Posteado por: Javier | enero 7, 2013

Los dos planes para el sexo: el de Satanás y el de Dios

Vamos a tratar hoy el tema de la sexualidad desde un punto de vista bíblico, así que os recomiendo que abráis y leáis por la Primera Carta a los Corintios, el Capítulo 7, en la Reina Valera Antigua:

“1 CUANTO á las cosas de que me escribisteis, bien es al hombre no tocar mujer. 2 Mas á causa de las fornicaciones, cada uno tenga su mujer, y cada una tenga su marido. 3 El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido. 4 La mujer no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el marido: é igualmente tampoco el marido tiene potestad de su propio cuerpo, sino la mujer. 5 No os defraudéis el uno al otro, á no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos en la oración: y volved á juntaros en uno, porque no os tiente Satanás á causa de vuestra incontinencia. 6 Mas esto digo por permisión, no por mandamiento. 7 Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo: empero cada uno tiene su propio don de Dios; uno á la verdad así, y otro así. 8 Digo pues á los solteros y á las viudas, que bueno les es si se quedaren como yo. 9 Y si no tienen don de continencia, cásense; que mejor es casarse que quemarse”.

Contrariamente a lo que es normal y habitual, el apóstol Pablo fue un hombre que nunca contrajo matrimonio. Pablo fue el autor de la mitad de los libros del Nuevo Testamento y alguien que vivió desde su conversión una vida muy intensa de predicación del Evangelio entre los gentiles, realizando numerosos viajes, de modo que, a la vez, fue alguien a quien Dios apartó del matrimonio, por requerirle para otros fines a los que un casamiento hubiera sido un obstáculo, y concedió el don de la continencia. Sin embargo, Pablo sabía que ese don no había sido concedido a todos, con lo que en este pasaje exhorta a los cristianos a contraer matrimonio y expone los estándares de Dios sobre la sexualidad.

Es importante reflexionar sobre esto pues muchas veces tenemos una gran ligereza en ver cómo el mundo incrédulo viola constantemente lo estipulado por Dios para la sexualidad, pero no caemos en la cuenta de cómo en numerosas ocasiones nosotros abrimos también las puertas a transgresiones muy similares: fundamentalmente, porque solemos aceptar el Evangelio solo de palabra, nunca en la práctica.

Es decir, vemos la salvación del Evangelio de Jesucristo solo como un “sí, la quiero”, no como una práctica diaria que alcanza, como no, también a las relaciones sexuales entre los esposos. Hay una diferencia entre la comprensión de la Biblia y obedecer la Biblia. Hay una diferencia entre creer el Evangelio y vivir las implicaciones del Evangelio. Es por esto que muchas de las cartas de Pablo se dividen en dos partes: en la primera parte habla la teología y en la segunda parte habla de la aplicación. Hay una razón para esto: él sabe que la buena teología tiene que aplicarse en la vida y sabe que no podemos hacer esto sin un fundamento correcto del Evangelio.

La piedra angular del evangelio es la entrega de Cristo por su iglesia. La piedra angular de la relación matrimonial cristiana es, en consecuencia, la entrega del uno al otro. Lo mismo pasa en la sexualidad. Por eso dice Pablo: “La mujer no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el marido: é igualmente tampoco el marido tiene potestad de su propio cuerpo, sino la mujer. No os defraudéis el uno al otro…”.

Muchos matrimonios olvidan esto y se quedan en la auto-satisfacción egoísta de cada uno de los dos y, cuando esta se pierde, caen en la apatía y dejan de mantener relaciones sexuales. Han olvidado que en la vida cristiana el enfoque está siempre en el otro y en Dios (por ello Pablo dice que los esposos no deben negarse el uno al otro y que cada uno no tiene potestad sobre su propio cuerpo). Pero el sexo es uno de los medios de gracia que Dios otorga al matrimonio. Que dos esposos cristianos abandonen el sexo, y dejen de tener relaciones sexuales con frecuencia y alegría, es, haciendo un símil, como si la iglesia dejara de celebrar la Cena del Señor. Es renunciar a un medio de gracia y sus bendiciones espirituales.

Hay muchas parejas que creen plenamente lo que la Biblia enseña sobre el matrimonio, e incluso pueden creer lo que la Biblia enseña sobre el sexo dentro del matrimonio, pero no tienen relaciones sexuales entre sí. Uno se ha negado durante tanto tiempo que el otro ha dejado siquiera de pedirlo o intentándolo. Se ha dado por vencido y lo dejó y el otro ha perdido el interés. Juntos se han vuelto desobedientes y su compromiso entristece al Señor. Ellos dicen creer lo que es verdad, pero se niegan a practicarlo.

Dios permite la abstinencia auto-impuesta por los esposos en un caso: pero sólo por un tiempo limitado y sólo si ese tiempo limitado estará dedicado a la oración. Como dice Pablo, á no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos en la oración”. O sea, cuando sea necesario e imprescindible para dedicarle más tiempo a Él. Así es, Él es el Señor de nuestras vidas. Y sin embargo, cada vez más, muchos matrimonios pasan por temporadas de asexualidad y demasiados matrimonios terminan por abandonar la relación sexual por completo.

Aún así, añade Pablo: “y volved á juntaros en uno, porque no os tiente Satanás á causa de vuestra incontinencia. ¿Por qué tanto énfasis? Bien, quizás una buena explicación la encontramos en Romanos 6:13: Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumento de iniquidad; antes presentaos á Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros á Dios por instrumentos de justicia.

Por miembros, obviamente, no solo hemos de entender nuestro cuerpo físico, Pablo se refiere también a nuestra mente y nuestro corazón, el centro de control de nuestra voluntad (lo que se entiende bíblicamente por “el corazón”). Todo nuestro ser debe estar entregado a hacer la voluntad de Dios y a luchar contra el pecado y su expansión. Por supuesto, el matrimonio es uno de los campos de aplicación de este principio. Y, por supuesto también, el pecado sexual es una de las esferas que debemos tratar y combatir.

Por eso, si abandonamos el sexo como uno de los medios de gracia dentro del matrimonio (o lo enfocamos incorrectamente, solo pensando en nosotros mismos y no en la entrega a nuestra esposa) estamos violando el plan de Dios sobre este aspecto de la vida y abrazando el de Satanás. Obvio, ¿qué quiere Satanás? Expandir, entre otros, el pecado sexual. Destruir el sexo matrimonial, una de las manifestaciones de la gracia y gloria de Dios, y expandir el extramatrimonial, cuanto más depravado y corrompido, mejor. Difundir pornografía, prostitución, programas de televisión sexualizados, conversaciones, deseos y pensamientos sucios, etc… No iba a ser menos: también en el sexo busca Satanás corromper y manchar la gloria de Dios, presentando como tentadora y atractiva lo que no es más que una caricatura de lo que es la relación sexual santificada, bendecida y ordenada por Dios.

De esto trata Pablo en 1 Corintios 7. Corremos el riesgo de permitir la posibilidad del pecado sexual en nuestra pareja. Un marido que se niega a su esposa no la está protegiendo del pecado sexual. Una mujer que se niega a su marido no lo protege del pecado sexual. Abstenerse del sexo es egoísta y falto de amor y comprometedor. Sí, va a ser culpa de su cónyuge si él o ella caen en pecado sexual, pero se asume una parte de la responsabilidad. Como he dicho antes, el gran plan de Satanás para cada uno de nosotros es que tengamos tanto sexo como sea posible fuera del matrimonio y tan poco sexo dentro del matrimonio como sea posible. El glorioso Plan de Dios, por supuesto, es todo lo contrario a eso, no tener relaciones sexuales fuera del matrimonio y mucho dentro del matrimonio.

Cuando se compromete esa área se niega al matrimonio un gran medio de la gracia. Antes he comparado el abandonar el sexo en el matrimonio como si la iglesia dejara la Cena del Señor, y puede ser útil considerar el sexo como algo así como un “sacramento del matrimonio”, algo muy simbólico, que es mucho más que la suma de sus partes. Es mucho más profundo que lo físico, mucho más que un simple acto. Mediante ese acto, Dios extiende su gracia sobre el matrimonio.

De cristianos y sexualidad se podría hablar muchísimo más (puede que en otra ocasión), pero esencialmente aquí van algunas ideas que quería transmitir, sin necesidad de extenderme más.

Esperando que les sea de utilidad, en el nombre de Cristo Jesús, que pasen una buena noche.

Anuncios

Responses

  1. Reblogged this on Arenas de ideas.

  2. me gusta mucho este tema espero poder ense;arlo ala iglesia

  3. estoy de acuerdo con lo que usted, dice, lo busque wen internet, pero no hay nada mas, quisiera si por favor me puede decir si usted es evangelista pentecostal, y si puede darnos mas infrmacion, para llegar que el espiritu de la trinidad, pueda morar en nosotros.
    me puede escrbir a mi facebook: kodaksilvia@gamil.com


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: