Posteado por: Javier | agosto 5, 2012

Los jóvenes y el noviazgo (I): teniendo claritos varios principios

MENSAJE EN DOS ENTREGAS EXCLUSIVAMENTE PARA JÓVENES CRISTIANOS. SI NO ERES CRISTIANO, EVIDENTEMENTE, TE PUEDE SER EDIFICANTE CONOCER Y APLICAR ESTOS PRINCIPIOS, PERO DE ELLOS NO DEPENDE TU SALVACIÓN, LO PRIMERO QUE NECESITAS ES A CRISTO EN TU VIDA:

Vamos a ver este domingo algo de sumo interés para los jóvenes de nuestras iglesias (como este blog es muy “masculino” esto va fundamentalmente para los chicos) y de lo que quería hablar desde hace más o menos un año, sin que me haya sido posible por unas u otras cuestiones, sobre todo de tiempo.

¿Qué sabes del cortejo bíblico? ¿Qué sabes acerca lo que dice la Biblia de Génesis a Apocalipsis sobre cómo deben conocerse un chico y una chica hasta llegar a formar un matrimonio?

¿Nada?

¿Ves tu problema? O, más bien, nuestro problema. Decimos solemnemente que la Biblia es la Palabra de Dios, pero nosotros, básicamente, LO IGNORAMOS TODO. Y en esto nos conducimos exactamente igual que el mundo, apenas hay diferencias entre el noviazgo “cristiano” y el noviazgo mundano.

Vamos a empezar por ver una serie de principios:

– Cuando el hombre perdido y muerto en sus delitos y pecados es salvado por Cristo, Dios realiza en él una obra sobrenatural mayor aún que la propia creación del mundo. El mundo fue creado de la nada, en cambio, cuando una persona es salvada, Dios recrea de una naturaleza corrupta, otra nueva santificada (2 Corintios 5:17: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas“).

– Dios no elige salvar a una persona en base a mérito alguno de la misma. El amor que muestra Dios hacia esa persona es absolutamente incondicional. El que Dios nos vea como santos y agradables a sus ojos no depende de ello, sino de la obra perfecta de Cristo en la Cruz (Hebreos 13:12: “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta”).

– Jesucristo ve al Pueblo de Dios, a la Iglesia como su esposa, como su amada (lee el “Cantar de los Cantares”). Por el momento, este pueblo falla y cae en numerosas ocasiones, pero Dios, en su amor incondicional, ve en ellos la imagen de Cristo, irreprensible y sin mancha. Algún día la comunión entre el esposo, Cristo, y la esposa, la Iglesia, será perfecta y llena de gozo: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios”(Apocalipsis 19:7-9).

– Las únicas relaciones agradables a Dios (las amorosas incluidas) son las regidas por el Señorío de Cristo. Convertir a una persona en el centro de tu vida por encima de tu relación con Dios es idolatría. El hombre, todos sin excepción, a causa de la afección que sufre por el pecado es un idólatra en potencia, un adorador nato. Adora a cualquier cosa que llene o que crea que llena su miserable existencia en este mundo. Actualmente la mayoría de películas, canciones, novelas, etc… de las denominadas románticas en realidad muestran una concepción mundana e idólatra del amor, en la que normalmente lo que se busca es la autosatisfacción personal (seguramente, hayan escuchado más de una canción de amor con letras como “tú eres mi sol, mi luna, mis estrellas… tú eres todo para mí, la vida para mi tiene sentido sin ti… ohhhhh, ohhhh, amor mío”: PAGANISMO e IDOLATRÍA).

– La idea del amor como algo exclusivamente sentimental y romántico es antibíblica. De hecho, el auge del romanticismo comenzó a finales del siglo XVIII, cuando la sociedad comenzaba a ser una sociedad post-cristiana. La Biblia enseña que Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). No es que haya que ser como un leño, pero el sentimentalismo y los impulsos no es aquello por lo que debiera guiarse el hombre. Realmente, no nos enamoramos porque queramos servir a Dios y a nuestra futura esposa. No nos enamoramos porque veamos en ella la imagen de Cristo, sino porque la vemos guapa, bonita, simpática, lo pasamos bien con ella, etc, etc… Eso en sí mismo no está mal, no es lo que quiero decir. Si nuestra esposa es bonita y agradable, gloria a Dios por ello. Pero eso son características naturales que puede tenerlas una persona cristiana y una persona incrédula también. ¿Y si llega un momento en la vida en que pierde alguna de esas características naturales? “Mi esposa me llena mucho” ¿Y si te encuentras con otra que te llene más? Las características a que me refiero que nos lleven a elegir una esposa no son naturales, solo se dan en alguien si ha sido regenerado por la gracia de Dios y transformado a la imagen de Cristo (y, si se supone que amamos a Cristo, las amaremos, serán las que nos atraigan).

– Los jóvenes deben seguir el consejo de los mayores: Igualmente, mancebos, sed sujetos á los ancianos; y todos sumisos unos á otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los humildes” (1 Pedro 5:5). Hoy vivimos exactamente en lo contrario: los jóvenes solo aceptan consejos de otros jóvenes. Esto es necedad. Un ejemplo muy claro es cómo una estupidez de este tipo partió en dos el reino de Israel. Cuando Roboam, hijo de Salomón, estaba a punto de ser ungido como rey, Jeroboam estaba presente y lo confrontó acerca de cómo manejar el Reino. Y le dijo, junto con los jefes de Israel: “Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora tú disminuye algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos. Y él les dijo: Idos, y de aquí á tres días volved á mí. Y el pueblo se fué” (1 Reyes 12:4-5). Entonces Roboam consultó a los ancianos experimentados que habían asesorado a Salomón y también consultó a los amigos de su generación. No tomó el consejo sabio de los mayores y decidió de acuerdo a sus amigos. Siguió el consejo de los jóvenes y, en vez de aliviar al pueblo la pesada carga que tenían cuando Salomón, decidió hacerla más fuerte y más pesada: “Entonces el rey Roboam tomó consejo con los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda á este pueblo? Y ellos le hablaron, diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo, y lo sirvieres, y respondiéndole buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre. Mas él, dejado el consejo de los viejos que ellos le habían dado, tomó consejo con los mancebos que se habían criado con él, y estaban delante de él. Y díjoles: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos á este pueblo, que me ha hablado, diciendo: Disminuye algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros? Entonces los mancebos que se habían criado con él, le respondieron, diciendo: Así hablarás á este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo; mas tú disminúyenos algo: así les hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre. Ahora pues, mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré á vuestro yugo; mi padre os hirió con azotes, mas yo os heriré con escorpiones” (1 Reyes 12: 6-11). El consejo de sus jóvenes amigos no pudo ser más estúpido y el seguirlo provocó la división dramática del Reino (1 Reyes 12:16).

Es importante recordar estos principios porque hoy día muchos cristianos han olvidado que el noviazgo y el matrimonio de acuerdo con la Biblia no es una relación para autosatisfacernos, sino para servir a Dios, y, en el caso de los hombres, para la santificación de nuestras esposas.

Como he dicho al empezar, decimos que conocemos estos principios y que son ciertos, pero no es verdad, no los ponemos por obra. O sencillamente los desconocemos totalmente. Rechazamos esta sabiduría y con razón se nos puede amonestar de esta forma: Mi pueblo fué talado, porque le faltó sabiduría. Porque tú desechaste la sabiduría, yo te echaré del sacerdocio: y pues que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos” (Oseas 4:6).

Rechazamos la sabiduría de Dios como autoridad y nos conducimos según lo que más o menos nos parece correcto, o según la moda, la corriente del momento, lo que parezca bien a quienes nos rodean, lo que nos digan los de la pandilla, lo que nos digan en la TV, lo que nos diga Hollywood… Jueces 17:6 dice: “En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía”.

E Isaías 1:4-6: “¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás. ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite”.

Mañana continuaremos.

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