Posteado por: Javier | septiembre 27, 2013

¿Rescate de España? NO, rescate de la banca alemana

Mencioné en el artículo anterior sobre Alemania el hecho de que, pese a que parezca lo contrario, la verdadera situación delicada es para el país teutón, cuyo gobierno es, a fin de cuentas, el que anda como loco porque su banca recupere el dinero con el que inundó hace años los países del sur.

Bien. La mayoría de liberales en España piensa que todo es un problema de que hemos vivido unos años de loco despilfarro y de que Merkel no es más que un chivo expiatorio, cuando no sería más que una austera dirigente del norte que lo único que querría serían garantías de pago en forma de recortes del descomunal déficit público español, estigmatizada por los irresponsables ciudadanos de este país. Según creen, esos “ajustes” del gasto público lo que llevarán es a una mayor racionalidad y responsabilidad y a que España “viva dentro de sus posibilidades” (dentro de sus posibilidades no sé, pero lo que es “vivir”, ya vive poco).

Que haya españoles que piensen que el Estado les va a solucionar todo en la vida no lo voy a negar. Que los gobiernos de PSOE y PP han pretendido que la salida de la crisis es más y más paladas de dinero público, disparando el déficit, tampoco. Pero no es ese el problema que motiva la política que nos dictan desde Berlín y Bruselas. En 2007 las cuentas públicas de España estaban en orden y el déficit actual es consecuencia de una crisis motivada, como he venido diciendo en otras entradas, por un inflado de una burbuja gracias al dinero de, entre otros, la banca alemana, y de unas políticas torpes de los sucesivos gobernantes españoles para intentar salir de ella. Pero hablar de “austeridad” (que no es que no sea necesaria, y no me cansaré de repetirlo) por parte de quienes nos la imponen es un mal chiste. Sobre todo si viene de Alemania.

Si el chistoso es el Ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, peor aún, siendo un individuo que hace décadas se deshacía en elogios ante los estímulos públicos para lograr la paridad entre el marco occidental y los papeluchos rectangulares pintarrajeados que utilizaban como billetes de curso legal en la RDA comunista, que causaron una recesión en el resto de Europa, al dispararse la inflación alemana. Este chiste tan malo continuó con las medidas tan “austeras” que implantó Alemania para superar su crisis de 2004: un estímulo económico para el cual se bajaron al mínimo los tipos de interés en toda la UE, creando una riada de “dinero barato” (ah, ¿nos suena de algo la burbuja inmobiliaria en España, también fomentada mediante estas medidas al servicio de Berlín?).

¿Nos vamos a volver más “liberales” los españolitos gracias a esta política de “austeridad”, pero eso sí, “austeridad a la alemana” (o “a lo que convenga en cada momento al Bundesbank”)? Diría que más bien no. Lo que nos va a volver es más estatistas, va a implantar en toda Europa el “socialismo capitalista”: cuando me van bien las cosas (a Alemania y su banca), libertad económica. Cuando me va mal, que intervenga el Estado.

Ahora mismo, la deuda pública española supone casi el 100% del PIB, lo que equivale al valor de todos los bienes y servicios producidos a lo largo de un año. Por tanto, la deuda pública está al límite, poco puede crecer ya más. Con lo que complicado va a ser seguir endosando esta deuda a los bolsillos de los contribuyentes apelando a este “socialismo capitalista”. Prácticamente, las opciones se reducen a que ocurra algún insólito milagro y España empiece a crecer como nunca, o directamente no pagar.

Y, ya puestos, ¿por qué hemos de pagar el rescate de la banca alemana? ¿Por qué hemos de pagar los desmanes de los irresponsables que han gestionado la banca alemana? ¿O solo se aplica a nosotros eso de la “irresponsabilidad”?

Entre otros, el desmán de invertir en un sector como el inmobiliario español (y el de otros países del sur), inundándolo de dinero alemán, comprando y revendiendo sin control alguno hipotecas tóxicas (en 2009 se valoraban en 800.000 millones de euros los activos tóxicos en Alemania). Normal que Angela Merkel tuviera que dilapidar el 10% del PIB de Alemania en reflotar a sus bancos… y todo para que todavía 20 grandes entidades alemanas, la mitad de su sector bancario, sigan con la calificación de “bono basura” para Moody´s. Desde 2008, entre otros, Hypo Real Estate fue rescatado con más de 100.000 millones de euros y en 2009 fue nacionalizado en un 90%; el Industriebank (IKB), con 10.000 millones de euros; los Landesbank (cajas autonómicas), como el Baden-Württemberg, el West o el Sachsen, recibieron unos 150.000 millones de euros; el Dresdner Bank, segunda entidad del país, quebró y fue absorbido por el Commerzbank, que a su vez recibió un rescate de 100.000 millones y cuyo 25% todavía está en manos del Gobierno de Merkel. El Deutsche Bank recibió, solo en 2008, 20.000 millones de la Reserva Federal norteamericana junto con 60.000 millones para Credit Suisse y UBS (Unión de Bancos Suizos) a un tipo de interés regalado del 0,01%.

Por tanto, el Gobierno alemán es el primer interesado en que sus bancos reciban dinero con el que mantener el crédito y la burbuja en que tienen inmerso a su país de ficticia prosperidad y creación de empleo. De ahí el interés y la insistencia desde Berlín en rescatar a España, imponiendo toda clase de restricciones financieras destinadas a que casi todo lo que produzca vaya destinado a pagar a sus acreedores (BCE o sus bancos) o la insistencia en que no se contentase solo con un préstamo de 40.000 millones de euros para sanear la banca (¡menuda y sorprendente “generosidad”!): porque lo que los contribuyentes españoles hacemos en realidad es rescatar el sector financiero alemán de las inversiones tan temerarias y tóxicas que hizo hace ya algunos años.

Aparte de este “socialismo capitalista”, la crisis ha destapado que en Berlín han sido muy listos y los europeístas unos tontos del capirote (y que los euro-escépticos TENÍAMOS RAZÓN). En 1989, con el bloque comunista en ruinas y la URSS a punto de irse al garete, lo que querían era la reunificación, el “proyecto europeo” no les interesaba para nada. Y los europeístas picaron y fueron engañados como chinos, pensaban lo contrario. La creación del euro y la firma del malhadado “Tratado de Maastricht” no fueron más que la pantomima de que Alemania no iba a volver a ser una amenaza en ningún sentido, a fin de tranquilizar a los franceses, pues la propia Alemania no tenía la menor intención de ser la base de la construcción de una unión política y económica en Europa, sino de “alemanizar” al resto del continente europeo.


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