Posteado por: Javier | octubre 19, 2013

Contra las tiranías privadas: lo que decíamos los liberales de verdad sobre las empresas

Bueno, he dicho en la entrada anterior que, contrariamente a lo que se piensa (y que han fomentado algunos “liberales”), no es la defensa de las empresas el fin último ni objetivo prioritario. De hecho, como vamos a ver en el artículo de hoy, los liberales clásicos, en modo alguno, JAMÁS HAN “SACRALIZADO” a las empresas, puesto que tenían en cuenta que igual que el Estado podía conducirse de forma tiránica, del mismo modo una organización privada podía alcanzar tales cotas de poder e influencia que llegase a comportarse de forma no menos represiva con sus subordinados (incluso hasta llegar a ser prácticamente casi un “Estado dentro del Estado”: es lo que ocurre en los Estados fallidos de África y algunas zonas de Asia, cómo son Estados de broma, algunas multinacionales funcionan allí de esa forma). Igualmente, podían llegar a influir decisivamente en las campañas políticas y desvirtuar los procesos democráticos, actuando a favor de candidatos simpatizantes con sus intereses, como temieron, y así ocurrió, los fundadores de EEUU.

Cuando oigo de la adoración ciega a las empresas y empresarios que tienen los actuales “libeggales” (que no liberales), sea  en España o sea en EEUU, es algo que me recuerda siempre los recelos que estas organizaciones privadas producían a Adam Smith, como decía en “La Riqueza de las Naciones”:

“El interés de los empresarios en cualquier rama concreta del comercio o de la industria es siempre en algunos aspectos diferente del interés común, y a veces su opuesto […] Cualquier propuesta de una nueva ley o de un reglamento del comercio, que proviene de esta clase de gente, debe ser siempre recibido con la mayor desconfianza, y no adoptarla nunca hasta haberla sometido a un largo y serio examen, al que hace falta dedicar, no digo solamente la más escrupulosa, sino la atención más cuidadosa. Esta propuesta viene de una clase de gente cuyo interés no sabría nunca ser exactamente el mismo que el de la sociedad, ya que tienen, en general, interés en engañar al público, e incluso en oprimirlo y que, además, han hecho ya una y otra cosa en muchas ocasiones”.

Aparte de esto, hay múltiples ejemplos en los dos siglos pasados.

El liberalismo en ningún momento dice, ni ha dicho, que un tipo como, por ejemplo, Emilio Botín (el que dice que el dinero está “entrando a chorros en España”… será a su banco) tiene la millonada que tiene porque “se la ha currado” y el que no la tenga no. La riqueza y llegar a una alta posición (en lo que sea) no solo depende del trabajo, también depende de múltiples factores y circunstancias que no están bajo tu control y que son involuntarias por tu parte. También depende de las oportunidades que tengas (aunque debas saber aprovecharlas). Como he dicho en el artículo anterior, es una soberana falacia. El liberalismo no idolatra al sujeto que hereda la empresa de su familia: “¡Oooooooh! ¡Míralo, míralo, es un empresario!¡Qué tíooooooooooo!”. El liberalismo lo que defiende es la igualdad de oportunidades de partida y, a partir de ahí, cada cual puede acertar o equivocarse y ha de ser responsable de las decisiones que tome libremente. Pero también se reconoce que en el hecho de que unos salgan mejor parados que otros siempre influye el elemento de lo que podríamos llamar “suerte” (no creo en la “suerte” pero, en fin, la llamo así). La propia Margaret Thatcher, hija de un humilde tendero metodista, en vida decía: “Yo no sólo sabía lo que quería. También tuve suerte, me casé con alguien que tenía dinero y así fue mi entrada al poder. Muchas veces, el éxito es una cuestión de suerte y también de trabajo”.

Justo lo contrario es lo que piensan los “libeggales” en España, como los que integran el Gobierno de la Comunidad de Madrid, encabezado por el Presidente-NO ELECTO Ignacio González. Una pequeña anécdota, allá por el mes de abril tuvo lugar un acto organizado por estos señores en el Instituto Ramiro Maeztu de Madrid, donde hicieron una selección de los niños más inteligentes, a fin de adoctrinarlos para ser “empresarios” en el futuro. Eso por parte de gente de la cual pocos se conoce que hayan trabajado en el sector privado en toda su vida. La niña ganadora del certamen, como la recién conversa a una nueva religión “liberaloide”, decía al micrófono que prometía que, si tenía una idea, “sería empresaria para desarrollarla”. Como si acaso no hubiese montones de profesiones. Por ejemplo, que yo sepa, ninguno de los premios Nobel de Economía de EEUU son empresarios, casi todos son profesores o escritores bien pagados, pero no empresarios. Pues eso en un acto presidido por el González y con la presencia de Arturo Fernández, presidente de la CEOE, todo un “ejemplo” de “esfuerzo y superación”, cuyas empresas son deudoras masivas a la Seguridad Social (ya que he mencionado antes a Botín, hay que recordar que el presidente del Banco Santander tuvo que acogerse a la amnistía fiscal que se aprobó el año pasado, al haber evadido impuestos de España y ser pillado).

Pues esta gente y Sheldon Adelson, el dueño de Las Vegas Sands (ante el cual el Gobierno de la “liberal” Espe-rancia Aguirre PUSO EL CULO EN POMPA, repito: PUSO EL CULO EN POMPA) son para los “libeggales” españoles los modelos de “emprendedor que llega a todo y a la cumbre con su esfuerzo y su tesón” y a los que dicen que, por ello, debe prácticamente permitírseles todo (los que me lean de hace tiempo sabrán de los intolerables privilegios que la Comunidad de Madrid ha concedido a Adelson), como si fueran los salvadores de la patria (en realidad, los botines, los Fernández o los díaz-ferranes de este mundo no son más que unos apátridas).

Evidentemente no hay que satanizar a los empresarios como si fueran el demonio. Pero tampoco ponerlos en un pedestal, cuando muchas veces actúan de forma totalmente contraria a los intereses generales (¡Uy, sí! Ya se que eso no gusta a los libertarianos y anarco-capitalistas).

Un país sin libre empresa, no es un país libre. En ningún caso. Pero, siendo esto cierto, la libre empresa no garantiza siempre que el país sea libre, sobre todo cuando el Estado es débil y estas entidades privadas ganan demasiado poder.

Para ilustrar mucho mejor LO QUE DE VERDAD HAN PENSADO SIEMPRE LOS LIBERALES acerca de las empresas traigo este artículo que don Alfredo publicó en “Liberalismo Democrático y Clásico”, allá por febrero de 2012 (el título es el mismo: “Lo que decíamos los liberales de verdad sobre las empresas”).

Ya que estamos con cuestiones como la deuda y la falta de libertad, me ha parecido muy apropiado recordarlo:

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Señores lectores: Creo que hubo cierta confusión en el hilo anterior acerca de la postura liberal sobre las campañas políticas en EEUU. La verdad es que esta cuestión de la financiación de las campañas políticas no ha sido debidamente tratada por los liberales españoles y estadounidenses así que hoy pretendo acercar posturas y zanjar esta cuestión espinosa.

Existen ya casos muy interesantes (pero hay otros todos los años del mismo estílo en EEUU) – Hemos podido ver casos como el de ciertos activistas de Ron Paul que, a pesar de no parecer, físicamente, como una amenaza a la integridad cívica de ese país, surgen problemas por su comportamiento pre-electoral. Ya existen algunos gobiernos locales en EEUU y estatales que exigen un tipo de permiso o licencia antes de hacer campaña política en propiedad pública. Hay una serie de normas que se deben cumplir. En general, esto es así por cuestiones de orden público pero nunca se ha planteado la igualdad de oportunidades (al menos, no en EEUU ni en sus filas de liberales).

Tenemos un caso del pasado octubre, de una tal Tina – como muchos de los que apoyan al loco Ron Paul, esta activista siempre está enfadada “contra el Estado” (se mosquean fácilmente con todo tipo de cosas que va contra la visión enfermiza que tienen de la libertad y como son anarquistas casi todos, no aceptan ningún tipo de normativa “del malvado Estado”). Bueno, esta señorita estaba mosqueada porque su gobierno local, tenía previsto gastar mucho más dinero de lo previsto en servicios locales. Un mes antes del referéndum local (por cierto, ojalá España los tuviera en cuestiones fundamentales como el GASTO de los ayuntamientos), esta joven mandó correos electrónicos a 25 amigos y conocidos, animándoles, incitándoles a escribir cartas a los periódicos y unirse a su movimiento contra las medidas locales previstas. Pocos días después, antes de poder organizar las manifestaciones, recibió una carta del secretario del pueblo en el Ayuntamiento, amonestándola y advirtiéndole que “debe desistir inmediatamente de todo tipo de actividades relacionadas con campañas políticas hasta que no se cumplan todos los requisitos que impone la ley”. 

Existe una ley, en el estado de Arizona (de donde es John Mccain — Mccain fue uno de los primeros defensores de la reforma de las campañas para limitar la cantidad de dinero que influye – supongo que Mccain también será un “malvado rojo” para Ron Paul por querer democratizar las primarias) – bueno, decía yo que existe una ley allí, que dice que cada vez que dos personas o más trabajan juntas para ejercer su influencia sobre los votos relacionados con una medida local, referéndum, inmediatamente se convierten en un Comité político. Esta transformación genera los siguientes requisitos: hay que registrarse ante el gobierno, rellenar los datos, abrir una cuenta bancaria para el Comité y otros trámites administrativos. Esto se debe hacer ANTES de convocar manifestaciones o dar discursos.

El Tribunal Supremo de los EEUU, en su magnífica decisión del 2010 en el caso “Citizens United”, falló que las leyes federales que exigen esos permisos y la limitación del dinero son muy parecidas a las leyes tiránicas de la Corona británica en el siglo XVII y XVIII que exigían permisos del Rey para poder hacer campaña. Precisamente, la Primera Enmienda de EEUU se redactó con muchos temores – uno de ellos era que sin esa enmienda, el Estado iba a mezclar Iglesia con Estado (como ya ocurría en Europa en países con iglesias romanas o romanistas – la Iglesia de Inglaterra es un ejemplo y por supuesto, la Católica-romana en España).

Pero hay matices a todo esto – aunque yo piense que la decisión del 2010 es magnífica, creo que el Tribunal Supremo ignoró otras cosas – los fundadores de EEUU no estaban en CONTRA “per se” de las licencas o regulación de los derechos – se oponían a que éstas fuesen exigidas por el GOBIERNO FEDERAL, no el local. De lo contrario, no hubieran tolerado jamás las decenas de leyes en aquella época que prohibían muchas cosas que hoy los liberales defienden como “mi derecho mi derecho mi derecho”.

¿Ustedes de verdad piensan que los fundadores de los EEUU, un grupo de hombres liberales, democráticos y clásicos, modernos, protestantes, adoraban las empresas ciegamente? ¿Hay algún lector joven aquí que sepa la realidad? No me voy a cansar de decir que para un liberal clásico,  los fundadores de EEUU eran de lo mejorcito que hemos tenido JAMÁS en la historia de la humanidad.

El origen de las empresas multinacionales modernas tienen su nacimiento en la Inglaterra del siglo XVII, con la creación de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales. Desde un principio, las empresas antes eran pequeñitas, mixtas con el Estado y sus instituciones reales que obtenían permisos de la Corona para fines específicos. Si una empresa se portaba mal, la Corona no tardaba en quitarles sus permisos.

Decir que los padres de la patria estadounidense, LIBERALES TODOS (menos la secta jefersoniana aunque estos siguen siendo MUCHO MÁS liberales REALES que cualquier libe-gal de ahora) amaban a las empresas es ABSURDO. De hecho, detestaban las empresas. Una de las razones por la cual se rebelan contra la Corona tiene que ver con la Compañía Neerlandesa. Al gual que ocurre hoy en día, las mega-empresas representaban los poderes económicos más destacados y por supuesto, tenían poderes políticos, como ocurre ahora también. En este caso, llegaron a gobernar todo Massachussetts.

Pero, hay más pruebas de que la generación independentista de EEUU odiaba a estas empresas que hoy, por desgracia también, dominan muchos aspectos de nuestras vidas. La Compañía Neerlandesa era la más grande de su día y su dominio sobre el comercio enfureció a los colonos protestantes – tanto así que, sin cortarse un pelo (y bien hecho), arrojaron todo el té a la bahía de Boston. Todos conocemos, universalmente, el famoso “Boston Tea Party” – lean sobre su historia, aprendan. En el siglo XVIII, en Reino Unido, las grandes empresas financiaban las elecciones con mucha generosidad y los políticos en el Parlamento eran casi todos acconistas de las mismas. Los fundadores de EEUU sentían arcadas y por eso, oh sí señor, oh sí, justamente después de ganar la guerra contra la tiranía del Rey, imponen restricciones de todo tipo, A NIVEL LOCAL, después de redactar su magnífica constitución liberal.

Después de la fundación de EEUU, las empresas tenían que obtener un “charter” (Escritura de Constitución), al igual que ocurre ahora. A diferencia de hoy, sin embargo, las empresas sólo podían existir UN MÁXIMO DE 20 o 30 AÑOS y sólo podían comerciar con una materia prima o un producto, no podían tener acciones en otras empresas y su propiedad era limitada a lo que realmente necesitaban para conseguir sus fines empresariales.

¿Te sorprende verdad? Lee menos la basura de Libertad Digital y otros medios liberaloides, y cógete un puto libro de Historia para que aprendas algo relevante, aunque sea una vez en tu vida, estimado anarquista.

¿No te parece suficiente? Hay más, tranquilo:

Absolutamente casi TODOS los estados de EEUU tenían leyes en sus códigos penales locales que criminalizaba cualquier contribución monetaria por parte de las empresas a un candidato político. Supongo que para Ron Paul, que tanto le gusta hablar de Jefferson, con estos datos en la mano, ahora Jefferson sería equiparable a un peligroso Fidel Castro.

Las leyes eran tan duras, que empresaros famosos como Andrew Carnegie, tuvieron que organizar sus empresas como sociedades limitadas y John Rockefeller organizó su empresa petrolera como fondo de inversiones que, por cierto, luego sería, con toda la razón del mundo, puteada y convertida en mini-empresas por el bueno de Theodore Roosevelt – un liberal clásico, hamiltoniano, que le daría mil vueltas a cualquier cantamañanas gilipollas de ahora que utiliza la etiqueta de “liberal” sin serlo.

Podría citar aquí decenas de frases documentadas que pronunciaron los fundadores de EEUU contra los intereses empresariales descontrolados – incluido lo que ya conocemos de Jefferson y su crítica a estas cosas. Sin embargo, tú no lees mucho y yo no tengo tiempo – cabe citar algo de Lincoln, que fue un verdadero profeta y ya se sospechaba lo que iba a ocurrir – lean esto:

“Podemos felicitarnos que esta guerra cruel está cerca de su fin. Ha costado una cantidad inmensa de tesoro y sangre…Ha sido una hora de juicio para la República; pero veo en el futuro una crisis que me saca de los nervios y me causa temblar por la seguridad de mi país. Como resultado de la guerra, las empresas están exaltadas al trono y una época de corrupción en altas instancias le seguirá y los intereses adinerados de este país se aprovecharán de los prejuicios del pueblo hasta que toda la riqueza esté concentrada en unas pocas manos y la República será destruida. Siento, en este momento, más ansiedad que nunca por la seguridad de mi país, aún cuando estamos en medio de una guerra. Que Dios permita que mis sospechas sean falsas”. 21 de noviembre, 1864. BRUTAL.

Desgraciadamente, poco después de 1864, las empresas empezaron a mezclarse demasado con los políticos republicanos. Tenían barra libre y poderío total sobre su fuerza laboral. Las empresas podían vender cualquier cosa, aún cuando el producto fuera peligroso o malo para la salud. Trataban a sus trabajadores como esclavos, lo mismo que ocurre ahora en China. Los sueldos eran miserablísimos, no existían las vacaciones, por supuesto tampoco existían los seguros sanitaros, nada de nada – Ron Paul estaría en su paraíso.

El Presidente Grover Cleveland fue testigo de cómo las empresas trataban a sus trabajadores y arremetió contra esas injusticias en 1888.

Volviendo al tema inicial, hacen falta leyes que fomenten la igualdad de oportunidades.

En la Florida, ya hay una ley parecida a la de Arizona – exige aportar una lista de todos los que dén dinero para una campaña – nombres y direcciones.

De momento, en el caso de EEUU, quizá puedan plantearse una enmienda constitucional. No estoy de acuerdo con una cosa que dejó por sentado el TS de EEUU – Para mí, las empresas NO SON PERSONAS. A pesar de que estoy a favor de esa sentencia por cuestiones técnicas (y porque, repito lo del hilo anterior – hay que tener cuidado con regular cómo las personas gastan su dinero en libertad), eso no quita que observo problemas.

Digan lo que digan los ancaps y Ron-Pauleros arrogantes e inmaduros, lo que importa es el criterio libero-clásico.  Las empresas no son “personas” – las personas son personas, no empresas.


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