Posteado por: Javier | agosto 19, 2012

Pégame en la otra mejilla… y, si puedes, aún más fuerte

El título de la entrada, como es lógico, es totalmente irónico, coincide con el sentido que muchos dan, o quisieran dar, a “poner la otra mejilla”. 

Posiblemente, quienes pontifiquen santurronamente sobre el pacifismo en base a Mateo 5:38-39 (“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”), en una situación práctica no predicarían demasiado con el ejemplo, es decir, jamás los veríamos, después de recibir una bofetada o un puñetazo en una mejilla, enseñando la otra y diciendo: “Venga, venga, pégame, aquí tienes la otra mejilla”. 

Vamos a ver qué dice en realidad la Biblia sobre la auto-defensa y, al final, qué significan los versículos de Mateo 5:38-39, es decir, qué quería decir Jesús con lo de “poner la otra mejilla”, algo que generalmente se desconoce puesto que se ignora totalmente el CONTEXTO y el SIGNIFICADO de ciertas expresiones de la época. Jesús, evidentemente, enseñaba a discípulos judíos del siglo I y, como es lógico, usaba expresiones que, en ese idioma, en ese lugar y en esa época, no tienen porqué tener un significado equivalente al que nosotros le demos. 

En algunas ocasiones voy a mencionar las armas y el porte de armas, aunque aquí la cuestión nada tiene que ver en si debe ser legal en tales o cuáles condiciones esta posesión de armas, es absolutamente teológica, sin entrar en asuntos legales. 

El derecho de auto-defensa y la Biblia

Si Jesús hubiera sido un “pacifista-jipi” al estilo actual, muy incongruente hubiera sido lo anterior con lo siguiente:

“Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una.” (Lucas 22:36).

Las palabras de Jesús son un mandamiento a sus discípulos, después de la última cena, en el que les dice que quien no tenga un arma (una espada), que compre una. ¿Y para que sirven las espadas?, obviamente sirven para agredir, o para defenderse. En este caso, el Mesías mandó a sus discípulos que compraran un arma para poder DEFENDERSE de aquellos malvados agresores que quisieran atacarles.

Por eso es que el apóstol Pedro portaba esa espada que el Jesús mandó que se compraran, y con esa espada corta Pedro quiso defender al Mesías cuando fueron a capturarle en el huerto de Getsemaní. Pedro sacó su arma (su espada) y quiso matar a Malco de un tajo en la cabeza, pero en lugar de matarlo, Pedro falló y le cortó solo la oreja, la cual el Mesías seguidamente se la pegó de nuevo milagrosamente:

“Viendo los que estaban con él lo que había de acontecer, le dijeron: Señor, ¿heriremos a espada? Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Entonces respondiendo Jesús , dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le sanó.” (Lucas 22:49-51).

No solo Pedro portaba un arma (una espada), sino que también el resto de los apóstoles portaban su arma de auto-defensa, pues dijeron “¿heriremos a espada?”, lo cual demuestra que todos ellos tenían espadas. Por consiguiente, es una tontería decir que el defenderse de los agresores “no es cristiano”. En la época de Jesús y de los apóstoles, las espadas que portaban eran unas espadas cortas, que en nuestra época sería como llevar una pistola o un revolver.

Ni siquiera tendrían razón los partidarios del “Cristo pacifista” con el relato del suceso por parte de Mateo:

“Pero uno de los que estaban con Jesús , extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús  le dijo:  Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?” (Mateo 26:51-54).

El discípulo al que se refiere el pasaje es Pedro. Jesús lo que le dice es que vuelva la espada a su lugar, que la guarde, puesto que si la tomaba para luchar contra quienes habían venido para apresarle, indefectiblemente moriría. Por eso añade que “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?”, puesto que, no se defendió con las espadas de sus apóstoles ni con legiones de ángeles puesto que era necesario que LA PROFECÍA SE CUMPLIERA, es decir, que la Escritura se cumpliera, la cual dice que el Mesías tendría que venir para sufrir y morir por nuestros pecados (por ejemplo, como se profetiza en Isaías 53). No censuraba a sus discípulos que portasen armas o les instaba a tirarlas, lo que les decía es que no era el momento de utilizarlas porque era necesario que el Mesías fuera entregado a sus enemigos y fuera muerto, tal como predice la Sagrada Escritura.

El argumento más machacón es apelar a Éxodo 20:13: “No matarás“.

No hace falta que me extienda demasiado, pues ya dije hace algún tiempo, en relación con la pena de muerte, que la traducción correcta del hebreo sería más bien “NO ASESINARÁS”, o “NO COMETERÁS HOMICIDIO”. En caso contrario, ¿cómo es que la pena de muerte se aplica con tanta ligereza en el Antiguo Testamento?

El asesinar a alguien es muy diferente a matar en defensa propia. La Biblia JAMÁS dice de forma genérica que matar sea pecado, pero sí enseña que ASESINAR es pecado. El cometer asesinato (homicidio) es algo muy diferente, ya que los asesinos (homicidas) matan de forma injusta, ya sea para robar o para esclavizar a otros. Por eso es que los asesinos (homicidas) jamás entrarán en el Reino de Dios, sino que irán al lago de fuego: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apocalipsis 21:8). La Biblia habla expresamente de los “homicidas” como aquellos que acabarán en ese lugar.

Otro argumento pacifista es el basado en Mateo 5:44: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen“.

Y eso que por ninguna parte dice “…y dejad que os agredan impunemente”.

Precisamente, el “amor a los enemigos” significa sencillamente, ni más ni menos, lo que dice expresamente el pasaje: BENDECIR A LOS QUE NOS MALDICEN, Y HACER BIEN A LOS QUE NOS ABORRECEN, ORANDO POR AQUELLOS QUE NOS ULTRAJAN Y PERSIGUEN.En estas palabras de Jesús  no se dice por ninguna parte que los cristianos no podamos portar armas para defendernos a nosotros o a nuestros familiares. El hecho de amar a nuestros enemigos, y de orar por ellos, no significa de ninguna manera que no tengamos derecho a defendernos a nosotros mismos y a nuestros familiares de aquellos que nos quieren agredir, ni tampoco significa que los cristianos no tengamos derecho a portar armas para auto-defendernos.

Más aún, lo que nos dice es que, pese a que algunos sean nuestros enemigos personales, debemos rogar porque Dios se apiade de ellos y algún día se arrepientan y acepten la salvación de Jesucristo, puesto que tiempo atrás nosotros mismos estuvimos en la misma situación espiritual que ellos (“Bienaventurados los misericordiosos”, recordemos).

Otro pasaje, “alegable” como contrario a la legítima defensa, Romanos 12:17-19:

No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor“.

Más clarito, sin embargo, queda aquí: el apóstol Pablo no dice que los cristianos no podamos defendernos o que no podamos poseer armas para la auto-defensa, lo que dice es que NO NOS VENGUEMOS, es decir, que no paguemos mal por mal y si es posible, vivamos en paz con todos los hombres. DEFENDERSE NO ES VENGARSE, la legítima defensa contra alguien que nos agreda no tiene que ver nada con la venganza. La venganza es de Dios, pero el derecho legítimo a la auto-defensa es de los humanos. La doctrina “pacifista” de la no defensa propia es absolutamente diabólica, estúpida y anticristiana hasta la médula.

El apóstol Pablo y el resto de mártires cristianos no se defendieron, sencillamente porque no tuvieron ni una opción para ello. Pablo, por ejemplo, recibió azotes de los judíos y no se defendió. ¿Por qué?, pues muy simple: ¿cómo iba a defenderse estando atado y recibiendo azotes? Lo mismo ocurrió cuando fue decapitado en Roma, difícilmente iba a poder defenderse cuando estaba desarmado y atado a la espera de que el verdugo le cortara la cabeza. Hay situaciones en las que nos es imposible defendernos a nosotros mismos o nuestras familias, y ahí lo único que queda es esperar la muerte como valientes de Dios.

Quienes creemos en la legítima defensa como totalmente ajustada a la Biblia somos los mayores pacificadores del mundo, ¡nosotros amamos la paz más que nadie, y JAMÁS AGREDIMOS A NADIE para robarles o asesinarles! Las armas que pueda tener un cristiano bíblico no son para agredir o robar a nadie, sino como DEFENSA de sí mismo o sus familiares de aquellos que les quieran agredir. 

Volver la otra mejilla

“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mateo 5:38-39).

Podemos empezar por decir casi lo mismo que en relación al pasaje de Romanos: lo que Jesús nos enseña es que no debemos buscar la venganza personal contra alguien que nos haya dañado, no que no debamos defendernos de su agresión, algo muy distinto.

¿Qué significaba en los tiempos del Mesías “volver la otra mejilla”?

En la Judea de la época de Jesús, e incluso varios siglos antes, tocar o herir a alguien en la mejilla era un insulto. Era el equivalente, hoy en día, de insultar verbalmente a alguien. Jesús sabía que sus discípulos serían insultados, y que es inútil tratar de obtener “reparación” por un insulto. Así que instruyó a la gente a “presentar la otra mejilla”, es decir, ignorar los insultos, y al presentar la otra mejilla, demostrar que uno está afirmado en sus creencias y acciones aún si eso significa que uno será nuevamente insultado. De hecho, Jesús advierte más de una vez advierte a sus discípulos que serán vituperados por causa de Él (con lo que habrán de considerarse “bienaventurados”).

Otros versículos de la Biblia muestran que golpear en la mejilla a alguien en aquellos tiempos era un insulto son Lamentaciones 3:30, “Dará la mejilla al que le golpea; se hartará de afrentas”, o Job 16:10, “Contra mí han abierto su boca; con afrenta han golpeado mis mejillas”.

También en el primer libro de Reyes, en el episodio en que el malvado profeta falso Sedaquías abofetea al profeta de Dios Micaías. El rey israelita Acab estaba tratando de convencer al rey judío Josafat de unificar fuerzas con él y luchar contra los arameos. Acab trajo a un impresionante número de profetas falsos que siempre profetizaban a su gusto, los cuales pronosticaron que la misión iba a tener éxito. Sin embargo, ninguno era del único Dios verdadero y Josafat insistió en escuchar a uno. Acab finalmente encontró un profeta de Dios, un hombre llamado Micaías, quien insultó a los otros profetas, primero burlándose de lo que habían dicho, y luego dando una profecía contradictoria (que se cumplió). Uno de los profetas falsos, un hombre llamado Sedequías, montó en cólera: “Entonces se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías en la mejilla” (1 Reyes 22:24). Sedequías se sintió insultado por las palabras de Micaías, y le devolvió el insulto de un modo que fue perfectamente comprendido en la cultura: golpeándole en la mejilla. Micaías, como si estuviera obedeciendo las palabras de Jesús habladas unos 800 años después, ignoró el insulto de Sedequías y simplemente siguió hablando las palabras que Dios le pidió que hablara.

Esta es la enseñanza de nuestro Señor: no hagamos caso a los insultos y vituperios que recibamos por causa de Él, sino que sigamos hablando la Verdad, y que, es más, “mostremos la otra mejilla” (figuradamente, claro, ya no estamos en esa época), como prueba de que vamos a seguir defendiéndola, pase lo que pase. No que no podamos defendernos cuando seamos injustamente agredidos.

Y, en fin, espero que con esto tengan buenos y suficientes argumentos la próxima vez que alguno de los “jipi-pacifistas” actuales intente ponerle en aprietos con tonterías de este estilo, relacionadas con el “poner la otra mejilla”.

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Responses

  1. gracias por quitarme la duda que tanto daño me ha hecho durante toda mi vida, de pequeña me pegaban y se burlaban de mi mis compañeros, no sabia que podia defenderme. Mi madre nunca tubo una queja de la escuela de ninguno de sus hijos y ella sentia mucha honrra por eso por eso pensabamos mis hermos y yo que el dejarnos agredir por los demas estaba bien, cuando creci precencie muchas agreciones verbales y hasta alguna vez fisicas de mi padre hacia mi madre , nunca pudimos defenderla, ahora soy casada mi marido no me agrede fisicamente aunque alguna vez me ha amenazado con hacerlo, verbalmente en muchas ocaciones hasta delante de su familia cuando quiero defenderme dice que soy yo quien quiere pelea y me callo pensando que si contesto mas el gritara mas fuerte y eso sera una pelea y yo la ocaciones eso no estara bien para mi.
    Gracia hoy me he liberado en este instante acabo de contestarle a algo que el me estaba mandoneando sin justificaciion, me dijo que yo queria pelea y no le hice caso sentada aqui escribiendo, se canso y al final gane el mismo lo hizo y creanlo o no, no hubo pelea , simplemente lo hizo y ya .
    yo gane .


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