Posteado por: Javier | marzo 4, 2012

Contra la anarquía de la “ley natural” (I)

Buen domingo a todos.

Hace cosa de dos semanas tuvimos que asistir en esta bitácora al lamentable espectáculo de un caballero que se hacía llamar “Padre Objetor” y sus discutibles argumentaciones en el sentido de que existe una “obligación moral de anteponer los dictados de la conciencia a las leyes positivas”. En resumidas cuentas, cada individuo puede tener un marco de leyes por encima de la ley positiva, la cual tengo “derecho”  incumplir si ésta entra en conflicto con aquellas.

Desconozco cuáles son los “dictados de la conciencia” en el caso concreto de este señor pero, lo sepa o no, tenía toda la pinta de referirse al “derecho natural”, algo basado la idea de que existen unos principios que se encuentran por encima del autor de la ley positiva. A lo largo del verano pasado estuvimos viendo cómo toda ley tiene siempre un autor, siempre hay un legislador detrás de todo sistema legal. Y cómo una pluralidad de legisladores a lo que llevaría es a un caos anárquico.

Justo donde desemboca este concepto de “derecho natural”. La mayoría de quienes defienden esto se definen como “cristianos”, pero también vamos a comprobar el absurdo de una “ley natural” desde el punto de vista bíblico, algo tan ridículo que ha llevado a que se haya perdido casi toda autoridad para defender muchas posturas.

Algo que vamos a ver en esta serie de entradas.

La ley natural fue definida por el teólogo católico Tomás de Aquino, en el siglo XIII, como algo distinto a la ley revelada por Dios: lo que los seres humanos podemos conocer, por medio de la razón. Es lo que está al alcance de la razón sin recurso a la fe.  La ley natural es “La participación de la criatura racional en la ley eterna” (Summa Theologica, 1a, 2ae, quest. 91, art.2). La ley moral natural, según Tomás de Aquino, “no es otra cosa que la luz de la inteligencia infundida en nosotros por Dios. Gracias a ella conocemos lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. Dios ha donado esta luz y esta ley en la creación” (Veritatis Splendor, n. 40).

El tomismo, mezclando y produciendo un mejunje entre algunas ideas de la Biblia y otras de Aristóteles, vino a introducir una quiebra dentro del concepto bíblico de Dios como fuente única de absolutos morales. La idea era completamente humanista y sumamente peligrosa, pues, a través de ella, el hombre podía llegar a creerse legislador moral absoluto, a través de su propio razonamiento.

Hay que tener en cuenta que Aquino tenía una visión incompleta de la caída del hombre: él decía que le hombre estaba degradado en su voluntad pero no en su intelecto, de esta manera introdujo el pensamiento filosófico de Aristóteles. El filósofo estagirita puntualizó, en el siglo IV a.C., las cosas individuales a nuestro derredor y los particulares. El problema entonces es: ¿cómo encontrar un último y adecuado significado para las cosas individuales? Y más importante aun ¿cómo encontrar un significado para el hombre, para la vida? y, ¿cuál será la base humana para la moral, para los valores y para la ley ?. Más tarde la combinación de la enseñanza bíblica y la filosofía no cristiana planteó esta cuestión: ¿Es la Biblia realmente necesaria? ¿Se puede llegar a la verdad sin tener que consultarla? A partir del tomismo, la filosofía se fue acentuando más por encima del “escrito esta”, de lo que Dios dijo, y el hombre, entonces, comenzó a colocarse en el centro y cada vez más la iglesia sobrepuso su autoridad a las Escrituras. 

Actualmente, la ley que se alega como “natural”, supuestamente fruto de la participación de la razón humana en la revelación divina, no es más que un puñado de reacciones carnales y sentimentales ante determinados estímulos: “¡Oh, me escandaliza el aborto!, ¡Oh, me escandaliza EpC!, ¡Oh, ooooh!”. 

La falta absoluta de autoridad de esto la vemos, por ejemplo, actualmente, en el caso de numerosos movimientos anti-abortistas, la mayoría de inspiración supuestamente “cristiana”, los cuales, para evitar abortos a toda costa, llegan a pedir que el Estado premie pecuniariamente el adulterio y  la irresponsabilidad: las ayudas pagadas con dinero público a mujeres embarazadas solteras y sin recursos. 

Realmente, si somos cristianos consecuentes, aplicando la ley bíblica, no consideraríamos como una “víctima” a esta mujer sino como a alguien que tiene que apechugar con las responsabilidades por sus actos. La ley de Dios prescribe la pena de muerte para quien derrame injustificadamente la sangre de otro hombre. En la Biblia no se distingue entre la vida del no nacido y la del no nacido: condena igualmente dar muerte a uno u otro. Nuestra legislación no está basada en la Biblia, pero aún así, pedimos la prohibición del aborto, su tipificación como un ilícito penal, con un duro castigo al médico que lo practique, pero dejando impune a la madre… en base a un supuesto “derecho natural” de “origen divino” que está “por encima” de lo que el legislador promulgue. Al médico abortista “caña”, pero a la madre “¡¡NOOOOOO, eso noooooo!! A la madre una paguita para que no aborte”. 

La idea del “derecho natural” produce todo tipo de dislocaciones muy similares a esta. 

Y esto es todo de momento, pues hoy domingo, toca ya reposar un poco.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: