Posteado por: Javier | febrero 21, 2012

¿Religión en las aulas? ¡NI EN LA PRIVADA!

El autor del siguiente artículo, relacionado con algunos debates que hemos tenido hace unos días, tanto aquí como en la bitácora de Alfredo, y publicado también allí, es RUBÉN, y la suya es una postura muy novedosa y heterodoxa con respecto a lo que conocemos actualmente sobre la opinión liberal-conservadora acerca de las relaciones Iglesia-Estado (por cierto, el propio autor es de derechas y cristiano, no creo que sea sospechoso de “rojete”, así que, si hay críticas, por favor: que tengan un mínimo de seriedad, consistencia y fundamento).

En concreto lo que se plantea es el carácter público de la función educativa, aunque esté delegada a colegios privados, y el que este hecho pueda convertir en algo contradictorio la enseñanza de la religión en estos centros.

Tradicionalmente, en materia de separación entre lo eclesiástico y lo estatal, se ha pensado que la enseñanza de la religión (la que sea) debía estar fuera del ámbito de la enseñanza pública pues, en caso contrario, el Estado estaría encargándose de hacer proselitismo, a través de las escuelas, de unas creencias determinadas. En cambio, en los privados, al autofinanciarse con las cuotas de sus alumnos, no habría mayor inconveniente: ellos pagan y ellos deciden si quieren recibir enseñanza religiosa en las aulas o no. El autor va un poco más allá y ha detectado que esto puede ser problemático, puesto que la educación (o, siendo más concretos, la instrucción en materias como matemáticas, lengua, historia, geografía, etc.), siendo una función pública delegada pudiera estar utilizándose igualmente para hacer proselitismo religioso, algo que correspondería a los individuos, las familias y las iglesias, pero no a los centros educativos.

Tampoco hay que olvidar que la libertad religiosa (o, algo más genérico, de conciencia) es un principio muy importante, por supuesto, pero solo es absoluta en lo relativo a las creencias personales, no legitima cualquier actividad que pretenda ampararse en ella, algo lógico y que no tiene discusión entre liberales. Y, en cuanto a la propiedad privada y la libertad de empresa, evidentemente que hay que defenderla y son necesarias en sociedades liberales y democráticas, pero también tienen sus límites cuando interactúan con otros derechos y libertades. Por ejemplo, con la función social de la educación.

El artículo va al “deber ser”, pues, ahora mismo, la Constitución no permite esta separación tampoco en la escuela pública, esa es la realidad actual, el artículo 27.3 dice que: “Los poderes públicos garantizarán el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

Conclusión mía, después de analizar el tema estos días: tengo una opinión muy similar a la de Pedro. Quizás habría que reformar la Constitución y definir legalmente la función pública de la educación, tanto para los centros públicos como los privados, puesto que habría que distinguir entre el derecho de los padres a educar a sus hijos en sus valores y el interés de los niños para recibir una educación de calidad, sea pública o privada, en condiciones de igualdad entre todos, puesto que hay numerosos confusionismos entre estos dos conceptos, que es, a fin de cuentas, lo que genera tanto rechazo a esta idea. Posiblemente, por cuestiones de pragmatismo, como “transición” puesto que muchísimos colegios privados son religiosos, hasta ese momento pudiera permitirse la enseñanza privada de la religión como una actividad extra-escolar no evaluable, como una de las actividades que distingan al colegio (igual que otras se distinguen por tener actividades extraescolares orientadas al deporte: equipos de fútbol, atletismo, etc.), aunque esta permanencia tenga un límite en el tiempo. Más que una diferencia con el artículo de Rubén, un matiz, para llegar al final al mismo punto, una separación por fin seria entre Estado e Iglesia.

Y una verdadera libertad unida a responsabilidad individual para los padres porque, esto ya para los padres cristianos a quienes preocupe la idea:

Después de reflexionar bíblicamente sobre el asunto, ¿Realmente, no seremos nosotros el problema y no las escuelas? ¿Debemos dejar despreocupadamente a las escuelas, aún las privadas, que formen espiritualmente a nuestros hijos, Dios sabe cómo, porque seamos unos comodones que no queramos hacerlo por nosotros mismos? ¿Avala esto la Biblia? Lo digo porque hay que tener cuidado, no asumamos argumentos que son más propios de tertulianos engominados intereconómicos, gente absolutamente totalitaria y anticristiana, que serios y bíblicos, y que no tienen nada que ver con la propia historia de la cristiandad. No creo que la sociedad estuviera moralmente peor porque no se enseñase religión en colegios públicos o privados y sí es un problema familiar nuestro. Nosotros somos los culpables de no educar cristianamente a nuestros hijos, por comodidad o vete a saber porqué. Habría que mirar la Biblia (el GRAN PROBLEMA: SU ABANDONO) como patrón para los cristianos: si algo no aparece en ella es muy dudosamente avalable como regla de fe para los cristianos. Y lo cierto es que en la Biblia todos los “héroes de la fe”, se educaron en ella en sus hogares, con sus familias, con sus padres o familiares allegados, no en escuelas, ni públicas, por supuesto, pero tampoco privadas. Respeto a numerosos autores cristianos que hayan defendido la escuela privada “bíblica” (como conveniente, no como legal, eso es otro tema), pero la Biblia parece apuntar a otra cosa.

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¿Religión en las aulas? ¡NI EN LA PRIVADA!

Por Rubén

La cuestión de la religión en las aulas impartida como una asignatura más es una política que bien a una costumbre tradicional que a una característica natural de la propia materia religiosa en sí. Es más, me atrevo a decir que, hoy en día, conculca uno de los derechos fundamentales del ciudadano español, la educación, por tratar de favorecer o ampliar otro derecho, la libertad religiosa.

Tradicionalmente, la educación ha iobedece más do de la mano de la religión por diversos motivos que ahora no vamos a analizar ya que no es el objeto de este artículo. Podemos retrotraernos a finales del Imperio Romano para encontrar el comienzo de esta alianza entre el Estado y su religión oficial que se enseñaba a los escolares en aquellas primitivas escuelas. Posteriormente, durante la Edad Media, esta costumbre se institucionalizó de tal modo que solo la Iglesia estaba habilitada para impartir educación. Sin embargo, en el s.XVI, a partir de la Reforma comenzó un lento pero progresivo proceso de secularización de la enseñanza basado en el principio de separación entre Iglesia y Estado. Esto lo encontramos en el s. XVIII en los futuros EE.UU. y a partir de 1789 en la Europa de la Revolución francesa. Este proceso ha sido desigual y complejo y no todos los países europeos o americanos han llevado el mismo ritmo de aplicación de este principio. Empero, hoy en día, en pleno s.XXI, podemos decir que una gran mayoría de personas están de acuerdo con el principio de separación entre Iglesia y Estado producido por la libertad religiosa aunque, a pesar de ello, sigamos mezclando las dos cosas, Estado e Iglesia, muchas veces por tradición e inconscientemente.

Antes de comenzar el desarrollo de las razones por las que no permitiría la enseñanza religiosa en las escuelas, tanto públicas como privadas, conviene primeramente sentar las bases de los principios, liberales a mi entender, que expongo a continuación. Debemos convenir, pues, que en todo sistema republicano y constitucional de gobierno las libertades tienen límites y su ejercicio debe ser regulado. En el tema en cuestión encontramos dos libertades o derechos enfrentados, la libertad religiosa y el derecho a una educación de calidad.

La libertad religiosa es una libertad más, ni más importante ni menos que otras, y como tal también debe tener sus limitaciones y regulaciones. Aquí vamos a analizar las relacionadas en su interacción con la educación. Además, como somos personas que vivimos en sociedad, el ejercicio de todo derecho o libertad debe estar en consonancia con su función social que provendrá de su función natural, o sea de lo que es en sí misma, más allá de ella entrará en conflicto con otras libertades o derechos.

Así pues, podemos decir que la función natural de la libertad religiosa es que el individuo pueda profesar la religión que desee y difundirla (proselitismo) en libertad sin sufrir acoso o persecución por parte del Estado o de otros. Y esto nos lleva a su función social: evitar injerencias de la Iglesia en el Estado o viceversa, o sea, el principio de separación entre Iglesia y Estado. Por otra parte, la función natural del derecho a una educación de calidad es formar física y mentalmente al individuo, lo que nos llevará a su obvia función social: fomentar la igualdad de oportunidades y crear un buen ciudadano que sepa convivir en sociedad.

Como podemos observar, las funciones sociales, derivadas de sus respectivas funciones naturales, tanto de la libertad religiosa como de la educación, no tienen nada en común salvo cuando hablamos de enseñanza religiosa. Cuando las distintas confesiones comienzan a introducirse en el espinoso tema de la enseñanza de su religión, amparados bajo el paraguas de la libertad religiosa, es cuando empiezan a surgir conflictos con el derecho a una educación de calidad. ¿Por qué? Porque la enseñanza religiosa no tiene función social propia ya que su función natural es formar buenos feligreses: católicos, cristianos, musulmanes, etc, objetivo último del proselitismo religioso amparado por la libertad religiosa. En definitiva, la enseñanza religiosa no es más que otra forma de proselitismo religioso.

Sin embargo, tanto el derecho a la educación como la libertad religiosa deben ser regulados por las leyes: sus límites y, por supuesto, su ejercicio. De la misma forma que el derecho de manifestación, a pesar de estar reconocido constitucionalmente, está regulado y limitado, por lo que es necesario un permiso administrativo para poder ejercerlo, igualmente la libertad religiosa debe tener regulado su ejercicio. Así pues, la enseñanza religiosa ¿qué es? ¿derecho a una educación de calidad o libertad religiosa? Si nos atenemos a las definiciones anteriormente realizadas, la enseñanza religiosa corresponde al ámbito de la libertad religiosa, no al ámbito del derecho a una educación de calidad, por tanto, no podemos ampararnos en la libertad religiosa para tratar de imponer criterios que realmente pertenecen al derecho a una educación de calidad.

Como ya hemos dicho, las libertades y derechos están regulados por las leyes, así como su ejercicio. En el caso de la educación, su ejercicio está regulado en un lugar, la escuela, pública o privada. En cuanto a la libertad religiosa, su ejercicio está igualmente regulado, la iglesia o templo. Por tanto, un elemento que pertenece a la libertad religiosa, la enseñanza religiosa o proselitismo, no debe ser ejercido en un lugar establecido por ley para ejercer el derecho a una educación de calidad.

La excusa tradicional para exigir la eliminación en las aulas públicas de la enseñanza religiosa es que la educación pública se paga con el dinero de los impuestos de todos, y como existen diversas confesiones religiosas en España, igual que ateos, no se debe pagar con el dinero de todos algo que no comparten o disfrutan todos. Sin embargo, pongamos las cosas en su sitio, en lo que a la interacción de la libertad religiosa con el derecho a la educación se refiere por medio de la enseñanza religiosa no es una cuestión de quién paga qué sino una cuestión de función social.

La cuestión se vuelve más espinosa cuando introducimos el ingrediente de no permitir la enseñanza religiosa en las escuelas privadas por aquello de la libertad de empresa y otras razones de carácter un tanto mal entendido en cuento a la comprensión de lo que es en sí misma la libertad. Generalmente, la gran mayoría de personas coincide en no permitir la enseñanza religiosa en las escuelas públicas (o como en España, en dar libertad de opción religiosa) empero, ya no les parece tan bien que esto mismo se aplique en las escuelas privadas ya que, bajo la sacrosanta etiqueta de “propiedad privada”, vale todo.

Sin embargo, en nuestra actual Constitución, y en cualquier otra carta magna de una nación liberal y republicana, la educación es una competencia del Estado. Al configurarse como un derecho fundamental con una función social muy clara y determinada, la educación es competencia exclusiva del Estado (o en su caso las CC.AA.) que conlleva regulación, organización, protección y ejecución como la justicia, la seguridad, etc. Así pues, podríamos decir más propiamente que la educación tiene una doble configuración como derecho y como deber: un derecho del ciudadano, y un deber del Estado. En definitiva, la educación al poseer una función social muy importante y determinada entra dentro de la esfera de lo público frente a lo privado. De ahí la obligatoriedad de la escolarización hasta una edad mínima y la responsabilidad y deber del Estado en proporcionarla.

Por el contrario, al implementar el principio liberal y republicano de separación entre Iglesia y Estado, función social de la libertad religiosa, ésta y todo lo relacionado con ella, como la enseñanza religiosa como parte del proselitismo religioso, entre en la esfera de lo privado como contrapunto de lo público correspondiente al Estado en exclusiva. Ya que, de esta manera, se pretende evitar injerencias indeseables del Estado en la Iglesia así como viceversa, injerencias detestables y corruptoras de la Iglesia en el estado. A pesar de constituirse también como una libertad fundamental, la libertad religiosa posee una diferente naturaleza al derecho a una educación de calidad, sus características son diferentes, tienen diferentes funciones sociales y, por tanto, su tratamiento es y debe ser diferente.

Cuando una escuela privada ejerce, pues, su labor de enseñanza, simplemente gestiona una competencia exclusivamente pública, derecho del ciudadano y deber del Estado, por concesión mediante un procedimiento administrativo de privatización de prestación de un servicio público. De hecho, todas las escuelas privadas que deseen ejercer como tales deben cumplir unas normas legales previamente establecidas, someterse a inspecciones periódicas del ministerio e impartir el “currículo” o programa de estudios español previamente determinado por una ley orgánica de educación. Incluso, los títulos que otorgan son títulos oficiales que emite el ministerio en lugar de la propia escuela. Así pues, una escuela privada, pese a su contribución como empresa de capital privado, tiene un ámbito de actuación dentro de la esfera de lo público y no de lo privado, por tanto, debe atenerse a la regulación y a las leyes de lo público. Por el contrario, una iglesia o templo, constituida como asociación o empresa de capital privado desarrolla su actividad dentro de la esfera de lo privado ya que la función social de la libertad religiosa que la genera, separación entre Iglesia y Estado, así lo requiere.

Por tanto, si no es una cuestión de quién paga qué ¿por qué debe prohibirse la enseñanza religiosa en las escuelas tanto públicas como privadas? Porque la enseñanza de la religión es, como ya se ha dicho, una forma de proselitismo religioso amparado por la libertad religiosa pero previamente regulado su ejercicio en las iglesias o templos concretos. No puede tolerarse que se utilice una competencia exclusiva del Estado como la educación, en una escuela pública o privada, para ejercer una actividad privada como es el proselitismo religioso que, además, tiene un lugar muy concreto para ser ejercido: la iglesia o templo. Además de esto, se está cayendo en el gravísimo error de transgredir las respectivas funciones sociales de los derechos involucrados: la educación y la libertad religiosa, por tanto, se están conculcando ambos derechos. Se transgrede la función social de la libertad religiosa porque al impartir enseñanza religiosa, al realizar proselitismo religioso en la escuela, por medio de una competencia pública, en la esfera de lo público, se está creando una injerencia del Estado en la Iglesia y viceversa. Se transgrede la función social de una educación de calidad porque al impartir enseñanza religiosa no se está creando un buen ciudadano con igualdad de oportunidades sino un buen prosélito.

En conclusión, considero que habría que llevar a sus últimas consecuencias la separación entre Iglesia y Estado, no sólo en la educación, sino en todos los ámbitos de la vida. La religión, en cualquiera de sus formas, debería quedar recluida exclusivamente a la esfera de lo privado, tanto individual como colectivo, teniendo en cuenta que una empresa o asociación de capital privado que desarrolle competencias públicas, o sea, exclusivas del Estado, no puede considerarse de ámbito privado sino público. Y todo esto no infringe la libertad religiosa, la limita a su función social y reglamenta su ejercicio con coherencia. La libertad religiosa no es ninguna bandera que se enarbole para hacer lo que se quiera, ni la escuela un lugar apropiado para el proselitismo religioso. ¿Enseñanza religiosa? Sí, pero en su lugar apropiado: la iglesia o templo.

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Responses

  1. Estupenda introduccion Javier. Veremos las reacciones de algunos como el Padre Objetor ese del hilo anterior.

  2. A modo de reflexion personal creo que este tema como todos los relacionados con la libertad religiosa esta lleno de lo que yo llamo “traumas historicos nacionales”.
    Si racionalmente hablando (y aplicando el precepto biblico: lo que es del Cesar…) llegamos a la conclusion de que el principio de separacion entre Iglesia y Estado es la mejor opcion, por tanto una politica de laicidad absoluta es la correspondencia ideal. Sin embargo, los traumas historicos nacionales influyen sobre este principio modificandolo y adaptandolo a conveniencia. Por ejemplo, en los EEUU la libertad religiosa esta sobreprotejida pero esto no es de extrañar en un pais fundado por perseguidos religiosos, ese es su trauma. En Francia, sin embargo, todo lo que huela a religion (la que sea) es sospechoso de traicion pero tampoco me extraña en un pais donde ademas de haber tenido que sufrir a la Iglesia Catolica, sufrieron la matanza de San Bartolome y la persecucion religiosa que genero, ultimamente he sido consciente de lo profundamente clavado que los franceses tienen esta matanza en su memoria, ese es su trauma.
    ¿Y el nuestro? Esta bien claro: siglos de nacional-catolicismo y la dictadura franquista, ese es nuestro trauma y por eso todavia se imparte religion en las aulas publicas como parte de una obligacion del Estado como antiguamente le correspondia. Este es el trauma historico nacilnal de España.

  3. Gracias, Rubén, al final me ha quedado casi como dos artículos en uno.

    Lo cierto es que tradicionalmente en EEUU ha puesto los pelos de punta cualquier cosa que pueda tocar a la libertad religiosa e incluso cuando pueda ser muy razonable poner unos límites hay mucha cautela (posiblemente a veces incluso demasiada, como en el caso, en 2008, de la secta de Florida que hacía sacrificios de animales) y hasta el caso de España es un poco distinto del francés pues aquí no hubo una revolución como la del siglo XVIII (gracias a Dios, viendo lo que ha producido a la larga la Revolución Francesa). Bien es verdad que en la época colonial y los primeros años de independencia los católicos, po ejemplo, no tenían una libertad religiosa plena, aunque eso era parte del espíritu original de los distintos documentos fundacionales y de la constitución useña: la libertad religiosa plena solo se reconocía entonces entre denominaciones cristianas y la católica no era reconocida como “cristiana” en aquellos tiempos.

    El artículo 27.3 claramente es una de las “transacciones” que se hizo, al redactar la Constitución, entre los sectores más izquierdosos y los procedentes del “antiguo régimen”.


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