Posteado por: Javier | junio 4, 2014

El adiós al Rey Don Juan Carlos

El Rey Don Juan Carlos comunicó el lunes su decisión de abdicar y de esta forma se puso punto final a un reinado que ha coincidido con el período de mayor libertad, prosperidad y bienestar de la historia de España (y que esperemos que continúe con el heredero de la Corona, Don Felipe), período por el cual un servidor puede dar gracias a Dios por que le haya tocado vivir casi íntegro.

Ninguna persona es perfecta ni inmaculada pero, con los fallos que ha tenido, su reinado ha sido lo mejor que podía haber ocurrido en las últimas cuatro décadas en España, país al que ha prestado un gran servicio. Después de los 38 años de reinado y dejar, de una forma que jamás se había conseguido antes, un país mucho más libre, abierto, democrático y avanzado que cuando accedió al trono, se puede decir que, pese a todo y a los graves problemas que tiene, España no es un país tan “malo” ni tan “desastroso” como a veces se pueda pensar.

Sin embargo, la crisis económica y social tan durísima que afecta a España desde el año 2008 ha degenerado también en una crisis institucional y en una cada vez mayor desconfianza hacia las mismas, de la cual ni la propia Corona, la tradicionalmente más valorada por lo españoles, ha podido librarse. De todas formas, es bueno aclarar, pues, como se esperaba, ha surgido mucho oportunista estos días, lo que ha descendido es la aprobación a algunas de las actuaciones concretas de la Corona como institución, junto con otras, no que haya aumentado el rechazo a la monarquía parlamentaria como forma de Estado.

La abdicación del Rey se produce en el contexto en el que se desenvuelven monarquías parlamentarias europeas como la de Holanda y Bélgica. En enero del pasado año, la reina Beatriz de Holanda renunció en favor de su heredero el príncipe Guillermo, lo mismo que en julio hizo el rey de los belgas, Alberto II que renunció a su cargo en su primogénito Felipe. Ambas monarquías, así como la británica, han superado en años anteriores fortísimas crisis que los nuevos titulares de la Corona han logrado eludir renovando la institución y evitando que prosperasen los pequeños pero activos grupos que cuestionaban la monarquía parlamentaria. Lo mismo podría suceder en España con la abdicación de Don Juan Carlos, que ha culminado uno de los reinados más largos y fructíferos de nuestra historia y al que la democracia española le debe su padrinazgo e impulso, como es algo internacionalmente reconocido. En este caso, la abdicación del Rey de España ha sido una decisión correcta para dar paso a una generación que renueve la institución para bien.

Lo único que lamento es la salida de la escena pública de la Reina Doña Sofía. Lo siento, pero Letizia no me gusta nada y no me fio ni un pelo, aunque no soy conspiranoico. Aparte, es alguien que nunca llegará a la actual Reina a la suela de los zapatos. Doña Sofía es una gran profesional de lo suyo, ser Reina, que transmite cercanía, serenidad y amabilidad, una Hannover emparentada con los Hohenzollern, siempre Reina y educada para ello, mientras Letizia nunca pasará seguramente de ser una advenediza. La diferencia de nivel habla por sí sola.

Si acaso, el “pero” que se puede poner a la abdicación ha sido la forma del anuncio. Los reyes de Holanda y Bélgica que he mencionado comparecieron directamente en televisión para dar cuenta de su renuncia, sin embargo, aquí apareció primero el presidente del Gobierno, tres horas antes que el Rey, algo que entiendo que no procede. Algo de esa importancia debió haber sido el propio Rey quien lo anunciase directamente a la nación.

Al margen de esto, ahora toca una dura tarea a Don Felipe, aunque es una persona con suficiente inteligencia, experiencia, formación y presencia para llevarla a cabo, así como alguien que hasta ahora ha tenido un comportamiento público intachable. Es previsible que su llegada al trono levante una gran ola de apoyo popular (que contrarreste la algarada callejera de algunos en los últimos días) y que, si la situación económica (que es el origen de la crisis en otros niveles) mejora un poco, el prestigio de la institución comience a recuperarse con el nuevo monarca.

Los retos son difíciles, pero también lo eran los de su padre. El nuevo Rey tiene la oportunidad de ganarse no solo la legitimación hereditaria, sino también la democrática, al igual que Don Juan Carlos cuando impulsó el cambio de régimen desde la dictadura a la democracia o cuando paró el intento de golpe de Estado del 23-F. Esto último, digan lo que digan algunos conspiranoicos y aficionados a escribir novelas de ciencia-ficción que ahora pretenden forrarse a cuenta de vender libros desprestigiando al monarca (realmente triste que el odio al Rey suela unir tanto a la extrema izquierda costrosa como al facherío más casposo y grasiento).

Para terminar, una realidad es que, no obstante, el debate “monarquía parlamentaria-república democrática” va a seguir abierto, sobre todo entre las generaciones más jóvenes, y es algo legítimo. No hay nada malo en debatir sobre el modelo de Estado siguiendo los procedimientos legales y democráticos. Obvio, por supuesto, a los frikis que quieran o una monarquía absolutista (que los hay, como los carlistas) o una república socialista, como la morralla que salió extasiada a las calles el lunes, estoy hablando del debate con republicanos decentes, liberales y democráticos. Con esos no hay ningún problema y no es malo debatir. La verdad es que, aunque para España prefiero la monarquía parlamentaria actual, que es el único modelo que ha funcionado en su historia, muchas veces lo siento por estos últimos que cada vez que se habla de república en este país sea para dar la imagen de esa zurrapa social que se manifiesta con las banderas de la hoz y el martillo y la tricolor (algo históricamente totalmente incongruente, aunque no ya se sabe que no se puede pedir a esta gente mucho, lo primero que necesitarían sería un poco de materia gris dentro del cráneo) o montando una imagen de una guillotina de cartón. Ojo, no es que me preocupen lo más mínimo, pues el 99% de ellos no tiene media hostia para hacer lo que se supone que pretenderían con la simbología que muestran (la mayoría son “revolucionarios” de cubata y terraza de bareto, de soltar exabruptos en un momento de subidón alcohólico pero poco más) y, aparte, sus escenificaciones callejeras el efecto que tienen es el contrario al buscado, hacen que el apoyo a la monarquía aumente. De hecho, ayer ya solo se concentraron en Madrid un par de cientos. Que concentren a 3000, 4000 o 5000 personas en una plaza pública no demuestra demasiado aparte de algo ya plenamente conocido, como es que prácticamente el 100% de los votantes de IU o Podemos son anti-monárquicos. No es algo nuevo ni que se salga de lo esperado.

Lo que reclaman, al igual que otros partidos de la izquierda es absurdo: que el Gobierno convoque un referéndum vinculante sobre la república. Cuidado: yo soy el primero que lo desearía, y es algo que no lo temo para nada, no solo porque es una forma democrática de participación de la ciudadanía, sino porque a buen seguro el resultado sería un buen mazazo para los anti-monárquicos por muchos años. Pero la cuestión es que legalmente el Gobierno no tiene potestad para proclamar la república de ganar la opción republicana y las Cortes tampoco, pues es preciso el procedimiento de reforma agravado para cambiar la forma constitucional del Estado de monarquía a república. La Constitución determina que la decisión de efectuar una reforma de este tipo ha de ser aprobada por mayoría de dos tercios de cada Cámara. En caso de que el principio de reforma constitucional sea aprobado por la esta mayoría en ambas Cámaras, se ha de proceder a la inmediata disolución de las mismas. Las Cámaras elegidas a continuación deben primero ratificar la decisión, para lo cual se exige una mayoría simple a favor de la reforma en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado. Después han de proceder seguidamente al estudio del texto del proyecto o proposición de reforma constitucional, que debe ser aprobado en ambas Cámaras por mayoría de dos tercios. Una vez aprobada por las Cortes Generales ha de ser sometida la reforma a referéndum para su ratificación. Se trata pues de un procedimiento notablemente más complejo que supone la intervención de dos legislaturas distintas y dos consultas al electorado mediante referéndum. Pero, evidentemente, todas las iniciativas que respeten estos procedimientos son legal y legítimamente discutibles.

Para defender la monarquía nunca he utilizado criterios sentimentales pues no pertenezco ni a la realeza ni a la nobleza (pese a que suscriba lo dicho hace algo más de un siglo por el gran Cánovas del Castillo: “El interés de la Patria está unido de tal manera por la historia pasada y por la historia contemporánea a la suerte de la actual dinastía, al principio hereditario, que no hay, que es imposible que tengamos ya Patria sin nuestra dinastía”), sino, sobre todo, pragmáticos.

Para empezar, por mucho que se empeñen Cayo Lara o Pablo Iglesias en que “debe hablar el pueblo” (lástima que no tengan tanta prisa para reclamar al régimen cubano que deje “hablar al pueblo”), no es una preocupación para la mayoría de españoles actualmente. Según la última encuesta del CIS, del mes de abril, la monarquía solo era una preocupación para el 0,4% de la gente (muy por encima estaban el paro, la corrupción o los problemas económicos). Lo que ocurre es que mucho me temo que el “jueguecito” muchas veces es contabilizar automáticamente como “republicanos” a quienes no tengan la monarquía entre sus preocupaciones, pese a que no la rechacen expresamente.

No soy muy amigo de los motivos económicos pero también están ahí. Un rey sale mucho más barato que un Jefe de Estado republicano. Tan sólo en lo que cuestan las elecciones presidenciales cada cuatro o cinco años, es muchísimo más caro que tener a un rey como Jefe de Estado. La monarquía española es de las más baratas de Europa (su asignación anual es de 8,8 millones de euros) mientras que Francia, por ejemplo, gasta una cantidad muchísimo mayor que España en mantener a su Jefe de Estado (el presidente de la República, con un coste de 103 millones de euros anuales), el Reino Unido 44 millones, o Italia 228 millones.

“A priori”, no es mejor ni peor una monarquía o una república mientras sean democráticas. Todo dependerá de las circunstancias y la historia de cada país. Y en el caso de España la monarquía parlamentaria actual, como he comenzado diciendo, y a pesar de todos los problemas que tenemos, se ha revelado como el mejor sistema que hemos tenido y el que más estabilidad ha dado al país durante cuatro décadas. Es una incógnita cuáles habrían sido los derroteros de haberse aprobado una forma republicana de Estado (que no de gobierno) después del franquismo.

En otras épocas y otros países ha sido necesario instaurar una república para salir de una dictadura militar o una monarquía absolutista y tiránica, pero la cuestión es que este no es el caso de España. Un ejemplo. Sabido es que a mí no me van los maniqueísmos con el tema de la II República, vamos, que no soy como los píos moas de este mundo que torticeramente identifican automáticamente ese sistema con izquierda o comunismo totalitario y otros disparates pseudo-históricos (por el mismo motivo, no soy “anti-república” a priori). Pero la II República fue proclamada tras un período de descrédito de la monarquía por su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera, cuando no existían libertades que hoy sí están reconocidas y cuando España era un país agrario y muy atrasado, dominado por la jerarquía católica y el caciquismo. Al menos en sus inicios, fue una iniciativa de republicanos burgueses liberales y de clase media y de socialistas moderados por modernizar el país e implantar el respeto a una serie de derechos y libertades (que luego devino en un desastre por las circunstancias tan graves en que se encontró). Pero esta no es la situación actual de España.

En España hay un Rey que respeta la democracia (no solo la respeta, sino que ayudó a llegar a ella) y la forma parlamentaria de gobierno y que se encuentra sometido a una Constitución que fue ratificada por lo españoles en referéndum. No hay duda de que España necesita muchas reformas y mejorar muchas cosas, pero entre ellas no está poner patas arriba la forma de Estado (y no hay más que recordar que, precisamente, ni son ni el Rey ni la Casa Real los culpables ni de la crisis económica o el desempleo y otros problemas de los españoles).


Responses

  1. Lo que proponen los “republicanos” NO es un republica como Francia,Alemania o USA,sino una republica socialista como Corea del Norte,Cuba,Venezuela o como lo fue la URSS.
    Una monarquia Europea es mucho mas democratica que alguno de esos paises con regimenes socialistas.

  2. Fe de erratas:donde dice”NO es un republica” deberia decir”NO es una república….”

    Donde dice:”Una monarquia Europea es mucho mas democratica que alguno de esos paises con regimenes socialistas”
    deberia decir:

    “Una monarquía Europea es mucho mas democrática que cualquiera de esos países con regímenes socialistas”

  3. Humm, hombre, hay republicanos serios que plantean una república democrática, pero los que han salido a las calles en realidad creo que no saben ni lo que quieren. Es decir, la mayoría sabe lo que no quiere pero no tiene ni repajolera idea de lo que quieren, solo que no quieren monarquía, la mayoría porque no son más que una pandilla de envidiosos de pacotilla sin mucha más sustancia en la sesera: no hay más que ver que siempre sacan lo que cuesta el Rey, cuando la república caótica que sería su sistema eso sí que sería ruinoso. Sacan banderas de la II República por sacar algo, porque son unos lemmings sin demasiado cerebro que ven que lo hacen los dirigentes de sus partidos políticos favoritos y, en consecuencia, ellos también lo hacen. Cuando es una incongruencia, pues sacan también banderas comunistas… cuando en los años 30 los comunistas precisamente querían acabar con la II República por considerarla una “república burguesa”.


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