Posteado por: Javier | agosto 25, 2013

Los cinco puntos del Calvinismo, según John Piper (IV): Elección Incondicional y Perseverancia de los Santos

6. ELECCIÓN INCONDICIONAL

Si todos nosotros somos tan depravados que no podemos ir a Dios sin haber nacido de nuevo por la irresistible Gracia de Dios, y si esta Gracia en particular es comprada por Cristo en la cruz, entonces es claro que la salvación de alguno de nosotros descansa en la elección de Dios.

Cuando hablamos de la elección nos referimos a la elección para salvación de parte de Dios. Esta elección es incondicional porque no hay condición de que el hombre conozca a Dios antes de que Dios lo escoja para salvación. El hombre está muerto en delitos y pecados. Entonces no hay condición de conocer a Dios antes de que Dios lo escoja para salvarlo de la muerte.

o estamos diciendo que la salvación final es incondicional. No lo es. Debemos experimentar la condición de la fe en Cristo para heredar vida eterna. Pero la fe no es una condición para la elección. Es justamente lo contrario. La elección es la condición para la fe. Esto es así porque Dios nos escoge desde antes de la fundación del mundo para comprar nuestra redención en la cruz y revivirnos con la Gracia irresistible y traernos a la fe.

Hechos 13:48 nos dice como los gentiles respondieron a la predicación del Evangelio en Antioquia de Pisidia: “Y cuando los gentiles escucharon esto, se regocijaron y glorificaron la palabra de Dios; y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”. Notemos, no dice que todos cuantos creyeron fueron ordenados para vida eterna. La elección eterna de Dios es la razón de que algunos creyeran mientras otros no.

De manera similar Jesús dice a los Judíos en Juan 10:26, “Vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas”. Él no dice: “Vosotros no sois mis ovejas porque no creéis”. Ser una oveja es algo que Dios decide por nosotros antes de que pudiéramos creer. Es la base y la capacitación de nuestro creer. Creemos porque somos las ovejas escogidas de Dios, no viceversa (Juan 8:47; 18:37).

En Romanos 9 Pablo resalta la elección incondicional. Por ejemplo, en los versos 11-12 el describe el principio que Dios uso para la elección de Jacob y Esaú: “pues no habían aun nacido, ni habían hecho aun ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino conforme por el que llama, se le dijo: El mayor servirá al menor”. La elección de Dios es preservada de manera incondicional porque es traspasada antes de nacer o hacer algo bueno o malo.

Nota: Algunos intérpretes dicen que Romanos 9 no tiene nada que ver con la elección de individuos para su destino eterno. Ellos dicen que el capitulo sólo se relaciona con los roles históricos que están en juego entre los pueblos descendientes de Jacob y Esaú.

Recomendamos La Justificación de Dios por John Piper, el cual fue escrito para investigar este asunto. El libro concluye que Romanos 9 no sólo relata los roles históricos de todas esas personas, sino también de los destinos eternos de individuos, porque, entre otras razones (justificación, pp. 38-54), los versos 1-5 posan un problema acerca de la perdición de individuos israelitas y ese problema queda totalmente irresuelto si el capítulo no tiene nada que decir acerca de individuos.

La incondicionalidad de la elección de Gracia de Dios es resaltada nuevamente en los versos 15-16: “Tendré misericordia del que Yo tenga misericordia, y me compadeceré del que Yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”.

Realmente no entendemos la misericordia si pensamos que podemos iniciarla por nuestra propia voluntad o esfuerzo. Estaríamos desesperanzadamente perdidos en la oscuridad del pecado. Si vamos a ser salvos, Dios tendrá que tomar de una manera incondicional tomar la iniciativa en nuestro corazón e irresistiblemente hacer que nos sometamos a Él de una manera voluntaria.

Efesios 1:3-6 es otro poderoso fundamento de la incondicionalidad de nuestra elección y predestinación para la adopción.

Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesús Cristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en bienes celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en caridad; el cual nos señaló desde antes el camino para ser adoptados en hijos por Jesús, el Cristo, en sí mismo, por el buen querer de su voluntad, para alabanza de la gloria de su Gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.

Algunos intérpretes argumentan que esta elección desde antes de la fundación del mundo fue sólo una elección de Cristo, pero no una elección de lo que cada individuo sería en Cristo. Esto sencillamente equivale a decir que no hay elección incondicional de individuos para salvación. Cristo es puesto adelante como el escogido de Dios y la salvación de individuos es dependiente de su propia iniciativa para vencer su depravación y ser unidos a Cristo por la fe. Dios no los escoge y por lo tanto Dios no puede convertirlos de manera efectiva. Él sólo puede esperar a ver quien revivirá de la muerte y le escogerá a Él.

Esta interpretación no encaja bien con el verso 11, el cual dice: “Habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”.

Tampoco el texto literal del verso 4 cuadra con esta interpretación. El significado ordinario de la palabra “escogió” en el verso 4 es seleccionar o escoger de un grupo (cf. Lc. 6:13; 14:7; Jn. 13:18; 15:16,19). Así que el significado natural del versículo es que Dios escogió a su pueblo de la humanidad, antes de la fundación del mundo en virtud de su unión con Cristo su Redentor.

Toda la elección está relacionada con Cristo. No habría elección de pecadores para salvación si Cristo hubiera sido destinado a morir por sus pecados. Así que en ese sentido ellos son elegidos en Cristo. Pero son ellos los que son escogidos desde antes de la fundación del mundo, no sólo Cristo.

Además, el texto del verso 5 sugiere la elección de un pueblo para estar en Cristo, y no sólo la elección de Cristo. Literalmente el texto dice: “Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo. Somos los predestinados, no Cristo. Él es quien hace la elección de pecadores posible, y así nuestra elección es “por medio de Él”, pero aquí no se habla de Dios teniendo una visión sólo de la elección de Cristo.

Quizás el texto más importante de todos en relación a la enseñanza de la elección incondicional es Romanos 8:28-33.

Y ya sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, a los que conforme al Propósito son llamados (a ser santos). Porque a los que antes conoció, también les señaló desde antes el camino para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el Primogénito entre muchos hermanos; Y a los que les señaló desde antes el camino, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificará. ¿Pues qué diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién será contra nosotros? El que aun a su propio Hijo no escatimó, antes lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que los justifica.

A menudo este texto es usado para argumentar en contra de la elección incondicional basándose en el verso 29 el cual dice: “A los que antes conoció también los predestino…” Así que algunos dicen que las personas no son escogidas de manera incondicional. Ellos son escogidos sobre la base de su fe la cual es producida sin la ayuda de la Gracia irresistible de Dios y la cual Dios ve de antemano.

Pero eso no cuadra con el contexto. Notemos que Romanos 8:30 dice: “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”.Enfoca por un momento el hecho de que todo el que Dios llama también lo justifica.

El llamado del verso 30 no es dado a todas las personas. La razón por la cual sabemos que no lo es que todos aquellos que son llamados son también justificados –pero no todos los hombres son justificados. Así que este llamado en el verso 30 no es el llamado general al arrepentimiento que los predicadores dan o que Dios da a través de la gloria de la naturaleza. Todos los hombres reciben ese llamado. El llamado del verso 30 es dado sólo a aquellos que Dios predestina a ser conformados a la imagen de su Hijo (v.29). Y es un llamado que desemboca en justificación: “a los que llamo, a estos también justificó”.

Pero sabemos que la justificación es por la fe (Rom. 5:1). ¿Cuál es entonces este llamado que es dado a todos aquellos que son predestinados y que desemboca en la justificación? Este debe ser el llamado de la Gracia irresistible. Se trata del llamado de 1 Corintios 1:24 discutido en la página 6.

Entre el acto de la predestinación y la justificación está el acto del llamado. Debido a que la justificación es sólo por la fe, el llamado en vista debe ser el acto de Dios por el cual llama a la fe a existencia. Y como esta desemboca de manera necesaria en la justificación, debe ser irresistible. No hay llamado (en ese sentido; no en el sentido de Mateo 22:14) que no sea justificado. Todos los llamados son justificados. Así que, el llamado del verso 30 es el trabajo soberano de Dios el cual trae a la persona a la fe por la que es justificado.

Ahora notemos la implicación que este tiene para el significado de “conoció” en el verso 29. Cuando Pablo dice en el verso 29: “A los que antes conoció también los predestinó”, no puede querer decir (como muchos tratan de hacer que diga) que Dios sabía de antemano quienes usarían su libre albedrío para venir a la fe, así que los puede predestinar para ser adoptados porque ellos hicieron esa libre elección por su propia voluntad. Esto no puede significar semejante cosa porque hemos visto del verso 30 que las personas no vienen a la fe por su propia voluntad. Ellos son llamados de una manera irresistible.

Dios no prevé la libre decisión de personas que creen porque no existe tal libertad de decisión. Si alguien viene a la fe en Cristo, es porque son revividos de la muerte (Efesios 2:5) por el poder creativo del Espíritu de Dios. Eso es,  son en efecto llamados de las tinieblas a la luz.

Así que, el previo conocimiento de Romanos 8:29 no es el mero conocimiento de algo que sucederá en el futuro separado de la predeterminación de Dios. En vez de esto, es el tipo de conocimiento referido en el Antiguo Testamento como en Génesis 18:19(“Yo he escogido[literalmente: conocido] a Abraham para que el pueda encargar a sus hijos…que guarden el camino del Señor”), y Jeremías 1:5(“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifique, te di por profeta a las naciones”) y Amos 3:2(“A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra, os castigare por todas vuestras maldades”).

Como C.E.B. Cranfield dice, el previo conocimiento de Romanos 8:29 es “ese especial conocimiento tomado de una persona la cual es escogida por la Gracia de Dios”. Tal conocimiento es virtualmente la misma elección: “A los que antes conoció (i.e. escogió) también los predestinó para ser conformados a la imagen de su Hijo”.

Por tanto, lo que este magnifico texto (Romanos 8:28-33) enseña es que Dios realmente realiza la redención de su pueblo desde el inicio hasta el final. Él conoce de antemano, o sea, escoge personas para Sí desde antes de la fundación del mundo, predestina estas personas para ser conformadas a la imagen de su Hijo, las llama para Si mismo en fe,  las justifica por medio de la fe, y finalmente las glorifica –y nada puede separarlas del amor de Dios que es en Cristo Jesús (Rom. 8:39). ¡A Él sea toda la adoración y la gloria! Amen.

7. LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS

Continúa lo que se ha dicho anteriormente que el pueblo de Dios perseverará hasta el fin y no se perderá. Los que son previamente conocidos son predestinados, los predestinados son llamados, los llamados son justificados, y los justificados son glorificados. Ni uno de este grupo se pierde. Pertenecer a este grupo es estar eternamente seguro.

Pero queremos significar más que eso con la doctrina de la perseverancia de los santos. Queremos significar que los santos van y deben perseverar en la obediencia que viene de la fe. La elección es incondicional, pero la glorificación no lo es. Hay varias advertencias en las Escrituras de que aquellos que no abrazan pronto a Cristo pueden perderse al final.

Las siguientes siete tesis resumen lo que entendemos sobre esta importante doctrina:

A. Nuestra fe debe perdurar hasta el final si somos de los salvos.

Esto significa que el ministerio de la palabra es el instrumento de Dios para la preservación de la fe como también para engendrar la fe. No aspiramos fácilmente luego que una persona ha orado para recibir a Cristo, como si estuviéramos seguros de nuestra perspectiva de que están ahora más allá del alcance del maligno. Existe una lucha de fe que debe ser peleada. Debemos permanecer en la fe hasta el final si somos salvos.

1 Corintios 15:1,2 dice: “Además os declaro, hermanos, el Evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también están firmes; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, estáis siendo salvos, si no creísteis en vano”.

Colosenses 1:21-23 dice: “A vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos de ánimo en malas obras, ahora empero os ha reconciliado en el cuerpo de su carne por medio de la muerte, para haceros santos, y sin mancha, e irreprensibles delante de él; si empero permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del Evangelio que habéis oído; el cual es predicado a toda criatura que está debajo del cielo; del cual yo Pablo soy hecho ministro”.

2 Timoteo 2:11-12 dice: “Es palabra fiel: Que si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará”.

Marcos 13:13 dice: “Más el que perseverare hasta el fin, ese será salvo”.

Mire también Apocalipsis 2:7,10,11,17,25,26; 3:5,11,12,21.

B. La obediencia que es evidencia de la renovación interna que viene de Dios, es necesaria para la salvación final.

Esto no quiere decir que Dios demanda perfección. Es claro en Filipenses 3:12-13; 1 Juan 1:8-10 y Mateo 6:12 que el Nuevo Testamento no sostiene la demanda de una estricta perfección para ser salvos. Pero el Nuevo Testamento sí demanda que debemos ser moralmente cambiados y caminar en novedad de vida.

Hebreos 12:14: “Seguid la paz con todos; y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”.

Romanos 8:13: “porque si viviereis conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu mortificáis las obras del cuerpo, viviréis”.

Gal. 5:19-21: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios”. (Ver también Efesios 5:5; 1 Corintios 6:10)

1 Juan 2:3-6: “Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él. Más el que guarda su Palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que está en él, debe andar como él anduvo”. (Ver también 1 Juan 3:4-10, 14; 4:20)

Juan 8:31: “Y decía Jesús a los judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”. (Ver también Lucas 10:28; Mateo 6:14-15; 18:35; Génesis 18:19-22; 16-17; 26:4-5; 2 Timoteo 2:19)

C. Los elegidos de Dios no pueden perderse. 

Es por esta razón por la que creemos en la seguridad- llamada, la seguridad eterna de los elegidos. La implicación es que Dios trabajará para que aquellos que escogió para la eterna salvación sean capacitados para perseverar en la fe hasta el fin y cumplir, por el poder del Espíritu Santo, los requerimientos para obediencia.

Romanos 8:28-30, nos dice: “Y ya sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, a los que conforme al Propósito son llamados (a ser santos). Porque a los que antes conoció, también les señaló desde antes el camino para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el Primogénito entre muchos hermanos; Y a los que les señaló desde antes el camino, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificará”. Lo que es evidente de este pasaje es que esos que son efectivamente llamados a la esperanza de la salvación realmente perseveraráan hasta el fin y serán salvos.

Juan 10:26-30: “más vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre una cosa somos”. (Ver también Efesios 1:4-5).

D. Existen caídas en algunos creyentes, pero si esa caída persiste, es muestra de que su fe no era genuina y ellos no habían nacido de Dios. 

1 Juan 2:19: “Ellos salieron de nosotros, más no eran de nosotros, porque si fueran de nosotros, hubieran sin duda permanecido con nosotros; pero esto es para que se manifestara que todos no son de nosotros”. De manera semejante se ilustra en la parábola del sembrador en Lucas 8:9-14 ilustra personas que “oyen el Evangelio, lo reciben con gozo; pero como no tienen raíces, ellos sólo creen por un tiempo y en el tiempo de la prueba se apartan”.

El hecho de que tal cosa sea posible es precisamente por lo que el ministerio de la palabra en toda iglesia local debe contener muchas advertencias a los miembros de la iglesia a perseverar en la fe y no enredarse en esas cosas que pudieran extraviarlos y que podría resultar en su condenación.

E. Dios nos justifica en el primer y genuino acto de fe salvífica, pero haciendo esto, el tiene una visión de todos los actos subsecuentes de la fe contenida, como en una semilla, en ese primer acto.

Lo que estamos tratando de hacer aquí es confesar la enseñanza de Romanos 5.1, por ejemplo, que enseña que ya somos justificados ante Dios. Dios no espera hasta el final de nuestras vidas para declararnos justos. De hecho, no seríamos capaces de tener la seguridad y libertad de vivir las radicales demandas de Cristo a menos que podamos estar seguros que por nuestra fe ya estamos justificados delante de Dios.

Sin embargo, debemos confesar el hecho de que nuestra salvación final es hecha contingente a la subsiguiente obediencia que proviene de la fe. La manera como estas dos verdades se fusionan es que ya somos justificados sobre la base de nuestro primer acto de fe porque Dios ve en este (así como el puede ver en el árbol de bellota) en embrión de la vida de fe. Esta es la razón por la que esos que no persisten en la vida de fe con su inevitable consecuencia simplemente dan testimonio de que su primer acto de fe no fue genuino.

El soporte textual para esto es que Romanos 4:3 cita Génesis 15:6 al hecho donde Abraham fue justificado por Dios. Esta es una referencia a un hecho de fe muy temprano en la vida de Abraham. Romanos 4:19-22, de todas maneras, se refiere a una experiencia de Abraham muchos años después (Cuando tenía 100 años de edad, ver Génesis 21:5,12) y dice que por la fe de esta experiencia Abraham fue reconocido como justo. En otras palabras, parece ser que la fe que justificó a Abraham no fue su primer acto de fe únicamente, sino la fe que provocó los actos de obediencia más tarde en su vida. (El mismo hecho puede verse en Santiago 2:21-24 en su referencia al acto tardío en la vida de Abraham, llamado, el ofrecimiento de su hijo, Isaac, en Génesis 22). La manera de como tejer estas hebras de la verdad bíblica es declarando que somos internamente justificados sobre la base de nuestro primer acto de fe, pero no sin referencia a todos los subsecuentes actos de fe que dan a luz la obediencia que Dios demanda.

F. Dios obra para causar la perseverancia de sus elegidos.

No somos dejados por nosotros mismos y nuestra seguridad está bien enraizada en el amor soberano de Dios que produce eso para lo cual nos ha llamado a hacer. 1 Pedro 1:5 nos dice: “para vosotros que sois guardados en la virtud de Dios por fe, para alcanzar la salud que está aparejada para ser manifestada en el postrer tiempo”. Judas 24,25 agrega: “A aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin pecado, y presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría, al Dios único sabio, nuestro Salvador, sea gloria y magnificencia, imperio y potencia, ahora y en todos los siglos. Amén”.

1 Tesalonicenses 5:23-24 dice: “Y el Dios de paz os santifique completamente; para que vuestro espíritu, alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida del Señor nuestro, Jesús, el Cristo. Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará”.

Filipenses 1:6: “Confiando de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesús el Cristo”.

1 Corintios 1:8-9: “el cual también os confirmará que permanezcáis sin pecado hasta el fin, hasta en el día de nuestro Señor Jesús, el Cristo. Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la confraternidad de su Hijo, Jesús, el Cristo, Señor nuestro”.

G. Por lo tanto debemos ser entusiastas en hacer nuestro llamado y elección segura.

2 Pedro 1:10: “Por lo cual, hermanos, procurad tanto más de hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”.

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By John Piper. ©2013 Desiring God Foundation. Website: desiringGod.org

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