Posteado por: Javier | diciembre 8, 2012

Murray Rothbard: desmontado

A todos los detractores, que seguramente cada vez son más, de uno de los “popes intelectuales” ancaps por excelencia, Murray N. Rothbard, a buen seguro gustará mucho este artículo de Edward Feser. Es una traducción de un artículo titulado “Rothbard como filósofo”, publicada en la bitácora “Reflexiones Iracundas”, y está buenísimo, pues desmonta la chorrada del concepto “rothbardiano” de la autopropiedad. De paso, también deja clara la propia impotencia de Rothbard con sus críticos, secundada por sus seguidores, a los que solo era capaz de tratar de desacreditar tachándolos de “malvados estatistas”.

La absurdez fundamental de Rothbard (y eso se extendía no solo a su teoría de la autopropiedad, sino a otras como la no agresión) es la idea de que las únicas relaciones entre los individuos son las bilaterales, sin que hayan terceros que tengan algo que decir. En una sociedad, los individuos no solo buscan que sus relaciones con una segunda persona determinada se desarrollen en términos morales subjetivamente aceptables, sino que las que se den en su entorno lo sean igualmente, le afecten a él en casos concretos o no. Y, de hecho, si es así, intentarán que cierto nivel moral en las relaciones sea mantenido de forma coactiva (por ejemplo, es el caso del tráfico de drogas, que una mayoría no considera aceptable como comercio lícito, aún cuando no le afecte directamente ni participe en esos intercambios dinero-drogas).

Uno de las consecuencias más delirantes a las que llevan los postulados de Rothbard es a que, entre otras cosas, forzar al padre a alimentar a su hijos sería “apropiarse de su voluntad”, violar su “derecho” a la autopropiedad. No es que se refiriese a que sería algo loable (estaría bueno) ni a que se incentivase o premiase. Pero lo que está claro es que cualquier sociedad (si acaso la somalí, el “paraíso ancap” igual lo aceptaría) no toleraría ese acto, por muy marginal que fuera, con lo que una legislación que no lo penalizase sería impensable, puesto que no es una cuestión exclusiva entre el padre y el hijo.

La autopropiedad, como la entendía Rothbard (y sus discípulos), no se refiría a que cada individuo tuviera un control material sobre sí mismo, sino a que otros individuos no debían tenerlo.  De modo que ninguna persona debe tener el derecho a iniciar la violencia sobre otra para impedirle acciones que a su vez no inicien la violencia sobre nadie más (y el padre pasivo y no alimentador de su hijo, evidentemente, no está iniciando violencia alguna, sencillamente, no hace absolutamente nada). Para los rothbardianos, o hay autopropiedad, o lo que habrá es la concesión de derechos de propiedad sobre el propio cuerpo a otros individuos. En la medida en que esos otros individuos o grupos de individuos ejerzan un poder de decisión último sobre el cuerpo de otro individuo, serán sus propietarios. O sea, o aceptamos este fantasmagórico “derecho” de autopropiedad, o eso, o la esclavitud de nuestra voluntad (o, al menos, de parcelas de la misma) a manos de la de otra persona, como si no hubiera una infinidad de puntos intermedios entre un extremo y otro.

Rothbard confundía informar sobre las consecuencias de ciertas acciones (“si haces A, serás castigado con B”), advertir sobre las mismas, con tomar control mental sobre el receptor de esa información y, por ende, sobre todo su cuerpo, apropiarse de todo el individuo de esta forma. Pero, por ejemplo, pensemos en una señal de STOP en la carretera. Hay conductores responsables que las respetan y otros temerarios que se las saltan. ¿Se está apropiando el malvado Gobierno, el “Estao malo”, de las mentes y los cuerpos de los conductores, dirigiendo sus acciones? ¿Dirige también las acciones de los conductores que se saltan el STOP?

ABSURDO, Rothbard & sus discípulos, ¡absurdo!

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Murray Rothbard fue un influyente partidario de una versión extrema del liberalismo conocida por anarcocapitalismo, de acuerdo a la cual todo impuesto es robo y todo gobierno es intrinsecamente malvado. En varios de mis recientes artículos he expresado mi baja opinión de Rothbard como filósofo, y algunos rothbardianos piensan que he sido desagradable con él. En este artículo quiero examinar una típica muestra de la argumentación filosófica rothbardiana, la cual creo mostrará que mi valoración de sus habilidades filosóficas está respaldada.

El ejemplo es “típico” en tres sentidos. Primero, tiene que ver con los más profundos cimientos de la moral y filosofía política de Rothbard, más que con alguna temática periférica en la cual un error argumentativo podría ser fácilmente excusable. Segundo, es un argumento que Rothbard repitió en varios contextos virtualmente de la misma forma a lo largo de muchos años, así que resulta obvio que él lo interpretaba como bueno. Tercero, me parece que es ejemplar sobre el grado de precisión, profundidad, y detalle que caracteriza a los argumentos de Rothbard en moral y filosofía política en general (un grado no muy alto al fin). Si Rothbard fue capaz de dar un argumento filosófico interesante, entonces, nosotros debiéramos naturalmente esperar encontrarlo aquí, y sin embargo (como veremos) no lo encontramos. En tanto no creo que este ejemplo establezca decisivamente la mediocridad filosófica de Rothbard por entero si creo que puede dar una ciertamente fuerte indicación de aquélla. Y creo que nadie que lea más en profundidad el trabajo de Rothbard encontrará que la cosa mejore.

Quiero dejar claro desde el principio que mi baja opinión de Rothbard como filósofo no está basada en el hecho de que encuentre sus argumentos faltos de persuasión, o incluso en el hecho que de algunos de ellos sean sencillamente categóricamente malos argumentos. Obviamente, hay muchos importantes filósofos que han dado argumentos faltos de persuasión e incluso malos. La razón por la que le encuentro mal filósofo es que me parece incapaz de producir un argumento filosófico mínimamente respetable, por el cual quiero decir un argumento que no cometa falacias obvias o no consiga identificar ciertas y obvias objeciones. (Un argumento puede ser finalmente no persuasivo o incluso malo siendo mínimamente respetable. Por ejemplo, creo que el argumento de Rawls con sus dos principios de justicia es definitivamente poco convincente, pero no es un argumento categóricamente malo y es ciertamente minimamente respetable. Y creo que el argumento de Wittgenstein contra la privacidad de las sensaciones es un argumento categóricamente malo, pero es también al menos mínimamente respetable en el grado en que las falacias que comete no son obvias y él trata de lidiar con las objeciones obvias frente a ellas.)

Debiera también dejar claro que mi baja opinión sobre las habilidades filosóficas de Rothbard no tiene nada que ver con las particulares conclusiones que él trata de defender. Yo ciertamente comparto su hostilidad a la esclavitud, el socialismo, el comunismo y el igualitarismo socialdemócrata. También coincido en que mucho de lo que hacen los gobiernos modernos es moralmente indefendible y que muchos de los impuestos establecidos por gobiernos modernos (posiblemente la mayoría) son injustos. Y mientras estoy en profundo desacuerdo con sus afirmaciones de que el gobierno per se es malvado y que todo impuesto es injusto, estas son al menos afirmaciones filosóficamente interesantes. El problema es simplemente que Rothbard parece incapaz de dar un argumento filosóficamente interesante para respaldar tales afirmaciones. (Además, las afirmaciones en cuestión son tomadas prestadas por Rothbard de anarquistas del siglo XIX como Lysander Spooner, así que incluso donde Rothbard es filosóficamente interesante no es original.)

Aquí, entonces, está el ejemplo. Es el argumento central de Rothbard para la tesis de la autopropiedad, la cual es, como he indicado, el más profundo pilar de su moral y su filosofía política, sin el cual su concepción contra los impuestos y contra el gobierno colapsa totalmente. Conozco al menos tres lugares donde presenta dicho argumento (podría haber otros): en su libro “Por una nueva libertad” (publicado en 1973 y revisado en 1978); en su ensayo “Justicia y Derechos de propiedad” (publicado en 1974, reimpreso en su antología “Igualitarismo como una revuelta contra la naturaleza y otros ensayos”, segunda edición); y en su trabajo principal sobre moral y filosofía política, “La ética de la libertad” (1982, edición revisada en 1998). En la edición revisada de “Por una nueva libertad”, el argumento empienza como sigue:

“Desde que cada hombre o mujer debe pensar, aprender, valorar, y escoger sus fines y medios de cara a sobrevivir y prosperar, el derecho de la autopropiedad da al hombre el derecho a realizar tales actividades vitales sin ser obstaculizado y restringido mediante coacción. Considérese, también, las consecuencias de denegar a cada hombre el derecho a ser propietario de su propia persona. Hay entonces sólo dos alternativas: o (1) una cierta clase de gente, A, tiene el derecho a ser propietario de otra clase, B; o (2) todo el mundo tiene derecho a ser titular de su propia y equitativa parte de derecho de propiedad sobre su persona. La primera alternativa implica que mientras la clase A deniegue los derechos de los seres humanos, la clase B es en realidad subhumana y por tanto no merece tales derechos. Pero desde que ellos son de todos modos seres humanos, la primera alternativa se contradice a sí misma en la negación de los derechos naturales humanos a un sector de los humanos. Además, como vemos, dejar a la clase A tener en propiedad a la clase B significa que la primera tiene permitido explotar, y por tanto vivir de forma parásita, a expensas de la última. Pero este parasitismo viola por si mismo el requerimiento básico de la economía para la vida: producción e intercambio.” (págs. 28-29)

El resto del argumento trata de descartar la alternativa (2) y tiene sus propios problemas, pero no trataré ambas porque el pasaje citado es suficiente para mi propósito. Pienso que este argumento es muy malo; ciertamente, pienso que para cualquiera con un entrenamiento filosófico resultará claramente obvio que es malo. Y no sólo es malo, sino que dado que Rothbard no dice nada más en defensa de las afirmaciones hechas en este pasaje (aparte de intentar descartar la alternativa (2)), pienso que está claro que el argumento falla a la hora de ser incluso mínimamente respetable en el sentido descrito anteriormente. Sospecho que la mayor parte de los lectores podrá inmediatamente ver al menos los problemas de éste. Aquí están algunos que se me ocurren:

1. Incluso si fuese cierto que “cada hombre o mujer debe pensar, aprender, valorar, y escoger sus fines y medios con el fin de sobrevivir y prosperar” y que “el derecho a la autopropiedad da al hombre el derecho a realizar sus actividades vitales sin ser obstaculizado o restringido por coacción,” ello sencillamente no implica que cualquiera tiene el derecho a la autopropiedad. Por todo lo mostrado por Rothbard, podríamos ser capaces de pensar, aprender, valorar, etc. incluso si no tuviésemos ningún derecho. (Que X pueda cogernos Z no muestra que Y pudiera cogernos es para nosotros también.) O podríamos necesitar algunos derechos con el fin de hacer tales cosas, pero no todos los derechos implicados por la autopropiedad. O podríamos realmente necesitar todos los derechos implicados por la autopropiedad, pero sin embargo sencillamente no los tenemos. Al fin y al cabo, el hecho de que uno necesite algo no implica que uno lo tenga, y (como los liberales mismos no se cansan de apuntar), ciertamente no implica que tengas derecho a ello. Por ejemplo, animales salvajes necesitan comida para sobrevivir, pero de ello no sigue el que ellos tengan derecho a ello (de hecho, el mismo Rothbard explícitamente niega que los animales puedan tener cualquier derecho).

Asimismo, por qué deberíamos garantizar en primer lugar que “cada individuo debe pensar, aprender, valorar, y escoger sus fines y medios con el fin de sobrevivir y prosperar”? Los niños sobreviven y prosperan muy bien sin escoger la mayor parte de su medios y fines. Algunos adultos están felices dejando a otros (padres, mujer, agentes del gobierno) escoger algunos de sus medios y fines para ellos. Gente física o mentalmente enferma no podría sobrevivir o prosperar sin que otros escogiesen sus fines y medios por ellos. Incluso un esclavo o siervo podría obviamente sobrevivir e incluso prosperar si su amo o señor fuese de la clase menos brutal. Y así sucesivamente. Y si sobrevivir y prosperar es lo que establece nuestros derechos, cómo podríamos tener un derecho a suicidarnos o a hacer cualquier cosa contraria a nuestra prosperidad, ¿como libertarios defensores de la tesis de la autopropiedad deberíamos hacerlo?

Además, ¿por qué deberíamos garantizar que el respeto por cada autopropiedad individual realmente aseguraría toda habilidad individual de escoger fines y medios, etc.? Un izquierdista podría argüir que el respeto por la autopropiedad podría beneficiar a algunos pero dejar a una gran parte de otros en la indigencia o en la privación de cualquier rango de medios o fines entre los que elegir.

Por supuesto, habría alguna forma en que un rothbardiano podría replicar a estas objeciones; yo ciertamente no encuentro ninguno de ellos irresistible. Pero el hecho es que hay objeciones obvias que hacer, e incluso así Rothbard ni siquiera las considera, y mucho menos las contesta. Incluso un breve reconocimiento de algunas de esta objeciones y un gesto en la dirección de una posible réplica podría haber sido suficiente para hacer el argumento mínimamente respetable, pero Rothbard falla a la hora de proveer incluso esto.

2. La afirmación de que hay “sólo dos alternativas” para denegar la tesis de la autopropiedad es simplemente obviamente falsa. He aquí algunas alternativas adicionales que Rothbard no consiguió considerar: (a) nadie tiene por propiedad a nadie, incluido él mismo; (b) Dios es dueño de todos nosotros; (c) una clase de gente tiene un derecho de propiedad parcial sobre otra clase (la primera clase tendría derechos sobre el trabajo de la última, pero no debería matar miembros de ésta, o negarles el sustento, o prohibirles el matrimonio, etc.); (d) todo el mundo tiene una propiedad parcial y/o desigual sobre todos los demás (todo el mundo tiene derecho absoluto a la integridad física, pero no a los frutos de su labor, los cuales son apropiados por la comunidad; o todo el mundo tiene un derecho absoluto a la integridad física, y un absoluto derecho sólo sobre un porcentaje de los frutos de su labor, con el resto siendo apropiados por la comunidad; o todo el mundo tiene un presunto derecho a la integridad física, el cual podría ser anulado en casos extremos, con un derecho a un porcentaje de los frutos de su labor; o el débil y sin talento tiene un derecho absoluto a la integridad física y a un gran porcentaje de, aunque no todo, los frutos de su trabajo mientras los fuertes y con talento tienen un derecho absoluto a la integridad física y un mucho menor porcentaje de frutos de su labor; o los fuertes y con talento, al contrario que los débiles y sin talento, tiene sólo un derecho presunto a la integridad física, el cual podría ser anulado si alguien necesita desesperadamente un transplante de órgano; y así y así sucesivamente).

La alternativa (b) fue defendida por Locke (del cual su discurso sobre la autopropiedad era simplemente una forma de escritura a favor de nuestra autoadministración ante Dios), y podría también haber sido aprobada por los teorizadores del derecho natural en la tradición Tomista. Rothbard explícitamente cita tanto a Locke, en cuanto a la autopropiedad, y a la tradición Tomista del derecho natural, así que esta alternativa debería haber resultado obvia para él, e incluso así no logra considerarla.

La alternativa (c) es la visión típica adoptada por los defensores de la esclavitud, la mayoría de los cuales no aceptarían la absoluta propiedad sobre otras personas que implica la alternativa de Rothbard (1). Uno pensaría que Rothbard, quien gusta de calificarse como un historiador de las ideas, estaría alerta frente a esto, y de nuevo aquí simplemente ignora que debería haber otra posible alternativa obvia.

Alguna versión u otra de alternativa (d) es argüíble implícitamente en los puntos de vista de algunos izquierdistas, muy pocos de los cuales (si alguno) afirmarían que todos nosotros tenemos un título igualitario de propiedad los unos sobre los otros. Al fin, una lectura mínimamente caritativa de los argumentos de ala izquierda sobre impuestos y redistribución darían testimonio de que esta, más que la de Rothbard (2), podría ser lo que se espera de izquierdistas igualitarios. Pero Rothbard es incapaz incluso de considerar esta posibilidad. Él sugiere (más adelante en su argumento, después del pasaje citado) que el concepto de propiedad comunista de todos sobre todos conllevaría que nadie podría realizar acción alguna sin el permiso de todos los demás, pero mientras esto sería cierto bajo la opción (2), sería falso bajo la menos extrema de las posibilidades igualitarias consagradas en (d).

La alternativa (a) fue finalmente considerada por Rothbard- al menos una década después de utilizar el argumento de la autopropiedad por primera vez y después de ignorar tal alternativa de nuevo al repetir el antedicho argumento en “Justicia y derechos de propiedad” – en una breve nota al pie en “La ética de la libertad”. (Atribuye la sugerencia de la alternativa a George Mavrodes, sin cuyo concurso, aparentemente, Rothbard podría no haber visto lo obvio nunca.) La réplica de Rothbard a esto consiste en decir que “desde que la propiedad significa rango de control, esto ( v.g: nadie tiene en propiedad a nadie, incluído él mismo) podría significar que uno podría hacer cualquier cosa, y la raza humana rápidamente se desvanecería”. Pero la maldad de este argumento debería también ser obvia. Mientras que tener la propiedad de algo no implica tener un rango de control sobre ello, tener un rango de control sobre ello no implica propiedad. Yo tengo un rango de control sobre el parterre de mi vecino – él no podría detenerme si anduviese directamente hacia él y arrancase las flores – pero de ello no sigue el que sea de mi propiedad. Los animales tienen un rango de control sobre su entorno, pero desde que la propiedad es una categoría moral que implica la tenencia de determinados derechos, y los animales (según el propio Rothbard confirma) no tienen derechos, de ello se concluye que no tienen propiedad de nada. Y, por supuesto, su falta de propiedad de algo no ha causado que los animales perezcan, lo cual hace evidente lo absurdo de la afirmación de Rothbard de que la alternativa (a) entrañaría la extinción de la raza humana.

3. La alternativa (1)de forma obvia no implica que los miembros de la clase B sean “subhumanos”. No todos los defensores de la esclavitud han negado que los esclavos sean enteramente humanos; su visión es simplemente que algunos seres humanos pueden justamente ser propiedad de otros. El aserto de Rothbard de que esto “se contradice a sí mismo al negar los derechos naturales humanos a un grupo de humanos” es sólo una descarada petición de principio [Es una falacia en el razonamiento lógico. Consiste en tratar de soportar una proposición, con un argumento en el cual dicha proposición es una premisa], dado que la cuestión es precisamente, se quiera o no, si hay o no derechos naturales humanos que podrían excluir la esclavitud.

4. La afirmación de Rothbard de que el parasitisimo que conlleva la alternativa (1) “viola el requisito básico de la economía para la vida: producción e intercambio” es de nuevo obvia y simplemente falsa. Animales no toman parte en “producción e intercambio”, ciertamente no en el sentido económico de “laissez-faire” previsto por Rothbard, pero están obviamente vivos.

En este breve pasaje, entonces, Rothbard comete una gran cantidad de falacias y errores a la hora de identificar, no hablemos para responder, un número de objeciones obvias que podrían ser esgrimidas contra su argumento. Y este argumento no es periférico, el cual podría haber sido escrito en un anormal lapsus. Éste sirve como base de su concepción moral y su teoría política, y fue repetido varias veces a lo largo del curso de una década virtualmente inalterado. Y si las cosas son tan malas en los fundamentos más profundos de su moral y su teoría política, podemos imaginar como de malos serán el resto de sus argumentos filosóficos.

Sólo agrava la ofensa el que Rothbard fuese tan estricto, estridente y falto de caridad en sus críticas a aquéllos que disentían con él. Cuanto más extrema y alejada de la realidad son las ideas de uno, más rigurosos tendrán que ser sus argumentos y más cautos y modestos sus propositores al presentarlos y defenderlos. Rothbard mismo pensó que sus ideas podrían ser muy extremas [mirar aquí para ver un ejemplo particularmente grotesco] dando empero endebles argumentos en su favor y tratando de ignorar a aquellos que se no estaban de acuerdo con ellos como malvados apologistas del “estatismo” y la “agresión”.

No hay problema en hacer notar que hay varios caminos por los que los rothbardianos pueden tratar de desmontar las objeciones esgrimidas por mí. No hay duda, pero esto es la clave. Lo que importa es que el propio Rothbard nunca trató de desmontarlas, ni siquiera las consideró, incluso cuando se trata de objeciones extremadamente obvias. Esto es la marca de un mal filósofo.

No hay problema en afirmar que Rothbard era mejor economista que filósofo. Quizás lo fue – dejaré tal juicio para los economistas – pero eso es irrelevante desde que su estridencia moralista, y en particular sus afirmaciones de que el gobierno y los impuestos son inherentemente injustos (y no meramente ineficientes), podría sólo ser justificada mediante argumentos filosóficos, no económicos. Y como he aducido, sus argumentos filosóficos no alcanzan a justificar ni las afirmaciones hechas ni la obstinada confianza en ellas.

Edward Feser

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Responses

  1. Es importante mencionar que hay un argumento falaz en este artículo yo lo llamaría peticion de principio.

    Los derechos emanan de la autopropiedad y no al revez, no puedes decir que tienes (tener) un derecho por que para tener tienes que ser dueño primero de ti mismo. Aquí se parte de que los derechos son previos a la autopropiedad (absurdo.).

    Dos alternativas:
    A.- Nadie tiene por propiedad a nadie, incluido él mismo. No puedes emitir un argumento de propiedad si primero no eres dueño de tu cuerpo, de tu mente osa de ti mismo.
    B.- Dios es dueño de ti mismo. Primero debes probar la existencia de dios, luego si dios es tu dueño o si quiera si ese es su objetivo.
    C Y D.- Estan sencillo deducir que para que puedas ser dueño de algo, primero debes ser dueños de ti mismo. No puedes poseer nada si primero no eres dueño de TI.

    Animales no toman parte en “producción e intercambio”. Claro que lo hacen pero no de manera consciente, los animales producen todo lo que otros animales necesitan (cadena alimenticia.), pero como no tienen consciencia de propiedad de si mismo, los animales toman para sobrevivir mediante la fuerza o la coacción. Hay animales que hacen intercambios voluntarios como los bonobos, pero hay tambien mediante simbiosis, comensalismo, protocooperación, amensalismo.

  2. Pésimo argumento el de Edward Feser.


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