Posteado por: Javier | septiembre 14, 2013

Orval: si te gusta la cerveza, la recomiendo

¿Eres un todo un degustador de cervezas?

Pues si te gustan las cervezas trapenses belgas te recomiendo esta, una de las mejores que he probado: Orval, una estupenda cerveza ale de abadía.

orval

No es fácil de encontrar, pues, por ejemplo, entre las belgas, Grimbergen, Judas o Chimay son las más populares, y encima tiene el problema de la manía que hay en España de poner las cervezas tan frías incluso las cervezas extranjeras. Ello porque, como la Cruzcampo y otras marcas españolas, salvo honrosas excepciones, en realidad son como beber pipi, han de ponerlas muy frías para enmascarar su mal sabor. Pero en el caso de las cervezas belgas, que son delicadezas para degustar, eso es totalmente contraproducente, aunque así y todo te recomiendo que la busques.

Es una cerveza que se elabora en el monasterio cisterciense de Orval, fundado en el año 1070. Ese monasterio fue destruido y expoliado durante la Revolución Francesa, hasta que en 1926 la familia Harenne compró las ruinas y los terrenos y los donó de nuevo a la orden cisterciense, empezando de nuevo la producción de cerveza (así como la de pan, queso y bombones de miel) para mantener la abadía y hacer algunas obras de caridad. Actualmente se pueden visitar las ruinas pero no el lugar donde se fabrica la cerveza . Hay una leyenda sobre el origen del nombre de esta cerveza, según la cual, a finales del siglo XI, la condesa Mathilde, la soberana de esa región estaba disfrutando de un día de campo sentada al borde de una de las fuentes de agua natural que hay en la zona. Tuvo un descuido y su anillo nupcial, recuerdo de su marido difunto, cayó al agua. Según la leyenda, la condesa empezó a rezar a la virgen María y en ese momento salió a la superficie del agua una trucha con el anillo en la boca, recuperándolo la condesa, quien llamó al valle donde estaba la fuente “Val d´or” (valle de oro), que dicho a la inversa es Orval. Bueno, leyenda “católica” es (y no más fantasiosas que otras sobre supuestas apariciones de María: al contrario, ¡esta sería hasta más “creíble”!), pero el caso es que el agua de esa fuente aún hoy es la que surte a la cervecería.

Como recuerdo de esa leyenda, en las chapas de la botella con esa forma tan peculiar (parece un bolo), aparece la trucha con el anillo en la boca.

La cerveza Orval es toda una exquisitez, elaborada con el agua de ese manantial y sacos de lúpulo seco del tipo Goldings de Styria, que se añaden durante la segunda fermentación, lo que le da su aroma tan rico y dulce, una mezcla muy sugerente entre especias, cítricos, hierbas silvestres y flores.

Para rematar, de alcohol anda en su punto justo, es decir, unos 6,5º, o sea, ni muy fuerte ni muy floja, lo que se agradece enormemente.

Evidentemente, no es para tomársela como si fuera agua o deprisa corriendo, no sea que se caliente y adquiera un sabor cercano al de la orina, como pasa con la Cruzcampo, sino para degustarla y apreciar todos sus aromas y sabores tan delicados. A mí una copa de 33 cl. me duró algo menos de una hora.

Que tengáis un buen sábado y que la disfrutéis, los que sigáis mi consejo y consigáis esta fantástica cerveza.


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