Posteado por: Javier | septiembre 27, 2014

¿La libertad? No, el negociazo de los Koch

Una de las cosas que caracterizan a quienes actualmente pasan por “liberales” (o “libegales”) es que la mayoría parece vivir aún en la edad del pavo. Es decir, cuando me refiero a la edad del pavo, es que muchos aún no han madurado y viven aún en el idealismo y en el misticismo. Este idalismo iría más o menos por la línea de pensar que el mundo es una lucha entre el “malvado Estado” omnipresente y todopoderoso que quiere implantarnos a todos un “socialismo tóxico” y un puñado de idealistas, que se han dado cuenta de esto y no como el resto que vive en la inopia, y que se oponen valerosamente a este “totalitarismo”.

Este “idealismo”, como otras señas de identidad del “libegalismo”, procede de los EEUU y en España, a pesar de que fuimos la cuna del verdadero liberalismo, sin embargo, esto parece que mola más. Se ve como más guay, más cool y más rebelde. En parte, hay que decirlo, debido a la tradición anarquista que también existe en España (aparte de mucho desconocimiento del propio pasado), esto es uno de los elementos que ha determinado que el “liberalismo” en nuestro país sea profundamente anárquico. Todo “libegal” que se precie debe creer que estamos esclavizados por el socialismo tan asfixiante con el que nos atenazan desde el Estado, debe creer que Obama es el presidente más totalitario que ha tenido EEUU y una amenaza para la Constitución useña, debe creer que el calentamiento global es un fraude impuesto por gente que nos quiere encasquetar un sistema comunista, debe creer que todos aquellos que reciben algún tipo de ayuda pública son parásitos que no quieren trabajar, debe creer en la pseudociencia económica “austriaca”, debe creer que existe una especie de contubernio secreto o “mano negra” formada por políticos progres y sindicatos, debe creer que las empresas están ahogadas y acribilladas a impuestos y regulaciones, debe creer que la legislación laboral que protege a los trabajadores en realidad lo que hace es generar más paro, debe creer que la Seguridad Social es una estafa piramidal, debe creer que la sanidad pública es socialismo, debe creer que la educación pública destruye el derecho de los padres a educar a sus hijos, etc.

Todo esto nos suena mucho y parecería que es repetido por gente sencilla y del común de lo que se ve por la calle que solo quiere “menor intromisión” del gobierno en sus vidas que, con el fin de que su voz sea escuchada, se integra en “movimientos cívicos”, surgidos “espontáneamente”, del estilo del Tea Party y demás (más o menos lo que tenemos en España, con un surtido de “movimientos cívicos” de derecha conservadora, muy gritones y formados por “gente sencilla y del común de la calle”). Esto daría una imagen de mayor calidez y cercanía. Contra los impuestos y regulaciones industriales y financieras ya no se opondrían solo los propietarios y gerentes de las grandes empresas que operan en estos sectores, sino ahora también gente campechana, más rústica y sanota, del sur y el medio oeste de EEUU, de clase media y trabajadora, muchos de ellos obreros y granjeros blancos, pero que se habrían “dado cuenta” de lo perjudicial que también es para ellos este “socialismo”, como llaman a cualquier intervención del gobierno. Aquí en España hemos tenido algo parecido con el populismo losantianista, un populismo que ha generado un “liberalismo” barato, barriobajero, chillón, infantil y de pésima calidad, en el que la Constitución de Cádiz o los Edmund Burke, Adam Smith, Leo Strauss, William Buckley o Margaret Thatcher, entre otros, quedan en manos de bufones como Jiménez Losantos, pero que, sin embargo, ha sido altamente rentable para sus promotores.

¿Sabe esta gente, tan sencillota ella, qué intereses concretos son los que están defendiendo, no los que ellos creen defender y los que se esconden detrás de toda la maraña de lobies y think tanks que promocionan esas ideas tan radicales?

Una de las fuentes de las que mana el dinero que mantiene los “think tanks” a través de los que fluye toda esta ideología son las corporaciones de los hermanos Charles y David Koch. Ambos son virtualmente dueños de Koch Industries, un conglomerado con centro en Wichita (Kansas), cuyos ingresos anuales están estimados en 100.000 millones de dólares. La compañía ha crecido espectacularmente desde que su padre, Fred, murió en 1967 y los hermanos se hicieron cargo. Los Koch operan refinerías de petróleo en Alaska, Texas y Minnesota, y controlan unas 4.000 millas de tuberías. Koch Industries posee las toallas de papel Brawny, las copas Dixie, la madera Georgia-Pacific, o las alfombras Stainmaster, y Lycra, entre otros productos. Forbes los ubica como la segunda compañía privada más grande del país, después de Cargill, y su rentabilidad ha convertido a David y Charles Koch (quien, años atrás, compró la participación de sus otros dos hermanos) en dos de los hombres más ricos de EEUU. Su fortuna conjunta está estimada en 35.000 millones de dólares y es superada sólo por las de Bill Gates y Warren Buffett. Y, superpuesto a esto, los Koch son libertarios que defienden una reducción drástica de los impuestos personales y corporativos, en servicios sociales mínimos para los necesitados, y en muchísima menos regulación de la industria, especialmente regulación ambiental. Por ejemplo, Koch Industries se encuentra ubicada entre los diez mayores contaminadores del aire de EEUU. Un informe de Greenpeace la identificaba como la “reina del negacionismo climático”. Los Koch, de hecho, han superado por lejos a Exxon Mobil en entregar dinero a organizaciones que luchan contra la legislación referida al cambio climático, financiando una vasta red de fundaciones, “laboratorios de ideas” y grupos políticos que tratan de desacreditar a todos aquellos que adviertan del problema del calentamiento global, tachándolos de “calentólogos” y de querer implantar un sistema muy cercano al socialismo enmascarado detrás de la excusa de regular contra los problemas medioambientales.

Realmente, los Koch han financiado tantas campañas contra todas y cada una de las políticas de la administración Obama que a la red ideológica que han formado se la conoce como “Kochtopus”. En las galas filantrópicas que algunas de las organizaciones promovidas por los Koch, como la Americans for Prosperity Foundation, celebran, es habitual que los oradores se refieran a Obama como alguien que tiene “una visión socialista de este país”. Estas galas suelen servir como entrenamientos para los activistas del Tea Party, y es que, de hecho, se venden como reuniones de ciudadanos de clase media que se han alzado contra el poder asfixiante del gobierno federal, sin mencionarse nunca a los multimillonarios patrocinadores que están detrás. David Axelrod, el principal asesor de Obama, dijo en una ocasión: “Lo que ellos no dicen es que, en parte, este es un movimiento de ciudadanos de base traído a ustedes por un montón de multimillonarios del petróleo”.

Aunque los Koch siempre han negado vinculación alguna entre ellos o sus asociaciones con el Tea Party, sin embargo, en alguna de sus reuniones en Austin (Texas), a varios miembros de Americans for Prosperity, seguramente por la emoción del momento, la boca se les ha calentado en exceso, como a Peggy Venable (una de las operadoras políticas de esta organización y que ha trabajado para grupos políticos financiados por los Koch desde 1994), quien más de una vez ha proclamado su amor por el Tea Party, considerado por ella como la salvación de América. Para Venable, Americans for Prosperity debe encargarse de educar a los activistas del Tea Party en asuntos políticos. Ni que decir tiene que ni los Koch ni otras megacorporaciones multimillonarias nunca son nombrados, eso siempre son “reuniones de americanos de clase media”, aderezadas en ocasiones con algún político afín que se encarga de animar la función. Alguien habitual ha sido Ted Cruz, un ex-fiscal de la Corte Suprema de Texas y uno de los republicanos partidarios del Tea Party más extremistas, un individuo que dice que Obama es el Presidente más radical que ocupó jamás la Oficina Oval y que tiene un “programa secreto” para tomar la economía estadounidense y controlar las vidas de los americanos. Seguimos viendo lo extremadamente maniática y conspiranoica que es esta gente, quienes hacen vivir a sus seguidores en un estado de angustia permanente: siempre hablan de planes secretos, contubernios ocultos y tramas en la sombra, que, cuando no son urdidas por “malditos neocons”, lo son por “comunistas encubiertos” como Obama.

Americans for Prosperity ha trabajado de cerca con el Tea Party desde los inicios del movimiento. En las semanas anteriores a las primeras protestas del Tax Day, en abril de 2009, la organización se movilizó inmediatamente para dar todo su apoyo logístico a todas las iniciativas teapartistas que se estaban preparando. El éxito de numerosos candidatos republicanos apoyados por el Tea Party en las elecciones legislativas de noviembre de 2010 fueron una victoria política para los Koch, después de “educar”, financiar y organizar a sus manifestantes. Este éxito político ha ayudado a transformar el programa privado de su conglomerado empresarial e industrial en un movimiento de masas. La jugada ha sido verdaderamente redonda, puesto que las ideas “libertarian” que tanto les beneficiaban pasaron, de ser patrimonio exclusivo de un puñado de magnates, a convertirse en ideas populistas. Los Koch trataron de dar forma, controlar y canalizar este levantamiento populista en apoyo de sus propias políticas.

Lo paradójico es que parte de la fortuna familiar de los Koch procede de negocios petrolíferos del padre de ambos hermanos, Fred Koch, con el régimen soviético de Stalin, al que ayudó a montar quince modernas refinerías. Sin embargo, la purga de algunos de sus colaboradores soviéticos parece que creó en Koch padre un arrepentimiento por haber hecho negocios con Stalin y una fuerte paranoia anticomunista, convirtiéndose en alguien que veía comunistas infiltrados por todas partes y que creía que los principales departamentos del gobierno, incluso la Casa Blanca, estaban copados por comunistas encubiertos. Esta fijación de Koch padre con el comunismo, sus hijos la transmutaron a una desconfianza hacia el gobierno norteamericano y mirando su expansión, que comenzó con el New Deal, como una amenaza tiránica a la libertad. Para ellos, “socialismo” era cualquier tipo de intervención gubernamental. Los hermanos Koch fueron influenciados especialmente por el trabajo de Friedrich Hayek, el economista de la “Escuela Austriaca”, autor del libro “Camino de servidumbre” (1944), en el que argumenta que el planeamiento centralizado del gobierno lleva, inexorablemente, al totalitarismo. La creencia de Hayek en un capitalismo sin restricciones resultó una inspiración para muchos conservadores y disidentes antisoviéticos y, más tarde, los simpatizantes del Tea Party han reivindicado su obra. Los hermanos Charles y David también fueron devotos del anarquista Robert LeFevre.

Mientras crecía su conglomerado empresarial y sus fortunas, a lo largo de los años 70, 80 y 90, Charles y David Koch se convirtieron en los principales padrinos y sostenes financieros de la ultra-derecha libertaria más dura. La primera experiencia política de los hermanos fue en 1979, cuando Charles convenció a David de competir por un cargo público. Eran simpatizantes del Partido Libertario (Libertarian Party) y respaldaban a su candidato presidencial, Ed Clark, que competía contra Ronald Reagan desde la derecha. Como en aquella época aún había limitaciones legales a las donaciones de campaña, intentaron colocar a David como candidato vicepresidencial, de forma que pudiese utilizar toda su fortuna personal en la campaña. Las ideas de los Koch en el Partido Libertario consistían en reducir al mínimo los impuestos, abolir el FBI y la CIA, así como acabar con agencias regulatorias federales como la Securities and Exchange Commission (SEC) y el Departamento de Energía, la Seguridad Social o las leyes de salario mínimo, poner fin al control sobre las armas, la legalización de la prostitución, las drogas y el suicidio.

El conservador reaganista William F. Buckley, Jr. dijo que estas ideas libertarias radicales eran “anarco-totalitarismo”. Como, por aquellos tiempos, la derecha norteamericana era todavía lo bastante seria como para tomarse esto a broma, la campaña de Ronald Reagan aglutinó casi todo el voto conservador y venció arrolladoramente en las elecciones de 1980, llevándose los libertarios tan solo el 1% de los votos. Fue cuando los Koch se dieron cuenta de que, para ganar influencia, debían convertir a los políticos en meros “ejecutores de un guión” y que tenían que influir en las áreas desde las cuales las políticas se filtran: la academia y los think tanks. Dejaron de intervenir directamente en la política activa y pasaron a financiar con decenas de millones de dólares a una galaxia de organizaciones políticas aparentemente independientes, grupos de activistas y lobbies a través de las cuales intentaban que sus ideas empezasen a calar profundamente entre la derecha estadounidense, donaciones multimillonarias muchas de ellas poco transparentes.

No es que los demócratas no hayan recibido también donaciones de lobbies, por ejemplo, de parte de George Soros y su fundación, la Open Society Institute, pero la cuestión es que las donaciones de los Koch han sido al servicio de sus propios intereses económicos y a organizaciones teóricamente sin ánimo de lucro, que legalmente solo pueden realizar actividades no partidistas que redunden en el bien público. Los Koch han dado millones de dólares a grupos sin fines de lucro que critican la regulación ambiental y apoyan la reducción de impuestos a la industria, es decir investigación y activismo en asuntos que donde tienen impacto es en el margen de ganancia de Koch Industries, que promueven que EEUU tome un rumbo político “libertarian”, que plantean demandas para oponerse a las regulaciones estatales o federales (como el Institute for Justice) o que financian a académicos libertarios (como el Institute for Humane Studies), todo ello bajo el estricto control ideológico de los hermanos. En 1977 aportaron fondos para la fundación del primer think tank libertario, el famoso Cato Institute. El Cato se ha distinguido por defender profundos recortes de impuestos, reducciones en los servicios sociales, así como laissez-faire en política ambiental, publicitando estudios en los que se critica implacablemente las legislaciones dirigidas a implantar medidas para intentar detener el calentamiento global, argumentando que dan al gobierno más control de la economía. De hecho, los intentos del Cato por promover el escándalo “Climategate” fueron particularmente intensos. Este asunto consistió en una serie de e-mails privados de científicos del clima de la University of East Anglia británica, que en 2009 se filtraron misteriosamente. Sus intercambios parecían sugerir la voluntad de falsificar datos para alimentar la idea de que el calentamiento global es real. Dos semanas después de que los e-mails se hicieran públicos, un experto de Cato dio más de veinte entrevistas para difundir el supuesto escándalo. Muchos lo recordaran porque medios y webs que en España suelen actuar de voceros de estos temas, como Libertad Digital, dieron mucho bombo al asunto y dijeron que había quedado “destapado el fraude climático”. Aunque cinco investigaciones independientes exculpaban a los científicos, y nada en sus e-mails o sus datos desacreditaron el consenso científico que existe sobre el calentamiento global, sin embargo, esto benefició a los difusores de la pseudo-ciencia del negacionismo climático financiada por los Koch, creando cierto escepticismo. Hasta el punto de que actualmente hay más norteamericanos que nunca que creen que el problema medioambiental del cambio climático ha sido exagerado por “políticos socialistas” que pretenden tener más control sobre sus vidas y “robarles” más dinero en impuestos. Los Koch publicitan esta estadística en el website de su compañía, pero no mencionan el papel que su financiación a fuentes de escepticismo ambiental ha jugado en provocar tales dudas y en cuestionar la ciencia. Es evidente que defenderan con uñas y dientes su negocio de los combustibles fósiles ante cualquier intento de que se generalicen otras fuentes de energía alternativas.

Otro de los think tanks más influyentes fundados gracias al dinero de los Koch ha sido el Mercatus Center, creado a mediados de los años 80, después de que los hermanos proveyesen con varios millones de dólares a la George Mason University de Arlington (Virginia). Una universidad pública pero que, sin embargo, ha promovido la creación de un lobby privado con el dinero de los Koch que se ha convertido en el mayor vocero en Washington de las políticas libertarias de desregulación financiera e industrial. El fundador de Mercatus Center es Richard Fink, un ex-economista. Fink dirige la operación de lobby de Koch Industries en Washington. Además, es presidente de la Charles G. Koch Charitable Foundation, presidente de la Claude R. Lambe Charitable Foundation, director de laFred C. and Mary R. Koch Foundation, y director y cofundador, con David Koch, de Americans for Prosperity Foundation, siendo el “lugarteniente” de los hermanos. Fink opina que los think tanks y laboratorios de ideas políticas deben transformar a los materiales intelectuales en bruto en “productos” para cambiar leyes y establecer políticas. La influencia del Mercatus Center ha llegado a tal punto que 14 de las 23 regulaciones que el presidente George W. Bush señaló como “derogables” habían sido sugeridas primero por los expertos de Mercatus. Aunque Mercatus niegue defender directamente los intereses de los Koch, sin embargo, este think tank se ha dedicado a intentar desacreditar a todas aquellas agencias de protección ambiental con las que los Koch hayan tenido problemas.

Pero los Koch se dieron cuenta de que no bastaba con los think tanks para que sus ideas radicales libertarias calasen en la opinión pública y produjesen cambios. Y estaban en lo cierto: miren en España, con todos los medios y organizaciones que tienen ¿cuántos libertarios, minarquistas o anarquistas de libre mercados serían capaces de encontrarse por la calle? Se podrían contar con los dedos de la mano. La única representación política que tienen, el Partido de la Libertad Individual, obtiene unos resultados electorales ridículos, no hay más que irse a los de las últimas Europeas. Pues los Koch concluyeron que no bastaba con activistas políticos en Washington y petulantes intelectualoides integrados en el “Instituto tal” o el “Instituto cual” y dedicándose todo el día a filosofar con las bondades de la abolición del Estado, era necesario dar una pátina populista a esas ideas, llevarlas a la calle y atraer el apoyo público. Hay que convertir los tochos pseudo-filosóficos y pedantes de sus “académicos”, en un producto más simplón, más cañero, más “hardcore”, más fácilmente digestible por masas destinadas a favorecer con sus votos los intereses empresariales de los Koch.

Para ello crearon el Center for Public Integrity, al que sostuvieron con casi ocho millones de dólares entre 1986 y 1993, y que reunió a decenas de activistas para movilizar a votantes que, sin saberlo, apoyasen la agenda de los Koch. Otro de los grupos apadrinado por los Koch fue el Citizens for a Sound Economy, que consiguió hacer una fortísima presión a partir de 1993 para evitar que Bill Clinton lograra sacar adelante una propuesta de impuestos sobre la energía, mediante movilizaciones fuera del Capitolio, avisos, eventos mediáticos y señalando a los congresistas que apoyasen la ley; unos métodos muy similares a los del Tea Party años después, de hecho, el Citizens for Sound Economy podría considerarse el “embrión” de las teteras. En 1990, Citizens for a Sound Economy creó un grupo derivado, llamado Citizens for the Environment, que llamaba “mitos” a la lluvia ácida y otros problemas ambientales. Durante la campaña electoral de 2000, Koch Industries gastó unos 900.000 dólares para apoyar las candidaturas de George W. Bush y otros republicanos. Durante los años de Bush, Koch Industries y otras compañías de combustible fosil gozaron de una enorme prosperidad. El proyecto de energía de 2005, que Hillary Clinton bautizó el “Proyecto de Energía del lobbista Dick Cheney”, ofreció enormes subsidios y recortes de impuestos a las compañías de energía. Hay que reseñar que, al igual que otros libertarios, los Koch se presentan como “halcones” del déficit presupuestario, pero, de acuerdo con un estudio de Media Matters, sus compañías se han beneficiado con casi cien millones de dólares en contratos gubernamentales desde 2000. Ya se sabe, libertario suele ser sinónimo de “lo privado para ti, lo público para mí”.

En 2004, después de que Citizens for a Sound Economy intentase influir ilegalmente (al ser una teórica “institución sin ánimo de lucro”) en la reelección de Bush, se produjo una división interna en la misma que llevó a que David Koch y Richard Fink fundasen el antes mencionado Americans for Prosperity, que iba a estar teóricamente dirigida por el activista Tim Philips, pero, como siempre, controlada hasta el último detalle por los Koch. Americans for Prosperity comenzaría a ganar relevancia a partir de 2009, convirtiéndose en el azote de la administracion Obama. Según los Koch, los EEUU se encaminaban con Obama a la mayor pérdida de libertad y prosperidad desde 1930. En los blogs personales de los miembros y simpatizantes de estas organizaciones patrocinadas por los Koch era habitual encontrar llamamientos a “unirse en lucha contra los ejércitos de la izquierda”. En los primeros meses de 2009, Mercatus Center difundió un informe en el que afirmaba que lass medidas de estimulo de Obama favorecían descaradamente a los distritos electorales con mayoría demócrata. Aunque el informe tuvo que ser corregido por su tendenciosidad, eso no evitó que tanto Fox News como Rush Limbaugh (una especie de Losantos americano, para entendernos) le hicieran mucha publicidad. Americans for Prosperity también ha organizado las protestas contra el plan de reforma sanitaria y contra la legislación “cap and trade” (trueque de emisión de gases), destinada a que las industrias pagasen por la polución del aire que provocasen. Los miembros más alocados de este grupo vociferaban que incluso las barbacoas en los jardines de las casas americanas y las cocinas iban a tener que pagar impuestos, una exageración que no puede ser más estúpida, pero que ilustra mucho sobre el nivel mental de los seguidores logrados por los Koch y lo fácilmente manipulables que son. A finales de 2009, tim Philips se trasladó a Copenhage, donde montó una protesta fuera de la sede de la conferencia de la ONU sobre cambio climático, declarando que Americans for Prosperity era una organización “de bases” preocupada porque niños ricos de familias ricas (en referencia a los demócratas) quisiesen subir la tasa de desempleo en EEUU en un 20%. Tras el primer año de Obama, con sus índices de popularidad cayendo vertiginosamente y con los republicanos negándose a trabajar con el presidente useño, David Koch acudió a un evento de la organización en Washington, en el que se explayó acusando a Obama de ineptitud y de haber intentado iniciar “la toma del gobierno”. Koch anunció que veía a miles y miles de americanos levantándose de una punta a la otra del país en “defensa de la libertad” y que cada vez más gente estaba empezando a “ver las mismas verdades que nosotros”.

Esta idiotización de masas y adoctrinamiento libertario que practican los Koch llega al punto de haber incluso comparado a la administración Obama con el régimen de Hugo Chávez y decir que existe un peligro de “socialización” de EEUU. Sin embargo, donde los Koch ven peligro de “socialismo” o “comunismo”, la realidad que hay es que nunca, desde principios del siglo XX, en los EEUU ha habido tanta desigualdad en los ingresos como ahora y la tasa de impuestos a las mayores fortunas nunca ha caído tanto como en las últimas décadas. Pero el caso es que han enloquecido a buena parte de la derecha norteamericana, hasta el punto de que muchos de ellos piensa que la realidad actual en EEUU es esto:

Este es, en definitiva, el conglomerado de intereses que hay detrás de la propaganda de las ideas extremistas libertarias y anarquistas, básicamente muy similar a lo que tenemos en España. ¿Hay alguna diferencia entre lo que dicen toda esta galaxias de think tanks y presuntas “organizaciones ciudadanas de base” en EEUU y lo que dicen, desde hace unos diez años en España, los partidos de la “libertad individual”, las libertades digitales, los juanes de mariana, los hazte oír y todas las demás organizaciones ultraconservadoras, antisociatas, libertarias y anarquistas?

A buen entendedor pocas palabras bastan, y dejo ahí la comparación, pero si eres libertario lo más probable es que seas un capullo que lo que está haciendo es apoyar como un tonto los multimillonarios intereses de un puñado de señores, junto con los de toda la industria del marketing político radical que hacen sus voceros mediáticos, y no la libertad ni la prosperidad para todos como tú te crees, pringao.


Responses

  1. […] como “libertarios”, una corriente política ultraderechista muy activa en los EEUU (en septiembre vimos todo el entramado empresarial y financiero que la sostiene en el país useño), a través de think tanks y asociaciones como el Tea Party, infestadas de extremistas, y que […]


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