Posteado por: Javier | octubre 4, 2014

Que el Estado Islámico no impida ver el bosque

No hay duda de que el Estado Islámico es, a fecha de hoy, una gravísima amenaza en la región de Oriente Medio. Una amenaza que entre Irak y Siria ha conquistado un territorio con la superficie del Reino Unido y que se estima que debe tener ya varias decenas de miles de combatientes, además de muchas armas y mucho dinero, tras saquear los arsenales y bancos iraquíes.

Evidentemente, hay que ocuparse de ellos, pero no saquemos las cosas de quicio y cuidado con que la obsesión con estos criminales lleve a buscar y a fortalecer a “amigos” poco deseables.

A pesar de que alguna voz histérica ha dicho que son la segunda potencia militar de Oriente Medio después de Israel, por el momento no pasan de ser un grupo terrorista. El grupo terrorista más capaz del mundo en la actualidad, pero un grupo terrorista. Aún no han dado el salto a convertirse en una guerrillas, muchísimo menos en algo similar a un ejército convencional. Un grupo terrorista siempre será muchísimo menos capaz que estos dos últimos, sobre todo si pretende, como hace el Estado Islámico, imitar a un ejército. Esto se ha visto, por ejemplo, en lo fácilmente que fue expulsado de la presa de Mosul por soldados kurdos e iraquíes con ayuda de fuerza aérea estadounidense. Las propias decapitaciones teatrales de rehenes occidentales muestran que son un grupo que basa su fuerza en infundir terror exhibiendo su brutalidad con víctimas indefensas.

En un combate de verdad, no solo podría machacarlos rápidamente el ejército de Israel. También los de Egipto, Jordania, Irán o Arabia Saudí podrían aplastarlos en un combate en sus territorios. Si han avanzado tanto en Irak y Siria ha sido por el desplome de la autoridad de los gobiernos de estos países y porque han venido a ocupar el vacío dejado por el caos existente en ellos. La antecesora de este grupo, Al Qaeda en Irak, fue aplastada por las tropas americanas en 2008, y éstos serían de nuevo destruidos si EEUU volviera a mandar tropas a este país. Pese a años de entrenamiento estadounidense, el ejército de Irak se ha demostrado inútil en la práctica a la hora de combatir contra ellos, básicamente por la división que existe dentro del mismo entre chiíes y suníes, con estos últimos sin muchas ganas de apoyar al gobierno chií de Bagdad y de jugarse el pellejo luchando contra el Estado Islámico. Lo que ha permitido que éstos desarrollen su campaña de tierra quemada y asesinatos atroces casi con impunidad, viéndose solamente obstaculizados por los bombardeos que la coalición liderada por EEUU está lanzando actualmente tanto en Irak como en Siria.

Podemos llevarnos horas discutiendo en círculos, sin llegar a un acuerdo, sobre si se debió derrocar a Sadam Hussein o no, sobre si se debió atacar al régimen de Assad hace un año, sobre si éstos dos dictadores por lo menos eran “laicos” y eran una “contención” frente a los islamistas, o sobre quién es peor, si el Estado Islámico o la “entente cordiale” formada por Irán, Siria y Hezbolá. Pero hay una cosa clara: los ayatolás iraníes no degollarán a rehenes americanos y británicos (bueno, aunque son conocidos por colgar a homosexuales de grúas) ni subirán vídeos de esos asesinatos en Intenet, ni les darán difusión en Facebook, revolviendo los estómagos del personal, pero tienen un programa nuclear y, caso de conseguir armas atómicas, sin ninguna duda, las apostarán como paraguas defensivo para Siria y Hezbolá. El Estado Islámico son unos lunáticos salvajes, pero nunca llegarán a tener ese poderío.

Generalmente, muchas veces se evalúan los peligros en base no a realidades y datos objetivos sobre qué amenaza es la más urgente de tratar. En el caso del Estado Islámico, sus salvajadas cavernícolas parece ser que son un factor emocional que hace que las dictaduras siria e iraní parezcan incluso “benignas” en comparación con ellos.

Los poquitos que hace un año defendíamos un ataque devastador que destruyera o dejara bajo mínimos la capacidad militar de la dictadura siria a menudo nos encontrábamos con una respuesta un tanto casposa tipo: “hombre, Asad es un dictador, pero los rebeldes islamistas sirios son mucho peores, esos quieren implantar la Sharia islámica”. Precisamente lo que a algunos nos gustaría es un Irán debilitado y una Siria debilitada, aunque eso suponga un gobierno islamista allí. Un gobierno islamista sin poder militar y sin un Estado fuerte no es nada, más allá de un grupo de barbudos peleando y berreando. Lo importante era que Siria no tuviera armas con las que amenazar a EEUU, Europa o Israel, independientemente de quién gobierne allí. Ello aparte de que no quiero un mundo donde las potencias occidentales no hagan nada cuando se viole la ley y se usen armas químicas con impunidad, de forma que otros dictadores tomen nota y piensen que pueden hacer lo que les dé la gana, con consecuencias peligrosísimas.

Tanto Assad como sus rivales rebeldes islamistas eran igual de indeseables. La cuestión era cuál de ellos era el peligro más inmediato. Priorizar las amenazas y centrarse en una de ellas sin ayudar indirectamente a la otra es prácticamente imposible. Hace un año era preferible ocuparse de Assad antes que de los rebeldes, puesto que el dictador era más peligroso y poderoso que ellos. Y, de todas formas, más tarde o más temprano, habría que ocuparse de ambos, así que mejor ir dejando a uno de ellos fuera de juego. Basarnos en el hecho de que “es que los rebeldes implantarán la Sharia si cae Assad” no es más que un argumento basado en preferencias personales sin ninguna visión a largo plazo.

Cuidado, no es que el Estado Islámico no se haya convertido en una amenaza, no. Pero la cuestión es que tanto el Estado Islámico como el eje Irán-Siria-Hezbolá deben ser derrotados, no que los segundos sean “mejores” y por eso haya que fortalecerlos ya que “hombre, es que estos, por lo menos, no cortan cabezas”.

Tanto Assad como Irán llevan desde que se inició el levantamiento en Siria en 2011 presentando una versión de las cosas en la cual ellos serían algo así como “los buenos”, o, como mínimo, como “los menos malos” (a esto hay que unir la elección como presidente de Irán del “moderado” Rohuani). El dictador sirio y los ayatolás empezaron a presentarse como fuerzas que combatían el terrorismo en la región. Por supuesto, quien ha luchado contra el antes llamado “Estado Islámico de Irak y el Levante” ha sido el Ejército Libre Sirio, pero Irán y Assad hicieron que pareciera que ellos eran las víctimas de toda la lucha interna en Siria y ahora creen que ha llegado el momento de cosechar los beneficios de su versión de la historia. En el caso de Assad esto es especialmente desvergonzado, cuando les dio paso en Siria para que fragmentasen a la oposición y dieran la imagen de que todos sus enemigos eran terroristas islamistas (el tirano sirio llegó incluso a firmar un contrato petrolero con el Estado Islámico… los que luego iban a ser sus enemigos).

No hay que dar ninguna posibilidad a Irán de aparecer ni presentarse como “aliado” frente al Estado Islámico, pues esto sería favorecer sus intereses en Siria y en el resto de la región. Los otros aliados de Irán, Hezbolá, no habían vivido mejores momentos hasta que el Estado Islámico llegó al Líbano, puesto que esto les ha permitido actuar con mayor libertad e impunidad que nunca dentro de este pequeño país. Lo que le puede permitir tomar al asalto el poder y convertir el Líbano en un Estado terrorísta. Hezbolá es una amenaza tanto para Israel como para los países occidentales. EEUU tiene que dar garantías a sus aliados regionales (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Turquía y Jordania) en la coalición contra el Estado Islámico de que no están combatiendo para beneficiar a los intereses de Assad y de Irán. Lamentablemente, parece que no hay plan sobre qué hacer con Assad, al margen de los ataques al Estado Islámico. Por otro lado, resultará muy difícil convencer a las tribus y comunidades suníes de Irak y Siria para que combatan al Estado Islámico y destruyan sus apoyos si da la impresión de que Asad e Irán son “socios” de EEUU. Si no se responde a estas inquietudes de los suníes y se ignoran los intereses de Irán, ello no hará sino provocar más resentimiento, miedo e ira por parte suní. El Estado Islámico, precisamente, para conseguir muchos apoyos ha aprovechado el descontento suní por el aumento de la influencia chií de Irán en Irak y el verse marginados políticamente. Cuando EEUU consiguió implicar a los suníes en la pacificación de Irak hace seis años, Al Qaeda fue derrotada sin paliativos.

Por ese motivo, harían falta de nuevo tropas americanas en la región, no basta con ataques aéreos. Alguien tiene que hacer limpieza y solo los americanos tienen capacidad para ello.

Ocuparse solo de uno de los dos problemas (el Estado Islámico o la alianza de Siria, Irán y Hezbolá) será muy largo y costoso. Y, forzosamente, combatir uno solo fortalecerá al otro. Hay que tratar con los dos. Ojalá hubiera una forma más sencilla de hacer limpieza. Pero es que no la hay.


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