Posteado por: Javier | agosto 3, 2014

Breves reflexiones teológico-domingueras

Hace mucho tiempo que no lo hago, así que tenía interés en aprovechar el domingo para dejaros algunas reflexiones teológicas breves (que creo que en muchas ocasiones son mucho más útiles que larguísimos mamotretos “escolásticos”).

En realidad, esta iba a ser la entrada del domingo, lo que ocurre es que, por falta de tiempo, no pude cuadrar las cosas para que la anterior fuese en sábado

Vamos a empezar a leer I Reyes 18:17-40:

17 Y cuando Acab vio a Elías, le dijo Acab: ¿Eres tú el que turbas a Israel? 18 Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos del SEÑOR, y siguiendo a los baales. 19 Envía pues ahora y júntame a todo Israel en el monte del Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de los bosques, que comen de la mesa de Jezabel.

20 Entonces Acab envió a todos los hijos de Israel, y juntó los profetas en el monte del Carmelo. 21 Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo cojearéis vosotros entre dos pensamientos? Si el SEÑOR es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. 22 Y Elías tornó a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta del SEÑOR; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta varones. 23 Dénsenos, pues, dos bueyes, y escójanse ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, mas no pongan fuego debajo; y yo aparejaré el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. 24 Invocad luego vosotros en el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré en el nombre del SEÑOR; y será que el Dios que respondiere por fuego, sea el Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.

25 Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y haced primero, pues que vosotros sois los más; e invocad en el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo. 26 Y ellos tomaron el buey que les fue dado, y lo aparejaron, e invocaron en el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Mas no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho. 27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, que dios es; por ventura está conversando, o tiene algún empeño, o va de camino; o duerme, y despertará. 28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta cubrirse de sangre. 29 Y cuando pasó el mediodía, y ellos aun profetizaron hasta el tiempo del ofrecimiento del sacrificio de la tarde , y no había voz, ni quien respondiese ni escuchase;

30 entonces Elías dijo a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se llegó a él; y él reparó el altar del SEÑOR que estaba arruinado. 31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra del SEÑOR, diciendo: Israel será tu nombre; 32 edificó con las piedras un altar en el nombre del SEÑOR; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de simiente. 33 Compuso luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña. 34 Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto, y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Y dijo: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez. 35 De tal manera que las aguas corrían alrededor del altar; y también había llenado de agua la zanja.

36 Y cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto de la tarde, se acercó el profeta Elías, y dijo: SEÑOR Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. 37 Respóndeme, SEÑOR, respóndeme; para que conozca este pueblo que tú, oh SEÑOR, eres el Dios, y que tú convertirás de nuevo el corazón de ellos a ti . 38 Entonces cayó fuego del SEÑOR, el cual consumió el holocausto, y la leña, y las piedras, y el polvo, y aun lamió las aguas que estaban en la zanja. 39 Y viéndolo, todo el pueblo, cayeron sobre sus rostros, y dijeron: ¡El SEÑOR es el Dios! ¡El SEÑOR es el Dios! 40 Y les dijo Elías: Prended a los profetas de Baal, que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los mató”.

Cuando el profeta Elías recibió respuesta a su oración y el fuego del cielo consumió el sacrificio en presencia de todo el pueblo, pidió a los israelitas reunidos que prendieran a los sacerdotes de Baal y clamó severamente: “Que no escape ninguno”. Elías los llevó al arroyo de Cisón y allí los degolló. Así debe acontecer con nuestros pecados: todos están sentenciados a muerte y no deben ser tolerados.

Nuestros pecados favoritos deben morir. No hay que perdonarlos por mucho que lo rueguen. Hay que herirlos aunque sean tan queridos como Isaac. Dios atacó al pecado cuando este fue puesto sobre Su propio Hijo. Con muy firme resolución hay que condenar a muerte al pecado que una vez fue el ídolo del corazón de cada uno. ¿Cómo hacer esto? Por nosotros mismos, imposible. Jesús es el poder para ello. Para derrotar al pecado contamos con la gracia que nos ha ha sido dada en el pacto de la gracia. Así disponemos de fuerza para ganar la victoria en la cruzada contra las lujurias secretas, pues Cristo Jesús prometió estar con nosotros hasta el fin. Si quieres triunfar de las tinieblas, ponte en presencia del Sol de Justicia.

No hay lugar más adaptado para descubrir el pecado y librarse de su poder y culpa que la inmediata presencia de Dios. Job nunca supo cómo librarse del pecado hasta que el ojo de su fe descansó en Dios, y entonces se aborreció a sí mismo y se arrepintió en el polvo y la ceniza. El oro fino del cristiano frecuentemente se opaca. Necesitamos el fuego sagrado para que consuma la escoria. Recurramos a Dios, Él es fuego consumidor. El no consumirá nuestro espíritu, sino nuestros pecados. Que la bondad de Dios nos lleve a un celo sagrado y a una venganza santa contra las iniquidades que son odiosas en su presencia. Sal con el poder de Dios a combatir a Amalec y destruye completamente a su maldita banda. Que ninguno escape.

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Vamos a pasar a Romanos 10:9:

que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”.

¿Romanos 10:9 enseña que la salvación depende de un acto de confesar? ¿Sostiene la doctrina del “decisionismo”?

La salvación no depende de confesar con nuestra boca, ese es uno de los textos que mas se ha malinterpretado y cuya aplicación ha sido pervertida por muchos predicadores. La salvación no depende de un acto de confesión, la confesión es el efecto y no la causa de la salvación. La persona que confiesa con su boca a Jesucristo, es porque previamente Dios por Su soberana voluntad ha efectuado algo en el corazón de esa persona. Esto esta claramente expuesto en las palabras del Señor Jesucristo en Juan 6:37 donde dice “Todo lo que el Padre me da vendrá a mi y al que a mi viene no le echo fuera”. Los mismos predicadores que pervierten el significado de Rom 10:9 son los que también mutilan la verdad enseñada por El Señor en Juan 6:37, porque ellos aquí también solo presentan una parte de esta verdad, es decir solo dicen “al que a mi viene no le echo fuera“ pero omiten la primera parte donde Jesús dice “todo lo que el Padre me da vendrá a mi”. La verdad completa presentada en ese versículo, es que si alguien viene a Cristo y le confiesa, es porque ha sido dado por El Padre al Hijo y eso se llama soberanía de Dios en la salvación.

Cabe preguntarse ¿Si el Señor Jesús presentó ambas verdades a una multitud quien es el hombre para mutilar esa verdad? Yo creo que la respuesta a esta pregunta es que quienes pervierten o mutilan las verdades que hemos mencionado, lo hacen porque su evangelio es un evangelio antropocéntrico y no Cristocéntrico, o en otras palabras un falso evangelio centrado en el hombre, que trata de cercenar todo aquello que le pudiera resultar ofensivo, porque precisamente presentar la soberanía de Dios en la salvación tal como lo hizo el Señor Jesucristo, humilla al hombre hasta el polvo.

¡Sólo a Dios sea la Gloria!

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Concluyo con una cita que me gusta mucho de CS Lewis:

CS LEWIS


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