Posteado por: Javier | agosto 12, 2014

Margen Protector: Israel ha salido debilitado (…y Occidente)

En las últimas fechas me consta que ha habido lectores preocupados por una aparente parcialidad hacia Israel en este espacio cuando se trata el tema del conflicto de Oriente Medio y, más concretamente, la actual guerra en Gaza.

En todo caso, parcialidad a favor de la libertad y parcialidad absoluta en contra de elementos totalitarios y terroristas. Israel, aunque, pese a ser una democracia, interiormente no es un país particularmente liberal y sí en muchos aspectos más bien “socialista-intervencionista”, sin embargo, es un aliado y un amigo en la lucha contra muchos de esos elementos en esa región del mundo (también un país con sus intereses particulares cada vez que se mueve en la política internacional).

Pero, más allá de eso, ningún apego me mueve en particular hacia la mayoría de países del mundo. Pongo también el ejemplo de EEUU. Aunque esta web parezca más bien pro-yanki en muchas cosas, puedo asegurar que, en el momento en que EEUU dejara de ser un instrumento para la libertad en el mundo, EEUU dejaría de sernos útil. Así de claro. Si parece que trato muchísimo más la política norteamericana que la española es, sencillamente, porque me parece que es más interesante la de allí, porque allí se suscitan más debates de los que se pueden sacar más conclusiones necesarias para avanzar en el liberalismo político y, por qué no decirlo, con respecto a la española, uno ya se cansa a veces un poco de estar hablando siempre de golfos, de mangantes y de sinvergüenzas vendidos que han dejado a nuestro país como una alfombrilla pisoteada. El estomago de uno tiene unos límites de lo que puede soportar antes de que le entren nauseas.

Pero, aparte de que, como es evidente, aquí siempre voy a defender antes a la democracia israelí que a las dictaduras islámicas que la rodean y los grupos terroristas que la amenazan, en relación al actual conflicto en Gaza, hasta ahora me he limitado a mantener el derecho de Israel a defenderse de los continuos ataques con cohetes que sufre de parte de Hamás, así como la contención que normalmente han mostrado los israelíes a la hora de iniciar cualquier acción bélica frente a este problema. No he entrado en la cuestión de si táctica y estrategicamente ha sido inteligente por parte de Israel iniciar la guerra en Gaza.

Israel, por supuesto, no es ajeno ni está exento de crítica, como ningún país. Que Israel sea un Estado democrático no valida porque sí todas sus actuaciones, como las de EEUU, Canadá, Reino Unido, España, Australia… no están automáticamente validadas solo por el hecho de ser naciones democráticas. No es un buen criterio estar continuamente utilizando como termómetro para evaluar las actuaciones del Estado de Israel tanto a Hamás como a las dictaduras árabes, puesto que el hecho de que Israel no sea como ellos es algo que se presupone. Las actuaciones de Israel deben valorarse con los mismos parámetros críticos que las democracias de nuestro entorno, pues no es válido enfatizar constantemente que el Estado israelí es una democracia como otra cualquiera para luego emplear el argumento de que las dictaduras islámicas (o los grupos terroristas islamistas) que tiene como vecino no actúan igual, puesto que los de estos no son los parámetros por los que ha de juzgarse al Estado hebreo.

Hasta la fecha, y según reporta la página web de la cadena qatarí Al Jaazera en su versión en inglés, desde el inicio de las hostilidades oficialmente han muerto 1818 palestinos y 66 israelíes. La opinión pública normalmente, a la hora de valorar una guerra, suele moverse por criterios normalmente emotivos y, a la hora de juzgar si una respuesta a un ataque es proporcionada o no, suele tomar como base el contador de muertos sin considerar nada más.

Pero el hecho es que 1000 muertos puede haber sido algo trágico pero, a la vez, inevitable, mientras que, en otras circunstancias, la perdida de una sola vida es demasiado. En el segundo caso, la pérdida de esa única vida humana convierte la respuesta en “desproporcionada”.

Aunque es lamentable, si el único criterio fuera el número de víctimas catalogadas como “inocentes”, el mundo sería un lugar mucho más terrible de lo que ya es de por sí, puesto que todo tipo de dictadores y terroristas podrían campar líbremente a sus anchas, solo necesitando poner sobre la mesa una pila de muertos “inocentes” con los que conmover y revolver los estómagos de las opiniones públicas occidentales y frenar cualquier ofensiva contra ellos.

En si era inevitable esa pérdida de vidas palestinas e israelíes entraré enseguida, pero, no obstante, hay que dar algunos apuntes sobre las bajas que reporta Al Jaazera. Mucha gente en Occidente, y en muchos casos bienintencionada, piensa que Israel está asesinando civiles indiscriminadamente y, en muchos casos, a propósito. Pero eso no es lo que indican los datos. La gran mayoría de los muertos palestinos no son mujeres, ni son niños, sino que aproximadamente el 82% de los muertos son hombres, casi el 70% son hombres mayores de edad y en capacidad de combatir, es decir entre los 18 y 38 años. ¿Qué significan estos datos? ¿Por qué son importantes? En primer lugar, si Israel estuviera bombardeando Gaza de manera indiscriminada entonces la proporción de muertes sería similar a la proporción que daría el azar. Es decir, habría más o menos una proporción de 50%-50% entre hombres y mujeres. Y puesto que Gaza tiene una de las poblaciones más jóvenes del mundo, entonces la proporción de víctimas por edad sería proporcional a su población. Es decir, dado que una mayoría bastante significativa de las víctimas son hombres en edad de combatir la única posible causa es que Israel no esté bombardeando de manera indiscriminada. ¿Cómo determinas quién es un terrorista y quién es un civil? En un ejército formal es simple: los soldados llevan uniformes. Pero no hay un uniforme de terrorista palestino, precisamente porque la estrategia de los grupos terroristas como Hamás y la Yihad Islámica es camuflarse entre la población civil. De manera que los combatientes de Hamás y los civiles de Palestina no tienen ninguna señal que los diferencien. Para complicarlo todo más, los terroristas en Palestina no son 5 o 6 locos fanáticos. El pueblo de Palestina eligió democráticamente a Hamás como gobierno y son miles las personas que están involucradas en la actuación del terrorismo, desde gente que se encarga de ensamblar los misiles que lanzan, gente que se ocupa de guardar las armas y cuidarlas, los que entrenan a los terroristas, los terroristas en sí, es toda una industria de miles de personas. Así que cuando los medios reportan que han muerto X número de palestinos civiles, realmente no pueden saber si los que murieron son civiles o combatientes. Lo que sí podemos inferir de estos datos es que si el 70% de las víctimas palestinas son hombres en edad de combatir, es más que probable que sean justamente combatientes de Hamás que han muerto porque Israel ha atacado sus bases, sus depósitos de armas y sus plataformas de lanzamiento de cohetes.

Sentado esto, y sabiendo que no todos dentro de ese 70% de varones en edad de combatir deben ser terroristas ni colaboradores de Hamás, no obstante, nos sigue quedando un número nada pequeño de víctimas civiles. Esas víctimas era claro que se iban a producir por la estrategia de Hamás de camuflarse entre la población, además de una de las zonas urbanas más densamente pobladas del mundo, y de usar edificios civiles para sus depósitos de armemento y municiones y para apostar sus lanzaderas de cohetes. Era algo conocido. La cuestión para determinar si eran pérdidas inevitables es si con esta ofensiva israelí se ha conseguido algún avance significativo en la lucha contra el terrorismo islamista que amenaza tanto a Israel como a nosotros o, si, por el contrario, no ha sido más que una pérdida inútil de vidas.

Y lo cierto es que el balance, de momento, como mínimo se puede calificar de sombrío por la política tan errática del gobierno israelí, que en los últimos días de treguas ha estado debatiéndose entre intentar vender a su opinión pública que la guerra en Gaza había terminado con un gran deterioro de la capacidad ofensiva de Hamás, mientras debatían sobre un terrible escenario de ocupar de nuevo toda la Franja de Gaza hasta acabar completamente con la capacidad de Hamás, una operación que calculan llevaría unos cinco años para desarticular a los 20.000 miembros militantes que se sabe tiene esta organización y acabar con toda su infraestructura, lo que, nos podemos imaginar, costaría la vida de cientos de soldados israelíes y miles de palestinos. Realmente, este último escenario aterrador no era nada serio, sino una forma de intentar contentar sobre todo a los israelíes que viven más cerca de la Franja de Gaza, donde siguen cayendo cohetes, planteando como única posibilidad una operación casi imposible, cuando la realidad es que ni siquiera el propio gobierno israelí sabe qué haría con una hipotética Gaza post-Hamás que pudiera caer en manos de algún grupo islamista peor aún.

Las alternativas que manejó el gobierno israelí nunca incluyeron una plena ocupación de Gaza. La opción más seria que se planteó justo al empezar la ofensiva, aunque al final fuera descartada, fue que esta consistiera en un ataque relámpago por parte de tropas de tierra para destruir centros de mandos de Hamás e infligirles todos los daños posibles en cuanto a bajas de sus militantes y de su estructura militar y salir rápidamente de la Franja. Una operación de castigo de tipo “quirúrgico”, yendo directamente a buscar bases, militantes y miembros de Hamás, y asestándoles rápidos golpes, que, viendo las consecuencias que está teniendo para Israel esta operación de más de un mes, hubiera sido lo más sensato. Hamás, antes del ataque israelí, estaba en una posición política sumamente débil, con un descrédito cada vez mayor dentro de la propia población de Gaza por su incompetencia para la gestión doméstica, después de dilapidar casi todos los fondos de ayuda internacional en su sueño estúpido e irrealizable de que van a destruir Israel, y con muchas vías de financiación externa cortadas, prácticamente quedándole solo la de Qatar. Tanto es así que Hamás estaba perdiendo a pasos agigantados por su fracaso en el gobierno de la Franja y su fanatismo demencial, lo que lo llevó, ante su cada vez mayor debilidad, a unirse a Al Fatah, su enemigo mortal, aceptando no tener un solo representante en los Gobiernos de Palestina y de Gaza e incluso teniendo que tragar para admitir el principio del reconocimiento de Israel que le había exigido Mahmud Abbas, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina. Una operación de este tipo les hubiera demostrado la capacidad del Ejército israelí para infligirles daño en cualquier momento sin muchas pérdidas y hubiera ahorrado numerosas muertes de palestinos o la destrucción de sus propiedades tras diez días de ofensiva aérea inútil que no sirvió ni para destruir la red de túneles de Hamás ni una parte significativa de sus lanzaderas de cohetes, solo para provocar una sangría de vidas humanas.

El caso es que, en la práctica, el gobierno israelí se ha encontrado con que su táctica solo va a provocar que, vez de apartar definitivamente a la sociedad civil de Gaza de la organización terrorista, esta guerra va a devolver a un grupo que era un cadáver político el apoyo de los gazatíes.

Pero otra consecuencia es que Hamás está demostrando un potencial militar bastante superior a lo que el gabinete de Bibi Netanyahu se esperaba (sería, haciendo el símil, como la bacteria infecciosa que se acaba haciendo resistente a los antibióticos, los ataques israelíes han terminado “entrenando” a Hamás para combatir mejor). Junto con sus 20.000 hombres armados, Hamás ha construido un enjambre de túneles para infiltrarse detrás de filas enemigas, ha disparado ya miles de proyectiles contra Israel y tiene capacidad para alcanzar una distancia de más de 160 kilómetros, incluyendo zonas estratégicas, como el aeropuerto Ben Gurion (el misil que cayó en Yehud, cerca del aeropuerto, fue el que precipitó la suspensión de vuelos de compañías estadounidenses y europeas a Tel Aviv). Sesenta y seis soldados israelíes muertos representa un número muy superior a la suma de bajas de Israel en las incursiones de 2008 y 2012. Aunque muchos cohetes de Hamas son interceptados por el escudo israelí (“Cúpula de Hierro”), Hamás ha desarrollado una técnica para complicar la estrategia defensiva israelí, concentrando un número desproporcionado de proyectiles en un mismo punto, lo que al parecer puede desorientar los sistemas. Tras un mes de espectacular ofensiva, Hamás sigue en pie y con la mayor parte de su estructura militar indemne, que le proporciona lo que sería el núcleo de un ejército palestino regular, que los islamistas no tenían antes de la puesta en marcha de la Operación Margen Protector el 8 de julio. Este núcleo es ya una fuerza de combate activa, con buen entrenamiento para el combate y con popularidad nacional. No sólo en la Franja de Gaza, sino también en el dominio de Cisjordania de la Autoridad Palestina. Ocurrirá algo similar al caso de Hezbolá en Líbano, en el fiasco de 2006, para ellos, no ser destruidos por completo es una victoria y una forma de ganar prestigio entre sus seguidores como organización que ha triunfado sobre Israel tras una guerra asimétrica.

No olvidemos dos amenazas que tenemos sobre el cogote. Una es el Estado Islámico y el Frente Nusra en Siria. En este momento, el Estado islámico y el Frente Nusra en Siria están luchando para ampliar sus puntos de apoyo en Siria e Iraq para un empuje hacia el Líbano. Es posible que no se detengan allí. Y no es su intención detenerse allí, de hecho. La imagen ante ellos de las Fuerzas de Defensa de Israel como incapaces de vencer a Hamas, puede convertirse en una nueva amenaza extremadamente peligrosa. La otra es Irán. Ellos también habrán tomado nota del hecho de que, en cuestión de pocos años, Israel no ha conseguido doblegar a unas fuerzas militares que Teherán había fortificado, entrenado y financiado, primero Hezbolá en la guerra del Líbano de 2006, que terminó en un empate, y ahora el enfrentamiento con Hamás.

No sé qué pasará por la cabecita de Benjamin Netanyahu pues no tengo el don de la telepatía.

Si buscaba una mayor seguridad para Israel y combatir el yihadismo global, ha fracasado. Ha iniciado una operación militar que solo va a fortalecer a Hamás y elevar la moral de otros grupos terroristas de la región que andan cada vez más crecidos. La deslegitimación moral que Hamás empezaba a tener entre los propios palestinos ha desaparecido. Por contra, ante los ojos de muchos, inevitablemente, Israel va perdiendo la credencial que siempre tuvo de país heroico y democrático, que convirtió los desiertos en vergeles y fue capaz de asimilar en un sistema libre y multicultural a gentes venidas de todas las regiones, lenguas y costumbres, mientras se encarga de propagar él mismo la imagen que tan injustamente han difundido durante años sus enemigos totalitarios: la de un Estado dominador y prepotente, colonialista, confiado sólo en el apoyo automático de los EEUU (particularmente en el de los republicanos) y en su propia potencia militar. Con estos efectos secundarios, pese a que obtenga una pírrica victoria sobre Hamás en forma de dañar parte de su infraestructura terrorista, Israel va a ser un país más débil y el conflicto solo terminará en una pérdida estúpida y absurda de vidas de soldados israelíes y palestinos.

Ahora bien, si el objetivo de Netanhyahu era exclusiva y únicamente nacionalista israelí, en ese caso, lo siento mucho, pero en Occidente no estamos para ser defensores de los sueños nacionalistas de ningún país o, más bien, de la dirigencia de ese país (puesto que amigos de Israel somos todos los amigos de la libertad… que no amigos necesariamente de todo lo que haga el gobierno israelí).

Es decir, este sería el caso si, de acuerdo con las presiones a las que le someten los miembros más derechistas de su gabinete, lo que Netanyahu buscaba era apuntalar a Hamás, de forma que los extremistas vuelvan a sentirse fuertes y sin necesidad de tratar de abandonar sus metas idílicas para llegar a un entendimiento con Al Fatah. Puesto que, si Hamas pasa a ser parte de la representación “legítima” de los palestinos, reconoce el Estado de Israel y renuncia a la violencia de modo fehaciente, le será extraordinariamente costoso al gobierno de Netanyahu evitar negociaciones serias que llevaran al final de la ocupación de los territorios de la Cisjordania y a eliminar sus controles sobre la Franja de Gaza. Es decir, al comienzo del fin. Porque para el actual gobierno de Israel, integrado en coalición por algunos elementos de ultra-derecha nacionalista como Naftali Bennett o Avigdor Lieberman, tal y como interpretan las cosas, semejante escenario implica a la larga el fin del Estado hebreo tal y como fue concebido. Es estúpido, un empecinamiento absurdo, y, a la larga, contraproducente para el bienestar de los propios israelíes, pero es el esquema de pensamiento de parte de la derecha israelí. Su estrategia, por tanto, consistiría en ganar todo el tiempo posible (preferiblemente, hasta las elecciones de noviembre en EEUU para ver si los republicanos ganan el control del Senado, lo que entienden debilitaría a Obama y éste no les podría presionar tanto para llegar a un acuerdo de paz) mientras minan cualquier unidad que se pueda producir en el liderazgo palestino que le proporcione reconocimiento internacional y van consolidando la colonización de los territorios cisjordanos hasta hacer inviable toda forma de Estado palestino.

En cualquier caso, sea por un motivo u otro, una operación que no va a debilitar en nada el terrorismo yihadísta y que solo va a sembrar más caos, muerte y azuzar más las llamas de este conflicto.

Yo siempre apoyaré a Israel cuando haya que apoyarlo pues no hay derecho ni a que una banda terrorista le niegue el derecho a existir como país ni a que un ayatolá chulee al modo macarra amenazando con borrarlo del mapa de un bombazo nuclear, pero hay que decir las cosas tal y como son.

Si no te gustan, ya sabes: click en la X de la esquina superior derecha de la pantalla y no me lees más.


Responses

  1. Una entrada muy valiente, Javier. Le aplaudo. Usted ha puesto la razón, los hechos y el argumento liberal por encima de los intereses nacionales de Israel o lo que se perciba como “pro occidente”. Los seres humanos van primero.

    Cuando yo escribí la mía, pensé que igual iba a provocar una “división” entre nosotros, pero me agrada ver que ha sido lo contrario, un acercamiento en esta cuestión, que además es la misma postura que la “izquierda israelí”. Basta con leer el diario Haaretz para saber que no hemos dicho nada contrario a los intereses de Israel.

    Yo amo a Israel, les veo como hermanos míos – son mediterráneos, son un pueblo muy semejante al español y por eso tengo que condenar las cosas que veo mal, como hago si fuera España. Cuando España se pasa en sus actuaciones, como con sus policías antidisturbios, pongo el grito en el cielo. Usted es testigo de eso.

    Por lo demás, no tengo nada más que comentar porque suscribo absolutamente todo lo que comenta.

    Saludos

  2. Hola,

    Bueno, pienso que el mayor logro hasta el momento es haber ido conformando un grupo liberal en distintos blogs y foros con mucha capacidad analítica y de poder coger cada cosa y analizarla con lupa y en base a todos los datos y hechos, sin caer en dogmatismos o en el “esto es lo que siempre ha defendido la derecha” o “la mayoría de liberales dicen que”. Y en este caso, lo cierto es que se ha ido extendiendo la creencia entre la derecha, sobre todo la norteamericana pero también en buena parte de la europea, de que criticar alguna decisión de la política israelí es o “antisemitismo” o es “connivencia” con el islamismo. Lamentablemente, hay extremistas quienes cualquier cosa que haga Israel automáticamente la van a llamar “criminal” o que lo que hacen es propagar judeofobia, pero en todos los casos es como si criticar al gobierno español fuera “antiespañolismo”, o “antiamericanismo” si es el americano.

    Yo también defiendo siempre el derecho de Israel a existir y a defenderse (y me parece perfecto que tenga armas nucleares pues eso es una magnífica disuasión frente a regímenes como el de Irán o el de Assad), pero con esta intervención hay que analizar si se ha conseguido algo práctico de ella y ver el contexto de la política israelí y de la situación interna palestina. Hamás políticamente estaba en una situación muy mala hasta el punto que estaba ya por aceptar las condiciones de Al Fatah para integrarse en un gobierno unitario palestino, entre otras tener que reconocer al Estado de Israel. Para una organización como Hamás, que ha hecho de la destrucción de Israel su propia razón de ser, reconocer a este Estado es equivalente a una gran derrota. Tan mal andaban que hasta aceptaron no tener ni un solo miembro en un eventual gobierno palestino. De hecho, tanto EEUU como la UE estaban más o menos optimistas en que, si un grupo más moderado como Al Fatah pasaba a ser portavoz único de los palestinos, se podrían entablar negociaciones de paz con más seriedad.

    Lanzar una operación ofensiva a gran escala, desde el punto de vista de la lógica, si miramos los hechos, no tendría ningún sentido y sería totalmente extemporánea, ya que lo único que conseguiría sería volver a poner a los gazeños del lado de Hamás, favorecer la propaganda de este grupo terrorista y hacerle de nuevo ganar prestigio como fuerza que estaría resistiendo al “agresor israelí”. Sería ilógico pero no desde el punto de vista de los miembros más escorados a la derecha extrema del actual gobierno israelí y de los que Netanyahu depende para sostener su gobierno. Ojo: véase que no hablo de todo Israel, sino de miembros del gobierno israelí. Para los más extremistas dentro de la derecha israelí, el objetivo no es intentar resolver el conflicto árabe-israelí, sino evitar que tener que sentarse a negociar sobre la Cisjordania con unos portavoces palestinos más moderados, mantener la imagen de un conflicto que siempre termina estallando y que hace imposible sentarse a negociar y de esa forma que pase el tiempo e ir consolidando los asentamientos y anexionar “de facto” Cisjordania. Es indudable que la intransigencia de los líderes palestinos a lo largo de mucho tiempo, rechazando ofertas muy generosas de Israel, con elementos tan nocivos como Yasser Arafat, ha sido también un factor fundamental para entender porqué fracasan todas las negociaciones de paz, pero, desde hace aproximadamente unos 15 años el que hayan comenzado a tener más peso en la política israelí algunos nacionalistas cuyo objetivo es el “Gran Israel” ha complicado todavía más las cosas.

    Y lo siento, pero los liberales no estamos para defender las ideas nacionalistas de unos pocos políticos sea en Israel, sea en el Congo o sea en la China. Y esto no es ni ser pro-musulmán, ni llevar la pañoleta palestina (que la lleve quien quiera hacer el tonto, tiene tanto derecho a llevarla como yo a llamarle tonto), sino analizar la lógica que hay detrás de los hechos.

  3. Sí, exáctamente Javier. Hay que enterrar la idea de que criticar a Israel es “antisemitismo”. ¡¡NO NO NO!! A veces se critica algo porque le queremos demasiado. Me pasa lo mismo con España. ODIO ODIO el comportamiento de los españoles, pero precisamente porque me interesa mucho mi país y quiero que esté bien, que tenga bienestar y mejores leyes, más libertades, más democracia.

    Israel: Sí, por supuesto. Yo doy por sentado que debe existir permanentemente en la región, si bien en origen fue un error.

    A los israelíes, también les diré, si son del Likud, o de otras formaciones de extrema derecha, que no, NO SOY VUESTRO AMIGO si sois de extrema derecha, como tampoco, por cierto, lo fue Thatcher. Me opongo a la constante expansión en la franja y en la Ribera Occidental. Esto siempre bloqueará cualquier entendimiento entre los palestinos y los judíos.

    Los intereses occidentales en esa zona no pueden estar, además, sometidos exclusivamente a los deseos de Israel, por mucha tentación que podamos sentir al respecto.

    En todo caso, en lo que a mí me afecta, ningún hijo de puta radical podrá acusarme de “antisemitismo” porque digo, por activa y por pasiva, que SOY AMIGO DE LOS JUDÍOS. Pero soy crítico cuando la Justicia me lo exige. Siempre he sido amigo de Israel y de los israelíes. Tengo decenas de amigos israelíes en Nueva York y ellos saben que pueden contar conmigo para apoyo politico y moral CUANDO ES CORRECTO darlo. Siento una gran admiración hacia los valores judaicos y defiendo las libertades occidentales.

    Mi corazón está con Israel, no con los terroristas musulmanes, pero mi cerebro me exige ser crítico cuando sea necesario.

    ¡VIVA ISRAEL! ¡VIVA LA DEMOCRACIA! ¡MUERTE AL ISLAMISMO! Pero, MUERTE AL SIONISMO RADICAL TAMBIÉN. El sionismo es como el franquismo español y al franquismo también le deseo MUERTE, MUERTE, MUERTE.

    Saludos a usted y a sus lectores


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