Posteado por: Javier | octubre 2, 2013

Tony Abbott me cae bien

Recordarán una entrada que escribí a principios del mes pasado sobre Australia.

Pues por aquellos días llegó otra buena noticia desde el país de los canguros: la victoria electoral de Tony Abbott, el líder del Partido Liberal de Australia y el candidato de la coalición entre estos y el Partido Nacional, tras conseguir 89 de los 150 escaños del Parlamento australiano.

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Hay que resaltar que Abbott era un candidato por el que casi nadie daba un dólar australiano. La izquierda laborista australiana (hasta hace unos días en el poder) le colocó toda clase de motes: “monje loco” (al haberse preparado de joven para sacerdote católico; y, hay que subrayar que, como en otros sitios, allí la progresía tampoco soporta la idea de que alguien católico no sea izquierdista), “metepatas”, “misógino”, “el inelegible”, “neandertal”. Pues ahora ya tienen otro “mote”: PRIMER MINISTRO.

¿Qué ha hecho Tony Abbott para arrasar en las elecciones?

Proponer algo distinto a lo de la izquierda en el poder, de forma que hubiera verdadera posibilidad de comparar y elegir. Ampliar el atractivo de su agenda conservadora, en lugar de copiar las políticas de actuación de sus oponentes. Por ello, pese a que la economía marchaba relativamente bien, los australianos han elegido una opción con un programa de aún mayor libertad económica.

Lógicamente, una cosa son las palabras y otras los hechos, pero Abbott siempre se ha mostrado partidario en sus discursos de la libre empresa, el gobierno limitado, la libertad individual, los valores tradicionales, una defensa nacional fuerte y… de la idea de la “excepcionalidad americana” (o, lo que es lo mismo, cree más en eso el nuevo Primer Ministro de Australia que el mismísimo Presidente actual de los EEUU).

Pero Abbott no solo es liberal en lo económico, también es conservador en lo social (y lo segundo suele poner aún más de los nervios a sus críticos que lo primero): cree en Dios (aunque no me convenza su catolicismo, pero, en fin, como se suele decir, “nadie es perfecto”), cree en la responsabilidad individual, está contra el aborto, está contra el matrimonio gay, aunque no tiene intención de prohibirlos en Australia, y cree en la libertad de expresión y religiosa.

Como he dicho, no le perdonan que sea católico y derechista liberal, en lugar de laborista. Para aclarar, en el mundo anglosajón, por lo general, los protestantes han estado más apegados a la derecha o al liberal-conservadurismo, mientras que el catolicismo ha solido identificarse más con la izquierda. En España y otros países de habla hispana, por razones culturales e históricas, habitualmente ha sido justo al contrario, entre otras cosas porque lamentablemente hemos tenido etapas en el pasado de una derecha católico-fascista que no ha respetado la libertad religiosa de otras confesiones. De esta forma se entiende mejor esto y esta diferencia cultural y política.

Algo más, también está en contra de la inmigración descontrolada y ha dicho que no tendrá problemas en devolver los barcos de ilegales a sus países de origen. Pero, por supuesto, para quienes estén dentro y legalmente, como otros países anglosajones, Australia seguirá siendo un lugar donde no se les discriminará legal o laboralmente ni donde se tolerará ni el racismo ni la violencia con los inmigrantes (al contrario que en la Europa putrefacta, donde todo es al contrario, puertas abiertas en las fronteras, ahí “semos mu solidarios”, y luego toda clase de discriminaciones). EEUU, Reino Unido y otros países anglos siempre han establecido controles muy estrictos en las fronteras antes de entrar y repatriaciones inmediatas de quienes no tengan un motivo válido para entrar en el país, de forma que la entrada sea ordenada y no se cree la bomba de relojería que ha estallado en varios puntos de Europa, al mezclar sin ningún orden tanta gente étnica y culturalmente tan distinta y sin seleccionar bien quiénes entran. Una vez dentro, respeto a su cultura o religión, bajo el respeto de ellos a las leyes del país y mucha seguridad pública, nada de “que se asimilen”, como dicen los europeístas cutres, como si acaso ellos quisieran “asimilarse” a España, Francia, Alemania o donde sea.

En definitiva, hay que felicitarse de que Australia (aunque ya lo era) vaya a ser aún más un referente de lo que aquí defendemos.


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