Posteado por: Javier | agosto 3, 2014

Irak, la “Disneylandia” del terror

Con casi toda la atención internacional centrada en Gaza, apenas se ha prestado atención a un hecho que no puede ser más inquietante: las victorias y la conquista de grandes extensiones del territorio de Irak, al norte y al oeste (y parte de Siria) por el autodenominado como “Estado Islámico” (antes “Estado Islámico de Irak y el Levante”), el nuevo grupo terrorista surgido como una mutación de la rama de Al Qaeda en este país y que está llegando incluso a desafiar a la que fue su organización “madre” en la pugna por colocarse a la vanguardia de la Yihad global.

Estos tipos acaban de proclamar un califato en el territorio que han conquistado de Siria e Irak, bajo el liderazgo de un tal Ibrahim Abu Bakr al-Baghdadi, autocoronado “califa”.

Probablemente habréis visto algunos de los vídeos que ellos mismos están difundiendo por internet a modo viral, sobre todo el que se ha hecho famoso en el que enseñan a cientos de jóvenes miembros de las fuerzas seguridad iraquíes (a los que claramente se les escucha suplicar por sus vidas) capturados por ellos, transportados en camión por el desierto hasta el lugar elegido para ejecutarlos, donde terroristas embozados los van ajusticiando mediante tiros en la nuca, con una frialdad que hiela la sangre. En el vídeo también se ven las escaleras de un pequeño embarcadero junto a un río, donde han improvisado un matadero al que van llevando como si de animales se tratara a los jóvenes, y los van matando de un tiro en la cabeza antes de arrojarlos como fardos al agua. Si alguien tiene curiosidad o morbo por verlo, que lo busque, yo no lo pongo ni pongo enlace, puesto que yo NO hago publicidad gratuita a terroristas. El único vídeo que pondría de terroristas es en el que salieran delante de un pelotón de fusilamiento.

Y es que, justamente, las victorias de este grupo no vienen tanto de su potencial como de usar muy bien la propaganda, sobre todo vía internet. Sus técnicas de comunicación siguen los patrones de empresas e instituciones de EEUU o Europa, sus militantes dominan los lenguajes de las redes sociales y saben explotarlos de manera creativa y efectiva. De este modo, un grupo terrorista de poco más de 10.000 combatientes ha conseguido poner en jaque a un Ejército de más de 250.000, entrenado por EEUU y dotado de tecnología y armamento estadounidense.

La propaganda online del Estado Islámico tiene como objetivos principales infundir el miedo entre los soldados de los ejércitos de Irak y Siria, fomentar el apoyo a la organización y reclutar a nuevos militantes y forjar nuevas alianzas con otras organizaciones terroristas. Con sus truculentos vídeos, que no tienen nada que envidiar en cuanto a calidad de la factura técnica a los occidentales, consiguen aterrar a sus enemigos, cuando estos ven la ligereza con que organizan auténticas carnicerías. El hecho de que las tropas del Ejército iraquí puedan ver la brutalidad con la que el Estado Islámico trata a sus compañeros tiene un poderoso efecto disuasorio, y son muchos los que abandonan su puesto aterrados ante la posibilidad de ser capturados por los terroristas. El miedo, por tanto, está siendo el arma más poderosa del Estado Islámico en su ofensiva sobre Irak. El Ejército iraquí está formado por soldados tanto chiíes como suníes, y estos últimos no están dispuestos a poner su vida en peligro para proteger al gobierno chií de al-Maliki, algo que quedó de manifiesto en la caída de Mosul. Cuando unos escasos 800 militantes del Estado Islámico intentaron asaltar la ciudad, los 30.000 soldados encargados de defenderla abandonaron sus puestos, no por falta de capacidades (puesto que tenían una superioridad de casi 40 a 1 sobre los terroristas), sino por falta de convicción.

En las producciones “cinematográficas” del Estado Islámico lo que más espanta es el hecho de que el sufrimiento y la muerte de sus víctimas no sólo son banalizados, sino que se convierten en objeto de burla e incluso de alegría. Decapitaciones, desmembramientos, tiros en la nuca, bolsas llenas de extremidades, cabezas apiladas sobre la acera, fosas comunes llenas de cadáveres, crucifixiones… imágenes terribles que son vistas por miles de habitantes de las ciudades que pretenden tomar y que les fuerzan a huir hacia el sur de Irak. Es una táctica que ya usaron en tiempos bíblicos y en esa misma región de Mesopotamia los asirios, la de vencer a sus enemigos aterrorizándolos.

No solo han cosechado éxitos en el campo del terror. También han conseguido el control de pozos petrolíferos esenciales para autoabastecerse de energía y después del saqueo del banco de Mosul, donde se han hecho con 425 millones de dólares, son el grupo terrorista más rico del mundo. En partes de Siria e Irak prácticamente funcionan como un Estado dentro del Estado. Después de romper sus lazos con Al Qaeda, el Estado Islámico se disputa con su antigua matriz las alianzas con algunos de sus grupos afiliados, que ven como éstos logran nuevos éxitos día tras día mientras el líder de la organización que fundara el difunto Osama Bin Laden, Al-Zawahiri se esconde en las montañas de Pakistán. Así, nuevos movimientos yihadistas de Libia, Jordania, Gaza y Yemen, y otros ya firmemente consolidados, como Ansar al-Sharia en Túnez, han alabado la campaña del Estado Islámico, mientras critican la inactividad de Al-Qaeda. A través de las redes sociales, el Estado Islámico sigue estableciendo contacto con estos grupos y sentando las bases de sus futuras ramas en otros países.

En definitiva, son un grupo terrorista que ha aprendido de los errores de Al Qaeda y que ha comprendido que, si quiere tener posibilidades de conseguir su meta de instaurar un califato, primero debe aprender a manejar los mecanismos que caracterizan a lo que es un Estado. Lo cierto es que, en sólo un mes, casi han logrado uno de los objetivos que Al Qaeda no ha podido conseguir en más de un cuarto de siglo: la proclamación de un califato en un Estado propio. El mismo Al-Zawahiri, ahora desaparecido en combate, fue quien defendió que el primer paso debía ser la “liberación” de un territorio en Oriente Medio para posteriormente usarlo como base para la expansión global.

No obstante, algo que apuntar. De momento, todos sus éxitos se han producido ante enemigos que han salido corriendo despavoridos muertos de miedo, después de haber visto sus vídeos “gore” en internet, y sin ninguna gana de combatir. Eso y dar tiros en la nuca a gente indefensa, atada de pies y manos. No se les conoce ninguna “hazaña bélica” más que a lo que se han dedicado siempre vulgares terroristas.

Mientras EEUU estuvo en Irak, y pese a la extrema fragilidad que también tenía entonces el gobierno en Bagdad, los terroristas en ningún momento pudieron ni soñar con avances similares. En 2011, la situación en Irak había llegado a ser de una estabilidad inimaginable años antes, de forma que el presidente estadounidense Obama estaba tratando de ganar crédito afirmando, junto con el vicepresidente Joe Biden, que Irak “podría ser uno de los grandes logros de esta administración”.

Ahora, en 2014, como Irak se hunde en el caos, los demócratas están tratando de culpar al fiasco (adivínenlo)… a George W. Bush. “No creo que esto sea nuestra responsabilidad”, ha dicho recientemente Nancy Pelosi, la representante de los demócratas en la Cámara de Representantes, insistiendo en que el desastre que está teniendo lugar en Irak “representa las políticas fracasadas que nos han llevado por este camino desde hace 10 años”.

Pero lo cierto es que han sido las decisiones de Obama las que han llevado a este embrollo. Cuando Obama asumió el cargo heredó un Irak pacificado, donde los terroristas habían sido derrotados tanto militar como ideológicamente. Militarmente, gracias al aumento de tropas ordenado por Bush, Al Qaeda en Irak (lo que ahora es el Estado Islámico) fue expulsada de las fortalezas que había establecido en Anbar y otras provincias iraquíes. No controlaba ningún territorio mayor, y su máximo líder, Abu Musab al-Zarqawi, había sido eliminado por las fuerzas de Operaciones Especiales de EEUU. Ideológicamente, los terroristas habían sufrido el rechazo popular. Irak se suponía que iba a ser el lugar donde las masas suníes se iban a unir a Al Qaeda para expulsar del país a EEUU. Pero, en cambio, los sunitas se unieron a los estadounidenses para conducir a Al Qaeda a una derrota ideológica masiva.

Obama tomó esa herencia y la dilapidó, con dos errores catastróficos:

En primer lugar, retiró todas las tropas estadounidenses de Irak, lo que permitió a los terroristas derrotados reagruparse y reconstituyen. Encima, anunciando fecha de retirada les mandó el mensaje de cuándo iban a poder campar a sus anchas por el país.

En segundo lugar, no apoyó la oposición moderada y pro-occidental en la vecina Siria, con lo que se creó un espacio vacío que vino a llenar el entonces denominado Estado Islámico de Irak y el Levante. El Estado Islámico se hizo cargo de grandes franjas de territorio sirio, estableció un refugio seguro, lo utilizó para reclutar y capacitar a miles de yihadistas, y preparó su ofensiva actual en Irak.

El resultado: cuando Obama asumió el cargo de presidente, los terroristas habían sido expulsados de sus refugios y no tenían más remedio que esconderse como ratas. Ahora, en cambio, están amenazando con tomar el control de una nación y más crecidos que nunca en todos los aspectos: en moral, en armamento y en dinero. Irak está en la vanguardia de convertirse en lo que Afganistán fue en la década de 1990, o sea, un refugio desde el cual planear ataques contra EEUU y sus aliados, tales como el 11-S, el 11-M o los de 2005 en Londres.

En 2011, el comandante de EEUU en Irak, el general Lloyd J. Austin III, recomiendó el mantenimiento de entre 14.000 y 18.000 soldados en Irak. La Casa Blanca rechazó la recomendación de Austin, por lo que los comandantes americanos en Irak redujeron su petición a 10.000, “in extremis” un número de soldados con el que dijeron que podrían ser capaces de trabajar, pero la Casa Blanca rechazó esto también, insistiendo en que el número se redujera a entre 3.000 y 4.000 soldados. Un número insuficiente para proporcionar protección a las propias tropas y entrenar a los iraquíes, y mucho menos para contrarrestar a Irán. Los líderes iraquíes vieron que los EEUU salían en desbandada y que la pequeña fuerza que Obama estaba dispuesto a dejar atrás no valía la pena del costo político de dar a los soldados estadounidenses inmunidad procesal en el sistema judicial iraquí. Así que Irak rechazó la oferta de Obama, y los EEUU retiraron todas sus fuerzas. Y ahora, el Estado Islámico está tomando de nuevo las ciudades que fueron liberadas y limpiadas de terroristas con sangre americana. Han tomado el control de Mosul, Tikrit y Tal Afar y se acercan a las afueras de Bagdad.

Pero el Estado Islámico no es el único enemigo que se ha beneficiado de las decisiones de Obama y el vacío de poder que ha dejado en la región (ya dije en una entrada de noviembre que ahora estamos viendo lo que es Oriente Medio sin el poder estabilizador de los EEUU: un caos tribal de estados fallidos, facciones islámicas enfrentadas entre sí por convertirse en las hegemónicas en la región, y fronteras creadas articialmente a principios del siglo XX con escuadra y cartagón que en realidad no son tales, sino que pueden desmoronarse en cualquier momento). El otro es Irán. A mediados de mayo, los líderes iraquíes pidieron ayuda a EEUU para llevar a cabo ataques aéreos contra posiciones del Estado Islámico, pero esta solicitud fue rechazada por Obama. Así que los iraquíes se han vuelto a Irán en busca de ayuda. Hace un mes y medio, el comandante de la Fuerza Quds de Irán, el general Quasim Suleiman, voló a Bagdad para asesorar a los iraquíes en la defensa de Bagdad. Este personaje es el hombre que organizó y financió a las milicias chiítas en Irak, y los armó con EFP (penetradores formados por explosión), unas sofisticadas bombas perforantes que mataron a cientos de soldados estadounidenses en las carreteras de Irak. O sea, un terrorista como aliado contra terroristas.

Y, si ustedes piensan que esto no puede ir a peor, está la idea de Obama de iniciar acercamientos a Irán para contrarrestar al Estado Islámico. En otras palabras, las tropas americanas pronto podrían estar proporcionando cobertura aérea a los propios iraníes que hace años estaban ayudando a matarlas. Si Obama hubiera escuchado los consejos de sus comandantes en el terreno, el Estado Islámico probablemente no estaría amenazando Bagdad e Irán no estaría interviniendo para llenar el vacío dejado por la retirada de los EEUU. Gracias a Obama, EEUU pronto podría estar inmerso en la ridícula situación de estar ayudando a sus enemigos extremistas chiítas (Irán) a luchar contra sus enemigos extremistas sunitas (el Estado Islámico) por el control de Irak.


Responses

  1. Aun se tendrá que pactar con Assad para acabar con el ISIS. Sólo los kurdos parecen estar plantándoles cara y no creo que sean suficientes.


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