Posteado por: Javier | mayo 8, 2012

La victoria de Hollande en Francia: implicaciones para el futuro y la UE

Como todos saben, el pasado domingo se votó la segunda vuelta de las presidenciales en Francia y François Hollande, el candidato socialista, derrotó al oficialista Nicolás Sarkozy. Por poco, ajustado, pero victoria final.

 Ya dije en la entrada anterior sobre este tema que no es la ideología de Hollande lo que más me interesa ahora mismo, ni lo que haga o deje de hacer en su país. En política interior parece que va a impulsar una agenda muy similar a la de Zapatero en España: “matrimonio” y adopción homosexual, ampliación de la regulación del aborto, eutanasia (esto en España se quedó en debate), etc. Nada nuevo, por otra parte, en un país que no es que sea un dechado de moralidad, como Francia sin necesidad de que llegara al poder Hollande (tampoco España lo era antes incluso de ZP, conviene recordarlo). Por lo demás, llega a la presidencia de un país con muchas incertidumbres, no tan mermado por la crisis económica como otros pero en el que las opciones “antisistema” ganan posiciones. A ver el avance del Frente Nacional y los comunistas en las próximas legislativas, que puede ser sustancioso. Sarkozy ha terminado siendo víctima de sí mismo, de la crisis, del sometimiento a Alemania y de no haber logrado atraer el voto lepenista y el de centro en cantidad suficiente. Adiós a alguien que ha sido una pesadilla para todos los euroescépticos por la contribución tan innegable que ha tenido, como asistente de Frau Merkel a apuntalar ese ente antidemocrático (famoso por el eslogan “las votaciones se repiten hasta que salga el resultado que a mí me guste, ¡EA!”) llamado Unión Europea. 

Lo esencial es lo que supone para la UE y, fundamentalmente, para España. En nuestro país, ha supuesto un pequeño “alivio” para el PSOE el que un socialista llegue a la presidencia de un país importante de la UE, y, paradójicamente, para el Gobierno de Rajao (el presidente translucido: una cosa era el narcisismo de González, Aznar y Zapatero, y otra lo del actual, es casi imposible verle, ni siquiera oírle), puesto que ahora pueden confiar en que roto el eje entre Angela Merkel (la líder) y Sarkozy (el mayordomo) hay una puerta abierta a que España pueda relajar el objetivo de déficit, fijado en el 5,3% para este año y en el 3% para 2013, de dificilísima consecución salvo que se suban más los impuestos (pero… ¿más?¿Para cobrarlos sobre qué?) y se recorten aún más los gastos. 

Y, porqué no decirlo, pudiera suponer (ya veremos, eso sí) un alivio también para el español de a pie, teniendo en cuenta que estamos en una situación en que ya poco se le puede exprimir más. Y en el que esta demencial política merkeliana de agarrar por el cuello a los “irresponsables” del sur “que solo saben estar tumbados al sol como lagartijas, rascándose la barriga” (es lo que pensará la gordinflona de Berlín), y llevarlos casi a la africanización, lo único que va a generar es estallidos sociales (en España, de momento, no han ido muy lejos porque el paro real seguramente no coincide con el estadístico, que no cuenta la economía sumergida) y situaciones como la de Grecia con el ascenso como la espuma y la entrada en el Parlamento de un partido neo-nazi (los que se hacen llamar “Amanecer Dorado”, neo-nazis de verdad, en el que los candidatos aparecen escoltados por cabezas rapadas bien musculados, nada que ver con los políticos de la ultraderecha en Europa occidental), ¿quién quiere eso? Un partido que ha ganado una barbaridad de votos, ¿cómo? Pues repartiendo bolsas con arroz, fideos, aceite y ropa entre familias pobres. Así de simple. Conquistar estómagos es el primer paso para conquistar voluntades. 

¿Qué quiero? ¿Más socialismo y más derroche de dinero? NO. ¿Tenemos que ser austeros? SÍ. Debiéramos tener una austeridad casi puritana. ¿Entonces qué hay de bueno en este giro ideológico dentro del eje franco-alemán?

Lo que quiero es más libertad, más democracia, más pluralidad, más soberanía de las naciones europeas, más capitalismo, más monetarismo. Con nuestra propia política. 

Hollande será más estatista y más amante aún del gasto público que Sarkozy (y Francia ya era de por sí uno de los países más estatistas de Europa), pero el que éste último ya no esté puede ayudar a la caída de esa Europa dominada por Alemania y de ese engendro en el que nunca debimos entrar llamado “euro”. La Merkel nos está imponiendo la austeridad. Sí, nos está dando todo un curso completo de austeridad a palo seco. Como he dicho antes, soy el primero que defiende la austeridad. Pero austeridad porque esa llegue a ser la cultura del pueblo español: ahorro, austeridad, seriedad, ser lo que exactamente somos (ni más ni menos), gastar siempre menos de lo que se ingresa. No porque una tiparraca nos la imponga desde fuera a la manera fascista. Ah, y por supuesto, nada de “austeridades” que tanto gustan a los politicastros tipo Esperanza Aguirre, la que no les va a tocar a ellos: así yo también soy muy austero. Austero yo, que soy autónomo y no sé cuánto dinero voy a ganar cada mes, y que, por tanto, no me puedo dedicar a gastar locamente lo que no sé si voy a tener en el futuro, sino que tengo que estar como una verdadera hormiguita. No la señora Aguirre ni los tertulianos engominados intereconómicos (aunque, por los rumores que corren cada vez con mayor insistencia, tienen muchas posibilidades de acabar en el paro). 

A ver si nos enteramos. La Merkel y Alemania no nos van a traer el “liberalismo”, ni nos va a salvar del “socialismo”, como, pareciera ser, creen muchos. ¿Acaso hay país en Europa más socialista que Alemania? Zapatero gastó mucho, muchísimo, en los últimos años pero hay que recordar que gracias, en parte, a los bancos alemanes que le facilitaron, durante los tiempos de bonanzas, todo el crédito que quiso para convertirnos, junto con otros países del sur, en un magnífico mercado para sus productos (ah, y gracias también, al alto precio que tuvimos que pagar en los 80, la desindustrialización). Por eso no termina de tener los ovarios de expulsar a Grecia de la UE, a pesar de que este país habría adquirido “méritos” de sobra. Ello, en una época en la que las cuentas de España estaban cuadradas mientras Francia y Alemania no cumplían los objetivos de déficit (y viene la Merkel ahora pretendiendo dar “lecciones”). ¿No se suponía que en Alemania sí saben hacer las cosas bien y por eso nos tienen que imponer sus recetas a “machamartillo”? No como nosotros, tan torpes y tontorrones, que necesitamos la tutela de fuera.

Caído Sarkozy, falta el jaque a la Reina, a la propia Merkel. Y no es nada desdeñable, viendo que las cosas han estado ajustadas con el SPD en los últimos comicios regionales.

Fin de la cuestión. 

Adiós, Sarkozy.

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Responses

  1. Bastante de acuerdo en lo esencial.

    Aparte de la desindustrialización que tuvimos que hacer también hay que recordar que se nos obligó a reducir nuestra producción agraria. Cuando estuve en Argentina los argentinos siempre me decían orgullosos que su país producía alimentos para 400 millones de personas. Eso, que puede parecer agrarista, realmente es un colchón importante para un país y tiene mucho que ver en la recuperación económica argentina.

    Nadie debe estar en contra de la austeridad bien entendida, en no gastar en tonterias, en megalomanias varias, en arreglar sistemas de gestión que no son eficientes, etc. Pero eso no es un proceso automático, eso tarda años y eso no es lo que se nos exige. Lo que se nos exige es que recortemos gasto donde no debemos recortarlo, justo donde está haciendo daño a nuestro país, en I+D, minando la confianza de la población y generando inseguridad, destrozando el consumo.
    Nadie puede estar a favor de un suicidio económico como ese.

    Saludos,

  2. Hola,

    Me alegro que haya entendido nuestra postura esencial (la de Alfredo en su entrada también). De momento, habría mucho que recortar y fiscalizar en cuanto a gastos absurdos, el problema es que estamos actuando casi bajo ultimátum y lo que se está haciendo es producto de ocurrencias, lo que vaya saliendo rato a rato, tanto en las partidas que se suprimen como en los nuevas formas de recaudar impuestos que se buscan, nada que ver con una cultura del ahorro y la austeridad.

    Solo un ejemplo, yo mismo preferiría que hubiera más oferta del sector privado en cuestiones como la sanidad, pero en España es irreal hablar siquiera de dejar al mínimo la pública. Es algo que requeriría tiempo que llegara a surgir una cultura de que es mejor gastar en un seguro privado, si se tiene dinero suficiente, y descargar un poco de gastos a la pública, que en cosas superfluas. Y también estoy de acuerdo con que austeridad no es incompatible con crecimiento. El problema es que este plan de ajuste no lleva a eso, no va a crear un país de gente más responsable, sino a sudamericanizar el país. Con los efectos de la propia crisis ya era suficiente para ir concienciando a la gente de que el modelo de riqueza ficticia anterior era un disparate y un globo que ya se ha pinchado.


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