Posteado por: Javier | mayo 14, 2014

¿Legalizar la marihuana? No es buena idea

Muy bueno este artículo sobre la legalización de la marihuana publicado en libertad.org, la web en español de la Fundación Heritage.

Me ha sorprendido gratamente, más que nada por cierta deriva libertariana y demagoga de algunos artículos de Heritage (más que nada en temas sociales y religiosos) que se está dando en los últimos tiempos, salvo en materias como seguridad y defensa, donde más o menos siguen con una línea seria, por eso lo reproduzco íntegramente aquí.

Viene a confirmar punto por punto lo que decía en un artículo de hace ya años.

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La marihuana es dañina: Los 7 mitos más extendidos

Kevin Sabet

02 / 05 / 2014

No se crea la publicidad: la legalización de la marihuana supone demasiados riesgos para la salud y la seguridad públicas. Basándome en casi dos décadas de investigación, de trabajo de base con las comunidades y de práctica normativa a lo largo de tres administraciones presidenciales, en mi nuevo libro “Reefer Sanity” (La cordura del porro) debato algunos de los mitos más extendidos sobre la marihuana:

Mito nº1: “La marihuana no es dañina ni adictiva”

No, la marihuana no es tan peligrosa como la cocaína o la heroína, pero denominarla como no dañina o no adictiva niega evidentes datos científicos aceptados por las principales asociaciones médicas que han estudiado el tema. Los científicos saben ahora que la potencia de la marihuana habitual hoy en día es unas 5 o 6 veces mayor de lo que era en los años 60 y 70, mientras que algunas variedades son hasta 10 o 20 veces más fuertes que antes, especialmente si se extrae el THC (principal componente activo de la marihuana) mediante el proceso con butano. Este incremento de su potencia se ha traducido en más de 400,000 visitas anuales a los servicios de urgencias debidas a casos de episodios psicóticos agudos y ataques de pánico.

Los investigadores de salud mental también están observando una significativa conexión entre la marihuana y la esquizofrenia, mientras que los educadores están viendo cómo un consumo persistente de la marihuana puede debilitar la motivación académica y reducir de manera significativa el coeficiente intelectual (CI) hasta en ocho puntos, según un importante estudio realizado en Nueva Zelanda. A estos efectos secundarios hay que añadir las nuevas investigaciones que están ahora descubriendo que incluso un uso casual de la marihuana puede tener como resultado diferencias observables en la estructura cerebral, concretamente en partes del cerebro que regulan los procesos emocionales, de motivación y recompensa. De hecho, el uso de la marihuana perjudica nuestra capacidad para aprender y competir en un mundo laboral globalizado y competitivo.

Además, los consumidores de marihuana suponen un peligro en la carretera, a pesar del mito popular. Según el British Medical Journal, la intoxicación por marihuana duplica los riesgos de colisión entre vehículos.

Mito nº2: “La marihuana fumada o ingerida es medicina”.

Al igual que no fumamos opio ni nos inyectamos heroína para conseguir los beneficios de la morfina, no tenemos que fumar marihuana para recibir sus efectos médicos. Actualmente, existe una píldora basada en el componente activo de la marihuana disponible en las farmacias y casi dos docenas de países han aprobado un nuevo espray bucal basado en un extracto de marihuana. Este espray, “Sativex”, no hace que uno se drogue y contiene ingredientes difíciles de encontrar en la marihuana disponible en la calle. Es probable que pronto esté disponible en Estados Unidos, pues los pacientes ya se pueden inscribir para las pruebas clínicas. Aunque la planta de la marihuana tiene un valor médico conocido, eso no significa que la marihuana fumada o ingerida sea una medicina. Esta postura está en línea con la de la Asociación Médica Americana, la Sociedad Americana de Medicina Adictiva, la Fundación Americana del Glaucoma, la Sociedad Nacional de la Esclerosis Múltiple y la Sociedad Americana del Cáncer.

Mito nº3: “Innumerables personas están entre rejas simplemente por fumar marihuana”.

Defiendo de todo corazón la reducción de los índices de encarcelación de Estados Unidos. Pero legalizar la marihuana no causará una mella significativa en ellos. Eso es debido a que menos del 0.3% de los internos en las prisiones de todos los estados lo son por fumar marihuana. Es más, la mayoría de las personas arrestadas por consumir marihuana reciben una multa y muy pocos pasan tiempo entre rejas a menos que ese uso se produzca en un contexto de violación de la libertad provisional o condicional.

Mito nº4: “La legalidad del alcohol y el tabaco refuerza la defensa de la legalidad de la marihuana”.

“La marihuana es más segura que el alcohol, por lo que ambos se deberían tratar de la misma forma” es un mantra pegadizo y utilizado a menudo en el debate sobre la legalización. Pero éste asume que nuestra normativa sobre el alcohol es algo digno de imitar. En realidad, puesto que se consumen a unos niveles tan elevados debido a su amplia disponibilidad, nuestros dos estupefacientes legales causan más perjuicios, son motivo de más arrestos y matan a más gente que todas las drogas ilegales juntas. Así que ¿por qué añadir una tercera droga a nuestra lista de asesinos legales?

Es más, la legalización de la marihuana dará lugar a una nueva versión de la “industria tabaquera” de Estados Unidos.

· Financieras y grupos de accionistas privados ya han recaudado millones de dólares para empezar a promocionar empresas que venderán marihuana y productos relacionados con la marihuana.

· Se están vendiendo alimentos y caramelos con cannabis para niños que son ya responsables de un creciente número de visitas a urgencias relacionadas con la marihuana. Comestibles con nombres como “Ring Pots”, “Pot Tarts” y “Kif Kat Bars” están inspirados en caramelos y postres comunes entre los niños.

· Compañías rentables como Medbox (con sede en California) han declarado sus planes para instalar máquinas expendedoras de marihuana que contienen productos como pasteles de marihuana. El exjefe de estrategia de Microsoft ha comentado que quiere “acuñar más millonarios que Microsoft” con la marihuana y que quiere crear el “Starbucks de la marihuana”.

Mito nº5: “La legalización de la marihuana resolverá los problemas presupuestarios del gobierno”.

Por desgracia, no podemos esperar beneficios financieros para la sociedad de la legalización de la marihuana. Por cada $1 que recauda Estados Unidos en impuestos al alcohol y el tabaco, gastamos más de $10 en costos sociales. Además han aparecido dos importantes lobbies empresariales (el de la industria tabaquera y el de las bebidas alcohólicas) para mantener bajos los impuestos sobre estas drogas y fomentar su consumo. Lo último que necesitamos es la “marlborización de la marihuana”, pero es exactamente lo que conseguiríamos en este país con su legalización.

Mito nº6: “Portugal y Países Bajos ofrecen modelos exitosos de legalización”.

Contrariamente a las informaciones de los medios de comunicación, Portugal y Países Bajos no han legalizado las drogas. En Portugal, alguien detenido con una pequeña cantidad de droga es enviado ante un comité de tres personas y recibirá o bien tratamiento, o bien una multa o bien una advertencia y será puesto en libertad. Los resultados de esta normativa no están nada claro. Los servicios de tratamiento se reforzaron al mismo tiempo que se implantaba la nueva normativa y una década más tarde hay más jóvenes que consumen marihuana, pero menos gente que muere por sobredosis de opiáceos y cocaína. En Países Bajos, los responsables parecen estar dando marcha atrás en sus normativas de no persecución de la marihuana (ejemplificada en los “coffee shops” de todo el país) tras experimentar unos mayores índices de consumo y solicitudes de tratamiento de la marihuana. Ahora, el gobierno sólo permite a los residentes el uso de los “coffee shops”. Lo que todo esto nos dice acerca de cómo se desarrollaría la legalización en Estados Unidos es otra cuestión totalmente distinta e incluso menos clara.

Mito nº7: “La prevención, la intervención y el tratamiento están condenados al fracaso, entonces ¿por qué se intentan?”

Menos del 8% de los americanos fuma marihuana frente al 52% que bebe alcohol y al 27% que fuma cigarrillos. Junto a su estatus legal, los empeños por reducir la demanda de marihuana pueden funcionar. Las comunidades que ponen en marcha estrategias locales conformadas por alianzas entre los padres, las escuelas, las comunidades religiosas, las empresas y, sí, las autoridades policiales de la zona, pueden reducir de manera significativa el consumo de marihuana. Unas intervenciones breves y el tratamientos de la adicción a la marihuana (que afecta a 1 de cada 6 jóvenes que empiezan a utilizarla, según el Instituto Nacional de Salud) también pueden funcionar.

Y un mito que no se encuentra en mi libro: “Colorado y Washington son ejemplos a seguir”.

La experiencia de la reciente legalización en Colorado de la marihuana con fines recreativos no es prometedora. Desde enero, los resultados positivos en las pruebas de THC en los centros de trabajo han aumentado, mientras que el número de padres que llama a los teléfonos de toxicología porque sus hijos consumieron productos con marihuana se ha incrementado significativamente. Además, la recaudación tributaria se ha quedado corta respecto a las previsiones originales y el mercado negro de la marihuana en Colorado sigue creciendo. Y aunque el estado de Washington no ha instaurado todavía sus leyes sobre la marihuana, el porcentaje de casos de conductores con resultados positivos en THC se ha elevado de modo significativo.

La normativa sobre la marihuana no es honesta. Cualquier normativa pública tiene costos y beneficios. Es cierto que una normativa que suponga antecedentes criminales y lleve a la cárcel a los consumidores no va en beneficio del mejor interés para la nación. Pero tampoco lo hace la legalización, que crearía una versión del siglo XXI de la industria tabaquera y reduciría nuestra capacidad para competir y aprender. Existe una forma mejor de abordar la cuestión de la marihuana: una que ponga el énfasis en intervenciones breves, la prevención y el tratamiento y que se demostraría como una alternativa mucho menos costosa que el statu quo o la legalización. Ese es el camino que debería seguir Estados Unidos y que podríamos denominar como la “Cordura del porro”.

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