Posteado por: Javier | mayo 4, 2014

Los liberales y la “meritocracia”

Damas y caballeros:

Menudo jaleo se ha formado a partir de ESTE ARTÍCULO de Sigfrido sobre el caso de Iñaki Urdangarín y cómo las masas adocenadas y marujas escandalizadas han celebrado ya su propio “juicio” y han dictado ya su propia “sentencia”, antes aún de que la Justicia se pronuncie sobre la culpabilidad o no del yerno de SM el Rey. Este lo ha complementado don Alfredo con otro artículo más sobre el mismo tema.

Cuando varios escriben sobre la misma cuestión, uno a veces no puede resistir la “tentación” de escribir también, aunque más que en Urdangarín en concreto me voy a centrar en un punto que ha tocado Alfredo sobre la conocida como “meritocracia”.

¿Sobre Urdangarín? Que la Justicia actúe y si las pruebas destruyen su presunción de inocencia que le sea impuesta la pena que legalmente le corresponda, pero yo paso tanto del “Salsa Rosa” que pretenden montar algunos como de las turbas que se lanzan a degüello sobre Urdangarín solo porque es miembro de la Familia Real de España. A estos últimos en absoluto les mueve una indignación por la gravedad que en sí puedan tener los hechos imputados, lo único que les mueve es el odio a la monarquía y la envidia hacia el imputado. Si en lugar de ser Urdangarín fuera otro individuo, evidentemente no habrían formado un escándalo como el que montaron cuando este señor fue a prestar declaración (o, a lo mejor, hasta lo apoyarían). De los dos artículos, en lo que sí estoy más de acuerdo con Alfredo es con el hecho de que este fenómeno no es exclusivamente español: en todo el mundo occidental hay un lamentable fenómeno de odio de las masas hacia lo que ellos consideran como las “élites”.

En cuanto a las lecciones “morales” que dan algunos con respecto a este asunto, habría qué ver hasta dónde serían capaces de llegar algunos de estos “honestos” y honrados” si por sus manos pasase tanto dinero como por las de Urdangarín, baste con recordar lo que dije AQUÍ:

“Por eso apropiarte de lo que no es tuyo siempre es ROBAR. Da igual la cantidad que se robe, siempre es un ROBO. Millones de euros que estafes o te apropies de los fondos públicos, o unos céntimos con los que te quedes cuando se equivocan al darte el cambio en una tienda. Es lo mismo: ERES UN LADRÓN SI HACES ESO. Hay muchos ateos y meapilas que se ufanan de su supuesta “honestidad” y están todo el día atacando a Urdangarín, Bárcenas o los imputados de la Junta de Andalucía por los millones que han presuntamente defraudado. Bien, habría que ver hasta dónde serían capaces de llegar ellos si pasase por sus manos tantísimo dinero como el que pasa por manos de toda esta gente. Suelen ser los mismos que, mientras dan lecciones morales con Urdangarín, roban a su empresa metiendo la mano en la caja, flojean durante toda la jornada laboral o se escaquean con bajas fraudulentas: LADRONES. Suelen ser los mismos que pontifican sobre la solidaridad y lo “malos” que son “los ricos que no ayudan a los pobres”, mientras se ponen ciegos de copas o cervezas sentados en la terraza de un bareto, sin hacer ellos nada. Que sean “pobres” no quita que en su corazón y espiritualmente sean unos VERDADEROS MANGANTES. Quien hurta, roba o estafa en lo poco, también lo hará en lo mucho. Todos los hombres llevamos en nuestro corazón el ser unos ladrones. El verdadero problema lo tenemos cuando negamos esto porque nunca lo hemos llevado a la práctica o a gran escala”.

Bueno. Referente a la llamada “meritocracia”, me quedo con esta frase del segundo artículo: 

“Para proteger la libertad, será necesario contar con un “establishment” o élite unificada dentro de la cual se eligen los líderes de dos partidos para que puedan competir y ganar elecciones, pero es necesario que los candidatos surjan al estílo japonés, que surjan gracias a la mano de élites en los partidos”.

Muchos sabrán que este término, “meritocracia”, es casi idolatrado por muchos “liberales” españoles (por los “liberales” que orbitan en torno a Libertad Digital y medios similares del “liberalismo” oficial español, desde luego, a esos les encanta hablar cada dos por tres de “meritocracia”), muestra de que la mayoría el conocimiento que tienen sobre el liberalismo clásico es el que hayan sido capaces de encontrar en el Google y pare usted de contar. Al igual que la izquierda progre, suelen partir también de un igualitarismo extremo erróneo y acabar rechazando cualquier autoridad así como cualquier cosa que entiendan como “privilegio injusto” o “élite”, y por ello suelen terminar también degenerando hacia un pensamiento completamente anárquico y demagogo.

Los defensores de la meritocracia pretenden eliminar cualquier clase de “élite” por considerar que las formas de pertenencia a las mismas son “injustas”: orígenes familiares, fortuna heredada, posibilidades de haber tenido una educación en las mejores escuelas y universidades. Para ello, pretenden sustituir esta élite por un cuerpo al que, sobre el papel, todos podrán aspirar a pertenecer en base a sus “méritos”. Presuponen que el sistema meritocrático siempre será “límpio y transparente”, es decir, que la “élite meritocrática” nunca se corromperá ni pondrá trabas a que otros puedan ascender en base a sus “méritos” y ser una competencia para ellos o sus hijos. Desafortunadamente, esto no ha sido así, sino que ha generado corruptelas y nepotismo, y ha sido el origen de la actual mediocridad generalizada en la mayoría de países de nuestro entorno.

Sobre el papel, al igual que el socialismo, la “meritocracia” que defienden algunos liberales tiene buenas intenciones: busca una sociedad teóricamente más justa en la que el acceso a la dirigencia de los destinos de un país esté abierto a cualquiera en base a los principios de “mérito” y “capacidad”. Pero veremos cómo esto forma parte de un pensamiento tan utópico como pueda ser el del socialismo.

Una economía de beneficencia pública (socialismo, comunismo, o cualquier forma de orden social) que le quita a un grupo para dárselo a otro es la iniquidad organizada como sistema. En tal sociedad, esta apropiación sin ley puede echar mano de lo que le pertenece al prójimo pidiéndole al Estado que sirva como instrumento de incautación. Una de las justificaciones comunes de tal sociedad codiciosa es que es “moralmente necesario”, dicen, hacer guerra contra el “privilegio particular”. El término “privilegio particular” es uno de los que más se abusa y también uno de los más peligrosos. Trae a la mente visiones de explotación y abuso, y produce una situación de prejuicio en dondequiera que se use. El término no ha hecho poco daño, y aunque es un insulto común de la izquierda, extensamente lo ha tomado y usado también parte de la derecha. Basta que a alguna cosa se le llame “privilegio particular” para despertar hostilidad en la mayoría de los casos.

Pero la verdad es que sin “privilegios particulares” ninguna sociedad jamás ha existido ni es probable que exista. Los privilegios particulares pueden ser buenos o malos, según el caso. Un presidente tiene privilegios particulares. Una esposa y su marido tienen privilegios particulares el uno con el otro. Los privilegios particulares son un elemento que siempre se da en la vida.

Si alguien es socialista hasta las últimas consecuencias, su forma de orden social será de una total igualdad material. Los estados marxistas siempre han sostenido el principio “De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”. En mayor o menor grado, todas las sociedades de beneficencia y socialistas sostienen este principio.

Pero, sin embargo, este principio marxista en realidad no elimina ni el privilegio particular ni la desigualdad. Incluso si se aplica de la manera más estricta, el principio marxista solo significa igualdad de riqueza, no de trabajo. La riqueza del exitoso se la dan al fracasado. Los privilegios particulares son por ello dados al incompetente, al que no tiene éxito y al holgazán. Mientras más estrictamente una sociedad marxista, o cualquier estado, trata de ser igualitaria, más radicales las desigualdades y privilegios particulares que produce. No hay “igualdad” en un orden en el cual la capacidad de los hombres se estorba o limita. El privilegio particular nunca fue eliminado en la URSS ni en ningún estado marxista. Al contrario, un orden algo coactivo y frecuentemente injusto de privilegio particular se cambió por un orden social basado en la coacción total, la injusticia radical y distintos privilegios particulares.

Ahora bien, ¿genera en cualquier caso un sistema “meritocrático” un orden social más libre y justo?

Algo que caracteriza a la meritocracia es el examen escrito competitivo. El propósito del examen escrito era originalmente examinar a los candidatos en educación clásica. Gradualmente, la prueba se volvió modernizada y ha probado aptitud, factores psicológicos e inteligencia general.

Una meritocracia, por tanto, insiste en exámenes y es hostil a la familia, porque la familia es el principal instrumento de toda la historia para promover privilegios particulares de sus miembros. En la idea meritocrática, en realidad, para poseer lo que heredas, primero debes ganártelo por tus méritos. Esto quiere decir que los impuestos a la herencia se deben usar para destruir el deseo de la familia de conferir privilegios particulares a sus miembros.

La familia siempre es el pilar de la herencia. El progenitor normal siempre querría entregar su dinero a sus hijos antes que a extraños o al Estado: el hijo era parte de sí mismo y al legarle la propiedad el progenitor aseguraba cierta “inmortalidad” para sí mismo. El progenitor hereditario nunca muere. Si los padres tenían un negocio de familia que en un sentido los incorporaba a ellos mismos incluso tenían mayor deseo de pasarlo a alguien de su propia sangre para que lo dirigiera. Los padres, al controlar la propiedad, también controlaban a sus hijos: amenazar sacar de un testamento a un hijo era casi tan efectivo como una afirmación de poder.

Por cientos de años la sociedad ha sido campo de batalla entre dos grandes principios: el principio de selección por familia y el principio de selección por mérito.

En una meritocracia, un rígido sistema de exámenes determina quién tendrá más educación y entrenamiento avanzado, y quién debe entrar en las profesiones.

La provisión de inteligencia superior es limitada, y todas las profesiones necesitan mentes superiores. El sistema de pruebas tiene la intención de ubicar y desarrollar tales mentes. Esto quiere decir que, debido a que una meritocracia dice tener un método científico de prueba para determinar la inteligencia y la aptitud, los que fracasan son fracasados en un sentido real. En una sociedad de privilegio particular se puede culpar de los fracasos al sistema y alegar que nunca se ha tenido una oportunidad. En una meritocracia, se ven obligados a concluir, en “base científica”, que son “inferiores”. La llamada “igualdad de un método de prueba”, por tanto, abre una brecha más honda.

Una meritocracia no solo produce un sentido más hondo de desigualdad, sino que no hace que afloren las mejores capacidades. Es interesante que el método de prueba provenga del trasfondo del servicio civil. En efecto, identifica y promueve la mentalidad burocrática, no al inventor ni al empresario. Está dirigido a una mentalidad estatista, no liberal.

La meritocracia, pues, produce una nueva “élite”, una clase especialmente privilegiada de intelectuales y burócratas que prospera bajo el sistema de examen, gracias a sus cerebros pero no a su experiencia o carácter. Produce una nueva clase gobernante estrictamente organizada en términos de estos nuevos estándares. Por ejemplo, Gran Bretaña fue reemplazando a sus antiguos lores con una nueva Cámara de Lores, compuesta de intelectuales y políticos profesionales.

El auge de la meritocracia tiene relación con las rebeliones estudiantiles de la segunda mitad del siglo XX. Los universitarios, producto de las escuelas estatales, creían en la autoridad de la ciencia y la tecnología y, en términos de meritocracia, muchos se veían a sí mismos como fracasos en potencia. Muchos, temiendo el fracaso en el mundo inhumano de la meritocracia, abandonaron los estudios y se volvieron vagos, sucios y desaliñados como protesta. Como reacción en contra del “igualitarismo” de la “meritocracia”, el igualitarismo comunista primitivo terminó apelando a ellos.

Mediante la aplicación de la meritocracia no se ha evitado el privilegio particular, sino que se ha cambiado de un grupo a otro. Además, aquellos que se aúpan a los puestos de privilegio en virtud de esta “meritocracia” dan privilegios particulares a sus hijos y en ocasiones se corrompen para mantener el poder alcanzado mediante sus méritos y capacidades, creando oligarquías. La familia de este modo se reafirma a sí misma, pero ahora reforzada por el poder de un estado monolítico.

La meritocracia llevada al extremo se ha revelado como una utopía y algo muy lejos de ser el sistema más “justo”, sino como uno que genera mucha más desigualdad, corrupción, siendo el origen del fracaso, descrédito y colapso actual de las instituciones en el mundo occidental.

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Responses

  1. Estimado d. Javier,

    Gracias por esta entrada. Obviamente, suscribo todo lo que comenta. Le comento.

    “la mayoría el conocimiento que tienen sobre el liberalismo clásico es el que hayan sido capaces de encontrar en el Google y pare usted de contar.”

    Sí, son los “profesionales” formados por google. Nunca entendí como la gente puede respetar a ese tipo de comentarista tan evidente. ¿Acaso nos fiariamos de un “cirujano” que busque en google cómo intervenirnos? Ruego a nuestro Señor que no, aunque a la vista de tanto zote, tanto ingenuo…no sé si soy demasiado optimista incluso en la oración.

    “Al igual que la izquierda progre, suelen partir también de un igualitarismo extremo erróneo y acabar rechazando cualquier autoridad así como cualquier cosa que entiendan como “privilegio injusto” o “élite”, y por ello suelen terminar también degenerando hacia un pensamiento completamente anárquico y demagogo.”

    Esto tiene su raíz en una pérdida de confianza. Me explico. Sea cual sea el tema que tratemos, desde los fracasos de las grandes empresas y el Estado, la inmoralidad tan absolutamente flagrante de los obispos católicos y curas pedófilos satánicos, los fracasos de los políticos y sus estupideces – todos tienen una raíz común: la destrucción de la confianza, que solo ella puede generar autoridad. Casi todo lo que “sabemos” depende de nuestro nivel de confianza hacia terceros, sobre todo confianza institucional como pueden ser los partidos políticos. La mayoría no quiere reconocer que casi todas nuestras creencias fundamentales sobre cómo la sociedad debe operar son profundamente elitistas.

    “Presuponen que el sistema meritocrático siempre será “límpio y transparente”, es decir, que la “élite meritocrática” nunca se corromperá ni pondrá trabas a que otros puedan ascender en base a sus “méritos” y ser una competencia para ellos o sus hijos. Desafortunadamente, esto no ha sido así, sino que ha generado corruptelas y nepotismo, y ha sido el origen de la actual mediocridad generalizada en la mayoría de países de nuestro entorno.”

    Muy buen apunte, caballero. Es exactamente este el problema. Por no hablar de que nadie ha dado una definición aceptable sobre lo que realmente es el “mérito”, este problema que usted menciona es peor aún. Piénselo de esta manera: La “meritocracia” tan cacareada nos ha dado candidatos políticos como Sarah Palin en EEUU , ajem, o Simancas el socialista en Madrid. Auténticos esperpentos, de izquierdas y de derechas. Algunos me han señalado, equivocadamente, que Thatcher era producto de la “meritocracia”. No, no es así. ¿Qué mejor autoridad que la propia Thatcher? Dice en su libro, el bibliográfico, “yo llegué a donde llegué gracias a mi marido. No habría poder haber hecho nada en la vida sin mi marido”. Su marido, por supuesto, era millonario y de “familia bien”.

    “Pero la verdad es que sin “privilegios particulares” ninguna sociedad jamás ha existido ni es probable que exista. Los privilegios particulares pueden ser buenos o malos, según el caso. Un presidente tiene privilegios particulares. Una esposa y su marido tienen privilegios particulares el uno con el otro. Los privilegios particulares son un elemento que siempre se da en la vida.”

    En EEUU, la izquierda lo llama “White Privilege” – privilegio “blanco”. Un insulto que considero racista, por cierto, pero ya sabemos como el racismo más vil es dominio de la izquierda. Te dicen “check your privilege”. ¿Cómo te atreves a hablarme así, estómago malagradecido? Sí, voy a “chequear mi privilegio” para recordarme que todo lo que tengo ha sido por mi propio esfuerzo y trabajo, cínico chupóptero. Sowell ha hablado de este tema también y sobre cómo la izquierda se aprovecha de la ignorancia en los guetos para fomentar este odio, que en absoluto es “natural” a los negros. Cuando los blancos progres me dicen, casi en tono amenazante, “check your privilege”, yo les digo, “check your brain. Have you got any left?” ¿Te queda cerebro? Eso sí no te lo puede dar la meritocracia.

    “Una meritocracia no solo produce un sentido más hondo de desigualdad, sino que no hace que afloren las mejores capacidades. Es interesante que el método de prueba provenga del trasfondo del servicio civil. En efecto, identifica y promueve la mentalidad burocrática, no al inventor ni al empresario. Está dirigido a una mentalidad estatista, no liberal.”
    ¡SÍ! Es exactamente esto lo que he pretendido siempre transmitir a las “masas”. Nunca ha habido tanta desigualdad como ahora. Nunca. Incluso, al menos a nivel de Occidente, el siglo XIX, tan odiado por los progres, se queda corto.

    “Por ejemplo, Gran Bretaña fue reemplazando a sus antiguos lores con una nueva Cámara de Lores, compuesta de intelectuales y políticos profesionales.” Una gran tragedia, en mi opinión.
    “La meritocracia llevada al extremo se ha revelado como una utopía y algo muy lejos de ser el sistema más “justo”, sino como uno que genera mucha más desigualdad, corrupción, siendo el origen del fracaso, descrédito y colapso actual de las instituciones en el mundo occidental.”

    Y va a peor.

    Saludos.

  2. Hola, Alfredo:

    De nada, es que este tema del rechazo a las “élites”, y ciertas ideas equivocadas que acompañan a ese rechazo, me parece que es de interés tocarlo, sobre todo me llamó la atención a partir de alguno de los suyos sobre la pérdida de influencia de los WASP en EEUU (o el del descafeinado de la Cámara de los Lores que pretende Clegg en el RU) y las consecuencias negativas que ello ha tenido en ese país.

    “Sí, son los “profesionales” formados por google. Nunca entendí como la gente puede respetar a ese tipo de comentarista tan evidente. ¿Acaso nos fiariamos de un “cirujano” que busque en google cómo intervenirnos? Ruego a nuestro Señor que no, aunque a la vista de tanto zote, tanto ingenuo…no sé si soy demasiado optimista incluso en la oración”.

    Lo que ocurre con el “libbegalismo” español es que son muy dados a coger un puñado de palabrejas que les suenen bien, o de frases hechas, y a partir de ahí repetirlas a cada momento, como un mantra, porque les suenan muy “libbegales”. Lo mismo que pasa con la “meritocracia”, ocurre con otras como “separación de poderes” o “gobierno limitado”. Les suenan muy bien y muy “liberales”, pero no conocen nada de los antecedentes históricos ni de las fuentes originales. Por eso dicen que todo el que no defienda esos conceptos es que es un “rojete” o un “malvado estatista”.

    “Esto tiene su raíz en una pérdida de confianza. Me explico. Sea cual sea el tema que tratemos, desde los fracasos de las grandes empresas y el Estado, la inmoralidad tan absolutamente flagrante de los obispos católicos y curas pedófilos satánicos, los fracasos de los políticos y sus estupideces – todos tienen una raíz común: la destrucción de la confianza, que solo ella puede generar autoridad. Casi todo lo que “sabemos” depende de nuestro nivel de confianza hacia terceros, sobre todo confianza institucional como pueden ser los partidos políticos. La mayoría no quiere reconocer que casi todas nuestras creencias fundamentales sobre cómo la sociedad debe operar son profundamente elitistas”.

    Es evidente que en toda generación van a existir siempre unas élites que van a dirigir todos los ámbitos de la vida, sean los públicos o los privados. La cuestión es cómo se conforma esta élite, y el caso es que con la meritocracia llevada al extremo, desde hace unas décadas los países están dirigidos por élites de advenedizos sin ningún sentido de estado, ni de conservar nada, ni de servir a sus conciudadanos, al contrario estando totalmente alienados, simplemente ganar mucho dinero y cuotas de poder (así como asegurarlas para sus hijos, impidiendo que otros hagan “méritos” como para sustituirles).

    Por eso pienso, como usted, que lo ideal es un equilibrio, por ejemplo, con una institución como la Cámara de los Lores británica, pero, claro, la Cámara de los Lores anterior a la época en que empezaron a cargársela los laboristas venenosos: cuando era una cámara de pertenencia hereditaria (por eso he mencionado la visión de “conservar” intactas ciertas instituciones, cuando van a pasar a tus hijos), sin tener que preocuparse de elecciones y, por tanto, pudiendo sacrificarse por el país, con posibilidad de vetar leyes, etc…

    “La “meritocracia” tan cacareada nos ha dado candidatos políticos como Sarah Palin en EEUU , ajem, o Simancas el socialista en Madrid. Auténticos esperpentos, de izquierdas y de derechas”.

    Candidatos tan mediocres evidentemente solo pueden auparse mediante el populismo, la visceralidad y la demagogia (sus “méritos” se reducirían a chillar más que sus oponentes políticos). Como esta gente a otra cosa no puede llegar, hará lo que sea por mantenerse y ganarse la vida como políticos profesionales, convirtiéndose en bufones de feria que entretengan a las masas si hace falta.

    ¿Alguien se imagina a alguno de estos impresentables haciendo igual que una persona como Bush I, de origen millonario (por cierto), es decir, yéndose a una guerra a servir a su país? ¿O mandando a sus hijos a esas mismas guerras, como las familias WASP?

    La meritocracia también habría dado lugar a fenómenos tan extremistas como el Tea Party. O a la ensalada de mini-partidos, también muy populistas, que están surgiendo en España.

    “Algunos me han señalado, equivocadamente, que Thatcher era producto de la “meritocracia”. No, no es así. ¿Qué mejor autoridad que la propia Thatcher? Dice en su libro, el bibliográfico, “yo llegué a donde llegué gracias a mi marido. No habría poder haber hecho nada en la vida sin mi marido”. Su marido, por supuesto, era millonario y de “familia bien”.”

    Sí, conocía esa cita de Thatcher y eso da una muestra más de lo grande que era esa mujer pues no tenía ningún problema en reconocer que, pese a todas sus cualidades, no hubiera tenido las posibilidades que tuvo de no ser por su marido Dennis.

    “En EEUU, la izquierda lo llama “White Privilege” – privilegio “blanco”. Un insulto que considero racista, por cierto, pero ya sabemos como el racismo más vil es dominio de la izquierda. Te dicen “check your privilege”. ¿Cómo te atreves a hablarme así, estómago malagradecido? Sí, voy a “chequear mi privilegio” para recordarme que todo lo que tengo ha sido por mi propio esfuerzo y trabajo, cínico chupóptero. Sowell ha hablado de este tema también y sobre cómo la izquierda se aprovecha de la ignorancia en los guetos para fomentar este odio, que en absoluto es “natural” a los negros. Cuando los blancos progres me dicen, casi en tono amenazante, “check your privilege”, yo les digo, “check your brain. Have you got any left?” ¿Te queda cerebro? Eso sí no te lo puede dar la meritocracia”.

    Los negros, si consiguen salir del engaño de la izquierda, pueden ser unos grandísimos aliados (de hechos muchos lo son) para la derecha en EEUU. Porque claro, ahí los progres caen en su propia trampa: como solo consideran “racistas”, o todos los “istas” negativos y peyorativos que se les ocurran, a los blancos, no pueden tachar de eso a los negros derechistas. En ese caso los que se destapan como unos verdaderos racistas de tomo y lomo son ellos, que consideran que un negro no puede ser derechista, que debe estar bajo la tutela de la izquierda.

    Saludos.

  3. Estimado Javier —

    Disculpe que me tarde a veces en contestar. Le comento.

    “Por eso pienso, como usted, que lo ideal es un equilibrio, por ejemplo, con una institución como la Cámara de los Lores británica, pero, claro, la Cámara de los Lores anterior a la época en que empezaron a cargársela los laboristas venenosos: cuando era una cámara de pertenencia hereditaria (por eso he mencionado la visión de “conservar” intactas ciertas instituciones, cuando van a pasar a tus hijos), sin tener que preocuparse de elecciones y, por tanto, pudiendo sacrificarse por el país, con posibilidad de vetar leyes, etc…”

    Sí, este apunte es importante. Lo ideal es el equilibrio, la moderación. Y no, lo siento, para mí la palabra “moderado” no es una palabrota. Peor es ultra. Mucho peor.

    “Candidatos tan mediocres evidentemente solo pueden auparse mediante el populismo, la visceralidad y la demagogia (sus “méritos” se reducirían a chillar más que sus oponentes políticos). Como esta gente a otra cosa no puede llegar, hará lo que sea por mantenerse y ganarse la vida como políticos profesionales, convirtiéndose en bufones de feria que entretengan a las masas si hace falta.”

    Sí – vea sino las primarias en EEUU.

    “¿Alguien se imagina a alguno de estos impresentables haciendo igual que una persona como Bush I, de origen millonario (por cierto), es decir, yéndose a una guerra a servir a su país? ¿O mandando a sus hijos a esas mismas guerras, como las familias WASP?”

    No, claro que no. Nunca lo harían. Toda familia WASP tuvo hijo que participaron en guerras — en la Iª, IIª, en la de Corea…en la de Vietnám…

    Los del “mérito” dejan esos menesteres para los “curritos”. Por eso me hacía mucha gracia en España cuando la gente me decia “¿¿y por qué no va Bush a la guerra”?? Idiota, YA HA ESTADO en guerras.

    “La meritocracia también habría dado lugar a fenómenos tan extremistas como el Tea Party. O a la ensalada de mini-partidos, también muy populistas, que están surgiendo en España.”

    Sí. Francamente, es preocupante la verdad.

    “Sí, conocía esa cita de Thatcher y eso da una muestra más de lo grande que era esa mujer pues no tenía ningún problema en reconocer que, pese a todas sus cualidades, no hubiera tenido las posibilidades que tuvo de no ser por su marido Dennis.”

    Así es- Siempre fue honesta en todas sus declaraciones públicas.

    De acuerdo también en todo lo demás.

    Saludos


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