Posteado por: Javier | agosto 16, 2014

La Dama de Hierro e Israel

Ya por ir cerrando un poco este tema del liberalismo y el Estado de Israel no podía resistirme a publicar una entrada con las notas sobre las declaraciones de Margaret Thatcher (la “madre política” para muchos de nosotros) acerca del tema y que pienso que son la postura liberal más impecable.

Sabía, por supuesto, que Thatcher defendía a Israel pero eso no le impedía ser muy crítica con la política israelí de asentamientos en Cisjordania, aunque, no obstante, como me gusta mucho profundizar en las cosas, he estado buscando más declaraciones e información sobre las relaciones de Thatcher con Israel durante el tiempo que duró su cargo como Primera Ministra.

Tras la muerte de Thatcher el año pasado, el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu dijo: “Ella fue una gran líder, una firme amiga de Israel y del pueblo judío”. Esto es cierto en los dos casos. Thatcher era conocida por la cercanía a los judíos británicos de su distrito parlamentario del norte de Londres y su respaldo a los judíos soviéticos. Incluso tuvo miembros judíos en su gabinete. Ella, en realidad, se puede decir que era una “firme amiga de Israel”, después de haber criticado en su día la renuencia del Reino Unido a enviar armas a Israel para la Guerra de Yom Kippur, en 1973.

La política de Thatcher llevó a normalizar plenamente las relaciones del Reino Unido con Israel, muy deterioradas tras la guerra de independencia israelí de 1947.

Esta portada es del año 1986, sobre la primera visita oficial como Primera Ministra al Estado de Israel:

Thatcher en Israel

Según escribe el más destacado biógrafo de la Dama de Hierro, John Campbell:

“Ella consideraba a Israel -como Sudáfrica- una parte esencial de Occidente: la única democracia verdadera en la región, con una economía emprendedora y próspera, rodeada por vecinos hostiles y amenazada por el terrorismo palestino. Su instinto era clasificar a la OLP como el IRA o el CNA como organizaciones terroristas que deberían ser tratadas como parias internacionales hasta que abjuraran del resorte a la violencia”.

Pero, remarcando la amistad de Thatcher hacia los aspectos más destacados del Estado judío, lo que se ha convertido en un debate absurdo es qué significa ser un amigo de Israel. Al contrario de lo que afirman los partidarios de Israel en la derecha sobre todo norteamericana y, por contagio, en la anglosajona y otras europeas, ser amigo de Israel no significa no criticar a Israel nunca, ni desistir de tratar de llevar a Israel a cambios de política que se piense pueden ser beneficiosos para la región, el mundo, e incluso el propio Estado judío; ni tampoco significa subvertir los propios intereses del Estado a los de Israel. Tampoco quiere decir que seas un “antisemita” si criticas algo relacionado con Israel.

Thatcher no era de las que endulzaban sus objeciones cuando algo le parecía mal (vamos, que no gastaba para nada diplomacia a la europea afrancesada, decía siempre muy crudamente lo que pensaba), e, igual que atacaba duramente y sin complejos al comunismo soviético, no tenía problemas en criticar con dureza las acciones de Israel que percibiera como poco útiles. Si ella fuera la Primera Ministra actual del Reino Unido (por desgracia no lo es), ahora mismo podría tener la misma hostilidad hacia Netanyahu que la que tuvo hacia su antecesor del Likud, Menachem Begin.

Documentos publicados por los archivos británicos revelan a Thatcher como un oponente inflexible del proyecto de asentamientos de Israel en Cisjordania. Apenas unas semanas después de tomar posesión del cargo como Primera Ministra, en mayo de 1979, recibió en el número 10 de Downing Street a Begin, el líder israelí que había formado el primer gobierno de derecha en es país en 1977 (hasta entonces, en Israel siempre había gobernado la izquierda). La reunión fue tensa, puesto que Thatcher fue muy crítica con los asentamientos. Según las notas oficiales de la reunión, “Thatcher comentó, después de la llamada del Sr. Begin, que estaba claro de la discusión que no tenía ninguna comprensión sobre los aspectos más amplios de la seguridad y que no habría ninguna base sobre la cual podría ser persuadido a cambiar su estrecho concepto de la misma. Ella temía que la actitud del señor Begin podría matar todo el proceso de búsqueda de una solución global en el Medio Oriente”.

La opinión de Thatcher sobre Begin se hizo más clara en una reunión con el Primer Ministro francés Giscard d´Estaing poco despues. Según documentos de esta reunión, Thatcher dijo que veía a Begin con un “enfoque fanático y poco realista”. A esto añadió que “nunca había tenido a un hombre más difícil de tratar. Y, lo que es más, ella fue explícita con Giscard en que veía las políticas de Begin en Cisjordania con desdén, poco realistas y consideraba todos los esfuerzos para convencer a Begin de que su política de Cisjordania era absurda, y que no debía haber asentamientos israelíes allí, no habían podido convencerlo. Según recalcó, “Begin respondió que Judea y Samaria -el nombre que los colonos y la derecha israelí dan a Cisjordania- habían sido judías en los tiempos bíblicos y que, por tanto, debían serlo en la actualidad”.

En 1981, justo después de que Israel se apoderase de una gran franja de tierra cerca de la ciudad cisjordana de Nablus, Thatcher respondió a una pregunta parlamentaria que el incidente ilustraba la necesidad de tratar de alcanzar un acuerdo sobre ese problema desde hacía mucho tiempo.

Cuando hay un problema, parece ser que los israelíes se anexionan lo que quieren”, le llegó a decir a Caspar Weinberger, Secretario de Defensa de EE UU, en 1984.

Pero, ¿se quedó Thatcher solo en discrepancias sobre los asentamientos judíos en Cisjordania? No, no, en absoluto.

También presionó, en contra de la voluntad de Israel, para aumentar el reconocimiento de la Organización de Liberación de Palestina (OLP) como un interlocutor en las negociaciones para resolver la cuestión palestina, al igual que hoy en día se intenta que Hamas dé pequeños pasos en el terreno diplomático, no para un reconocimiento pleno inmediato como interlocutores, pero sí para que entren en el camino de una mayor moderación (y hay que tener en cuenta que en aquellos tiempos tanto Yasser Arafat como la OLP eran considerados tan terroristas como lo son hoy Hamás). Thatcher apoyó la malograda declaración de Venecia de 1980 para reconocer políticamente a la OLP y en 1988 presionó a Ronald Reagan y al presidente entrante, George H.W. Bush, para que sacaran a la OLP del ostracismo político. Ella consideraba que el reconocimiento por la OLP de un marco de dos Estados (un reconocimiento implícito de Israel, por tanto) era un modesto paso adelante y algo sobre lo que se podría construir.

Ronald Reagan cedió ante Thatcher en muchos asuntos, pero no en el de Israel. Según escribe el biógrafo Campbell:

A pesar de su admiración instintiva por Israel y la dependencia sustancial del voto judío en [su distrito electoral de] Finchley, se dio cuenta de que no habría una fuerte presión sobre Israel para negociar, siempre que las sucesivas administraciones estadounidenses estuvieran aterrorizadas ante la posibilidad de ofender al poderoso grupo de presión judío estadounidense. Así se lo dijo a los estadounidenses, con su franqueza habitual, pero esta era un área en la que no la escucharon”.

Thatcher estaba de acuerdo con Reagan en que la OLP no había ido lo suficientemente lejos en el reconocimiento de Israel, sin embargo, ella pensaba que por lo menos eran un comienzo y una oportunidad.

Sobre el ataque aéreo israelí al reactor nuclear Osirak en Irak, Thatcher llamó al mismo un “ataque no provocado” y que “un ataque en tales circunstancias no puede justificarse. Representa una grave violación del derecho internacional”. Ella continuó criticando implícitamente a Israel, entonces, como ahora, única potencia nuclear no declarada en el mundo, por no unirse al Tratado de No Proliferación Nuclear.

Tal vez, la mayor decepción para Thatcher fue el no reconocimiento explícito por parte de Israel de un derecho de autodeterminación para los palestinos. En una entrevista en el Times en 1988, dijo que esperaba que Israel “pueda, por fin, vivir en paz dentro de fronteras seguras, dando al pueblo palestino sus legítimas aspiraciones, porque no se puede exigir para uno mismo lo que niegas a otras personas […] Creo que estamos empezando a darnos cuenta cada vez más que la verdadera seguridad radica en los acuerdos de paz adecuadas, respetando cada uno de los derechos de la otra, respaldado por una defensa adecuada siempre “.

Años después de dejar el Gobierno, en su autobiografía “Los años de Downing Street”, Thatcher escribió cuál consideraba que era el problema, en la parte israelí, para lograr un compromiso con la paz:

Sólo anhelaba que el énfasis de los israelíes en el tema de los derechos humanos [se refería a los judíos rusos a los que no se les permitía emigrar a Israel por las autoridades soviéticas] se viera igualado por una adecuada apreciación por el sufrimiento de unos palestinos sin tierra y sin Estado”.

Ese tipo de declaraciones públicas, junto con su rotunda oposición a la expansión de asentamientos judíos en Cisjordania, no impidió que Thatcher fuera considerada en su época como firme amiga de Israel.

Hoy día, tanto para la derecha extremista y religiosa israelí, como para la derecha paleta de nuestros países, sería suficiente para ser considerada, igual que Obama, “el presidente más anti-Israel de la historia”.

Pero ser amigo de Israel no implica que a un amigo se le diga siempre que todo esté bien, aunque percibas que las cosas van mal. Precisamente, a un amigo las cosas se le dicen con franqueza y claramente como son.

Ciertamente, la derecha española (y los liberales) debería intentar dejar de ser nada más que una burda copia de la norteamericana, tirar a la basura panfletos como Libertad Digital, Intereconomía y demás bazofia, y APRENDER DE LA DAMA.

Un gran saludo a todos y que tengáis un buen día de verano.


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