Posteado por: Javier | junio 27, 2012

Una sociedad de niños grandes

¿Conocen ustedes personas de más de treinta años que sean unos absolutos inmaduros? ¿Que anden con treinta y tantos años pretendiendo vivir como cuando tenían quince, o sea, justamente la mitad? Posiblemente, cada vez verán más gente de ese tipo. Cada vez más gente que supera ampliamente la treintena que viste como un jovenzuelo o, a lo peor, ya casi como un pandillero.

¿Adónde se han ido las personas maduras? Es una pregunta que me deja perplejo. ¿Por qué es que los jóvenes en estos días parecen poco dispuestos, o quizá incapaces, de madurar? ¿Qué es tan atractivo con respecto a la juventud, sobre la perpetua adolescencia, qué las hace tan atractiva?

Todavía no hace demasiado, posiblemente un par de décadas, recuerdo que los que andábamos por los 14 o los 15 estábamos deseando llegar a la edad adulta. Ahora es todo lo contrario: hay verdadero pánico a abandonar la etapa de la juventud. Biológicamente se deja porque es ley de vida… pero, por lo demás, parece como si hubiera un deseo de que todo se quedase como petrificado en esos tiempos.

Desean seguir viviendo como “universitarios”. Por eso estudian su segunda o tercera licenciatura y a sus treinta y tantos siguen calentando con sus culos las bancas de las universidades públicas que pagamos todos.

Tienen un pánico atroz a casarse y por eso siguen con su “novia” (o “novio”) o, como está de moda decir ahora “mi pareja” hasta casi los treinta, o pasados. Son los típicos pagafantas de estar todo el día “Oooooh, mi novia, mi noviaaaa”, pero que nunca se casan. Ojo: cada vez está más complicado, al haber cada vez más precariedad laboral, formar una familia. Pero esto último no anula en nada lo primero. Hay mucho “niño grande” incapaz de asumir las responsabilidades de un matrimonio y por ello prefiere quedarse en lo recreativo, como cuando tenía quince añitos.

Francamente, hay que decir que esto no solo se está dando en España. Es endémico del mundo occidental, pero aquí es la repanocha. Los maduros parecen casi una especie en peligro de extinción. Ya verán muchos de ustedes, solo un ejemplo, lo blandita y susceptible que está la gente. A lo mínimo, se les pone la sensibilidad a flor de piel. A lo mínimo se ofenden, a lo mínimo se sienten mal. Tradicionalmente, la edad era algo que nos curtía la piel. Y es normal, cuanto más vivimos y más vemos, más cínicos y escépticos nos volvemos con respecto a la vida y los demás. Por lo menos, así era hasta no hace tanto: pero ahora no. Ahora más de uno, más bien talludito, vive en el mundo fabuloso de Peter Pan.

Parece que una de las fuerzas impulsoras detrás de la muerte de la gente madura fue el surgimiento del “adolescente”. Antes de la década de los 40, el término adolescente era desconocido; antes de este período los humanos tendían a ser ubicados sólo en dos grupos: niños y adultos.

Si no eras un adulto, eras un niño. No había más. No necesariamente un niño fisiológicamente, sino mentalmente. Si mentalmente no eras maduro, ni de coña podías pretender que te considerasen un hombre. El momento exacto cuando un niño hacía la transición hacia la edad adulta podía variar, pero lo que estaba claro era que no había un período intermedio. Además, los niños, o aquellos en sus años de quinceañeros, buscaban cómo identificarse con la cultura adulta. Buscaban cómo comportarse como adultos, vestirse como adultos, y de ser tomados con seriedad como los adultos. Hoy las cosas han dado un giro de 360º. Eso era entonces. En estos días, por supuesto, el padre y el hijo se visten más o menos de forma parecida, desde camisetas con mensajes estampados hasta enormes zapatones para jugar al baloncesto, ambos igualmente relajados en los eternos pantalones arrugados o rajados de un campamento veraniego. Las chanclas, por supuesto, que no falten, el caso es convertir la ciudad en una playa o una piscina. En el hombre maduro, estos símbolos de la adolescencia han llegado a ser mucho más que un asunto de comodidad o estilo: revelan un estado de la mente, un reflejo de una personalidad que no se ha desarrollado a plenitud, o que no quiere hacerlo. O, peor aún, que puede que ni siquiera sepa cómo llegar a esa plenitud.

Desde entonces, cada vez más los adolescentes se han convertido en el centro de todo y son ellos los que controlan el proceso de toda su “automaduración”, la cual termina por no ser tal. En otras eras, los adolescentes han tenido siempre a su lado adultos, y los hombres de veinte y treinta han sido emprendedores. La juventud de los hombres en la Convención Constitucional de los EEUU es evidencia de la madurez temprana y capacidad temprana para la acción y progreso disciplinados de los hombres de esa época. Pero esa madurez iba de la mano con responsabilidad e independencia, sostenimiento propio y autodisciplina: era un todo natural y unido. Hoy día, la adolescencia permisiva alega madurez en términos de crecimiento físico sin ninguna madurez de acción y mente que la acompañe.

Son los adolescentes quienes son respetados y son los adolescentes quienes son envidiados. Los adultos ahora buscan reconquistar la juventud y regresar a sus años de quinceañeros. Se visten como adolescentes, piensan como adolescentes y cada vez más actúan como adolescentes. Este período intermedio entre la niñez y la vida adulta, este desarrollo reciente, está siendo extendido continuamente. Algunas organizaciones en la actualidad van tan lejos como sugerir que la adolescente continúa hasta la edad de treinta años. Algunos van más allá y sugieren los treinta y cuatro. De modo que, un hombre o una mujer de treinta y tres no debiesen ser considerados verdaderamente “adultos”.

Cualquier otra generación se hubiera reído a carcajadas ante la mera sugerencia de tratar a los niños como si fueran adultos. Pero hoy día estamos ante una generación que reclama responsabilidades de niños y privilegios de adultos. Dame pasta para salir, que es “mi derecho”, tener suficiencia económica, pero, eso sí, dejame jugar todo el rato a la Play, que para eso soy un niño.

¿Es culpa de los jóvenes el que su “adolescencia” eterna se prolongue hasta pasada la treintena. Realmente, no en todos los casos. Mucho más dañino ha sido la actitud ultra-protectora que los adultos hemos tenido hacia ellos y el cada vez mayor patriarcalismo (o matriarcalismo, también se ha dado ese fenómeno). Después que la idea de la adolescencia se hizo popular, se necesitó solamente una generación antes que la cultura popular, y particularmente el medio de la televisión, comenzara a describir la edad como “sosa” y a la juventud como algo “en onda”. Ahora, practicamente, si no vas por la calle disfrazado de rapero, es que eres un “carca”: “Eeeeeey, tío, vas que pareces mi abuelo, macho”.

La dignidad de la edad fue reemplazada con el disgusto. Donde los niños solían orbitar alrededor de los padres, hoy lo cierto es lo opuesto. Los padres orbitan alrededor de sus hijos como si fueran un satélite. No es de sorprenderse, desde luego, que la gente quiera evitar la adultez.

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Responses

  1. Por supuesto que no es natural que el mayor siga al menor … si la base está endeble todo se desmorona.

    Doy un pequeño ejemplo:

    Podría darse el caso de un padre demasiado rígido, que anda tan ocupado en sus negocios que ni se sienta a conversar con sus hijos y si habla con ellos es solamente para pedir “resultados” en vez de también interesarse en sus problemas o en lo que piensan.

    Estos chicos crecen, empiezan a descubrir que tienen talentos (ya sea para el arte, u otra cosa) y su padre en vez de estimular las habilidades, dones de sus hijos, los orienta hacia “su negocio”, lo que podría ser una oportunidad temporal para que ellos trabajen y se independizen económicamente, lo transforma en un grillete para el resto de la vida de estos chicos, mientras el posible futuro pintor puede terminar frustrado, o la futura historiadora dejar a un lado para el resto de su vida su vocación para dedicarse a una empresa … si estos chicos no encuentran fortaleza, si nadie les da la mano por lo menos moralmente, si o si corren el terrible riesgo de terminar frustrados y encadenados a ese negocio.

    Y si al final si se deciden a salir del grillete que les impone el padre, tienen dos alternativas: Volverse unos eternos “adolescentes” sólo pensando en gratificarse o encontrar en la madurez una real salida al grillete, el verdadero camino a una madurez consistente es Jesucristo, y sus talentos, dones, pueden emplearlos para un fin mucho mayor, traspasar la simple frontera de la autogratificación.

    Ante el exceso de inmadurez, la fuerte presencia del libertinaje no se debería tampoco promover una rigidez absoluta capaz de matar el espíritu.

    Un cordial saludo.

  2. Estoy de acuerdo con usted, Claudia, de hecho he citado en el escrito el que la sobreprotección de los padres a los hijos hasta edades muy avanzadas es uno de los factores que han llevado a que ahora tengamos una generación de niños de veintilargos o hasta 30 años.

    Saludos.

  3. Consideremos también que las solicitudes de ayuda financiera de los jóvenes adultos choca con los sentimientos ambivalentes de muchas mamás Boomer sobre sus vidas. Las madres que han pasado su veinte, sus treinta y cuarenta años cuidando a sus hijos se ven en una encrucijada durante su mediana edad—soportar o avanzar. Mientras podrían empezar a prepararse para los años que les quedan sin sus hijos, y esperar que puedan pasar más tiempo consigo mismas, sigue habiendo una fuerte atracción a mantener lo que es conocido—la casa llena, con todo y cuartos desordenados y refrigeradores vacíos.

  4. Vamos a ver, yo tambien soy adolescente y tengo un par de cosas que decir alrespecto… 1.Los adolescentes si tienen cambios de humor será porque tendránsus problemas como cualquier persona normal. 2.¿Cara de zombi? ¿CARA DEZOMBI? Todo el mundo que yo sepa hasta los adultos si no duermen lo suficientela tendrían y que yo sepa, no siempre tenemos cara de zombi xDD 3.A mi me daigual lo que piensen mis “colegas” de mi, yo voy a mi rollo y ya. Loque quiero decir con todo esto es que no traten a los adolescentes como sifueran “bichos” o “seres que hay que aguantar como sea” porqueno todos somos iguales y a veces llega a ofender… porque que yo sepa losadultos tambien toman drogas, tienen caras de “zombi” y sus cambios dehumor… Espero no haber ofendido a nadie, es solo mi opinión.


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