Posteado por: Javier | septiembre 20, 2014

La Capital del Liberalismo Español (II): el camino hasta la Constitución

¿Cuál fue el proceso y la sucesión de hechos hasta llegar a la promulgación el 19 de marzo de 1812 de la Constitución más avanzada en Europa hasta la época y un referente de progreso en aquellos tiempos junto con la Constitución americana?

Porque no hay que olvidar que este gran documento LIBERAL ESPAÑOL, redactado por un grupo de héroes atrincherados al final de un istmo y sitiados por las tropas napoleónicas, no tenía parangón hasta la fecha en suelo europeo. Un documento no solo español, sino, además, aprobado en Andalucía (a ver si empezamos a tener un poco de amor propio por las cosas buenas que han salido de aquí).

Para ello tenemos que situarnos en el contexto histórico.

El nacimiento y desarrollo del constitucionalismo en España se produjo al mismo tiempo, y se puede decir que fue consecuencia, de uno de los períodos más agitados de la historia española, como fue el paso del siglo XVIII al XIX. En los primeros años de este siglo, España sufrió una serie de epidemias (de fiebre amarilla, tifus, viruela y cólera), hambrunas y malas cosechas que influyeron negativamente en el desarrollo demográfico de un país poco habitado, con una esperanza de vida en torno a los treinta años, con casi un 90% de analfabetos, predominio de población rural, viviendo a un nivel de subsistencia, y con una población activa en la que un 70% se ocupaba en el sector agrario. La población culpaba de esta situación a lo que llamaban “el mal gobierno”, que también tenía como uno de sus síntomas la dependencia de la política exterior española de una serie de alianzas que, de cuando en cuando, conducían al país a guerras como la de Convención, entre 1793 y 1795, contra los franceses, que endeudó enormemente a la Corona, a la vez que mostraba la debilidad de los ejércitos españoles.

Manuel Godoy, el primer ministro de Carlos IV, intentó conseguir apoyo internacional para la Corona española, lo que hizo que el país fuera cayendo cada vez más bajo la influencia de Francia e incluso a embarcarse en una guerra contra Inglaterra que culminó en 1805 con la desastrosa derrota en la batalla de Trafalgar. Para agravar las cosas, la guerra contra Inglaterra no solo hizo empeorar la situación económica, sino que provocó que el comercio con América se interrumpiese.

Pero este desastre no acabó con el seguidismo hacia Francia, de tal forma que Godoy volvió a verse obligado a dar su apoyo a Napoleón Bonaparte en su intento de invadir Portugal. Esto fue la gota que colmó la paciencia dentro de los círculos de la nobleza y el clero, quienes montaron una campaña de descrédito contra Godoy muy bien organizada, y que terminó debilitando también la posición de Carlos IV. Esta idea de descrédito se extendió también al resto de la población y dio lugar al motín de Aranjuez, un auténtico golpe de estado, disfrazado de insurrección popular dirigida, que logra una temporal renuncia al trono de Carlos IV el 19 de marzo de 1808, y que, tras denunciar la abdicación forzada, provoca la crisis dinástica con el enfrentamiento de Carlos IV y Fernando VII por la corona, mientras Joaquín Murat, lugarteniente de Napoleón, entraba en Madrid. Los acontecimientos se precipitaron con los viajes de Carlos y Fernando a Bayona, y las renuncias que propiciaron el nombramiento de José Bonaparte como Rey de España, mientras que en Madrid se producía la revuelta del 2 de Mayo.

Mientras 65.000 soldados franceses ocupaban varias ciudades españolas, y a fin de legitimar el cambio de dinastía en el trono de España, Napoleón reunió una asamblea en Bayona a la que entregó el borrador de un documento constituyente, llamado “Estatuto de Bayona”, aprobado y promulgado el 8 de julio de 1808.

Al mismo tiempo, la insurrección contra las tropas napoleónicas se extendía por toda España. Ante la ausencia del Rey y de otras instituciones, se formaron juntas locales y provinciales con la misión de mantener el orden público y declarar la guerra a los franceses. A partir del 25 de septiembre de 1808, las juntas, que funcionaban de manera autónoma, confluyeron en la formación de una unidad de dirección de la guerra y la política nacional independiente, con la formación de la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino, que estuvo presidida por el conde de Floridablanca y que tuvo 85 miembros. Se constituyó después de que el Consejo de Castilla declarase nulas las abdicaciones de Bayona.

En 1809 se planteó la posibilidad de convocar Cortes constituyentes, propuesta que fue bien acogida, convirtiéndose en un Real Decreto de fecha 22 de mayo, que establecía una Comisión de Cortes, presidida por Jovellanos, que adoptó el principio de la representación proporcional a razón de un diputado por cada cincuenta mil habitantes, además de la celebración de la asamblea constituyente en 1810. El avance francés obligó a la Junta Central a abandonar Sevilla y retirarse a la Isa de León, renunciando al poder en favor de un Consejo de Regencia después de haber convocado las Cortes Generales.

Las Cortes se reunieron por primera vez el 24 de septiembre de 1810 en la Real Isla de León, y, a partir de febrero de 1811, en Cádiz. Las Cortes de Cádiz proclamaron que la soberanía nacional residía esencialmente en la nación, cuya representación política eran las propias Cortes, establecieron la división de poderes, la libertad de imprenta, la abolición de la inquisición, la reestructuración administrativa del reino de España, la división en provincias y su sistema local de gobierno, regularon derechos civiles, anularon los privilegios señoriales, decretaron la supresión de señoríos, gremios y mayorazgos, y plantearon un proceso desamortizador. Toda una revolución para un país que hasta entonces había vivido sumido en el Antiguo Régimen.

La Constitución que se proclamaría el 19 de marzo de 1812 recogería todos estos principios y fue emanación de la soberanía nacional, expresada por los diputados de las Cortes de Cádiz, que habían sido elegidos mediante sufragio, es decir, por los representantes legítimos de la nación. La idea bajo la cual nació la Constitución de 1812 fue la de ser la norma suprema nacida de la soberanía popular, norma encargada de organizar la estructura del estado, limitar el poder y declarar los derechos y libertades de los ciudadanos.

Y ese fue el ejemplo que Cádiz, el lugar donde se promulgó la primera Constitución liberal en Europa, dio al resto del mundo.

En la próxima entrega continuaremos analizando la Constitución de 1812.

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