Posteado por: Javier | agosto 3, 2012

La estafa de los tipos de cambio fijos

La idea de esta entrada me ha venido de este hilo de comentarios en la bitácora de Alfredo, donde menciona el “Black Wednesday” británico de 1992 como ejemplo de la falsedad de la política de cambios fijos como supuesto “medio de estabilidad”. 

Ah, por cierto, antes de entrar en materia, otro tema: como dije hace una semana, se esfumó el efecto ficticio del “respiro Draghi”. Ahora dice el italiano mafioso que el BCE aplaza la compra de deuda hasta que los países del euro en apuros pidan ayuda al fondo de rescate europeo. Como resultado, la Bolsa de Madrid ha cedido un 5,16% en su segunda peor jornada del año y la prima de riesgo española ha sufrido su mayor subida diaria en lo que va de año con un ascenso de unos 60 puntos, hasta llegar a rozar los 600. Draghi, como es lógico, lo que hace es transmitir las órdenes de sus jefes y es clara la oposición del Bundesbank y del Gobierno Merkel a la compra de deuda por el BCE, el cual no es más que un apéndice de ambos. DRAGHI, HIJO DE PUTA, di claro para quién trabajas. 

Si Rajoy fuera algo más que un pelele y tuviera algo entre las piernas llamado cojones, de lo que parece carecer, haría caso a lo que dije el último día del año pasado: “Pues mi primera medida sería ¡NO PAGAR LA DEUDA! NO PAGARLA. Lo siento, NO TENEMOS, NO PODEMOS. Cuando los jubilados de la Merkel estuvieran a dos velas, ya veríamos si esa tipa nos da un poco de aire o no”. En fin, quería decir que la deuda no es nuestro principal problema no es en sí la deuda, todo lo contrario, puede ser nuestra arma frente a los bancos alemanes, lo peor de verdad es el desempleo. Al final, no creo que Rajoy me haga caso, sino que, más bien, Uropa nos seguirá apretando las clavijas por “locos despilfarradores”, no como ellos (faltaría más)”. 

Entrando ya en el tema, es muy interesante conocer esta historia del “Miércoles Negro” pues estuvo provocado por una política de cambios fijos en la que se tomó como referencia el marco alemán (lo que se hace ahora bajo el disfraz del euro, puesto que el euro no es más que el marco alemán con otro nombre), y dado que fue uno de los motivos del fin de la carrera de Margaret Thatcher como Primera Ministra del Reino Unido, tras el enfrentamiento con los europeístas de su partido. Al final, cómo no, Thatcher resultó ser quien tenía razón: el “Miércoles Negro” provocó, al final, la caída del gabinete conservador, catorce años de laborismo, etc…, aunque, al menos, el Reino Unido conservó su independencia monetaria, manteniéndose fuera del euro. 

Aunque el caso británico fue el más sonado (sobre todo, por la intervención de George Soros y el cataclismo que provocó), en realidad, aparte de ellos, varios países europeos tuvieron verdaderas dificultades en los noventa con las tasas de cambio en función del valor del marco alemán: España e Italia (qué curioso cómo se repite la historia) tuvieron que devaluar sus divisas, lo que ahora no pueden hacer, debido a no tener soberanía económica. Y, más curioso aún, es, después de eso, cómo continuó habiendo tanto zoquete europeísta en España que hasta descorchara el champán cuando entro en circulación el euro. Por eso es tan interesante conocer cómo se llegó al “Black Wednesday” y comparar aquello con lo que estamos haciendo por el puto euro de los cojones.

Para comprender lo que ocurrió debemos remontarnos a los años 70. En esa década, las tasas de inflación en los países desarrollados se elevaron por encima del 10%. En EEUU, en 1981 superaron el 14%. En Japón en 1974, la inflación alcanzó el 25%. En Francia llegó hasta el 15% en 1974 y 13%-14% en el año 1981. En este entorno de altas tasas de inflación, los países europeos acordaron la creación de una zona monetaria estable. Para ello, en marzo de 1979 se acordó constituir el Sistema Monetario Europeo (SME). 

Las cabezas pensantes de por aquel entonces llegaron a la “lúcida” conclusión de que todo esto, aparte de por la crisis del petróleo (algo bastante discutible, lean a Milton Friedman), había estado motivado por la alta volatilidad de los tipos de cambio de las divisas europeas entre si. Aparte, y de paso, con el SME esperaban conseguir una cada vez mayor integración económica entre los países que por aquel entonces integraban la CEE, como paso previo a introducir una moneda única. Para ello, el SME fijaba unos tipos de cambio únicos entre países. A la vez, se fijaba un margen de variación de las divisas, unas bandas de fluctuación por arriba y por abajo, de las que no había que pasarse. Cada país debía defender estos tipos máximo y mínimos si su divisa las alcanzaba. Por ejemplo, si nuestra peseta y la lira italiana se depreciaban alcanzando el limite inferior, sus bancos centrales debían intervenir en el mercado comprando pesetas y liras y, por otro lado, vendiendo marcos alemanes, la moneda mas fuerte de la época. 

El Reino Unido había decidido en 1979 no entrar en el SME, lo cual se mantuvo durante toda la época de Thatcher en los 80. Pero cuando el europeísta Nigel Lawson entró en el Gobierno como Ministro de Economía, todo cambió. Lawson era un admirador de la estabilidad monetaria alemana gracias la dura política económica aplicada por el Bundesbank (lo que sigue siendo hoy día el sueño de todo europeísta que se precie). En octubre de 1990, la libra esterlina entró en el SME con un tipo de cambio fijo de 2,95 con respecto al marco alemán. Si en los mercados de divisas alcanzaba una cotización de 2,778, el Banco de Inglaterra debía intervenir comprando libras y vendiendo marcos.

A finales de los 80, la inflación había comenzado a aumentar en el Reino Unido, acercándose a una tasa del 10% en 1990. Lawson pensaba que entrando en el SME sería más fácil luchar contra la inflación, utilizando el razonamiento de que, con la paridad del tipo de cambio con el marco, podrían igualar la tasa alemana, que era tres veces inferior. No contó, sin embargo, con que la reunificación alemana obligó al Bundesbank a subir sus tipos de interés, lo que atrajo a numerosos inversores de todo el mundo, incrementando la demanda de marcos alemanes y apreciando su cotización, lo que provocaba enormes dificultades a países como el Reino Unido, España e Italia para defender un tipo de cambio inaguantable para sus economías. No era posible mantener estos tipos de cambio europeos artificialmente altos.

En 1991, la libra comenzó a caer al límite inferior del tipo de cambio, con lo que el gabinete de John Major, con gran cabezonería, se dedicó a intentar proteger el valor de la libra aumentando los tipos de interés y comprando libras con sus reservas de divisas. El Banco de Inglaterra subió repetidamente los tipos de interés muy por encima de los tipos alemanes para atraer capital y revaluar su maltrecha divisa. Primero al 10%, luego al 12% y finalmente hasta un 15% (eso el 16 de septiembre de 1992, el famoso “Black Wednesday”). Pero el efecto fue que estas políticas de protección del valor de la libra lo que ocasionaron fue una seria recesión económica. Los altos tipos de interés afectaron sobre todo al mercado de la vivienda. Con el aumento del precio de la vivienda, muchos habían contratado grandes hipotecas para 0btenerlas en propiedad (¿suena familiar?). Pero ahora los tipos de interés aumentaban, el pago de hipotecas se convirtía en inaccesible y con ello se estaba produciendo un aumento de las tasas de morosidad. En combinación con el aumento del desempleo de la recesión, el mercado de la vivienda registró un descenso dramático en los precios que iba a durar 4 años. Para los mercados era cada vez más claro que la libra esterlina estaba sobrevaluada. El Gobierno británico estaba agotando sus reservas de divisas en la compra de libras en el intento desesperado de mantenerla artificialmente alta.

Aquí es donde entró en escena George Soros, la mejor demostración de lo que es esta filfa de los tipos de cambio fijos. Soros y Stanley Druckenmiller, uno de sus cerebros en el Hedge Fund Quantum, decidieron empezar a comprar marcos alemanes y vender libras. Soros consideraba que la libra estaba condenada al fracaso, por lo que estaba dispuestos a vender todas sus libras al Gobierno británico, el cual las compraría con sumo gusto.

Hasta septiembre de 1992, el Gobierno de Major estuvo enfrascado en una batalla perdida. Sin embargo, las reservas de divisas del gobierno británico no eran rival para los miles de millones de libras esterlinas que cotizaban en la moneda extranjera y la libra caía sin parar. El costo total del “Miércoles Negro” se ha estimado entre 13.000 y 27.000 millones de euros, mientras que las pérdidas comerciales en agosto y septiembre de 1992 se calcularon en 800 millones de euros, pero la principal pérdida para los contribuyentes surgió por que la devaluación les pudo haber dado ganancias. Si el Gobierno hubiera mantenido 24.000 millones de dólares en reservas de moneda extranjera y la libra hubiera caído en la misma cantidad, el Reino Unido hubiera obtenido una ganancia de 2.400 millones de euros, debido a la devaluación de la libra esterlina.

En dicho día, el miércoles 16 de septiembre de 1992, el Gobierno del Reino Unido aumentó a la desesperada los tipos de interés al 15%. En teoría, estos altos tipos de interés debían atraer los flujos de “dinero caliente”. Sin embargo, el mercado (que podrá ser malvado o lo que sea, como se le quiera calificar, pero no tonto) vio claramente lo que era: una medida a la desesperada. El mercado sabía que éstos eran unos tipos de interés absolutamente fantasiosos que no se podrían mantener. El Gobierno de John Major tuvo que rendirse. El Ministro de Economía Norman Lamont declaró que tiraba la toalla, con lo que Gran Bretaña suspendía su pertenencia al SME y su obligación de gastar más dinero defendiendo su divisa.

George Soros, por otra parte, había hecho uno de sus negocios más sonados: vendió más de 10.000 millones de libras esterlinas y forzó la devaluación de la divisa británica, un movimiento especulativo que le hizo ganar más de mil millones de dólares en 24 horas. El Gobierno británico, tratando de mantener la libra artificialmente alta, provocó una recesión más profunda que la sufrida por otros países de la CEE (España e Italia, pese a permanecer en el SME, sí devaluaron sus también artificialmente altas divisas). El tipo de cambio artificialmente alto lo único que consiguió fue atraer a los especuladores financieros que vieron en la torpeza del Gobierno de John Major una fuente de ganancias fáciles.

Al salir del SME, la economía del Reino Unido pronto se recuperó, comenzando a crecer a un ritmo del 4% a los dos años, pero el episodio del “Black Wednesday” dejó cicatrices dolorosas y fue la clave de que los británicos se mantuvieran fuera del euro (no hay mal que por bien no venga).

Una historia que muestra el  tremendo error de pretender atacar la inflación a través de un medio como el tipo de cambio fijo, así como de las consecuencias de intentar utilizar todos tus recursos para mantener tu divisa a un valor irreal con respecto a la verdadera situación de tu economía. Y una lección que, por lo que se ve, no hemos aprendido.

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