Posteado por: Javier | agosto 30, 2014

“Las horcas llegarán… para nosotros los plutócratas”, demoledor artículo de Nick Hanauer

Este es el título de un perturbador y muy revelador artículo publicado por este multimillonario norteamericano de origen alemán en la revista POLITICO Magazine con el que he tenido la oportunidad de desayunarme esta misma mañana (aunque se publicó en el mes de junio). Pese a que se publicó hace más de dos meses, sigue estando de plena actualidad, por ello quisiera comentar algunas cosas.

Mucha atención a las cosas que dice. Nick Hanauer no es, ni mucho menos, ni un bolchevique, ni un castrista ni un “rojo”, pero sus palabras reflejan el sentir de más de un miembro de ese 1% de la población que acumula la mayor parte de la riqueza que se crea en la economía mundial, tanto en su país, EEUU, como en otras partes de nuestro planeta (España incluida).

Hanauer nació en Nueva York en 1959 y actualmente reside en Seattle. Después de obtener su título de filosofía de la Universidad de Washington, fundó la Pacific Coast Feather Company, donde continúa siendo co-presidente y director general. En 1980 cofundó la Museum Quality Framing Company, una gran franquicia de la Costa Oeste de EEUU. En la década de 1990, Hanauer fue uno de los primeros inversores en Amazon.com (donde fue asesor de la junta directiva hasta el año 2000). Fundó gear.com (que finalmente se fusionó con Overstock.com) y Avenue A Media (que en 2007, bajo el nuevo nombre de aQuantive, fue adquirida por Microsoft por 6.400 millones de dólares). En 2000, Hanauer cofundó la empresa de capital riesgo, con sede en Seattle, Second Avenue Partners. La empresa asesora y financia empresas en fase inicial como HouseValues, Qliance, y Newsvine.

Aunque el artículo está en inglés, reproduzco aquí sus partes más relevantes.

Hanauer reconoce que su inmensa fortuna se creó gracias a un entorno fiscal y político que, según él, premia al multimillonario, castiga al excluido y asfixia a la clase media, junto con una buena combinación de “arrojo, buenos contactos y suerte”. De hecho, afirma en el artículo que:

Así que olvídate de la retórica acerca de que EEUU es grande gracias a gente como tú, como yo o como Steve Jobs. Tú sabes la verdad, incluso si no quieres admitirlo: Si cualquiera de nosotros hubiera nacido en Somalia o en el Congo, no seríamos más que unos pobres hombres descalzos vendiendo fruta en el arcén de una carretera polvorienta. Eso no significa que Somalia o el Congo no tenga buenos emprendedores. Es solo que los mejores están vendiendo sus baratijas en los arcenes porque es lo único que sus clientes se pueden permitir”.

Continúa apuntando que si las diferencias sociales en nuestros países siguen aumentando al ritmo actual, la “clase media desaparecerá”, las empresas no tendrán clientes a los que vender, el desempleo aumentará hasta niveles brutales y los depauperados ciudadanos sacarán sus horcas, afilarán sus cuchillos y “vendrán a por nosotros”.

No es que la desigualdad sea algo evitable, de forma que ni siquiera exista, pues siempre se va a dar, el problema concreto es el aumento tan espectacular de la misma que se está produciendo en los últimos años:

Al mismo tiempo que la gente como tú y yo estamos prosperando más allá de los sueños de cualquier plutócrata de la historia, el resto del país-el 99,99 por ciento-se está quedando muy atrás. La brecha entre los ricos y los pobres está empeorando muy, muy rápido. En 1980, el 1 por ciento de la población controlaba aproximadamente el 8 por ciento de la renta nacional de Estados Unidos. El 50 por ciento de la población compartía alrededor del 18 por ciento. Hoy el 1 por ciento controla alrededor del 20 por ciento de la renta; mientras que el 50 por ciento, sólo un 12 por ciento de la renta.

Pero el problema no es que tengamos desigualdad. Algo de desigualdad es inherente a cualquier economía capitalista de alto funcionamiento. El problema es que la desigualdad está en niveles históricamente altos y empeora cada día. Nuestro país se está convirtiendo rápidamente en una sociedad cada vez menos capitalista y más en una sociedad feudal. A menos que nuestras políticas cambien drásticamente, la clase media va a desaparecer, y vamos a estar de vuelta a finales del siglo XVIII en Francia. Antes de la revolución”.

Pero Hanauer sigue dando más en la frente, esta para aquellos que sostienen que los multimillonarios son quienes sostienen la creación de riqueza y que, por ello, deben ser proporcionalmente quienes paguen menos impuestos pues, en caso contrario, “es que si no, no invertirían”. Hanauer desmiente que los billonarios como él usen el dinero que ganan en “invertir” (un bofetón a los ignorantes que dicen que hay que recortarles al máximo los impuestos “para que inviertan”… pues esto lo desmiente justamente un billonario):

Los más pudientes hemos sido falsamente persuadidos durante nuestra educación y por la reafirmación de la sociedad de que somos los principales creadores de empleo. Esto simplemente no es verdad. Nunca habrá suficientes superricos en EEUU para impulsar una gran economía. Yo gano mil veces más que el americano medio al año, pero no compro mil veces más cosas. Mi familia compró tres coches durante los últimos años, no 3.000. Compro unos cuantos pantalones y camisas cada año, como la mayoría de los hombres. Compré los dos pares de pantalones de lana de lujo que llevo mientras escribo, lo que mi compañero Mike llama mis “pantalones de manager”. Podría comprar mil, ¿pero por qué iba a hacerlo? En cambio, ahorro el dinero extra, lo que no hace demasiado bien al país”.

De hecho, Hanauer sostiene que quienes mantienen este crecimiento económico son los consumidores no tan pudientes:

El modelo para nosotros los chicos ricos de aquí debe ser Henry Ford, quien se dio cuenta de que todos sus trabajadores del automóvil en Michigan no eran sólo mano de obra barata para ser explotada; ellos eran consumidores también. Ford pensó que si él aumentaba sus salarios, a unos por aquel entonces exorbitantes $ 5 por día, serían capaces de pagar su modelo Ts.

[…]

Es por eso que la ley fundamental del capitalismo debe ser: Si los trabajadores tienen más dinero, las empresas tienen más clientes. Lo que hace que los consumidores de clase media, no los empresarios ricos como nosotros, sean los verdaderos creadores de empleo. Lo que significa que una clase media próspera es la fuente de la prosperidad estadounidense, no una consecuencia de ella. La clase media crea la gente rica, no al revés”.

Continúa haciendo reflexiones interesantes sobre cómo, precisamente, defender unas condiciones laborales y salarios dignos para los trabajadores es defender el capitalismo:

Llevamos 75 años de quejas desde que fue instituido el salario mínimo, desde que a las mujeres se tenían que pagar cantidades equitativas, desde que se crearon leyes de trabajo infantil. En cada época, los capitalistas decían exactamente lo mismo de la misma manera: Todos vamos a ir a la quiebra. Voy a tener que cerrar. Voy a tener que despedir a todos. Pero, de hecho, los datos muestran que cuando los trabajadores son mejor tratados, los negocios prosperan más. Los pesimistas están equivocados.

[…]

En Seattle, nuestro salario mínimo actual de $ 9,32 ya es casi un 30 por ciento más alto que el salario mínimo federal. Y ¿ha arruinado nuestra economía? Bueno, tranquilidad, miren los datos aquí: Las dos ciudades de la nación con la mayor tasa de crecimiento del empleo en las pequeñas empresas son San Francisco y Seattle. Adivina qué ciudades tienen el salario mínimo más alto? San Francisco y Seattle. La gran ciudad de más rápido crecimiento en Estados Unidos? Seattle. Un salario mínimo de quince dólares no es una política arriesgada para nosotros”.

Hanauer cita ejemplos de grandes empresas como Costco o Gap, las cuales pagan salarios muy cercanos al mínimo, señalando que, seguramente, pagarían aún menos si esto no fuera ilegal. También habla de Wal-Mart, cuyos empleados en muchos casos tienen que recurrir a Medicaid, puesto que sus sueldos son tan bajos que no les permiten costearse un seguro médico (como bien indica, estos infrasueldos que paga esta empresa con ganancias multimillonarias anuales cargan con más gastos a la administración pública sanitaria, y, por ende, al contribuyente):

Wal-Mart es nuestro mayor empleador, con alrededor de 1,4 millones de empleados en EEUU y más de 25.000 millones de dólares en beneficios antes de impuestos. Entonces, ¿por qué sus empleados requieren de la ayuda médica del gobierno en muchos estados? Wal-Mart podría pagar al millón de sus trabajadores peor pagados 10.000 dólares más al año para sacarles de la pobreza y, además, permitirles comprar en Wal-Mart. Nosotros ahorraríamos en beneficios sociales y aun así Wal-Mart seguiría ganando 15.000 millones de dólares. Wal-Mart no pagará voluntariamente a sus trabajadores más que sus competidores, así que si queremos una economía que trabaje para todos deberíamos obligarles a pagar un salario digno, no pedírselo educadamente”.

En el artículo, Hanauer dice que, si de verdad se quiere reducir el tamaño del gobierno (tanto que se habla de “estado elefante” o “hipertrofiado”), la mejor forma es reducir la necesidad de la gente de que actúe ese gobierno para cubrir las carencias producidas por no tener suficientes ingresos:

La única manera de reducir de verdad el tamaño del gobierno es volver a los principios básicos de la economía: hay que reducir la demanda de gobierno. Si la gente está recibiendo $ 15 por hora o más, no necesitarán cupones de alimentos. No necesitarán la ayuda para el alquiler. No lo necesitarán para pagar su atención médica.

[…]

Muchos de nuestros conciudadanos están empezando a creer que el capitalismo en sí es el problema. No estoy de acuerdo, y estoy seguro de que tú también. El capitalismo, cuando está bien gestionado, es la mayor tecnología social que nunca se ha inventado para crear prosperidad en las sociedades humanas. Pero el capitalismo que no se controla tiende hacia la concentración y el colapso. Puede ser manejado ya sea en beneficio de unos pocos en el corto plazo o de los muchos en el largo plazo. El trabajo de las democracias es ir a la segunda opción. Es por ello que son necsarias las inversiones en el trabajo de la clase media. Y los recortes de impuestos a los ricos como nosotros no lo hacen. Equilibrar el poder de los trabajadores y los multimillonarios mediante el aumento del salario mínimo no es malo para el capitalismo. Es una herramienta indispensable que los capitalistas inteligentes utilizan para hacer el capitalismo estable y sostenible. Y nadie tiene una mayor participación en eso que multimillonarios como nosotros”.

El caso es que estas son palabras de un multimillonario que no solo se queda en esta retórica sino que también es desde hace años un activista, entre otras cosas, del fomento de una educación pública de calidad y al alcance de todos en su ciudad, Seattle. No es el único superrico, eso sí, en lanzar la voz de alarma sobre la creciente desigualdad social que viene produciéndose desde los últimos años. En los últimos años, muchos millonarios en EEUU han solicitado al gobierno de su país que les suban los impuestos, en un intento de mitigar esta situación de extrema desigualdad. Ante el inmovilismo del gobierno, deseoso de defender a los supuestos “creadores de riqueza”, multimillonarios como Bill Gates o Warren Buffett dedican inmensas fortunas a la filantropía, supliendo al Estado donde no actúa.

Algunas observaciones de Hanauer pueden ser algo exageradas, como que en EEUU puede ocurrir algo como la “Primavera Árabe”, y en todo el artículo dice cosas de cajón, pero el caso es que de ellas se dan cuenta algunos multimillonarios y, en cambio, son incapaces de verlas los acólitos de lo que actualmente pasa por liberalismo (me niego a llamarlo “liberalismo”, mejor “lo que actualmente pasa por liberalismo”), unos tipos que van de defensores del liberalismo, que muy probablemente ni en sueños llegarán a ganar lo que cada año gana este señor y que, sin embargo, nos tachan de “progres” o “sociatas” a quienes tenemos la misma visión que él: lo que buscamos es un capitalismo sostenible y salvar la democracia liberal, que, por lo menos en Europa, puede correr muchos riesgos ante la demagogia de extremistas de izquierda o derecha que consigan agitar a las masas desesperadas por no tener ninguna perspectiva de futuro (como ya está ocurriendo con los jóvenes de nuestros países), movimientos que ya empiezan a tener éxito sobre todo en los países del sur, más Francia.

Hanauer mismo, el multimillonario fundador de Amazon, se encarga de refutar a los tontos “liberaloides” de pacotilla que dicen: “Joé, tioooo, si les subes los impuestos a los ricos, van a dejar de invertir”. ¿Y cuándo han dejado de invertir si ven que el ambiente es propicio y que pueden conseguir beneficios?

Como dice el ex-alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg: “¿Alguien piensa seriamente que los billonarios que vienen a mis fiestas van a dejar de invertir en Nueva York porque tengamos unos impuestos altísimos?”.

Igual que tampoco han invertido nunca si no lo han visto claro, por mucho que les bajen los impuestos. Y no consumen más necesariamente. Este mismo señor compra solo dos pantalones buenos al año. Toma, pues, más o menos, igual que yo. Posiblemente, también cada año comprará igual otras cosas: una chaqueta y un par de corbatas bonitas. Efectivamente, los ricos no se compran al año miles de bienes de consumo más que otros personas, solo porque supuestamente se hayan ahorrado mucho dinero en impuestos.

Posiblemente, este señor tiene motivos tanto altruistas, el que un país decente no puede permitir que sus trabajadores ganen sueldos de miseria que no les permitan llevar una vida digna, como pragmáticos, el evitar estallidos sociales que puedan llevar a que rueden cabezas y la sangre riegue las calles. Los dos son válidos y no se pueden perder de vista.

Un país que permite que, al menos, un 20% de sus ciudadanos estén en situación de poder pasar hambre o de tener una nutrición deficiente no es un país digno, por más que a algunos “liberaloides” se la traiga sin cuidado. Y, por otro lado, hay que evitar el estallido del sistema democrático liberal y capitalista, pero adaptándolo a las nuevas realidades de forma que todos se beneficien del mismo.

Los beneficios de la libertad económica no pueden ser patrimonio de unos pocos. El capitalismo puede generar muchísima riqueza (y creo que es el mejor sistema para ello, no perfecto, pero sí el mejor), pero sus beneficios deben estar al alcance de todos, no solo de un 1% de la población.


Responses

  1. Hace unos meses vi un video en YouTube adonde el Gran Wyoming entrevistado por Gabilondo,venia a decir lo mismo, que el apoyaba a la Izquierda porque como millonario para poder disfrutar tranquilamente de su fortuna le interesaba que la gente viviese bien y no hubieran conflictos sociales.Contaba la anécdota de que un grupo de amigos suyos Sudamericanos estando sentados en una terraza de la Gran Via, comentaban que en sus países no podrían estar haciendo esto porque los ametrallarían desde un coche,sin contar la seguridad de sus familiares.
    De hecho con las personas Sudamericanas que he hablado compañeros de trabajo etc… lo que mas les gusta de España, es el poder pasear tranquilamente por el centro de la ciudad debido al bajo indice de delincuencia que tenemos.
    Desde que empezó la crisis el escuchar lo de bajar sueldos quitar el salario minimo etc por parte de los Anarcocapitalistas del Instituto Juan de Mariana en Esradio,me tiene asombrado por su indigencia intelectual,ademas estas personas trabajan por un sueldo de miseria véase lo de Intereconomía o la propia LD.

  2. Enrique:

    Pues no conocía eso de Wyoming, es decir, el motivo por el cual apoya a la izquierda. Aunque no es un personaje que me llene mucho, al final resulta que tiene ciertas motivaciones en la vida que no son muy distintas a las que pueda tener un capitalista de la derecha liberal, lo que demuestra también la tontería de que alguien por narices tenga que tener la ideología X o Y dependiendo de su raza, su religión, su condición social, etc.

    En España, de momento y aunque tambaleándose, la cosa se mantiene más o menos en pie, pero es indudable que al país lo están sudamericanizando poco a poco. Son tan ineptos que no se dan cuenta de que, con ese modelo tercermundista de precarizar cada vez más a los trabajadores y que sean los únicos que tengan que apretarse el cinturón, el destino final es la bolivarianización y el populismo, pero no, evidentemente, porque sueldos más altos, salario mínimo o servicios públicos de calidad sean “socialismo” como ellos dicen. Precisamente es todo lo contrario… es permitir la permanencia del modelo capitalista.

    Cierto lo de la gente que cobra una miseria por trabajar en esos medios (si es que cobran) y luego defienden ideas que para ellos son como hacerse el harakiri (todo por ir de “rebeldes”, de “chupi-guays” o por llamar la atención de la peña), aunque hay que puntualizar que, entre lo que se hace pasar por “liberalismo” en España, diríamos que hay dos grupos: los listillos y los pringaos.

    Los listillos se dedican a teorizar pedantemente, y con mucha petulancia, sobre un Estado mínimo o directamente inexistente… mientras utilizan altavoces pagados con dinero público para propagar esas ideas. A la vez que, para ellos, “liberalismo” es sinónimo de organizar cenas caras en sitios de lujo como el Casino de Madrid, donde se premian unos a otros, trajes caros, corbatas caras, relojes caros, etc… es decir, nunca se les verá defendiendo la libertad, ni a los jóvenes, ni el empleo, ni la seguridad y la lucha contra el terrorismo. Luego, en efecto, están los pringaos que son los mamporreros que hacen el trabajo sucio de propaganda en los blogs y las redes sociales, son los que, a la mínima que les lleves la contraria, empiezan con “¡socialista, socialista!”.

    Saludos.


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