Posteado por: Javier | abril 30, 2013

La desaparición de los dirigentes “Wasp” y la pérdida del equilibrio

Reproduzco aquí íntegro uno de los últimos artículos de Alfredo sobre la historia de los WASP en EEUU, las causas de que dejaran de ser la élite y la clase dirigente allí, así como las consecuencias tan negativas y desastrosas que ello ha tenido para la moderación política dentro de la derecha liberal, hoy convertida en un circo y una cacofonía de cretinos donde lo único que importa para destacar es gritar más que el otro, competir a ver quién dice la brutalidad más gorda y defiende la conspiranoia más truculenta y fantasiosa, y donde la única idea reconocible es el anti-izquierdismo y, a partir de ahí, todo vale. Fenómenos que no solo se da en España, también en EEUU. Y es que, de hecho, lo de aquí es una importación, o mala copia, mejor dicho, de lo de allí. La barriobajerización de la derecha comenzó antes en EEUU. Es bueno tenerlo en cuenta pues a veces se piensa que la derecha anglosajona no tiene nada que ver con la torrentil, anarkoide y losantiana española, y que allí son un dechado de moderación, de educación y de capacidad analítica, sin extremismos, pero esto en absoluto es así.

Me suelen gustar todas sus entradas, pero esta me ha gustado especialmente, pues es un tema que me apasiona, este de los WASP, los “White, Anglo-Saxon, Protestants” (Blancos, Anglo-Sajones y Protestantes), los fundadores y forjadores de la nación americana, y los argumentos frente a las leyendas urbanas y mitología que existe contra ellos.

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Uno de los grandes misterios en la historia contemporánea norteamericana es cómo fue que el establecimiento antiguo WASP (Blanco, Anglo-Sajón y Protestante) abdicó su trono a finales de los años 60 del pasado siglo.  Este hecho fue uno de los principales motivos por el cual los 60 fueron un auténtico desmadre. Nadie que hoy sufra los efectos de la atmósfera políticamente correcta hoy en día puede ignorar a los WASP y como nosotros aquí somos de derechas, capitalistas y a la vez equilibrados, no podemos tampoco ignorar las virtudes de esa casta.

A pesar de todas las barbaridades odiosas que dice la izquierda sobre los WASP, realmente fue la clase dirigente más progresista que el mundo haya conocido. América, en su máximo apogeo y esplendor en los años 50, tenía menos desigualdad económica en comparación con hoy y era una sociedad mucho más feliz, satisfecha y con confianza moral si comparamos con el desastre que estamos todos viviendo hoy. Estamos hablando de una élite que mandaba a sus propios hijos a sus guerra, como George Bush Sr. Muchos de sus defectos ya se estaban corrigiendo cuando desaparecieron y aún cuando aprobaron la famosa ley de los derechos civiles en 1964, ellos no tuvieron problema alguno con darle derechos básicos a los de raza negra (el sur sí se oponía, pero hay que recordar que los WASP son o fueron el “establishment”, no el sur). Las clases populares de blancos sí se oponían, pero la clase dirigente WASP, no.

Para los que no tienen mucha idea de la historia social estadounidense (y en esto incluyo a muchos americanos), el establecimiento WASP era el mundo de la Liga de Hiedra, clubes de caballeros, el Registro Social, los despachos de abogados más prestigiosos, bancos de inversión, los directivos de grandes empresas como los Ferrocarriles de Pensilvania, ciertas capas de las fuerzas militares, el antiguo OSS y su sucesor la CIA, la Iglesia Episcopal, los colegios internados de Nueva Inglaterra, y los antiguos cuerpos diplomáticos. Dirigieron a todo un país desde la Roca de Plymouth hasta los años 60 del siglo XX.  

La clase dirigente WASP murió hace tiempo y obviamente aquí nadie está exigiendo que vuelvan. Lo aclaro para evitar confusiones interesadas y sesgadas de algunos lectores apasionados. Pero sí pienso que la derecha realmente no ha tenido un liderazgo coherente desde ese momento. Todas las sociedades humanas son jerárquicas; la cuestión es si los “de arriba” se toman en serio la obligación de gobernar que impone su posición social o si simplemente cuidan su propio nido. En naciones antiguas con raíces feudales, esta función la ocupa normalmente una aristocracia con cierto sentido de “nobleza” para con su pueblo. En una América republicana y democrática, esta función la ejercía los WASP.  

Las masas que acabaron votando por Bill Clinton en los 90 no eran más que bohemios aburguesados y su contra-cultura ridícula contra el “establishment” dejó claro que se negaban a reconocer que ellos eran, desafortunadamente, el nuevo poder cultural. Claro, esto desaparecía rápidamente cuando tenían que ejercer el poder; la hipocresía les venía de forma natural com suele pasar con mucha gente neoprogre. Antes de decir que insulto, luego voy a explicar por qué digo eso. 

La gente de Bush, a pesar de integrarse dentro de un paradigma absolutamente patricio de una familia americana muy antigua, que lleva siglos aquí, no son ni la sombra de lo que fueron a la hora de considerar un deber heredado. Es curioso porque cuando empezaba a escribir este artículo, no sabía que hoy jueves la madre de Bush II, Barbara Bush, dijo hoy esto que “la Casa Blanca ya ha tenido suficientes bushes”, dejando claro que no apoyaría la candidatura de otro Bush en la Casa Blanca. Es esta actitud la que más me suele gustar de los “WASP”. Nunca fueron una clase estrictamente proteccionista. Esa fue su virtud, pero también su fin. Luego tenemos el ejemplo de Bush II. Su deseo de ser visto como un tejano, y no hablar de sus raíces elitistas de Andover, Yale y Harvard es una señal de que está intentando tapar algo que no está ya bien visto ni tan respetado como hace décadas.

El ex-Secretario de Defensa Donald Rumsfeld es un ejemplo de persona con sentido del deber a su país, aunque es interesante apuntar que pese a haber sido educado en la ultra-”establishmentarista” Universidad de Princeton, Rumsfeld es de origen étnico alemán, un hecho que nos debe hacer recordar que “WASP”, en el contexto americano incluye a muchas personas que no son “anglo-sajones” (ingleses) de orígen. Además, Rumsfeld es demasiado franco, rozando lo descortés, en comparación con los WASP de antaño.  

Entonces, ¿cómo es que esta “aristocracia”, que nadie pensaba qe estaba al borde del colapso, acabó colapsando?

1. Un sistema étnico en una sociedad libre depende que los WASPS sean más ricos, más educados y más poderosos que los demás. Esto no es sostenible en una economía tan dinámica como la estadounidense donde irlandeses y judíos y todo tipo de gente, de donde sea, acaba siendo rica. Los WASPS mantuvieron una cuota anti-judía en Yale (una institución privada en todo su esplendor) pero no estaban dispuestos a reprimir a los demás para mantenerlos subyugados para siempre. De hecho, la economía mundial más abierta del mundo para los extranjeros fue la WASP. En 1920, no pasaba nada porque las oleadas de judíos e italianos que llegaron no tenían educación pero era obvio que no se iban a quedar así para siempre. De hecho, ya todos aquí sabemos que el proceso de asimilación fue total, en el caso de italianos (ningún italo-americano habla el idioma de sus ancestros) y en el caso judío, solo mantuvieron la religión judaica. Hoy, no podemos decir lo mismo de los latinoamericanos, que siguen enseñándole la lengua a sus hijos y como también comentan mis amigos, son “obviamente étnicos”. Esa frase es parecida a la de “este marica tiene mucha pluma”. Así, el sistema WASP dependía de una desigualdad social que no estaban dispuestos a mantener ni defender. A diferencia de muchos países latinoamericanos, que siguen hoy en día en gran medida dirigidos por los descendientes de los españoles blancos, conquistadores, porque no les importa un bledo que sus paisanos sean, en líneas generales, pobres e ignorantes. México, por ejemplo, es una nación principalmente de sangre india y mestiza dirigida por una clase dirigente blanca, de origen español que mantienen un mito nacional que dice así: “Somos un país de mestizos”. Basta con ver las novelas mexicanas para saber quién manda en México y de qué raza son. Una pista: No son los enanitos color marrón que te sirven el café en Nueva York. Lo mismo ocurre en la isla de Cuba. Casi toda la cúpula dirigente cubana es totalmente española y europea, empezando por los hermanos Castro y terminando por los jefes militares de la Revolución. Los españoles somos los “wasp” de Latinoamérica, aunque hemos gobernado de forma pésima durante siglos. 

2. Cuando llegaron las grandes oleadas de inmigración a EEUU en los 1880s, el poderío WASP cometió un gran error cuando decidió definirse como “Anglo-Sajón” en vez de Americanos nativos. Esto tuvo una serie de consecuencias importantes. Si son, en su esencia, anglosajones, entonces lógicamente se deduce que deberían ir a Inglaterra, no estar en América. Se definieron como extranjeros en su propio país para establecer un título insostenible de superioridad social. Esto provocó que se limitaran a una casta muy estrecha en vez de absorber a los hombres étnicos que estaban ascendiendo gracias a su inteligencia para crear una clase alta americana.

Si hubiésen sido cabezotas para mantener cierta definición de lo que significa ser “un americano nativo de verdad, no extranjero, nacional”, podrían haber ganado la batalla en esa época, con la consecuencia lógica de que si ellos eran los “americanos de verdad”, tenían derecho a gobernar. Pero no lo hicieron, bien por elitismo (perverso, porque definirse como anti-británico era un concepto perfectamente entendido y respetado por la generación de Geroge Washington y la que le seguía) o bien por el hecho de que América carece de mucha historia dinástica de familias y no existe un concepto tan nacionalista y sentimental debido a este hecho.

En consecuencia, “ser un americano de verdad” es hoy una frase rechazada por los contestatarios maleducados o agresivos que tanto abundan en todas partes. A mí no me va la mala educación así que cuando veo a una persona contestataria que me dice “quién eres tú para definir lo que es un americano de verdad”, les digo que ya está hecho. Si viajas por el mundo, verás que la gente de todos los países ya tiene una idea en su cabeza de lo que es “ser” de tal o cual nacionalidad. No siempre aciertan, pero digamoslo de esta manera: Nadie piensa en un indio mexicano cuando piensa en “Americano típico” o “yanqui”. De igual forma, nadie piensa en un tipo alto, rubio y de ojos azules cuando piensa en un español o en España, a pesar de que ambos países tienen ciudadanos con ambas pintas. Que nadie se confunda: No estoy defendiendo discriminar a nadie, solo hablo de apariencias. Esto es lo que ha provocado, por otra parte, que cualquiera pueda tener un pasaporte americano o español. Y claro, luego pasa lo que pasa: chechenos criados en EEUU que odian al país que conocen y donde han pasado casi toda su vida, porque jamás habrá arraigo entre los padres fundadores de este país y estos grupos no cristianos, no occidentales. Dios nos libre de fomentar el odio racial en esta página web,  Dios nos libre de abogar por medidas fascistas, odiosas o antidemocráticas, pero lo cierto es que hay un problema gravísimo de identidad en Occidente.

3. La base espiritual de la sociedad WASP, la Iglesia Episcopal, poco a poco ha ido perdiendo su influencia. Este tema lo tocaré con más detalle el domingo, porque continuamos con la serie sobre la anarquía confesional. Por ahora, diremos que lamento la pérdida de la formalidad y la educación en las iglesias y deploro la cantidad de sectas histéricas que han ido surgiendo en los últimos tiempos, de pastores alocados en el púlpito gritando y fomentando el odio. Por otra parte, no es menos cierto que la Iglesia Episcopal y Presbiteriana han sido iglesias muy “frías” e intelectuales que no han podido mantenerse relevantes en una sociedad cada vez más hedonista, sensual y sentimental en demasía. En una época como en la que vivimos, en la que la gente se pone realmente histérica por el hecho de que un estudiante esté siendo acosado en el colegio (un fenómeno que ha ocurrido toda la vida)  o defienden a señoras como Karen Klein, nuestras iglesias teóricas y formalistas no tienen mucha cabida. La gente busca la gratificación instantánea y que el cura o pastor les diga que son excelentes personas. Las iglesias seguirán vaciándose pero se llenarán los templos budistas y sitios neo-evangélicos que suelen ser mucho más “alegres”.

4. La cultura WASP, sobre todo la de clase alta, depende de un sentido de superioridad sobre otros grupos étnicos que es mucho más fácil mantener cuando Inglaterra es el amo del mundo como fue en el siglo XIX. Después del colapso imperial británico a finales de la IIª Guerra Mundial, los WASP pierden su positivismo. A esto le tenemos que añadir los horrores de los nazis debido a sus teorías raciales. Con ese historial, la gente ya no quiso ni saber de ningún tema racial porque desafortunadamente, está vinculado hoy con los Nazis. 

5. Hay mucha vaguitis en la generación que creció en los años 20, que fue el séquito que abdicó en los años 60. Scott Fitzgerald escribió sobre esto en sus relatos Six of One. Una clase burguesa solo puede sostenerse si tiene una ética semi-aristocrática de imponerse el deber de gobernar. Esto es algo radicalmente distinto a jugar al golf y solo ganar dinero. Uno de los mitos izquierdistas es que la sociedad burguesa tiene voluntad de poder.  Los años 20 eran parecidos a los 90 y 2000s porque hubo una burbuja inmobiliaria y un crack que provocó que la gente olvidara valores morales y pensar que ganar dinero era suficiente.

6. Hay debilidades internas en la cultura WASP. Existe cierta frialdad emocional que produce alienación entre las generaciones con consecuencias conocidas. También hay un factor licor. Esto es un estereotipo pero como todos los estereotipos, hay mucha verdad detrás.

7. EEUU tiene que convertirse en un sistema tecnócrata después de la IIª GM. La tecnocracia destruye las órdenes sociales aristocráticas ya que da poderes a gente que no tiene esos orígenes porque no hay personas suficientes de “élite” que puedan cumplir ciertas funciones.  Si una sociedad tiene que contratar a cerebros y ser una meritocracia en vez de mirar los orígenes sociales, esto deja de ser importante.  La tecnocracia es obligatoria cuando el progreso económico y la exigencia democrática de eficiencia en una economía produce la necesidad de tener una gran clase administrativa. Esto es lo que también ocurrió en España desde el franquismo. Obviamente, cuanto más grande es un gobierno, menos amigo será de la aristocracia. La tecnología empeora esto. Así fue como el famoso Presidente Conant de Harvard introdujo el SAT — las famosas pruebas de acceso que todo estudiante americano tiene que tomar si quiere estudiar en la universidad. En España se llama “la selectividad”. Conant era muy consciente de que su sistema iba a destruir todas las castas.

8. Si lees el VIII libro de la República de Platón, verás que Platón analiza el hecho de que toda clase dirigente tiene la tentación canibal. Es decir, devoran el capital social existente. ¿Por qué no limitarte a gozar de tu poder en vez de trabajar para mantenerlo en futuras generaciones? Esto solo puede ser posible si se tiene un sentido coherente de patria y pueblos. Obviamente, no lo tenemos en Occidente y mucho menos lo tuvieron los “Wasp”. 

Una de las grandes virtudes de la ascendencia WASP era que aportaba, en un país constantemente cambiante por el flujo migratorio, un centro concreto, un cánon, que servía como modelo para otros grupos asimilables. Si se pretende tener un país con las fronteras abiertas, es necesario tener un corazón/centro sólido y no ese caos de “todos pueden ser americanos el minuto que firman su pasaporte” que vemos hoy.

Los WASP tenín una conexión emocional con este país porque sus antepasados lucharon en la Guerra por la Independencia y escribieron la Constitución. Ese apego sentimental ya no existe porque mucha gente aquí no tiene conexiones de origen o familiares con los padres fundadores. Una nación tiene que sentirse identificada con su historia si pretende mantener su identidad y razón de ser. Es obvio que los que tienen orígenes ancestrales aquí de más de dos siglos se sienten mucho más identificados con el país.

Os acabo de dar un contexto histórico para que podáis entender hacia dónde voy. A lo largo de los años, he ido notando un extremismo en la política democrática que tenemos sin mucho paralelo histórico. Hemos llegado a extremos tales, como por ejemplo, gente que me escribe aquí y a mi buzón diciéndome que no me pueden ver desde que me llevo bien con Pedro, por poner un ejemplo. Critican que yo mantenga diálogos educados con ese señor y se niegan a aceptar que exista cordialidad entre ambos. Es una actitud marcadamente sectaria y odiosa. Los “Wasp” entendían que hay que tener objetivos claros, sentido de dirección política sin menospreciar o faltarle al respeto a la oposición. Yo nunca he sido un hombre de consensos pero sí soy un hombre de acuerdos, a la vieja usanza. En épocas más gentiles, se hablaba de acuerdos, entre los distintos grupos políticos. Por ejemplo, acuerdos sobre qué es “intocable” en el país. Hasta hace no mucho, todos estábamos de acuerdo, izquierdas y derechas, que los que tienen más dinero deben pagar más impuestos en materia social. Tanto es así, que os voy a dejar con un vídeo de Ronald Reagan diciendo lo mismo. El vídeo va a sorprender a varios bocazas que me tachan de “estatista” y “rojo”. Francamente, con tanto extremismo que hay hoy en día, no creo que Ronald Reagan se sentiría cómodo en el Partido Republicano actual.

En segundo lugar, se ha perdido cualquier noción de la moderación en políticas. No digo, de ninguna manera, que siempre tenemos que estar de acuerdo con todo o que no pueden haber enfrentamientos. Sin embargo, sí me resulta un poco chocante que una de las consecuencias de la meritocracia ha sido la aparición de algunos personajes muy estridentes. Esto fue lo que pasó con la nueva clase élite en EEUU, los judíos, en los años 60. En general, había cierto acuerdo que la situación para los negros era injusta. Pero, ¿realmente era necesario destruir todas las instituciones con tal de darle voz y voto a los jóvenes negros?

La política se ha convertido en un tremendo espectáculo esperpéntico donde lo único que importa es prometer más cosas. Decía Edmund Burke, gran filósofo conservador, esto al respecto: “Si un legislador llega a proponer una libertad limitada, definida adecuadamente dentro de la ley, será inmediatamente superado por su contrincante, que producirán algo mucho más popular. La moderación será estigmatizada como propia de cobardes y los acuerdos como característicos de traidores”.

La moderación tiene muchas caras. Es una característica individual, relacionada con la razón, la tolerancia y el jucio calmado. También es una visión constitucional que rechaza una ideologización rígida y reconoce que vivimos en un mundo complicado.  Los liberales clásicos, muchos de ellos WASP, eran conocidos por su moderación, pragmatismo, y, sobre todo, educación en el trato con los demás. Rechazaban el fanatismo de cualquier tipo y la histeria.

Lamento la pérdida del temperamento “wasp”. Lamento la falta de respeto constante hacia los demás, la histeria, los gritos, el sesgo “antiprogre” en vez de la razón. Lamento que hoy en día, para ser considerado de derechas, tengas que estar gritando constantemente sobre lo mucho que odias a ZP y las subidas de impuestos. Lamento que para ser liberal, tengas que ser lector de Libertad Digital y fiel seguidor del Instituto Juan de Mariana. Lamento que hoy, liberalismo en España significa no hablar con gente que no esté de acuerdo contigo y llamar “rojo” a todo el mundo que no sea anarquista.

La meritocracia ha traído muchas cosas positivas, pero como todo cambio radical, también ha facilitado ciertas actitudes negativas. Cuando las universidades se llenaron de estos beneficiarios de la meritocracia, muchos profesores “wasp” en EEUU optaron por irse a casa, porque el cambio cultural les amenazaba. Los nuevos profesores ya no se limitaban a dar una clase sobre Shakespeare y sus bellas obras sino contra Shakespeare para llamarle “racista” e imperialista. Lo mismo pasó en las universidades españolas aunque con otros contextos y críticas.

En definitiva, para nada estoy a gusto con el sesgo “revolucionario” de algunos ni tampoco con aquellos que pretenden derribar instituciones que representan algunas de las ideas fundamentales con las que casi todos estamos de acuerdo: la existencia de un Parlamento, el Estado, la policía, una patria y ciertos beneficios para los ciudadanos/súbditos. Recuperemos el espíritu wasp en la política y dejémonos de revoluciones permanentes.

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OFF TOPIC:

Este es el video de Reagan al que se hace referencia en el artículo. Aquí lo vemos defendiendo menos impuestos en general para todos, pero también que quienes tengan la mayor capacidad económica contribuyan un poco más. En el Partido Republicano actual muchos lo considerarían un “estatista” (o hasta un “rojete”, como todo el que no defienda el darwinismo social es un “rojo” para estos anárquicos…):

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Una cosita más. Esta curiosa foto en que aparecen Ronald Reagan, Walter Cronkite, Jim Brady, David Gergen, Ed Meese, George Bush padre, Jim Baker, y el periodista de la CBS Bud Benjamin, se tomó en la Casa Blanca el 3 de marzo de 1981. Años después, Reagan dijo a la fotógrafa que la tomó que no recordaba porqué motivo concreto estaban riéndose en ese momento. Aunque posiblemente (no puedo evitar pensar en ello) estaban riéndose de la progresía y de ridículos anárquicos, como los equivalentes en aquella época a los de la tetera o los ronpauleros; ello en unos tiempos de mucha más prosperidad y libertad, y en los que la derecha liberal clásica, hamiltoniana y capitalista de siempre eran los jefes y los reyes del mambo. Ahora, lamentablemente, el secuestro del Partido Republicano por extremistas de medio pelo y otros alocados no es que sea cosa para partirse de risa.

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Responses

  1. Si bien no me considero estrictamente “liberal”, quiero decir que el artículo me gustó mucho y me trajo a la memoria otro que leí hace años en el sitio del Instituto Cato sobre la proletarización de las elites: http://www.elcato.org/publicaciones/articulos/art-2001-02-27.html.

  2. Gracias por la cita, caballero.

    “hoy convertida en un circo y una cacofonía de cretinos donde lo único que importa para destacar es gritar más que el otro, competir a ver quién dice la brutalidad más gorda y defiende la conspiranoia más truculenta y fantasiosa, y donde la única idea reconocible es el anti-izquierdismo y, a partir de ahí, todo vale.”

    Por eso no paran de perder elecciones. Conozco a gente NADA sospechosa de ser “progre” que han retirado su voto a este partido republicano irreconocible, por su histeria “anti” todo. Mire usted, en los años 80, tenían el voto asiático e incluso muchísimos latinoamericanos votaron por Reagan. Pero claro, un partido que es conspiranoico como lo es ahora, que insinúa que los mexicanos no “trabajan duro”, y que todo lo que no encaje con Mises es “sociata”, lógico que pierda elecciones y sea el hazmerreír de la república.

    El P-Republicano tiene a mucha gente válida, pero no así los que más gritan.

    Saludos

  3. Gracias por su opinión. En cuanto al otro, no soy seguidor de los artículos de El Cato pero a éste no le falta razón y eso de la vulgaridad extendida en todos los ámbitos de la sociedad es algo que desde hace unas décadas, puede que cada vez más desde los 60, se ha ido expandiendo cada vez más en el mundo occidental.

    Me han gustado estos dos párrafos:

    “Murray explica que ser un caballero no tenía nada que ver con ser rico ni pertenecer a una familia de la alta sociedad. Significaba ser valiente, leal y veraz. Cuando uno se equivocaba, lo admitía. Jamás se aprovechaba de las mujeres. Se era igualmente gentil en la victoria como en la derrota. Y si el barco se hundía, se conducía a las mujeres y a los niños a los botes salvavidas, diciéndoles adiós. Tales reglas se han convertido en chistes.”

    Y es que no se debe confundir el tener clase necesariamente con ser adinerado, con nivel económico, como se hace habitualmente. Es fundamentalmente una actitud en la vida. Por ejemplo, en el vestido. Hay ropa hortera, cantosa y de pésimo gusto que puede ser tan cara o más que la ropa que da una cierta distinción.

    Este también:

    “Otro ejemplo es la apariencia y el vestido. El respeto hacia los demás vistiendo de acuerdo a las circunstancias, evitando así ofender la vista de terceros era algo sobreentendido por gente de cierta educación. Hoy sólo tenemos que subirnos a un avión o caminar por un centro comercial para estar expuestos a una exhibición de pies, barrigas y ombligos de gente que parece que iba al gimnasio o pasa furtivamente de su habitación al baño. Los tatuajes y los agujeros en el cuerpo están de moda y cada día más gente piensa que el “jean” y los “shorts” son vestimenta apropiada para ir a la iglesia.”

    Al igual que muchos, con las camisetas apretadas, las bermudas y las chanclas, han convertido el pavimento de las calles de las ciudades en una extensión de la playa o la piscina.

    Alfredo:

    Gracias a usted por su aportación. De seguir así, los republicanos no volverán a la Casa Blanca en décadas, enfangados en cosas que aburren o no interesan a casi nadie, como que cualquier mínima intervención del Estado es “socialismo”, en que el plan sanitario de Obama o la regulación de las armas de fuego es como implantar el “koljos” o el “sovjos” soviético o en que hay que enseñar el “diseño inteligente” (como proponía Santorum) en las escuelas públicas.

    Saludos.


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