Posteado por: Javier | diciembre 23, 2012

Lincoln: un héroe liberal y capitalista (I)

Pese a que hace un año y medio hablé largo y tendido de Lincoln, esto es un tema muy importante y no es ninguna pérdida de tiempo machacar algunas ideas y conceptos: en Abraham Lincoln tenemos una serie de pautas muy útiles para diferenciar qué es liberal y qué no es liberal. Pero no solo eso. Sabiendo porqué el bueno de Lincoln, el presidente que completó la fundación de los EEUU, tomó ciertas decisiones, cualquier liberal puede tener un buen arsenal de respuestas cada vez que algún “libertarian” (de los pocos que vayan quedando) le tache de “estatista” o “totalitario”.

Los anarko-neo-confederados actuales (y ya lo decían los que empezaron a surgir tras la derrota de la Confederación) tachan a Lincoln de “radical” que “se cargó la Constitución”. Estos libertarianos, ronpauleros muchos de ellos, sostienen (y ya lo sostenían casi desde el momento en que Lincoln ganó las elecciones de 1860, antes incluso de su toma de posesión como presidente) que fue un “tirano” que impidió de forma inconstitucional la separación libre y pacífica de los estados del Sur, que aplastó los derechos individuales de los oponentes a su “régimen” y que fue el padre del crecimiento hipertrofiado del Estado y el gasto público.

En realidad, lo que no perdonan es que Lincoln terminará de sellar el hamiltonianismo (la inversión en infraestructuras de transportes para desarrollar el comercio, la creación de un Banco Central que estabilizara el crédito, el establecimiento de un arancel externo que facilitara el crecimiento de la industria local y un mercado interno para la misma, la protección de la legalidad y los contratos, así como la defensa de las nacientes corporaciones capitalistas) sobre los EEUU frente al feudalismo agrario del modelo de democracia populista jeffesoniana.

La victoria de Lincoln, primero en las elecciones de 1860, y luego en el campo de batalla frente a los sudistas, fue un triunfo póstumo de Hamilton y los federalistas. El hamiltonianismo representaba los intereses industriales, mercantiles y de los puertos marítimos. Los antifederalistas, dirigidos por Thomas Jefferson, los intereses rurales del Sur. Hamilton defendía formar un gobierno federal fuerte que actuara en interés del comercio y la industria. Él trajo a la vida pública el amor por la eficiencia, el orden y la organización. Pensaba que la economía de EEUU debía disponer de crédito para el desarrollo industrial, la actividad comercial y las operaciones del gobierno, con lo que diseñó un banco nacional, con posibilidad de establecer sucursales en diferentes partes del país, una casa de moneda nacional, y argumentó a favor de los aranceles, dado que la protección temporal de las nuevas empresas que estaban surgiendo podía ayudar a fomentar el desarrollo de las industrias nacionales competitivas. Estas medidas (colocar el crédito del gobierno federal sobre una base firme y darle todos los ingresos que necesitaba) alentó el comercio y la industria, y creo una sólida clase de hombres de negocios. Jefferson en lo que creía era en una república agraria descentralizada, con un gobierno federal fuerte únicamente en las relaciones exteriores, pero muy pequeño en otros aspectos. El enfrentamiento entre ambos, que se produjo poco después de que Jefferson asumiera el cargo de secretario de Estado, concluyó con una victoria de Hamilton y llevó a una interpretación nueva y muy importante de la Constitución. Cuando Hamilton presentó su proyecto de ley para establecer un banco nacional, Jefferson se opuso, pues sostenía que la Constitución expresamente enumeraba todos los poderes que pertenecen al gobierno federal, reservando todos los demás poderes a los estados, y que, por tanto, en ninguna parte se le facultaba para establecer un banco. Hamilton sostuvo que, debido a la gran cantidad de detalles existentes dentro de las funciones del poder federal, era necesario que un vasto conjunto de poderes tuviera que estar implícito en las cláusulas generales de la Constitución, según una de las cuales, el Congreso tiene la potestad de “expedir todas las leyes que sean necesarias y convenientes para llevar a efecto los poderes anteriores y todos los demás que esta Constitución confiere al gobierno de los Estados Unidos o cualquiera de sus departamentos o funcionarios”. La Constitución autorizaba al gobierno federal a imponer y recaudar impuestos, pagar deudas y préstamos y un banco nacional materialmente podía ayudar en la realización de estas funciones de manera eficiente. El Congreso, por lo tanto, tenía derecho, en virtud de sus poderes implícitos, para crear un banco. La opinión de Hamilton prevaleció y la historia de EEUU cambió para siempre, hasta convertirse en la superpotencia económica, industrial y tecnológica que conocemos hoy día. El posterior “lincolnianismo” lo que hizo fue llevar definitivamente a la presidencia estas ideas de Hamilton.

Pasando a las acusaciones particulares a Lincoln, en cuanto a la de violar la Constitución, nada más lejos de la realidad. Difícilmente podremos encontrar un presidente de EEUU más respetuoso y pulcro con la Constitución como Lincoln, algo, el estricto respeto a la ley, que le venía de su formación como abogado. Precisamente, el ala más abolicionista del Partido Republicano le consideraba “tibio” y hasta “indiferente” hacia la esclavitud. Algunos hasta llegaron a decir que era un “simpatizante sureño” encubierto. Todo lo contrario: Lincoln consideraba odiosa la esclavitud pero sabía perfectamente que la Constitución no la prohibía expresamente. Como alguien democrático convencido, consideraba que era necesario un cambio legal, añadir una Enmienda a la Constitución para suprimirla, pero para ello debía conseguir una mayoría suficiente como para introducir un cambio constitucional, con la cual no contaba en el momento de su elección. Lincoln era consciente de que él mismo, como presidente, constitucionalmente no tenía la facultad de acabar con la esclavitud: debía seguir el procedimiento legal para introducir una Enmienda, es decir, dos tercios de las dos Cámaras, Congreso y Senado, y su ratificación por las tres cuartas partes de los estados. Sin embargo, cuando Lincoln llegó a presidente, incluso buena parte de la opinión pública del Norte no era favorable a la abolición de la esclavitud. Los abolicionistas más radicales querían una América sin esclavitud de la forma que fuera, aunque eso supusiera partir EEUU en dos. Pero Lincoln sabía que eso supondría el enquistamiento de la esclavitud en un Sur independiente, aparte de la tragedia de acabar con la Unión. En cualquier caso, Lincoln quería acabar con la esclavitud siguiendo estrictamente los procedimientos constitucionales.

¿Un “tirano” o un “totalitario” Lincoln? Vamos a ver:

Los confederados invocaban el “derecho de rebelión” para pretender legitimar su violenta separación de la Unión. Este derecho se fundamentaba en la existencia de un gobierno que no respetase las libertades previamente reconocidas a sus ciudadanos. Sin embargo, la supuesta “tiranía” contra la que se rebelaban los confederados era, ni más ni menos, era que el resultado electoral de 1860 no les había gustado, una derrota electoral bajo el mismo sistema que había permitido a los pro-esclavistas dominar el gobierno federal en años anteriores. Como ahora no les gustaba el resultado electoral… pues, ¡hala, secesión! “Sic Semper Tirannis!!”. Precisamente, la alegación de tiranía era ridícula, pues precisamente a la tiranía (o la anarquía) era a donde llevaba la idea de los confederados. En cualquier caso, los “antidemocráticos” eran ellos, quienes habían violentado un resultado electoral solo porque no les gustaba. 

Pero, es más, siete estados declararon su secesión de la Unión incluso antes de la toma de posesión de Lincoln (de hecho, todavía era presidente James Buchanan, un pro-negrero convencido). Otros cuatro estados se separaron durante las primeras semanas de presidencia de Lincoln, sin que éste hubiera siquiera llegado a hacer como presidente ningún pronunciamiento o discurso, ni siquiera en el de investidura, sobre intenciones sobre abolir la esclavitud (entre otras cosas porque Lincoln, como he dicho, no tenía esa potestad constitucional y él, a diferencia de los confederados anárquicos, sí respetaba escrupulosamente las leyes). ¿Contra qué “tiranía”, pues, se levantaron los confederados? Sin embargo, ante este hecho, la simple toma de posesión de Lincoln, los sudistas lo que hicieron fue ocupar las propiedades federales en el Sur, abandonadas a su suerte por el pro-negrero Buchanan, y bombardear el Fuerte Sumter el 12 de abril de 1861, disparando el primer tiro de la guerra.

Esto ha sido una introducción. Mañana continúo con otros puntos acusatorios que han recaído sobre este “tirano” desde las filas de los herederos “libertarian” de los confederados, como la suspensión del habeas corpus o el “agrandamiento” del gobierno federal.

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Responses

  1. […] serie útil y necesaria (las entradas sobre Lincoln de hace unas semanas iban en una línea similar) a fin de acabar con equívocos sobre lo que se […]


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