Posteado por: Javier | julio 18, 2013

Rajoy, aún más deplorable que Zapatero

Esta afirmación podría parecer un tanto peregrina hasta hace aproximadamente un año, pero hay que empezar a aceptar que no lo es en absoluto. El Gobierno de Rajoy seguramente ya ha conseguido, en tan solo poco más de año y medio, superar al de Zapatero en el dudoso honor de ser el peor gobierno de la democracia. Es muy simple: todos los problemas que existían a finales de 2011 no solo no están en vías de solucionarse sino que, al contrario, se han agravado por la incompetencia e inanidad de Rajoy y el resto de su Gobierno. Es evidente que, aún en un mundo ideal en el que Rajoy y su gente fueran unos fabulosos gobernantes, la situación de España iba a seguir siendo muy complicada a estas alturas. No es esa la cuestión, pues no eran milagros lo que se les pedía. Lo que se pedía y han incumplido era un poco de seriedad y comenzar a recuperar un poco la maltrecha confianza internacional en España.

Ya sé que todo lo que se diga es reiterativo y puede caer hasta en la pesadez… y que Rajoy no va a dimitir después de su lamentable intervención del lunes, en la que se presentó poco menos que como un salvapatrias, pero los españoles deben saber con datos porqué este Presidente del Gobierno es aún peor, si cabe, que su antecesor en el cargo.

Esta especie de “decálogo” que sigue sería la lista de lo peor, a mi entender, del actual Presidente y su Gobierno, por lo menos, lo más significativo:

1.- Un presidente aficionado al silencio, a esconder la cabeza como el avestruz y mirar para otro lado ante los problemas, con una alergia casi patológica a comparecer a dar explicaciones a los españoles. Esta es la supuesta “confianza” que iba a dar y para la cual fue elegido. Es decir, cuando era candidato, uno de los motivos que esgrimía él mismo para ser Presidente era la desconfianza que suscitaba el anterior Gobierno. Pues la confianza que inspira está bajo mínimos, peor aún.

2.- Una gravísima degeneración de la democracia y  la entrega de la soberanía de la nación (o puede que ya de la ex nación) a poderes extranjeros que están marcando toda la agenda desde mayo del año pasado. Aparte, en esta legislatura hemos visto numerosas protestas en la calle y unas actuaciones policiales contra las mismas que en ocasiones excede lo que es el normal mantenimiento del orden público. En esta entrada de octubre traté sobre el globo sonda de la antidemocrática “Ley Cosidó”. Yo soy el primero que defiende mantener el orden público y actuar con contundencia contra tumultos violentos. Pero en muchas ocasiones las cargas policiales se han estado dirigiendo contra protestas no violentas, en medio de mensajes radicales desde las autoridades competentes en las que se tacha a los manifestantes de “batasunos” o de participar de la “kale borroka” (a los escrachistas han llegado a tacharlos de “nazis”). En una entrada también de octubre, Pedro propuso un debate sobre si España se estaba acercando a lo que podría calificarse como una “dictadura”, del cual reproduzco como resumen este párrafo interesante: “Esta gravísima ausencia de soberanía no es el único punto por el que la democracia española comienza a degenerar. Poco a poco se están difuminando las diferencias que separan el control del orden público propio de una democracia de la represión del disidente que existe en una dictadura. Ante el aumento de la conflictividad social y de la protesta popular el gobierno del PP está intentando asustar a la población para que no se manifieste. Para empezar se está usando una técnica de “mano dura” contra el que se salga de la fila con la clara intención de amedrentar. Desde el gobierno se lanza la orden a la policía antidisturbios de que, ante cualquier eventualidad, se cargue con dureza. Los dispositivos policiales son cada vez más numerosos, mejor preparados y más agresivos con los manifestantes. Eso, no obstante, no nos llevaría a una dictadura por sí solo. Lo que sí nos acerca a una dictadura es la intención continua de reformar el código penal y las leyes para impedir a los manifestantes protestar o, por lo menos, amedrentarlos para que ni lo intenten. Hace unos meses, por ejemplo, se cambió el código penal para que los responsables de las convocatorias de movilizaciones por internet fuesen civilmente responsables de todo lo que pudiese pasar en las mismas. La medida no es más que una forma de asustar y de intentar que la gente no se movilice contra el gobierno. No es más que una amenaza de matón. Adicionalmente se están intentando cambiar leyes para dificultar cada vez más los derechos democráticos de protesta. Desde el gobierno se lanzan continuamente consignas a favor de limitar el derecho de manifestación, de cambiar la ley de huelga y de otras muchas transformaciones a favor del control policial. La última es la pretensión de prohibir que se puedan difundir grabaciones de la actuación de la policía”.

A todo esto hemos de añadir la infame ley de tasas judiciales del no menos inefable Ministro de Justicia, Ruiz Gallardón.

3.- Un presidente cuyo gobierno, como una de sus primeras medidas (vaya si tenían prisa), aprobó una regularización fiscal para proteger a corruptos. La norma por la que se aprobó la regularización fiscal fue el Real Decreto 12/2012, de 30 de marzo. Este Real Decreto modificaba la Ley General Tributaria, concretamente en su artículo 180.2, que pasa a decir así: Si la Administración tributaria estimase que el obligado tributario, antes de que se le haya notificado el inicio de actuaciones de comprobación o investigación, ha regularizado su situación tributaria mediante el completo reconocimiento y pago de la deuda tributaria, la regularización practicada le exoneraría de su responsabilidad penal, aunque la infracción en su día cometida pudiera ser constitutiva de delito contra la Hacienda Pública, y la Administración podrá continuar con el procedimiento administrativo sin pasar el tanto de culpa a la autoridad judicial ni al Ministerio Fiscal. Las normas jurídicas pueden estar muy fina y elegantemente redactadas, pero bajo eso, a veces ocultan cosas deleznables y este es un caso. La nueva redacción del artículo 180 de la LGT daba a la Administración Tributaria la potestad de no denunciar posibles delitos fiscales de los que tuviera conocimiento (o, lo que es lo mismo, de encubrirlos legalmente… legalmente, pese a que moralmente sea vomitivo). Y eso que Cristóbal Montoro dijo por activa y por pasiva que la regularización fiscal “no amparaba delitos” y que no sabía si Luis Bárcenas se había acogido a ella.

4.- Aumento del radicalismo independentista, sobre todo en Cataluña. No es cuestión de justificar al nacionalismo secesionista (una ideología absurda y trasnochada), pero el caso es que con el PP siempre aumenta el porcentaje de gente partidaria de la independencia en algunas regiones (en Cataluña se estima que ahora puede llegar al 40%, aunque contando también a quienes ven la independencia como una opción probable, pese a que no sea prioritaria). Por ejemplo, los mejores momentos electorales de partidos independentistas como ERC fueron en 2003 y 2004. Con el PP siempre aumenta el españoleitorismo de cafetería (que no el patriotismo) más cutre y eso se retroalimenta con el secesionismo. A frenar eso no ayudan precisamente iniciativas como las del lamentable ministro Wert, de pretender “españolizar” a los estudiantes en Cataluña (querrá decir más bien “castellanizar”… hasta donde tengo entendido, la lengua y la cultura catalanas son españolas, como lo son las de otras regiones de España). De todas formas, he de decir que esto cada vez es un tema que me quita menos el sueño. Es decir, no me pongo histérico porque haya quienes quieran ahora mismo separarse de esta España actual cada vez más destrozada. Si alguna región española (llámese Cataluña, País Vasco, Navarra, Galicia…, la que sea) se independizase a día de hoy, puede que fuera hasta mejor para ellos: se independizarían de Rajoy y de Merkel. Casi nada.

5.- Unas políticas presupuestarias ruinosas. La deuda pública ha aumentado mucho más que con Zapatero (para ese viaje no hacía falta esas alforjas, es decir, con Rajoy la deuda pública ha aumentado más ¡que con un presidente socialista!). Este año 2013 se comprometió (y, probablemente, lo incumplirá) a un 6,3% que era el objetivo inicial de Zapatero para el año 2011, fue el objetivo para 2012 y, probablemente, vuelva a ser el objetivo para 2014. Menos mal que se suponía que la confianza de los inversores internacionales iba a volver con Rajoy: pues la realidad es que la prima de riesgo solo baja cuando Draghi abre la boca, no gracias a ninguna de sus medidas. Los capitales extranjeros (y muchos españoles) no paran de fluir hacia fuera (y es lógico, con la imagen que da España de país enfangado en la corrupción a todos los niveles). Por supuesto, tampoco ha recuperado la confianza de los inversores nacionales, la actividad económica no puede estar más parada, como acredita el que el PIB continúa cayendo.

6.- La implantación en España de un verdadero infierno fiscal, con unos impuestos que rozan lo soviético. Ha aumentado en estos meses más de 35 impuestos, algo sin precedentes. No solo ha castigado sin misericordia los bolsillos de los españoles, sino que, aumentando brutalmente el IVA y todos los impuestos especiales sobre los cuales su ministro Montoro ha podido echar mano, ha conseguido que el consumo se desplome de forma histórica, nada menos que un 5% durante su etapa de gobierno (bajo Zapatero cayó solo un 1%). Y ello sin que suponga un aumento del ahorro, pues España está envuelta en un ciclo consistente en un círculo vicioso en el que, con la deflación salarial y los altos impuestos, el dinero que tienen los españoles apenas da ni para consumir ni para ahorrar. Como no se consume, no hay actividad ni posibilidad de crear empleos. Como no se crean empleos, tampoco aumenta el consumo. Como ni se crean empleos ni se consume, el PIB cada vez es más bajo, lo que cada vez dificulta más el crear empleos y etc., etc…

7.- Una nefasta política bancaria, mirando para otro lado en casos como el de Bankia, entidad originaria de dos comunidades en que gobierna desde hace años su partido, Madrid y Valencia, en los que de nada han servido millonarias inyecciones de dinero público, y sin que se haya conseguido que el crédito vuelva a familias y empresas, pese a la política expansiva del BCE, y ello en buena medida por los problemas de los puntos anteriores y que se retroalimentan entre ellos: la debilidad de las rentas de las familias, el desplome del consumo, el riesgo de impagos, el enorme déficit público (que está aumentando), la ausencia de medidas que fomenten el crecimiento, etc. A esto hay que añadir que la recapitalización de la banca se hizo de acuerdo a un informe de la consultora Oliver Wyman, basado en unas cifras macroeconómicas irreales.

8.- Una política inmobiliaria catastrófica, presentando un proyecto de ley para agilizar los desahucios y fomentar el alquiler del que luego se echó para atrás, así como las desastrosas actuaciones de la SAREB (la Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria, creada por la Ley 9/2012), el conocido como “banco malo”: subir los precios de los activos inmobiliarios basura, una vez comprados, pese a la restricción de la oferta y la demanda que existe, fijar unas estimaciones de ventas y de ingresos irreales, disparates como adquirir activos inmobiliarios “vacíos” que luego resultaron estar ocupados o créditos en los que se desconoce qué bien inmueble es la garantía, no computar de forma torticera a la SAREB como deuda pública, de forma que puede serle inyectado dinero público de forma casi ilimitada al no computar como déficit. Otra de las chapuzas de estos prestidigitadores tan torpes que son Rajoy y su Gobierno.

9.- Una política exterior inexistente. España actualmente es un país absolutamente irrelevante a nivel internacional y sin influencia alguna ni en América Latina, que ya es decir, y, en cualquier caso, con países como Cuba, Venezuela o Bolivia ha sido un calco de la del penoso tándem Moratinos-Jiménez. Bien es verdad que porque, a día de hoy, no es un país independiente, sino intervenido desde Bruselas. La relación privilegiada con EEUU y Reino Unido que se consiguió con Aznar, y que Zapatero destrozó por sus prejuicios ideológicos, por supuesto, no se ha recuperado, ni Rajoy ni su ministro invisible Margalló la van a recuperar. Hace algo más de un año, la petrolera Repsol YPF fue expropiada por el gobierno mafioso de la Kirchner y aún estamos esperando una respuesta diplomática (ni llegó ni se la espera). Por supuesto, la capacidad para defender los intereses de España en la UE es nula. Del contencioso con Gibraltar, ni hablemos. España nunca va a recuperar la colonia británica, eso es algo que ya sabemos, ni los “llanitos” ahora mismo quieren ser españoles (cómo van a querer serlo, con las ventajas fiscales que tienen y una renta per cápita de 47.000 euros frente a los 17.000 de Andalucía), pero un gobierno independiente y con algo de capacidad presionaría algo más para que no se permitiera ese paraíso fiscal. Entre lo más esperpéntico, y algo que no fue muy noticioso en España, ha estado la ocurrencia de crear un consulado en la Franja de Gaza. No tiene sentido alguno y, además, es una mala idea. No tiene sentido porque no se justifica el gasto, por pequeño que pueda ser, habida cuenta de la microscópica colonia española allí (solo 30 personas), por lo demás formada por activistas políticos antiisraelíes al amparo de ONGs de dudosa naturaleza (pagadas por el erario público), ello en un territorio gobernado “de facto” por Hamas, una organización a la que España, a través de la UE, considera como organización terrorista. Es decir, la incongruencia más absoluta, por un lado se califica a Hamas como grupo terrorista y por otro se la legitima como gobierno de Gaza lanzando la idea de crear allí un consulado.

10.- Corrupción. No es el PP el único, pero es especialmente grave, al ser el partido que sustenta al Gobierno. Y no es lo peor el hecho de que exista corrupción, pues en toda gran organización es muy posible que entre gente por el mero interés de obtener beneficios ilícitos. El problema ha sido la actitud del PP hacia estos casos. Rajoy dijo el lunes, sobre Bárcenas, que “El Estado de Derecho no se somete al chantaje”, insinuando que Bárcenas había estado pretendiendo chantajearles desde hace tiempo. Sin embargo, hasta hace poco, el PP ha estado defendiendo la inocencia de Bárcenas. Y, ¡vaya, qué curioso!, por eso, nada más llegar al Gobierno, ipso facto, aprobaron una regularización fiscal que, aunque lo negaran, legalizaba prácticas delictivas y, más aún, daba la potestad a la Administración Tributaria de eximirse de su deber de denunciarla, pese a que dijeran lo contrario. Ahora dicen que es “un delincuente que ha hecho de la mentira su estilo de vida”. ¿Antes no? Bárcenas dimitió como tesorero del PP y se dio de baja como militante el 8 de abril de 2010, pero el 1 de marzo de 2013 denunció a su antiguo partido por forzar su despacho y robarle dos ordenadores. Aunque la denuncia fue archivada sin más consecuencias por el Juzgado de Instrucción nº 21 de Madrid, muy significativo fue que el abogado del PP reconoció que, aún en 2013, en este mismo año, todavía había bienes de Bárcenas en ese despacho. O sea, que “el delincuente que ha hecho de la mentira su estilo de vida” aún a principios de este mismo año tenía todavía acceso a su despacho en el PP, hay que entenderlo así, y bienes suyos continuaban allí. Pero, según la portada de ABC del lunes (Dios mío, qué bajo está cayendo ese periódico, otrora más o menos serio), pretendiendo hacer con Rajoy del vicio una virtud, los SMS intercambiados con Bárcenas demuestran que “Bárcenas no logró doblegar a Rajoy”. AQUÍ podéis ver la portada de ABC, y, bueno, también está la de La Razón, aún más alucinante, la cual dice, presentando a Rajoy poco menos que como si fuera Don Pelayo, que “Rajoy no cederá a la extorsión de Bárcenas” (aunque de “La Sin-razón”, otra cosa no podemos esperar). Si Rajoy y el PP han estado sufriendo un intento de “extorsión” por parte de Bárcenas, ¿por qué no lo denunciaron? ¿Por qué aprobaron una regularización fiscal en la que se incluían posibles delitos contra la Hacienda Pública, negando que eso fuera así? Dicen que “la prueba de que no se accedió al chantaje es que está en la cárcel”. Un gran “mérito” eso y toda una señal de “honradez” política, sí señor. Porque, también podría haberse accedido al chantaje y que Bárcenas estuviese en la calle (la alternativa era muy “ética”), y, con lo que, según esta lógica patatera, si está en la cárcel es porque no se accedió a un chantaje que no se denunció.

Un país puede hasta llegar a soportar todo lo que he mencionado en los puntos anteriores, pero lo que deteriora y pudre su imagen y la confianza, tanto en el interior como en el exterior, es sobre todo hechos como los de este último punto, y la sensación de la corrupción, salvo que los tribunales la persigan, es algo ante lo que, mientras no se destape y no perjudique electoralmente, se mira para otro lado y se intenta poner todos los medios posibles para esconder debajo de la alfombra. Unos gobernantes trileros dan la imagen de que, por extensión, el país que les ha elegido debe estar compuesto por gente tan trilera o más incluso que ellos (no necesariamente es así, y a veces es una deducción muy injusta, simplemente es la imagen que se transmite), siendo un país muy poco fiable para que alguien coloque su dinero y sus inversiones (es lo que ocurre en algunos países de Sudamérica y otros del tercer mundo).

Resumidamente, este es el decálogo de lo peor que se me ocurre de Rajoy (que habrá más, pero tampoco quiero hacer esto interminable).

Aunque ni me identifico ni tengo casi nada en común con la derecha española, admitámoslo porque la realidad es así: por más que critiquemos muchas veces a la izquierda y por más que Zapatero fuera un desastre, el peor presidente de la democracia es “derechista” (al menos, se supone, por eso lo pongo entre comillas, aunque en realidad creo que Rajoy no es más que un inepto que trata de tapar su ineptitud echando toneladas de tierra sobre los problemas y desvirtuando la democracia). Un Presidente del PSOE lo haría también muy mal, pero no se me ocurre en qué podría empeorar la actuación de un dirigente que posiblemente, agravando todos los problemas anteriores, nos ha metido en una crisis a todos los niveles que ha empeorado la que ya había con Zapatero, y de la que muy probablemente no saldremos en una década, o en más tiempo incluso.

Pero, pese a todo esto, no confío lo más mínimo en los españoles, así que salvo que sus jefes internacionales le obliguen a dimitir si la situación se vuelve insostenible, por su propia voluntad no va a hacerlo.

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Responses

  1. Muy interesante Javier,

    Veo que ha hecho referencia a un escrito mio de hace 10 meses. Hace husto ahora un año (cuando dice que esta afirmación podía resultar peregrina) que escribí esto: “¿Es culpable el gobierno de Mariano Rajoy del hundimiento de España?” y, si bien obviamente dije que la situación de la economía española no era culpa de un gobierno que llevaba 7 meses, si comenté 10 puntos o acciones por las que creía que el gobierno había acelerado el grado de degradación de la economía española.
    Aquí: http://larepublicaheterodoxa.blogspot.com.es/2012/07/es-responsable-el-gobierno-rajoy-del.html

    Saludos,

  2. Pedro:

    Muchas gracias.

    Como dice en su entrada, yo tampoco creo que todo sea culpa del Gobierno (en efecto, hay problemas que son estructurales y endémicos de España desde hace décadas) y es cierto que la situación venía siendo muy complicada, pero, por supuesto, lo que ha acelerado el deterioro del estado en que estaba España antes de que llegasen al poder sobre todo ha sido la profundísima desconfianza que han generado. No se pedía, cuando llegaron al gobierno, que por arte de magia solucionasen todo, pero tampoco que empeorase tanto la imagen del país con tantos vaivenes.

    Por cierto, es verdad, entre los errores graves del Gobierno me había olvidado de la reforma laboral, y comparto lo que comenta en su entrada, pues está claro que se ha centrado solo en facilitar la salida de trabajadores de las empresas pero no las entradas, de nada sirve abaratar y facilitar el despido si no se incentiva y se facilita la contratación, sobre todo la de indefinidos. Se han basado en una especie de dogma económico bastante simplón (que entre los economistas liberto-digitalianos e intereconómicos está muy extendido, todo hay que decirlo): en la situación en que estamos, la idea de que si las empresas no contratan es porque temen que si tienen que despedir a alguien les va a costar un ojo de la cara es un error. Si no contratan, sencillamente es porque lo que están buscando es reducir gastos por donde sea y en parte también por la mentalidad empresarial tan negativa que existe en España de que el trabajador no es una inversión sino una carga (aunque esa es una de esas cosas endémicas de España que no es culpa directa del gobierno de turno).

    Saludos.

  3. […] Julio. Rajoy, aún más deplorable que Zapatero […]


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