Posteado por: Javier | abril 19, 2013

España: escraches y políticos nenazas

De vuelta tras un largo periodo de casi dos semanas, voy a opinar sobre toda esta historia de los ya famosos “escraches” que está ahora mismo tan de moda en España. Venía con esta idea desde hace unos días aunque me ha sido casi imposible sentarme siquiera a escribir y veo que ya hay blogueros amigos de esta bitácora que se me han adelantado (aunque mi idea era dar otro enfoque, más bien jurídico). Para quien tenga interés, Pedro la publicó el pasado martes y Alfredo dejó ayer una larga entrada-discurso, no solo sobre los escraches sino también sobre la situación general en España.

Esto del escrache es un fenómeno fundamentalmente de origen latinoamericano y en España viene siendo utilizado desde hace unos meses por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y consiste en un tipo de manifestación pacífica en la que un grupo de activistas se dirige al domicilio o lugar de trabajo de alguien a quien se quiere denunciar. Los destinatarios de las protestas están siendo los diputados del PP que no apoyan la iniciativa legislativa popular presentada por esta plataforma.

Para empezar, a mí particularmente no me gusta un fenómeno latinoamericano como éste, ni creo que sea muy útil que digamos, pero tampoco creo que sea ilegítimo, teniendo en cuenta que aquí las primeras putas son las que nos gobiernan y nos han gobernado. No lo voy a condenar. Aquí somos gente de orden y si tuviéramos un gobierno liberal-conservador serio e independiente de Alemania y una verdadera democracia, estaríamos hablando de otra cosa. Aquí se ha dado mucha caña al 15-M y los indignados, pero aún no habíamos llegado a los niveles de degradación actuales. Cuando la supuesta democracia se degrada y envilece tanto y las urnas se convierten en una broma en la que da igual a quién se vote, es normal que la gente recurra a este tipo de movimientos. Cierto que la tal Ada Colau no será más que otra oenegeta caradura, una “antisistema” que vivirá del sistema, que en el País Vasco no tienen huevos de hacer eso en domicilios de miembros de Bildu o que en Andalucía tampoco hacen eso en los domicilios de socialistas implicados en casos como el de los EREs o Mercasevilla, solo lo hacen en las casas de peperos, hasta ahí todo cierto, pero, desde luego, no vale la pena dedicarse a defender al PP. El PP solo ha traído más sumisión a Alemania, más pobreza, más socialismo, más precariedad, más desempleo, más corrupción, menos libertades y un verdadero infierno fiscal en España.

En las últimas semanas hemos escuchado declaraciones esperpénticas como las de la delegada del Gobierno en Madrid, la inefable Cristina Cifuentes, diciendo que los escraches son “incompatibles con la democracia”, en ellos se ejerce “la amenaza y la coacción y la intimidación organizada” y son “un fenómeno aislado y pasajero” porque “la inmensísima mayoría del pueblo español está en contra” de ellos (no sé de dónde se habrá sacado eso cuando, según parece, el 78% de los españoles está de acuerdo con la campaña de escraches, siempre y cuando ésta se lleve a cabo de forma pacífica, e incluso un 68% de votantes del PP, cuyos dirigentes son el objetivo de los escraches, los justifica), así como que están vinculados con la izquierda abertzales y la “kale borroka”. La Cospedal tampoco se ha quedado corta y ha afirmado que los escraches son “nazismo puro” y reflejo de “un espíritu totalitario y sectario” propio de la década de los treinta y de los años previos a la Guerra Civil. En fin, gansadas que se dicen. Igual que el verano pasado montaron un circo cuando un gilipollas marginal como Sánchez Gordillo se llevó unos carros de la compra de un Mercadona llenos de paquetes de arroz, garbanzos, lentejas y azúcar, como si Al Qaeda hubiera perpetrado un atentado en España o algo así por el estilo, ahora llaman a esto “nazismo” o “kale borroka”. Señal de lo apartados de la realidad que están (hasta de la de sus propios votantes, como he dicho).

Ya que estamos, ¿por qué no dicen que es un golpe de Estado o la toma del Palacio de Invierno por los bolcheviques? Que se sepa, los escraches no implican violencia física ni necesariamente verbal contra los afectados ni contra sus propiedades, son una forma de protesta en la vía pública contra políticos concretos, personas de relevancia pública y que por las funciones que ejercen están siempre expuestos a que su proceder pueda generar desaprobación e incluso disgusto. Llamar a alguien “ladrón”, aunque sea falso, no implica que sea “violencia”. Podrá ser algo repudiable, pero no es violencia propiamente dicha. Lo que ocurre es que vivimos en el mundo de la apariencia y el sensacionalismo, confundiéndose muchas veces las acciones con las formas, que en el caso de los escraches podrán ser muy aparatosas, haciendo que a veces se confundan con violencia. Ya he dicho que es un fenómeno que no me gusta, en condiciones normales no estoy a favor del asamblearismo callejero y similares, y el escrache podrá tener formas más bien desagradables, pero no hay amenazas de usar la violencia ni su propio uso en sí mismo.

Echando un vistazo a otras tonterías que se han dicho, en el ABC del pasado 22 de marzo se afirmó que las concentraciones frente a domicilios de diputados del PP promovidas por la PAH son un “acoso salvaje”. ¿Pero es esto así desde el punto de vista del Derecho Penal?

La conducta de realizar cualquier actividad reivindicativa delante del domicilio, o de la persona, de alguien (sea representante político o sea cualquier otro tipo de persona), tan sólo es relevante penalmente hablando:

–  Cuando se trate de un delito contra el orden público (cuando el uso del espacio público impida el ejercicio de la libertad por parte de terceros, lo que no suele ocurrir en el caso de un escrache, otra cosa es que estuviéramos hablando de un acoso). Pero, con todo, aquí el bien jurídico no tendría nada que ver con el escrachado, sino con el interés general, el que la vía pública esté disponible y no obstaculizada para el uso y el transito.

–  Cuando haya uso de violencia física. Si un escrache impidiese al individuo escrachado salir de su casa, por ejemplo, estaríamos ante un delito de coacciones o de detención ilegal. Si la víctima fuera zarandeada, golpeada o herida, o incluso resultase muerta, el delito sería de malos tratos lesiones u homicidio.

–  Cuando lancen mensajes con contenido amenazante. En este sentido, hay que decir que la conducta en los escraches podrá gustar más o menos, pero es simplemente comunicativa. Es avisar de que una determinada persona está o vive en tal o cual zona o edificio y que ha realizado ciertas conductas que, según los que participan en el escrache, son reprochables. Para el escrachado es algo incómodo, sin duda. Pero eso no implica que se esté cometiendo un delito. Si los mensajes pasaran de eso, de la denuncia, a otros tipos “si haces X, te pasará Y” o “si no haces X, te pasará Z”, entonces es que no estaríamos ante un simple escrache, sino ante un delito de amenazas. Pero es que además, para que exista este delito de amenazas debe tratarse de la advertencia de que se va a causar a la víctima un mal inminente: te vamos a matar, te vamos a apalear, te vamos a secuestrar, vamos a por ti, vamos a matar a toda tu puta familia, si no haces (o dejas de hacer) lo que te pedimos. El Tribunal Supremo ha fijado como elementos del tipo delictivo: “a) El núcleo del delito es el anuncio de un mal que constituya delito, b) que el mal que se anuncia habrá de ser futuro, injusto, determinado, posible, dependiente de la voluntad del sujeto activo y originador de una natural intimidación, c) se trata de un delito circunstancial por lo que deben valorarse la ocasión en que se profieren las palabras amenazadoras, las personas intervinientes, los actos anteriores, simultáneos y posteriores y d) debe concurrir en el delito un dolo consistente en el propósito de ejercer presión sobre la víctima, privándola de su tranquilidad”. El delito de amenazas requiere del aviso intimidatorio de la inminencia de un acto de violencia sobre la víctima, limitando su ámbito de libertad, pues se le advierte que esta violencia será consecuencia de la decisión que adopte sobre una acción o conducta propia.

Por eso, en cualquier persona que se precie de ser más o menos seria no debe suscitar más que el descojone de risa el que la Cifuentes o la Cospedal comparen los escraches con la “kale borroka” (o el nazismo). Vale que los abertzales asquerosos y pro-etar-ratas, en las formas (hablo de las formas, no del fondo), puedan tener ciertas similitudes con los escrachistas. Pero los acosos de los “kale borrokeros” en el País Vasco suelen ir siempre acompañados de amenazas más o menos veladas, y a veces muy directas y evidentes, de llegar a la violencia física. Ya sea por parte de los “borrokeros” o de los terroristas etarras. Es decir, pueden llegar al extremo de que el escrache en versión batasuna que montan tenga como fin señalar objetivos a los etarras. Es evidentísimo de que en un caso así ya entraríamos en lo delictivo, pero no creo que nadie con un mínimo de sentido común piense que el objetivo de los escraches de este tipo de plataformas contra las hipotecas o los desahucios tiene un fin similar a este.

Se podrá estar de acuerdo o no con ellos, o considerarlos más o menos demagogos (no entro en ello pues no es el objeto de la entrada, ni tampoco me he leído, lo reconozco, todas sus propuestas), pero NO SON DELICTIVOS, ni son formas ilegítimas de protesta o de manifestar opiniones (de las poquitas formas que quedan en realidad, de manifestar opiniones políticas, a la vista de la prostitución del régimen supuestamente “democrático” que padecemos).

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Responses

  1. Es esta objetiva ausencia de controles sociales, sumada a su condición de cargo público, la que hace que un parlamentario deba soportar un escrutinio crítico más severo que el resto de las personas. Incluso fuera del parlamento. Esto no quiere decir que el escrache no esté sujeto a límites. La violencia física, la intimidación grave y el insulto personal son formas de protesta que no cuentan con cobertura legal. Pero los poderes públicos no pueden invocar coacción, violencia, o peor, proto-terrorismo, cada vez que se los incomode. La ONU y el Tribunal europeo de derechos humanos se han cansado de repetir que la libertad de expresión y de manifestación no se limita a proteger la crítica educada o la que no molesta, sino sobre todo la que puede “ofender, resultar ingrata o perturbar”. Enviar correos electrónicos a un cargo electo, abuchearlo, tocar el timbre de su casa para entregarle una carta o gritarle consignas hirientes, pero con fines políticos, puede sin dudas causar molestias. Pero forma parte de las cargas que ha de aceptar en un régimen que se pretenda democrático. Sobre todo cuando se trata de medidas adoptadas por colectivos sin fuerza para contrarrestar la constante presión que sobre las instituciones ejercen bancos y grandes promotores.

  2. Los políticos que denuncien amenazas y acoso por los escraches también podrán contar con vigilancia policial de forma temporal si se comprueba la existencia de esas coacciones, aunque de ningún modo los agentes actuarán como escolta.

  3. “Quizás a ti te escuchen más si les haces llegar este mensaje”, afirman, antes de explicar las razones de los escraches. “Los diputados del PP tienen mayoría absoluta, por eso los presionamos, porque la decisión de aprobarla depende de ellos y sólo de ellos. Que no la desvirtúen”, precisan.

  4. […] las que se tacha a los manifestantes de “batasunos” o de participar de la “kale borroka” (a los escrachistas han llegado a tacharlos de “nazis”). En una entrada también de octubre, Pedro propuso un debate sobre si España se estaba […]


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