Posteado por: Javier | diciembre 22, 2013

Desayuna como un puritano

Buena adquisición la que he hecho este sábado en el supermercado de El Corte Inglés, se trata de un producto que venía buscando desde hacía tiempo: los copos de avena de la marca QUAKER OATS (espero que agradezcan la publicidad gratuita ;)). Un bote de medio kilo cuesta tan solo 2,40 euros.

quaker

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Aparte de ser unos cereales muy buenos, ideales para tener un desayuno lo más parecido a algo totalmente “WASP” (Blanco, Anglo-Sajón, Protestante) me gusta el dibujito del señor del sombrero, un cuáquero de los de toda la vida.

No soy cuáquero, ni siquiera estoy de acuerdo con muchísimas de sus creencias (son una de las denominaciones protestantes más anárquicas), pero sí, el dibujo es inspirador de todos los valores protestantes de seriedad, honestidad, sencillez, austeridad y honradez.

Los cuáqueros fueron una comunidad fundada en el siglo XVII en Inglaterra por George Fox. Rechazan todos los sacramentos, se visten y hablan con sencillez, y todos ellos, incluidas las mujeres, participan en la predicación. Más que en la Biblia, se basan en lo que llaman “conocer interiormente a Dios”, con lo que se puede decir que fueron precursores de lo que sería posteriormente la experiencia religiosa del pentecostalismo. Según ellos, se guiaban por el Espíritu Santo, los profetas bíblicos, los apóstoles de Cristo y una “luz”, o “voz”, interior que les revelaba la verdad espiritual. Durante sus reuniones permanecían casi todo el tiempo en silencio, buscando la guía de Dios individualmente. Cualquiera que recibiera un mensaje divino podía manifestarlo en voz alta. Aunque ellos mismos se llamaron “Sociedad de Amigos”, el pueblo los llamó “quakers” o “tembladores”, tal vez en alusión a la instrucción dada por George Fox a sus seguidores de “temblar en el nombre del Señor”, así como a la experiencia de quienes eran “movidos” por el Espíritu. Los cuáqueros fueron perseguidos por no quitarse sus sombreros en la corte, negarse a jurar ante la corte, trabajar en el día de reposo, andar como vagabundos, blasfemia, y juntarse a adorar mientras que no seguían la liturgia y la forma de adoración episcopal. Durante la época de Cromwell se había perseguido severamente a los cuáqueros por no diezmar ni jurar. El rey Carlos II regresó al trono, y poco después prohibió cualquier servicio religioso excepto el servicio de la Iglesia de Inglaterra, imponiendo altas multas, la confiscación de propiedades, el encarcelamiento, y finalmente el destierro a las colonias caribeñas de Jamaica y Barbados. Para escapar de la persecución en Inglaterra, los cuáqueros se trasladaron a Norteamérica, donde uno de sus líderes, William Penn, estableció la colonia de Pensilvania. Sin embargo, en otras partes de América no les fueron mejor las cosas. Por ejemplo, entre 1659 y 1661, se ahorcó en Boston a los misioneros William Leddra, Mary Dyer, William Robinson y Marmaduke Stephenson. A otros los encadenaron con grilletes, los marcaron con hierro candente, los azotaron o les cortaron las orejas. Un hombre llamado William Brend recibió 117 latigazos en la espalda desnuda con una soga recubierta de brea.

Desde luego que no me voy a dedicar a justificar a los puritanos por actuar así, por más que las creencias de los cuáqueros pudieran ser una amenaza para el orden público, pero hay que considerar las circunstancias de aquella época. Los padres de Nueva Inglaterra sufrieron increíbles dificultades para proveerse de un hogar en el desierto, tras huir también de la persecución en Inglaterra, y para protegerse en el goce de los derechos que habían adquirido a tan enorme precio adoptaron a veces medidas que, si se juzgan por las perspectivas de nuestro tiempo presente, se deben considerar como totalmente injustificables. Pero lo cierto es que actuaron en base a unos principios que entonces eran comunes a toda la cristiandad, en unos tiempos en que cada gobierno que existía entonces se arrogaba el derecho de legislar acerca de cuestiones religiosas y de reprimir la herejía mediante leyes penales. Este derecho era reclamado por los gobernantes, admitido por los súbditos, y está sancionado por los nombres de Lord Bacon y de Montesquieu, y por muchos otros que son igualmente alabados por sus talentos y erudición. Desde luego, es injusto endosar solo a un pequeño grupo, como fue el de los puritanos, un pecado que cometió en aquel siglo toda la cristiandad. El pecado de los padres peregrinos fue el pecado de su tiempo, y aunque no puede ser justificado, desde luego explica su conducta. Al mismo tiempo, sería injusto no decir que, por imperfectas que fueran sus perspectivas en cuanto a la tolerancia religiosa, estaban, sin embargo, muy por delante de lo que era habitual en la edad que les tocó vivir, así como que es más con ellos que con ninguna otra clase de hombres sobre la tierra con quienes está el mundo más en deuda por las perspectivas más racionales que existen actualmente acerca de la cuestión de la libertad civil y religiosa.

Volviendo a los cereales, mejor probarlos con agua caliente con un poco de sal. Era como se comían los copos de avena por los habitantes anglosajones de Nueva Inglaterra hace algo más de dos siglos (y es que, de hecho, la costumbre actual de comerlos con leche fue introducida por emigrantes italianos a lo largo del siglo XIX, allí eso era algo desconocido hasta entonces).

Que tengáis un buen domingo.


Responses

  1. Que aproveche!

  2. Hola Javier!

    Esa marca de avena es muy conocida aquí en el Perú, tanto así que muchas veces se suele usar el nombre “quaker” como sinómino de avena: “Voy a tomar quaker”. Y eso que existen varias marcas.

    Nunca he sido muy amiga de la avena, tal vez será que no he tenido la oportunidad de tomarla bien preparada, pero los cereales son mejor con leche, definitivamente, jajaja. La verdad que el señor de la avena quaker asusta un poco, de niña me daba más miedo.

    No conocía la historia de los cuaqueros, gracias por aportarnos esta información. Otro aspecto pecaminoso de los cristianos del pasado ha sido su visión de la mujer como un ser totalmente inferior, Agustín de Hipona, decía unas cosas realmente horribles, que hace pensar que la fe cristiana es sólo para hombres de semblante tiránico (y la mujer cual trapeador derechita al infierno), nada que ver con las epístolas del apóstol Pablo cuando se refiere a las relaciones entre hombre y mujer, o en caso contrario la mujer era totalmente idealizada como un ser tranquilo y sin queja alguna, un biografo de Jonathan Edwards describía a la esposa de este de tal modo, que más parecía que describiera a un ángel en lugar de a un ser humano “soportaba sus dolencias sin quejarse” (¿Ni siquiera internamente?).

    Y así la historia del cristianismo contiene tantos elementos tan indeseables que lo único que puede explicar que se pueda creer y confiar en el evangelio sea la gracia de Dios.

    Aprovecho para saludarlo en esta época de fiestas que la pase bonito!

  3. Hola Claudia, qué alegría verla por aquí de nuevo.

    Pues esos cereales al menos yo no los he visto en muchos sitios en España, debe ser una cuestión de que al ser una marca norteamericana allí en el Perú es más usual, igual que otros productos de EEUU, por eso de la influencia useña en Sudamérica.

    Agustín de Hipona acertó bastante en cuanto a soteriología y al defender la doctrina de la Trinidad, pero desbarró muchísimo en otros temas, sobre todo morales. De hecho, por ejemplo, consideraba “pecaminoso” incluso el sexo matrimonial para procrear, solo que en este caso decía que era un “mal menor”, así que con mayor razón consideraba aún más “pecaminoso” el sexo matrimonial solo por placer y que los esposos intentasen evitar un embarazo. Algo que no tiene nada que ver con la Biblia.

    En general, en la historia de la cristiandad han habido algunas veces hechos que demuestran que el único hombre sin mancha que ha pisado la tierra es precisamente el salvador de los pecadores, Cristo. A veces es difícil de creer pero hay casos y épocas en el pueblo de Dios en el que se dan hechos como el de David, Urías y Betsabe, lo que demuestra que aún salvos, por nosotros mismos no somos más que yaga podrida, si Dios no nos aplasta y nos manda al infierno acabando con nuestra depravada existencia es solo por Su misericordia. La única esperanza que tenemos es agarrarnos a Cristo para que mire Su justicia, no nuestra inmundicia.

    Felices fiestas también y un saludo.


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