Posteado por: Javier | agosto 15, 2013

Yo acuso a la juez Scheindlin

Sí, señores, sí, la acuso. La acuso del grave riesgo e incremento en inseguridad que a partir de ahora va a sufrir la gente que vive en los barrios más pobres de Nueva York.

La acuso de, en lugar de cumplir bien su trabajo y sus funciones constitucionales, dedicarse a autosatisfacerse mediante corrección política a raudales, sin importarle lo más mínimo que gente que no puede pagarse la seguridad privada, incluidos muchos pertenecientes a minorías raciales, puedan sufrir las consecuencias de delitos violentos.

Esta juez, Shira Scheindlin, declaró hace unos día inconstitucional la normativa sobre cacheos y detenciones de la policía de Nueva York, el “stop and frisk” (del cual hablé AQUÍ), alegando que esta práctica viola dos enmiendas a la Constitución de EEUU: la Cuarta, que protege a los ciudadanos contra búsquedas y confiscaciones más allá de lo razonable por parte de las autoridades, y la Decimocuarta, que garantiza la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Cuando hablo de “corrección política” me refiero a que la juez ha utilizado como uno de sus motivos el que entre enero de 2004 y junio de 2012 se produjeron 4,4 millones de episodios de este tipo, un 83 % de los cuales afectaron a negros e hispanos, y en más de la mitad de las ocasiones la persona fue cacheada, o, lo que es lo mismo, esta juez progre ha tachado a la norma de “racista”.

En realidad, es demagogia pura, pues, como ha indicado el jefe de la Policía de Nueva York, Raymond Kelly, si “stop and frisk” se aplica mayoritariamente a gente no blanca es, precisamente, porque la mayoría de delitos violentos en la ciudad ocurren en las zonas más pobres, donde viven más minorías étnicas, no porque deliberadamente se busque a gente con estos perfiles raciales (también ha recordado que el 97 % de las víctimas de tiroteos en la ciudad durante el año 2012 fueron negros e hispanos, precisamente los que se verán más afectados por el hecho de que estas zonas vuelvan a convertirse en “ciudad sin ley” como hace años).

El alcalde Michael Bloomberg ya ha dicho que va a apelar la sentencia (hay que recordar el descenso a cifras record que se ha dado en Nueva York en cuanto a crímenes violentos durante la alcaldía de Bloomberg) y habrá que esperar que los republicanos también pongan toda la carne en el asador para tumbar la sentencia. No solo se ha producido gracias al “stop and frisk” que tanto odian los progres, sino también gracias a algunas de las medidas de control de armas de fuego impulsadas por Bloomberg, contra las que chilla la derecha libertariana más demagoga (es el caso de la histérica de Michelle Malkin en este vídeo de Fox News).

El “stop and frisk”, y su constitucionalidad, se basa en la sentencia de la Corte Suprema de EEUU en el caso Terry v Ohio (1968), que declaró que la Cuarta Enmienda de la Constitución (que prohíbe registros e incautaciones sin motivo) no se viola cuando un policía detiene a un sospechoso en la calle y realiza un cacheo sobre la superficie de la ropa en busca de armas si tiene la sospecha de que esa persona está cometiendo, ha cometido o está a punto de cometer un delito y tiene una creencia razonable de que la persona puede estar armada. La razón de la Corte Suprema fue que la Cuarta Enmienda protege a las personas contra registros e incautaciones no razonables dirigidas a “la obtención de pruebas”, no a registros e incautaciones para “otros fines” (como la prevención de la delincuencia o la protección personal de los agentes de la policía). Hasta la actualidad, la Corte Suprema no solo no ha cambiado de criterio, sino que, antes al contrario, incluso ha aumentado la discrecionalidad de la policía cuando existen sospechas fundadas de que un individuo puede ir armado y ser peligroso.

“Stop and frisk” no es perfecto. Es obvio y es mejorable. Precisamente, no hace mucho el griego-americano John Catsimatidis, el candidato republicano a la alcaldía neoyorkina, ha dicho que es probable que dentro de poco se puedan instalar radares en los coches patrulla que detectarían las armas de fuego sin necesidad de las detenciones y cacheos, evitando la molestia a mucha gente.

En EEUU se ha alcanzado un cierto equilibrio en las relaciones entre las distintas razas gracias a una política que combina respeto a las peculiaridades étnicas y culturales de cada uno de ellos (solo se les exige que respeten las leyes, no la patochada europea afrancesada de la “integración”), eficacia policial y tolerancia cero con los delincuentes. Bloomberg, por supuesto, ha declarado que si en un barrio mayoritariamente blanco hubiera un alto índice de delincuencia, evidentemente allí se aplicaría “stop and frisk”. Pues ahora llega esta juez y, encima, dice, como venía diciendo desde hace unas semanas, que le da exactamente igual que se haya reducido el crimen con la medida del “stop and frisk”. Dicho en plata, a esta juez progre poco importa el bienestar y la seguridad de la gente, solo sus prejuicios ideológicos. Teme más que alguien pueda verse con una molestia casi nimia por el “stop and frisk” a que un criminal armado cometa algún delito de sangre.


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  1. […] https://lavozliberal.wordpress.com/2013/08/15/yo-acuso-a-la-juez-scheindlin/ […]


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