Posteado por: Javier | junio 8, 2013

Ciudadanos sí, gorrones no

Hoy un tema más bien “polémico”, que trajo mucha cola en el Reino Unido a finales de los años 80 (se puede decir que el miedo del Partido Conservador a sufrir un deterioro electoral por esta medida fue una de las causas del final del gobierno de Margaret Thatcher): la conocida como “tasa comunal” (o “community charge”).

Después de la victoria en las elecciones de 1987, Thatcher había decidido que el “community charge” sería una de sus medidas fundamentales , una tasa que debía pagar cada ciudadano adulto. Thatcher prácticamente no era partidaria expresa de ningún tipo de impuesto, puesto que la gente más humilde no pagaba y en cambio era la que más se beneficiaba de los servicios sociales. Había prometido abolir los impuestos de propiedad locales pero también deseaba controlar el gasto municipal: pensaba que debía combatir a las autoridades locales laboristas radicales de algunas ciudades que gastaban mucho a base de impuestos directos sobre la población. En Liverpool dominaba, por ejemplo, la tendencia troskista “Militant”. El objetivo del “community charge” era transformar el voto de la clase más pobre en un voto más responsable de cara a las elecciones municipales, ya que impondría mayor austeridad a los ayuntamientos. Con el sistema de impuesto proporcional, estos grupos votaban a quienes prometían ser más generosos con el gasto (los laboristas), para no pagar contraprestación por los servicios que recibían.

Los dirigentes y algunos de los ministros de Thatcher se opusieron a la tasa, aunque solo lo hizo públicamente Nigel Lawson. Con todo, el impuesto se introdujo en Escocia durante los años 1988 y 1989, y en Inglaterra al año siguiente.

En general, la gente no entendió el fin de esta medida (más transparencia en el gasto, así como control y fiscalización por parte de todos, hasta los más humildes, de cada libra que el gobierno local gastase alegremente) y puso el grito en el cielo, incluso muchos dentro del Partido Conservador, puesto que decían que los más beneficiados con este nuevo sistema iban a ser “los más ricos”. El 24 de marzo de 1991, el Primer Ministro John Major, se apresuró a quitar de en medio el “community charge”, con la entusiasta colaboración de Michael Heseltine, quien hizo de su eliminación la causa central de su fallida campaña por el liderazgo conservador en noviembre de 1990, idea en la que le secundó el propio Major.

El artículo para este sábado es uno escrito hace ya unos años, en el 2007 concretamente, por Alfredo Coll, autor de “El liberalismo democrático y clásico”, sobre la aplicación de algo similar para España. Evidentemente, lo traigo aquí al parecerme una idea interesante. Aunque asumo que polémica y que no gusta a muchos. Pero pensemos en los gastos absurdos y a veces ideológicos en que incurren algunos ayuntamientos de España, gracias a que electoralmente les va a salir casi gratis dar usos innecesarios al dinero de sus ciudadanos. Hace pocos años, por poner solo dos ejemplos, no hay que dudar que habría gente enfadada en ciudades como Sevilla, por cosas como la concesión de subvenciones bananeras a Cuba, Venezuela, Nicaragua o Bolivia, o Madrid, en agosto de 2011, por el encarecimiento del billete de autobús y metro para subvencionar el transporte público de los peregrinos que acudieron a la visita del Papa (yo estoy en contra de unas y otras). Normalmente suelen ser mosqueos pasajeros o de charla apoyado en la barra del bar, pero nunca van más a allá y no se buscan soluciones.

Esta es una interesante y posible solución.

————————————————————-

————————————————————–

CIUDADANOS SÍ, GORRONES NO

Alfredo Coll

Por primera vez en la historia de España, los liberales deberíamos asumir que aquellos que se benefician del mantenimiento de los servicios públicos tendrían que pagar por ellos si los quieren mantener. Existe una clase entera de personas en nuestro país, una subclase, a la que necesitamos reintegrar a los rangos de ciudadanos responsables y no permanecer en la dependencia a coste de los demás contribuyentes.

En España necesitamos un nuevo sistema de financiación local para controlar el gasto público, que cada vez se dispara más a números inaceptables por gobiernos demasiado intervencionistas y socialistas. Por eso mi propuesta sería la eliminación del IBI (un impuesto de contribución) para sustituirlo por un impuesto fijo e igual (tasa por habitante adulto) para todos los residentes adultos de cada localidad. El concepto fundamental detrás de esta propuesta es la transparencia: se trata de que todos tenemos algo que perder con un ayuntamiento que gasta lo que no puede ni debe. Ha llegado el momento de reformar la normativa de las haciendas locales.

Dentro de este sistema, las empresas, que son las que generan el empleo, también pagarían una cantidad fija y mínima, una tarifa especial para aquellas empresas que generen empleo, ya sean multinacionales o PYMES. Con este sistema aumentaría la transparencia y las responsabilidades políticas de aquellos ayuntamientos que gasten en servicios innecesarios. Los impuestos contra la propiedad para financiar los gobiernos locales tienen siglos de historia. Tenían sentido, quizás, cuando los servicios locales estaban destinados para el beneficio de la propiedad: calles, agua, tuberías, gas, etc. Pero desde la Segunda Guerra Mundial, las autoridades locales también ofrecen servicios públicos como educación, bibliotecas y otros servicios sociales a nivel personal: asesoramiento gratuito a insolventes o inmigrantes, cursos de formación, etc.

Tampoco podemos olvidar que ahora hay más gente que nunca y, al mismo tiempo, más votantes. Antiguamente la mayoría de países occidentales daban el derecho al voto sólo a propietarios mientras que ahora las elecciones locales son casi idénticas a unas generales. En España tenemos millones de ciudadanos que no pagan impuestos o pagan muchísimo menos que otros. Y es que es más fácil cobrarle a la empresa o al propietario honrado que a un okupa que malvive usando todos los servicios que pueda. Sería interesante ver cuánto dinero nos gastamos los ciudadanos contribuyentes cada vez que la Policía Municipal tiene que intervenir para desalojar a todos estos gorrones de profesión.

El sistema actual (el IBI) favorece el oscurantismo político porque realmente no se sabe en qué gastan los ayuntamientos. Un Estado democrático y liberal tiene el deber de iniciar devoluciones de poder a los ayuntamientos y que sean los ciudadanos los que puedan elegir cuánto dinero pueden gastar sus representantes en cada localidad.

No tiene sentido que un propietario que viva solo en Boadilla tenga que pagar el mismo IBI que una familia numerosa en Carabanchel, aunque los metros cuadrados de su vivienda sean idénticos. Lo importante es que esa familia de Carabanchel seguramente generará muchísima más basura que el señor de Boadilla. Por ejemplo: una familia numerosa y de origen inmigrante seguramente alquila su piso y por supuesto, no paga IBI. Sin embargo, sí utilizan muchos servicios sociales: sanidad, educación pública, el transporte, guarderías, asesoramiento, cursos de formación o quizás las cárceles, etc. A los jubilados se les hace descuentos para los servicios públicos en muchas ocasiones y no veo por qué no podemos hacer aumentos a viviendas donde vivan muchas personas que consuman más servicios. El sistema de financiación local actual es absurdo porque se trata de castigar al propietario y no a quien consume lo público y al gorrón.

Es curioso ver que los socialistas de convicción siempre se están quejando del consumismo, cuando son ellos los que precisamente consumen más que nadie, especialmente si lo pueden hacer con el dinero de los demás. Algunos podrán decir que las facturas para algunas familias podrían ser demasiado altas y que esto es inaceptable. Yo comparto la frustración que sienten los críticos, pero hay que ser contundentes: el problema no es cómo se financia el gobierno local, sino la cantidad que se está gastando. Cualquier persona sabe perfectamente que si algo cuesta 300 euros no se puede pagar con 150.

Nuestra lucha contra el socialismo nunca ha sido únicamente sobre filosofía económica sino sobre los valores que rigen nuestra vida. El socialismo es un credo estatal que no cuenta con las personas. Al contrario, solo las ve como material que hay que amoldar. Los liberales pensamos diferente, creemos en los individuos, en los millones de ciudadanos que pagan con lo que realmente ganan, y no con lo que otros ganan.

——————————————————-

——————————————————-

ALGO MÁS:

En este video vemos algunos de los violentos disturbios que la extrema izquierda más radical provocó en Londres en marzo de 1990, en protesta contra la “community charge”:

 

Anuncios

Responses

  1. Hola Javier,

    Antes que nada gracias por citarme.

    Me gustaría aportar una pequeña corrección importante a una parte del artículo:

    Usted dice: “Después de la victoria en las elecciones de 1987, Thatcher había decidido que la “poll tax” sería una de sus medidas fundamentales , un impuesto sobre la vivienda que debía pagar cada ciudadano adulto.”

    Pero es que ni era un “poll tax” ni es un impuesto de ninguna manera. Eso es lo que dijeron sus enemigos izquierdistas radicales, pero es un “community charge”, una tasa municipal. Es MUY distinto eso a un impuesto.

    Por lo demás, ya está todo dicho. A mí me sigue pareciendo una idea fundamental, una tasa municipal por cabeza adulta que trabaje, para presionar a los ayuntamientos locales.

    Me parece horrible que Sevilla haya dado subvenciones a esos países que sistemáticamente violan las libertades de sus poblaciones. Con un sistema de tasas, eso no pasa.

    Saludos

  2. ¡Ostras, verdad! Y mira que lo hemos hablado, creo, alguna vez, lo que ocurre es que han machacado tanto con lo de “poll tax” que lo han convertido casi en término “oficial”. Corregido queda.

    Por lo demás, es una medida que incluso a la gente más humilde da un tremendo poder de control sobre sus autoridades locales, los incluye dentro de la sociedad responsable. Si la izquierda radical se mosqueó tanto es porque sacaba a la luz que el socialismo sale muy caro, como dijo Thatcher: “El privilegio de vivir en el Warrington de los laboristas cuesta 96 libras más que vivir en la vecina Trafford de los conservadores; 108 libras más cuesta vivir en el Liverpool de los laboristas que en la vecina Wirral de los conservadores; y vivir en el Camden de los laboristas sale por la espeluznante cifra de 339 libras más que en la vecina Westminster de los conservadores”.

    Lo de Sevilla, en fin, algo normal en los sitios donde el PSOE ha gobernado en coalición con IU.

    Saludos.

  3. […] el gasto a sus gobiernos autonómicos e incluso a sus gobiernos locales, por algo también defiendo la “tasa comunal” (o sea, menos subvenciones a Cuba o Venezuela por parte de gobiernos sociatas, y menos subvenciones […]


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: