Posteado por: Javier | junio 25, 2014

La reforma fiscal es fraudulenta

Señores, no podía ser menos.

Como el Gobierno de Mariano Rajoy es un fraude en toda regla, por tanto, la reforma fiscal cuyo anteproyecto ha anunciado recientemente Montoro no podía ser otra cosa más que fraudulenta.

Un engañabobos con fines propagandísticos y electoralistas, casualmente anunciado poco después de los malísimos resultados del PP en las elecciones europeas, como una forma de intentar volver a engañar a una parte de sus potenciales votantes que han perdido, la clase media, intentando hacerles tragar el cuento chino de que, tras las subidas de impuestos iniciales debido a un déficit que se encontraron nada más llegar al Gobierno y que desconocían en toda su magnitud (MENTIRA), ahora cumplen su promesa de que solo iba a ser una medida “temporal”.

El mendaz Montoro ha vuelto a hacer lo que tanto le gusta: primero da el titular impactante (“¡Oooooh, una gran rebaja fiscal que va a beneficiar a muchos!”) y varios días después, y eso ya sin publicidad alguna, es cuando se empieza a filtrar la letra pequeña.

Detrás de la presunta rebaja se esconde la eliminación de numerosas deducciones que llevan a que la clase media termine pagando más o menos lo mismo que hasta ahora, reduciéndose muy poco a las rentas más bajas y llevándose el gran regalo las rentas más altas y las grandes fortunas. Los propios inspectores de Hacienda creen que las rentas de entre 60.000 y 120.000 euros, las que soportan la mayor parte del peso de la carga tributaria, apenas notarán la rebaja. Tanto es así que la rebaja media anual tan solo es de 170 euros por contribuyente.

Es decir, Montoro ha anunciado a bombo y platillo una rebaja media de tipos de un 12,5% para todos los contribuyentes así como para las empresas, pasando el IS del 30 al 25% en dos años. Pero la cuestión es que para las rentas anuales por encima de 45.000 y por debajo de los 150.000 euros anuales los tipos suben, ya que al eliminar dos tramos del impuesto, se eliminan dos escalones de progresividad y tenderán a dar el salto hacia arriba en cuanto a tributación.

Aunque las rentas más altas, para el año 2016, seguirán pagando más que con el anterior Gobierno, es cierto que son las más beneficiadas por la reforma, puesto que el tipo máximo bajará del 52% vigente y volverá al 45% en dos años, pero ese porcentaje se empezará a aplicar a partir de 60.000 euros. Esto que parecen pequeños porcentajes, una vez aplicados sobre las rentas anuales nos dan que alguien que gane unos 300.000 euros anuales se ahorrará casi 10.000 euros al año y alguien que gane, por ejemplo, 500.000 euros anuales se ahorrará unos 26.000 euros al año.

Otro tanto se puede decir de las rentas del capital, donde hasta ahora los tipos eran del 21% para los beneficios de hasta 6.000 euros, del 25%, entre 6.000 y 24.000 euros, y del 27% para los superiores. Con la reforma pasan al 19% para menos de 6.000 euros, al 21% para un tramo entre 6.000 y 50.000 euros, y al 23% para más de 50.000 euros de beneficios. Supongamos que alguien percibe unos beneficios anuales de 60.000 euros. Hasta ahora pagaba 16.200 euros y con la reforma pasaría a pagar 13.800, o sea, 2.400 euros de regalo. Mientras que, por ejemplo, con unos beneficios de 1.000 euros, el contribuyente pagaba hasta ahora 210 euros. Con la reforma pasaría a pagar 190 euros, una diferencia de tan solo 20 euros. En términos globales, ¿Quién es el verdadero beneficiado de la reforma?

En esta imagen tenéis los nuevos tipos de los que he estado hablando, y podéis ver cómo, mediante la trampa de la reducción de escalones, aquí la única rebaja es para las rentas más altas:

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Este Gobierno no puede ser más cutre y falsario a la hora de intentar salvar el culo y quemar cartuchos y etapas antes de las próximas elecciones. Primero suben los impuestos por presiones comunitarias y ahora, dos años después, hacen justo lo contrario por motivos electoralistas, ante las citas que se avecinan en el 2015.

Evidentemente, la recaudación va a bajar y en Bruselas ya se han encendido las alarmas por el peligro que supone esto para el cumplimiento de los objetivos de déficit. Hay que recordar que España se comprometió en su día a situar el déficit público de 2014 en el 5,8% del PIB; el del 2015, en el 4,2% y el de 2016, en el 2,8%. ¿De qué tiene pinta esto? De que, a partir de 2016, si siguen en el poder, habrá una subida del IVA probablemente al 23% (según las recomendaciones de Bruselas), una eliminación masiva de deducciones y bonificaciones y una mayor precarización de los servicios públicos para intentar llegar a ese déficit, puesto que el Gobierno se encomienda a un hipotético crecimiento del PIB que supone se debe dar desde este año, que, a su vez supone, hará crecer la recaudación aunque se rebajen los tipos del IRPF.

Dentro de los cálculos de estos trileros eso es posible puesto que, al estar la prima de riesgo en dígitos bajos, no hay riesgo de rescate de España, lo que más tremebundo y tétrico suele sonar a los oídos de la opinión pública, con lo que entienden que les da tiempo de llegar a 2015 con unas expectativas electorales un poco más halagüeñas, en unas elecciones donde pueden hacer una campaña presentándose como una especie de “garantes de la estabilidad” y de dique frente a la “extrema izquierda” que ha emergido en las Europeas (la realidad es que, de seguir así, si no es en 2015, en 2019 le darán en bandeja la mayoría absoluta a Pablo Iglesias o a cualquier otro coletas).


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