Posteado por: Javier | agosto 27, 2012

¿Libertad para mentir? (I)

¿Llega hasta ese punto la libertad de expresión? 

Es bueno reflexionar un poco sobre este asunto pues cada vez más se ha producido una “bastardización” de la genuina “libertad de expresión”, desde luego, una degradación total de su concepción clásica. 

Ahora hay quienes quieren incluir la pornografía dentro de la libertad de expresión. También hay quienes defienden que dentro de la “libertad de expresión” entra el difundir bulos y leyendas urbanas sobre las más variopintas cuestiones. Muchas veces hay quienes incluso resultan afectados por el “ejercicio” de esa supuesta “libertad de expresión”. Ahí tenemos casos, por ejemplo, cercanos y sin necesidad de irnos muy lejos como el de don Alfredo, caballero sobre el cual algunos sujetos de la “Red Liberal” deslizaron historietas como un supuesto apoyo suyo a “leyes antisodomía”, una afición por participar en duelos con pistola, o ser un “teocon” miembro de alguna organización evangélica fundamentalista del sur de EEUU, entre otras barbaridades que no merece la pena comentar. En esas situaciones, la víctima de los bulos difundidos bajo el amparo de esta putrefacta concepción de la “libertad de expresión” debe pechar y endosar las consecuencias de cuento que han difundido sobre él, ¿tiene esto algún sentido? 

Vamos a ver como esta tontería de que la libertad de expresión es “libertad para expresar lo que sea, aunque sea una falsedad” no tiene absolutamente ninguna base. Los fundadores de los EEUU, los mayores liberales de la historia, se hubieran quedado patidifusos ante una patochada de tal calibre. 

Libertad de expresión es LIBERTAD PARA DECIR LA VERDAD (en cualquier ámbito) SIN SER CENSURADOS POR ELLO. 

Sin embargo, incluso en EEUU, hoy día está muy extendida una lectura seriamente equivocada de su Constitución, nada acorde con el espíritu con que fue redactada en 1787. La Enmienda I de la Constitución useña dice en parte: “El Congreso no dictará ley respecto al establecimiento de religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma; ni coartará la libertad de expresión, ni de prensa”

Originalmente quería decir que al gobierno federal se le prohibía todo poder para legislar respecto a religión, habla o prensa, porque estos aspectos estaban reservados a los ciudadanos y a los estados. Los distintos estados tenían clases dirigentes religiosas y no tenían deseo de una clase religiosa federal que los gobernase. 

En relación con esta cuestión de la libertad de expresión, en sus primeros años, en EEUU la “libertad religiosa” estaba directamente relacionada igualmente con la “libertad para expresar la verdad”. Aunque ahora estemos inmersos en el relativismo más absoluto, en aquella época por “verdad” se entendía la verdad bíblica, con lo que (y con la salvedad de los judíos) solo gozaban de una plena libertad religiosa las distintas denominaciones cristianas (ni siquiera el catolicismo gozaba de una libertad absoluta en ese sentido). Ninguno de los “Founding Fathers” estaba pensando ni en el Islam ni en el budismo ni en cualquier otro culto. La idea era que, si se permitía la expresión pública de la “mentira religiosa”, ¿qué legitimidad existía para prohibir el engaño en la prensa, el engaño en la política, el engaño en los negocios, etc…? 

Todavía a mediados del siglo XIX se consideraba que los derechos religiosos de los ciudadanos de los EEUU consistían en el disfrute de su propia decisión a conciencia, entre todas las formas del cristianismo protestante que estaban en existencia al momento cuando se estableció la Constitución. Por consiguiente, se consideraba estrafalario suponer que un grupo de hindúes pudiera establecerse en alguna parte del territorio americano, y reclamar un “derecho”, bajo la Constitución, de establecer el culto público de Brahma, Visnú o Krishna. Igualmente inconstitucional se hubiera considerado el que los chinos hubieran introducido la adoración de Fo o Buda en California. De acuerdo con la interpretación originaria, tampoco hubiera podido una compañía de turcos afirmar su “derecho” a establecer una mezquita para la religión de Mahoma. Pero hay un caso, es decir, el de los judíos, que forman una excepción evidente, aunque en verdad lo respalda el mismo principio. La cuestión es que el significado de la Constitución se derivaba de la intención razonable del pueblo de los EEUU de trasplantar al suelo americano la lengua, religión, costumbres, leyes y modos de pensamiento de la madre patria. En consecuencia, se quería decir que lo que se toleraba públicamente en Inglaterra se protegería también en Norteamérica. 

Sobre esta base, no había duda del derecho constitucional de los judíos, cuyas sinagogas habían estado establecidas en Londres desde mucho antes. Pero, con esta sola excepción, no existía ningún derecho para el ejercicio público de ninguna fe religiosa, bajo la Constitución de EEUU, que no reconociera la divina autoridad de la Biblia. 

La mayoría de los americanos del día presente no concordaría con esta interpretación constitucional (y, realmente, en la sociedad actual fenómenos como el Islam ya están tan arraigados como lo pudiera estar el judaísmo en los EEUU de aquella época, de modo que ahora mismo es absurdo hablar de prohibiciones en este sentido) pero a mediados de siglo XIX la mayoría estaba de acuerdo, y hubo una extensa historia legal que respaldaba su posición. De hecho, el “Bill of Rights” básicamente era entonces una Carta de inmunidades contra la legislación federal en ciertas áreas, y no una prohibición de legislación estatal o local sobre esas cuestiones. 

Ya en el siglo XX, en EEUU y en Europa estaba totalmente difundida la idea de que el orden social y el gobierno civil ideales era el dedicado a la “libertad” como un fin en sí misma. Pero, paradójicamente, una sociedad que hace de la libertad su objetivo primordial la perderá, porque ha convertido en su propósito no la responsabilidad, sino la libertad de toda responsabilidad. Por eso hoy se reclama la cobertura de la mentira y el engaño como “libertad de expresión”, sin ninguna consecuencia legal para el difusor de la falsedad, puesto que la idea es de “libertad” sin más, sin ningún tipo de responsabilidad en su ejercicio, no de libertad para expresar la verdad en cualquier ámbito, sin ningún tipo de censura ni coacción pública o privada. 

Mañana continuaré con este tema.

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Responses

  1. vete a la mierda fanático de los cojones.

  2. Puerca:

    ¿Cómo quieres que vaya a la mierda? Pero si estás aquí, la mierda ya ha venido a mi, personificada en ti, o sea que no hace falta que “me vaya a la mierda”, cerdo repugnante infectado con triquinosis y peste porcina, porque ya tengo ante mí un buen ejemplar de mojón maloliente y sin desparasitar.

  3. Excelente entrada, don Javier – gracias por citarme y documentar este problema con el Instituto Juan de Mariana.

    Dice usted:

    “Sobre esta base, no había duda del derecho constitucional de los judíos, cuyas sinagogas habían estado establecidas en Londres desde mucho antes. Pero, con esta sola excepción, no existía ningún derecho para el ejercicio público de ninguna fe religiosa, bajo la Constitución de EEUU, que no reconociera la divina autoridad de la Biblia. ”

    Así es – se ha dado en los últimos lustros una interpretación masivamente amplia en este tema que perjudica la libertad ordenada que defendemos los liberales clásicos.

    “La mayoría de los americanos del día presente no concordaría con esta interpretación constitucional (y, realmente, en la sociedad actual fenómenos como el Islam ya están tan arraigados como lo pudiera estar el judaísmo en los EEUU de aquella época, de modo que ahora mismo es absurdo hablar de prohibiciones en este sentido)”

    Ah por supuesto – eso de prohibir el Islam no solo es una idea estúpida actualmente sino además, peligrosamente fascista debido a quiénes lo promueven en Europa – nada más y nada menos que la Iglesia Católica romana.

    “no una prohibición de legislación estatal o local sobre esas cuestiones.”

    Correcto – la riqueza documental es increíble, Javier – y muchísimos estados mantenían leyes de “test” religiosos, entre otras cosas y hasta iglesias oficiales.

    “Ya en el siglo XX, en EEUU y en Europa estaba totalmente difundida la idea de que el orden social y el gobierno civil ideales era el dedicado a la “libertad” como un fin en sí misma.”

    Me gusta esta frase porque ese es el error principal de la modernidad y postmodernidad – convertir la libertad en una novela personal de cada uno, cuando NO ES así.

    “Pero, paradójicamente, una sociedad que hace de la libertad su objetivo primordial la perderá, porque ha convertido en su propósito no la responsabilidad, sino la libertad de toda responsabilidad.”

    Por eso cada vez hay menos libertad real.

    “Por eso hoy se reclama la cobertura de la mentira y el engaño como “libertad de expresión”, sin ninguna consecuencia legal para el difusor de la falsedad, puesto que la idea es de “libertad” sin más, sin ningún tipo de responsabilidad en su ejercicio, no de libertad para expresar la verdad en cualquier ámbito, sin ningún tipo de censura ni coacción pública o privada. ”

    ¡Pobre Hamilton si pudiera ver lo que ocurre actualmente en su querida república! A ver si el Congreso se pone las pilas y corrige esos excesos libertarios.

  4. Muchas gracias, me parecía un ejemplo muy claro y cercano, aunque en concreto, en cuanto a la sodomía, me queda la duda de si mintieron a conciencia o si sencillamente lo que son es tontos del capirote, que ni leer saben, o unos ignorantes desconocedores de la tradición constitucional y jurisprudencial americana.

    El Islam por supuesto que pretender prohibirlo ahora mismo sería una estupidez. No solo por el peligro que tienen quienes piden que se prohíba su culto público, sino porque la protección de la libertad religiosa en los primeros años de EEUU solo a las iglesias cristianas no estaba basado en lo que dicen, que otras religiones van contra nuestras “raíces” o nuestra “tradición” (como si la “tradición” fuera un criterio de validez de algo: también los toros son una “tradición” y son un horror), sino en unas inmunidades de los estados frente a la legislación federal.

    Con esto de convertir la libertad en una novela personal de cada uno tenemos lo que proponen: la “ley policéntrica”. No sé cómo se pretende compaginar todos los intereses que entrarían en conflicto, puesto que si a determinados grupos privados se les permite darse una ley para ellos mismos, ¿por qué no a otros o hasta a cada individuo? ¡Sería discriminación!


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