Posteado por: Javier | julio 13, 2014

El “capitalismo bíblico” de Calvino

El jueves se cumplieron 505 años del nacimiento de Juan Calvino y quería hacer aunque fuera un breve homenaje al gran reformador francés, escribiendo sobre uno de sus aspectos menos conocidos pero que han hecho que se generen mayores y más injustas críticas sobre él: su relación con el nacimiento y auge del capitalismo moderno.

Lamentablemente, no es que Calvino sea muy conocido en España pero, si lo fuera, no tardarían en aparecer detractores tachando al bueno del reformador francés poco menos que de ser el culpable espiritual de la actual crisis económica, del desempleo, del “capitalismo de casino”, de las desregulaciones, etc.

Nada más lejos de la realidad y, precisamente, las ideas de Calvino explican que en los últimos siglos hayan surgido dentro del calvinismo tantos defensores de la libertad individual y económica como luchadores frente a las injusticias sociales que observaron en su tiempo.

Las ideas teológicas de Calvino se pueden resumir en la de la absoluta soberanía de Dios sobre todas las cosas. Calvino recogió la idea bíblica de que toda la vida es cristiana y, puesto que todo está bajo la soberanía de Dios, por tanto, sus ideas no podían dejar de tocar campos como el orden social, político o económico.

Uno de los pilares centrales de la teoría económica de Calvino es la doctrina del derecho a la propiedad privada. Puesto que este derecho está claramente enseñado y salvaguardado en la Biblia, específicamente en los Diez Mandamientos y en las enseñanzas de Cristo, ocupa un lugar de enorme importancia en el pensamiento económico de Calvino. Sin embargo, Calvino ni mucho menos era como estos alocados modernos (libertarianos y anarco-capitalistas fundamentalmente) que consideran a la propiedad privada como el derecho absoluto ante el cual deben prácticamente ceder los demás, y vamos a ver enseguida porqué, puesto que partía de fundamentos distintos.

En la teoría calvinista, robar la propiedad de otro es pecaminoso, y si es hecho por el Estado bajo la acción de una disposición legal, no lo es menos. La toma de la propiedad por voluntad de una mayoría no es justa y no deja por eso de ser una violación de los mandamientos de Dios. Así, cualquier forma de comunismo o de socialismo es totalmente aborrecible para el calvinismo, ya que representa intentos por parte del Estado de interferirse con aquellos deberes que el hombre sólo debe a Dios.

Esto no está relacionado con un absolutismo casi sagrado de la propiedad privada, sino en que es un derecho porque Dios ha dado al hombre la obligación de servirle con su riqueza. El Estado protege la propiedad y provee formas para ser adquirida y mantenida, pero, para Calvino, no la confiere y no puede quitarla excepto por razones bíblicas. El Estado, según Calvino, actúa para hacer que sus ciudadanos sean mayordomos y rindan la obligación que todos los hombres deben a su Creador.

No es del todo exacto suponer que el calvinismo sea directamente responsable del resurgimiento del capitalismo moderno, como sostenía Max Weber. El capitalismo moderno ya había aparecido en Europa Occidental incluso antes del Renacimiento y su desarrollo ya estaba en curso y bien posicionado en muchas partes de Europa cuando el calvinismo obtuvo una posición de influencia. En su forma original, la idea de que Calvino es el fundador del moderno capitalismo es una seria distorsión de los hechos de la historia y difícilmente puede ser considerada como producto de una investigación histórica seria. Más bien, Calvino lo que hizo fue poner en evidencia ciertas fuerzas que favorecían el resurgir del capitalismo.

Por ejemplo, Calvino se opuso a la idea aristotélica de que el dinero es estéril y a la insistencia medieval de que la Biblia prohíbe la percepción de intereses en los préstamos. Calvino adoptó la posición de que el cargar intereses era permitido por la Biblia, siendo, en todo caso, “usura” el cargo injusto y excesivo de intereses, no la simple imposición de cualquier tipo de interés. No obstante, Calvino también pensaba que debían existir ciertas regulaciones y restricciones sobre esas actividades. Primero, sostuvo que no debe tomarse ningún interés de los pobres, que el acreedor debería compartir con el deudor los beneficios de los préstamos y que, en todas las ocasiones, el deseo de ganancia personal tenía que estar supeditado al amor cristiano. Calvino se inclinaba por una tasa del 5% para el dinero prestado, pero, bajo condiciones especiales, tasas como el 8% no debían ser consideradas tampoco como fuera de orden en ciertos casos.

Aunque la doctrina del derecho a la propiedad privada es fundamental en el pensamiento económico de Calvino, de no menos importancia es su insistencia de que este derecho no es un fin en sí mismo y va inseparablemente unido a consideraciones morales, tanto en la forma en que es adquirido como en el uso que se hace de él. Por los propios comentarios de Calvino y la legislación económica de Ginebra sabemos que él creía que el Estado tenía un derecho a regular la propiedad privada cuando entraba en juego el interés público.

Así, el consistorio de Ginebra tenía derecho a vigilar a los comerciantes en sus almacenes y a los artesanos en sus negocios. El Estado también podía regular la actividad económica, de forma que el monopolio y el acaparamiento del mercado en productos esenciales estaban considerados como una falta y podían ser prohibidos por la ley. En la idea de Calvino, en su legislación económica el Estado tiene que ser dirigido y controlado por la ley moral, siendo la medida y la fuente de toda la actividad y la justicia económica.

Para Calvino, perseguir ganancia económica y adquirir riqueza es siempre algo legítimo, pero el hombre rico es responsable de sus bienes ante Dios. En la concepción económica calvinista, todos los ricos, cuando tengan propiedades que puedan estar al servicio de lo demás, son solamente “mayordomos” u “oficiales” de Dios, para hacer lo que les parezca oportuno para ayudar a su prójimo. Aquellos a quienes Dios ha dado muchos bienes tienen que ofrecer parte de esos bienes a aquellos que tienen necesidad de los mismos, de forma que quienes tengan abundancia de posesiones tengan siempre sus manos abiertas para ayudar a los pobres. Calvino a lo que se oponía era a la instauración por parte del Estado de un sistema de redistribución coercitivo de la riqueza.

Se puede decir que Calvino enseño lo que podría denominarse “capitalismo bíblico”, muy distinto de la teoría del capitalismo normalmente asociada con Adam Smith y la filosofía del “laissez faire”.

Su norma fue la ley de la Biblia más bien que la ley de la Naturaleza y sus salvaguardas morales no fueron las provistas por la inherente bondad del hombre, ni pretendió, como Adam Smith expuso, que el hombre, al buscar su propia ganancia, trabaja, naturalmente, por el bien común.

La diferencia fundamental entre el capitalismo de Juan Calvino y el de Adam Smith no se encuentra en las instituciones y las prácticas que forman parte del capitalismo moderno, sino en los fundamentos teológicos y filosóficos desde los cuales partían uno y otro. Calvino miraba a la ley bíblica, mientras Adam Smith, probablemente alguien deista aunque hubiese tenido una educación calvinista, miraba a la ley natural junto con la filosofía del siglo XVIII y sus presunciones racionalistas respecto a la naturaleza del hombre y el pecado.

Calvino buscó un fundamento para una concepción bíblica del papel y significado de la libre empresa y su teoría económica es una buena explicación de algunas de las características del liberalismo clásico y capitalista desarrollado en las naciones protestantes a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX: como vemos, nada que ver con mensajes de lo que modernamente pasa por “liberalismo capitalista” (que, en realidad no es más que anarquía o libertarianismo filo-fascista ronpauliano) tales como que el Estado “no tiene ningún papel en la regulación del mercado”, “si es una empresa privada, puede hacer lo que quiera en su propiedad”, “el mercado se autorregula solo” u otras aberraciones de un calibre similar.


Responses

  1. Reblogueó esto en Ordino7edu’s Weblogy comentado:

  2. TESIS DEL LIBERALISMO ECONÓMICO: Su punto de partida es una concepción del mundo económico que niega toda relación entre la moral y la economía. Siendo sus principios : (a) Existe un orden económico como existe un orden natural.- El hombre no tiene que oponerse a este orden, sino, dejarle desarrollarse espontáneamente, pues, de eso dependerá la felicidad y la prosperidad material. (b) Este orden está regido por unas leyes rígidas e inflexibles las cuales no se pueden violentar.- Tales por ejemplo la ley de la oferta y la demanda que determina el precio. Estas leyes son conforme a la naturaleza del hombre. Surge así el ¨homo economicus¨, que busca su interés material. El motivo único de la acción económica es el provecho individual. (c) Libertad total en todos los planos del proceso económico.- libertad de producción, distribución y consumo.
    Estas tres libertades que serán los motores de la vida económica van unidas a la libertad de contratar el trabajo, de la vida empresarial y de los precios. (d) La libre concurrencia de las distintas industrias, de las distintas empresas, de los distintos individuos entre sí es el dogma básico de los liberales.- Con un optimismo ingenuo pensaban que la libre concurrencia era como un autoregulador o controlador automático de la vida económica que aseguraría el equilibrio y el progreso, eliminando ella misma los elementos perturbadores. A la ley de la libre competencia quedaba el determinar los precios del mercado y la remuneración que se debía al trabajador. y (e) Nadie debía inmiscuirse en la vida económica.- El Estado debía abstenerse de cualquier intervención en el campo laboral.
    El modelo económico peruano, la economía social de mercado, es una escuela del liberalismo, sin embargo, para esta la economía está subordinada a la moral.Empero, los gobiernos y la academia peruana se caracterizan por despotricar del modelo económico peruano y aún no se ha logrado academizarlo, aplicando la emboltura y no el contenido del milagro económco peruano.
    J.E.Ordinola-Sánchez, Adm.
    Analista de presupuesto y finanzas siderúrgico peruano(1972-1991)


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