor de Dios los dejaran hacer su camino libremente. Pero más tarde descubrí que llamaban a Cristo tola, es decir, delincuente ahorcado. Por lo tanto no deseo tener nada más que ver con ningún judío. Como dice San Pablo, están encomendados a la ira; más uno intenta ayudarlos, más viles y obstinados se convierten. Dejad que se las arreglen solos.

En los pasajes antepenúltimo y penúltimo, primero dice que no es posible convertirlos y después se contradice y dice que sí. En el último, igualmente contradice el tono general de la obra. Podemos hacernos una idea de en qué estado estaba Lutero, en los dos últimos años de su vida, cuando escribió estas líneas, seguramente con idas y venidas de lucidez.

Lutero llevaba muchos años intentando evangelizar a los judíos, totalmente convencido de que esto iba a ocurrir, y al final de su vida se sentía frustrado al ver que ello no sucedió. A esto hay que unir sus lecturas de los pasajes del Talmud en que se rechazaba y denigraba a Jesucristo, su credulidad con los rumores y leyendas urbanas según los cuales los judíos envenenaban los pozos y raptaban a los niños para amasar el pan ácimo con su sangre y la enfermedad que le aquejó y afectó a sus facultades en sus últimos años para explicar cómo pudo pergeñar un mazacote infecto en el que mezcla teología brillante a ratos con verdaderos despropósitos, una obra totalmente prescindible que no es de extrañar que fuera archivada en los corredores del olvido, juntando polvo hasta el tiempo en que los neuróticos de diferentes facciones lo desenterraran. Sin ir más lejos, por quienes intentan reducir todo el pensamiento de Lutero a esto. No incluyo aquí a los detractores internáuticos de Vidal, moaistas y demás cuadrilla, pues estos paletos ni a esos niveles llegan, porque verdaderamente hay que ser gilipollas y soplagaitas elevado al cubo para pretender presentar seriamente a Lutero como si hubiera sido toda su vida un antijudío de tomo y lomo, como si a causa suya el antijudaismo que se respiraba en toda Europa hubiese aparecido de la nada en Alemania y como si el antisemitismo de los nazis acaso se hubiera basado en él.

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Responses

  1. este gilipollas se ha tragado lo de alqaeda… paleto!!! q es la cia!!! son ellos mismos haciendo de malos para justificar cosas peores: invasiones, asesinatos… q lastima me das perdedor.

  2. Sí, Al Qaeda es la CIA, Putersmith, y los burros vuelan y las ranas crian pelo, y los reptilianos gobiernan el mundo en la sombra, por supuesto que sí.

    Usted exactamente gilipollas no sería… en subnormal profundo lo podemos dejar.


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