Posteado por: Javier | noviembre 17, 2013

Obama y Oriente Medio: dudas y encrucijadas peligrosas para Occidente

¿Tiene de verdad la Administración Obama un genuino interés por lo que acontezca en Oriente Medio o simplemente está planificando una “honrosa retirada” estadounidense de la zona, después de más de 60 años de presencia?

Es uno de los pensamientos que me viene a la mente después de haber pasado prácticamente dos meses desde que el Presidente americano, en parte por la torpeza de su Secretario de Estado, John Kerry, decidiera aparcar el asunto sirio y dar una oportunidad a la vía diplomática. De la “intervención limitada” caso de que el régimen de Assad no entregase su armamento químico con la mediación de Rusia nada ha vuelto a saberse y parece que definitivamente hubiera quedado archivada en el cajón de los recuerdos. Que para Obama era un tema incómodo es más que evidente, y que el poder meterlo en el archivo y taparlo, como si no existiera, ha sido todo un alivio, lo es más aún. Exactamente igual con otros problemas como Israel, la relación con Arabia Saudí, Egipto o el programa nuclear iraní. Con Irán, Obama está como loco por llegar a algún tipo de acuerdo aparente con el que ganar tiempo hasta que a partir de 2017 una nueva Administración tenga que enfrentarse de nuevo al problema iraní.

En definitiva, igual que cree en el fin del “excepcionalismo americano”, Obama también piensa que la “era americana en Oriente Medio” toca a su fin. Lo pensaba ya antes de las “Primaveras Árabes”, con su intención de adelantar las retiradas de Afganistán e Irak, pero estos movimientos que han sumido Oriente Medio en el caos parece que para Obama han sido la confirmación de que hay que poner pies en polvorosa y centrarse en otras zonas del mundo como Asia Oriental (y de paso librarse de aliados incómodos y que entiende que crean mala fama a EEUU, como Arabia Saudí o las petro-monarquías del Golfo Pérsico, así como de patatas calientes como el conflicto entre Israel y los palestinos), o en su plan de reforma sanitaria.

Muchos americanos, como Obama, seguramente también piensan que lo mismo da Assad que los rebeldes sirios o que lo mismo da Arabia Saudí que Irán, “todos son iguales, ¡a la mierda con ellos!”, “qué Israel y los palestinos se arreglen como puedan entre ellos, ¿por qué tenemos que estar desgastándonos continuamente en rondas y más rondas de negociaciones que nunca resuelven nada”. Pero la retirada estadounidense de Oriente Medio es todo un problema para la seguridad mundial, siendo la zona donde se encuentran las mayores reservas estratégicas de petróleo del mundo y donde una de las potencias regionales, Irán, se encuentra desarrollando un programa de producción de armas atómicas que puede llevar a una escalada armamentística que involucre al resto de países árabes. Ya sabemos cómo es la región sin EEUU: es como Siria, con todos los actores regionales (Arabia Saudí, Irán, Al Qaeda, Hezbolá) en guerra unos con otros apoyando cada uno a un bando distinto. Un conflicto que podría extenderse por contagio a otros países, sin la presencia americana. Por otro lado, es una tontería pensar que va a ser todo un alivio librarse de negociaciones “absurdas” árabe-israelíes y que no llevan a ninguna parte, puesto que la realidad es que el objetivo de esas negociaciones en ningún momento ha sido llegar a un acuerdo Israel-Palestina (difícil puede ser un acuerdo, cuando ningún grupo palestino reconoce el derecho de Israel a existir como país: o sea, no reconocen eso, pero tampoco tienen capacidad para destruir Israel, con lo que el conflicto va a ser algo permanente, tenga mayor o menor intensidad), sino garantizar la presencia norteamericana como agente estabilizador en Oriente Medio, explicaré eso un poco más adelante (aunque sé que puede molestar un poco a alguno de nuestros amigos judíos saber cuál es el motivo real del apoyo occidental a Israel).

Una de las mayores torpezas de la diplomacia obamita en Oriente Medio está siendo enturbiar continuamente las relaciones con el aliado fundamental en la región después de Israel, Arabia Saudí. Es público y notorio que los saudíes están preocupados por el cada vez mayor desinterés norteamericano por los problemas de la zona, sobre todo la errónea valoración de en qué consistían en realidad las “Primaveras Árabes”. Mientras la Casa Blanca consideraba que las protestas y los levantamientos insurgentes en Egipto, Libia, Bahréin o Siria eran revueltas populares contra dictaduras represivas (esto último es cierto, lo de que eran dictaduras), en realidad fueron nada más y nada menos que guerras civiles y conflictos tribales o entre sectas islámicas dentro de las sociedades de cada uno de esos países, en los que islamistas, ejércitos y servicios de seguridad se enzarzaron en una lucha a sangre y fuego (VER LA ENTRADA QUE PUBLIQUÉ EN ENERO).

Apoyar a un bando u otro no era tanto una cuestión “humanitaria” como sí estratégica. En este caso, ayudar a aliados como Arabia Saudí, Jordania o Turquía, para los cuales las “Primaveras Árabes” han sido un problema que les ha afectado directamente. Al ignorar el problema sirio, por ejemplo, Obama ha indicado claramente que a EEUU la cosa ni le va ni le viene. Sin embargo, dejar en una mala posición a Arabia Saudí no es un buen negocio. Los sauditas algunas veces se pasan en sus quejas por recibir poca ayuda americana y otras se ponen en contra. Y nadie olvida que había 15 saudíes en los aviones del 11-S, es decir, hay sectores de su población que apoyan el terrorismo yihadista. Sin embargo, Arabia Saudí ha sido aliada de EEUU desde que en 1944 FD Roosevelt estableciera contactos con la casa Saud, obviamente, no porque ambos países tengan la misma cultura o valores políticos, sino por una cuestión de interés mutuo. Muchos miembros de las élites saudíes (lo que importa en esos países, a fin de cuentas) son decididamente pro-estadounidenses y han colaborado contra el terrorismo, aunque haya elementos islamistas en el resto de la población (que poca influencia tienen en una monarquía absolutista como la saudí). No es que sea un gusto tener como aliada a Arabia Saudí pero la realidad (lo que determina la política internacional) es que posee la mayor reserva conocida de petróleo y la estabilidad de los mercados energéticos mundiales es un interés fundamental, además de la ayuda y la información que los servicios de seguridad saudíes pueden aportar a la lucha contra Al Qaeda. Si eres una superpotencia, tienes aliados en todo el mundo. Algunos de ellos no serán del todo de tu agrado, y hasta tendrás que taparte la nariz a veces, pero hay unos motivos por los que tienes aliados en todo el mundo. Y Arabia Saudí es uno de los aliados de EEUU en el mundo.

Y el problema fundamental de los saudíes, como el de EEUU en Oriente Medio tiene el mismo nombre: Irán. Como he dicho al principio, Obama lo que quiere desesperadamente es algún tipo de acuerdo, por flojo que sea, aunque no pase de un trozo de papel mojado con un par de firmas, que le ayude, como con Siria, a barrer el tema iraní, esconderlo debajo de la cama y a otra cosa, como si nunca hubiera existido ese dolor de cabeza. Dice Obama, intentando tranquilizar a Israel y Arabia Saudí, que con Irán “todas las opciones están sobre la mesa” (entiéndase que dice que entre esas “opciones” también debe estar la de un ataque aéreo contra los laboratorios e instalaciones nucleares iraníes o hasta con drones contra científicos que se encuentren desarrollando este programa nuclear para los ayatolás), pero eso seguramente no se lo cree ni él. La realidad es que ningún aliado internacional de EEUU se toma en serio lo que diga Obama como si fuera una realidad geopolítica, pues no se lo pueden permitir por su propia seguridad. Todos saben que son faroles lanzados desde la Casa Blanca (los iraníes los primeros, la duda es si, de aquí a 2017, llevaran o no su programa nuclear al punto crítico para restregárselo en la cara a Obama) en un intento de aplazar continuamente el problema hasta que un nuevo Presidente sea el que tenga que ocuparse.

Esto está llevando a que tanto Arabia Saudí como otras monarquías petroleras del Golfo empiecen a ver a Israel como un aliado más fiable frente a Irán que a los propios EEUU. De hecho, Israel ya está colaborando con la junta militar egipcia que derrocó a Morsi en la lucha contra Hamás en Gaza y las bases de Al Qaeda en el Sinaí, las dos, enemigas comunes de Egipto e Israel. Aunque los saudíes y otros aliados árabes de EEUU pueden optar como medio de defensa por el armamento que la propia industria norteamericana les ha vendido, sin embargo, para ellos los israelíes son un aliado muy útil, al ser el único con capacidad armamentística atómica y con posibilidad de detener la marcha del programa nuclear de Irán. Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudí, EAU, Kuwait, Bahréin, Qatar y Omán) están aumentando su coordinación con la Fuerza Aérea Iraelí, en la opinión de que confiar en Israel tampoco es tan desagradable como tener que hacerlo en una Administración norteamericana tan voluble como la de Obama. Lo que, por otro lado, demuestra lo que era un secreto a voces: a los árabes les importan una mierda los palestinos. Éstos son como los “gitanos de Medio Oriente”, al resto de árabes no les interesan en absoluto y tantas décadas de lágrimas de cocodrilo por la “causa palestina” no eran más que una pantomima. A los países árabes lo que interesa es simplemente sus intereses y problemas de seguridad. Israel antes era un enemigo al que había que borrar del mapa que “oprimía” a los “hermanos palestinos”… y ahora un aliado necesario para su seguridad frente a la otra potencia regional emergente, Irán.

Si este acuerdo cutre que permita ganar tiempo a Obama y esconder un problemazo como el de Irán llegara a buen término, seguramente sería el fin de la presencia de EEUU en Oriente Medio y el fin del proceso de paz árabe-israelí, otra mala noticia. ¿Y por qué, si, total, he dicho antes que no sirve de nada, que esa “paz” nunca a llegar? Porque es un mecanismo de favorecer los intereses de EEUU y occidentales en ese rincón del mundo. Cuando Henry Kissinger diseñó, tras la Guerra del Yom Kippur en 1973, estas conversaciones de paz, fueron la forma de canalizar la ayuda diplomática, política y militar de EEUU a Israel, convirtiendo al Estado judío en un socio fiel por necesidad. Por otra parte, tras la enésima derrota militar de los árabes ante los israelíes en dicha guerra, aquellos pasaban a no tener más remedio que conformarse con acudir a Washington como pedigüeños suplicantes para conseguir que EEUU presionase a Israel para hacer algunas concesiones. La jugada fue magnífica, pues tanto árabes como israelíes se convertían en agentes de Washington en la zona, los soviéticos terminaron expulsados y EEUU se convirtió en la potencia hegemónica en Medio Oriente, garantizando la seguridad y el tráfico sin incidentes del suministro de petróleo.

Curiosamente, hay mucho conspiranoico que cree que la política estadounidense ha estado “secuestrada” en las últimas décadas por oscuros poderes judeo-sionistas infiltrados en influyentes lobbies que determinan toda la política de EEUU, y que el país useño no es más que un “rehén” de Israel. Nada más lejos de la realidad. Es verdad que hay un lobby judío pro-Israel en EEUU, pero no es mayor ni más poderoso que otros importantes lobbies en EEUU. Afortunadamente, no ha sido así, sino todo lo contrario. Las conversaciones de paz lo que han hecho ha sido mantener bajo el control de EEUU tanto a árabes como a israelíes (casi toda la zona, puesto que Egipto y Jordania suscribieron tratados de paz con Israel por mediación de EEUU, y la relación con los saudíes ha sido distante pero pacífica), frenando la posibilidad de penetración en Oriente Medio primero de la URSS y luego de Rusia y China, y garantizando la estabilidad en la zona, tan importante para que los países atlantistas y occidentales se aseguren unas reservas de petróleo que no caigan en manos de rusos y chinos. Por cierto, ese y no otro es nuestro interés con Israel, en esta web, al menos, sí. No que seamos “judaicos”, “judaizantes” ni “sionistas” (ni “evangélicos sionistas”, eso menos aún, líbrenos Dios de ello) ni nada por el estilo, sino la estabilidad de la zona para garantizar nuestra seguridad y suministro energético. Punto.

Pero, aparte de que Obama o no sabe, o no entiende, o, lo que es más probable, desdeña cuál es el interés de mantener el proceso de paz árabe-israelí, a los dos años de su mandato comenzaron a estallar las “Primaveras Árabes”, que socavaron el “statu quo” que EEUU había asegurado en la zona los últimos 40 años.

De ahí la torpeza que he mencionado de la visión casi “romanticoide” desde la Casa Blanca hacia esas revueltas árabes y del caos tan peligroso que puede originarse por un desinterés u olvido de EEUU hacia la zona o por meter la cabeza en el agujero como un avestruz, lo que está haciendo la Administración Obama, haciendo como que los problemas, sobre todo el de Irán, no existieran. Sin EEUU como en las últimas décadas, en Oriente Medio lo que habrá es un vacío de poder efectivo aprovechado por todo tipo de grupos islamistas radicales (lo que ha ocurrido con las “Primaveras”, ante la pasividad americana), que será aprovechado por Irán para erigirse como potencia hegemónica regional, arrastrando a los árabes a carreras militares y de armamentos destinadas a defenderse de la nación persa, con consecuencias difíciles de predecir.


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