Posteado por: Javier | octubre 10, 2014

El Ébola en Madrid: que no cunda el pánico

Pasan las horas y el estado de salud de la auxiliar de enfermería infectada por Ébola cada vez se hace más crítico, pero aún así hay que hacer un llamamiento a la tranquilidad. Por supuesto, a la tranquilidad ante la enfermedad, no ante el desbarajuste que tiene montado el Gobierno. Esto último, un verdadero desastre, es lo que hace que esté aumentando la alarma social ante lo confuso de toda la información (o, más bien, la desinformación) que se está dando.

En cuanto a lo que es y supone una enfermedad como la ocasionada por el virus Ébola, me remito a un buen escrito que publicó Dan García este verano. No va a haber una epidemia de Ébola en España, lo que no quita que no haya que tener precauciones.

El virus del Ébola se contagia entre humanos por el contacto directo con la sangre u otros líquidos o secreciones corporales (saliva, semen, orina, heces, etc…) de una persona infectada y que presente ya síntomas de la enfermedad o de personas muertas infectadas. También puede producirse el contagio del Ébola por exposición a objetos que hayan sido contaminados con secreciones infectadas como prendas de vestir o ropa de cama sucias o agujas usadas, según informa la OMS. El virus del Ébola no se transmite ni por el agua, ni por el aire. También se puede contraer la enfermedad a través del contacto directo con sangre u otros fluidos corporales de animales salvajes como monos, antílopes selváticos y murciélagos, vivos o muertos y por el consumo de su carne mal cocinada.

Por tanto, aunque no sea un consuelo, el grupo de riesgo fundamental en los países desarrollados son los profesionales de la sanidad que tienen que tratar con los enfermos, y es ahí donde las precauciones deben ser extremas, sobre todo cuando un enfermo muera, el momento de mayor peligro y cuando el virus estalla propagándose por todos los fluidos del cadáver y pudiendo seguir activo durante semanas. Otra cosa es en África, por los motivos ya conocidos, como son la precariedad del sistema sanitario de los países africanos, el desconocimiento y la superstición. En algunas aldeas africanas los miembros de los equipos médicos tienen que salir huyendo para no ser linchados ante la existencia de leyendas de que son ellos quienes han propagado el virus, existen ritos funerarios que implican mucho contacto con los cadáveres, hay africanos que no informan de los casos que se producen pues piensan que ello llevará a que los enfermos serán encerrados en hospitales donde desaparecerán, que creen que con ungüentos se puede curar, o que con soplar y decir “Ébola” se espanta a la enfermedad… en fin, un cúmulo de cosas que son bien conocidas.

Es un virus muy letal pero de muy difícil contagio, como hemos visto. Se puede decir que es tan letal que incluso se mata a sí mismo. Pero, aún así, con un virus que mata a entre un 50 hasta un 90% de las personas a las que infecta no se juega.

Y menos todavía se juega a aparentar ser “el buen samaritano”, cuando lo único que buscas es montar una operación publicitaria de forma improvisada y chapucera, con el único fin de arañar algunos votos.

¿Qué sentido tenía traer el Ébola a España? Ninguno. Puede entrar a través de un viajero que venga de África, pero es que eso es inevitable. Lo que no era inevitable era traer la enfermedad a través de los dos misioneros. Es totalmente absurdo traer a dos enfermos cuando el llevarlos a España no va a aumentar sus posibilidades de salvarse y cuando no eres capaz de preparar ni las instalaciones ni el personal adecuado para tratar debidamente a un enfermo de Ébola con la plena garantía de que no va a haber contagios. Esto, por supuesto, no quiere decir que hubiera que haberlos dejado allí tirados ni nada por el estilo. Más valdría haber enviado a África al personal especializado en este tipo de contingencias, montar allí un hospital de campaña cn todos los medios necesarios y que, una vez atendidos los enfermos, hubiesen vuelto a entrar en España, una vez pasada su cuarentena.

Parece ser que la enfermera infectada cometió varios errores al quitarse el traje que supuestamente debía protegerla y que le llevaron a exponerse fatalmente al virus, como a cada momento se encarga de recordar el impresentable consejero madrileño de sanidad. Pero eso no tapa el cúmulo de errores que muestra lo caótica que fueron desde el principio estas operaciones publicitarias montadas por el Gobierno. Una chapuza de principio a fin, empezando por el traslado de los pacientes y su ingreso en un hospital como el Carlos III que estaba siendo desmantelado para casos de alertas por enfermedades como el Ébola. Es entre agosto y septiembre, con los dos casos de españoles afectados por Ébola, cuando la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid y el Ministerio deciden deprisa y corriendo recuperar unas instalaciones desmanteladas situadas en la planta sexta del Hospital Carlos III, que ya estaba iniciando su integración en La Paz y la reconversión a hospital de media estancia. Además, no se entiende que para algo tan serio el hospital utilizara a auxiliares de enfermería eventuales, en lugar de personal experimentado, pues es evidente que no se siguió correctamente un protocolo a la hora de quitarse el traje de seguridad. ¿Recibió esta gente la formacion adecuada? Tampoco se siguió el protocolo establecido por el propio Ministerio de Sanidad para los casos en que ha habido contacto con el paciente. La enfermera infectada, se tomó vacaciones al día siguiente de la muerte del segundo paciente, el 26 de septiembre, cuando el protocolo establece que durante los 21 días posteriores al contacto se debe hacer un seguimiento. Pese a que acudió el día 30 de septiembre con fiebre y astenia al Hospital de Alcorcón sin que se la ingresara, seis días después de continuar con fiebre y tras la insistencia de la propia paciente se le realizaron las pruebas que confirmaron el contagio. Y, en último término, el Ministerio de Sanidad está generando toda una ceremonia de la confusión sobre cuál ha sido el proceso hasta llegar a este punto que está llevando a una oleada de personal sanitario que está saliendo despavorida y renunciando a su plaza en el hospital.

El caso de esta enfermera da una imagen de que todo se hace en España de forma chusca e improvisada, nunca con previsión. Como cuando ocurrió el accidente del Prestige en Galicia y resultó que no había equipos ni barcos para contener la marea negra. En la cuestión de la sanidad parece que hasta ahora no había importado que pudiese ocurrir algo como esto, solo en cómo privatizarla mejor para ponerla en manos de empresas montadas a tal fin por antiguos y actuales altos cargos del PP (como en el caso de Madrid o Castilla-La Mancha). Pero ya se sabe que en el PP-SOE lo único importante es llenarse los bolsillos, y no gestionar los intereses de los españoles con profesionalidad y honradez.

Dicho esto, de nuevo, TRANQUILIDAD, en cuanto al resto de la población. No es un problema de que se vaya a extender una epidemia, no es eso, sino del riesgo en que se ha puesto al personal sanitario que ha tratado a los enfermos por no hacer bien las cosas.

Y, además, habría que empezar a pensar en aumentar la ayuda a África para detener la enfermedad. Hasta ahora, el Ébola solo solía ocupar unas pocas líneas en los periódicos cada vez que de cuando en cuando surgía un brote en algún paraje rural perdido en el corazón del continente africano. Daba igual, era una “enfermedad de negritos” que parecia que nunca iba a llegar a Europa o Norteamérica. Ahora que nos aterramos al ver que a los “blanquitos” también puede infectarlos y matarlos, pretendemos cerrar todo a cal y canto, a ver si con suerte no nos entra el virus y se queda confinado en África. Pero la mejor forma de disminuir ese riesgo empieza por evitar que se expanda entre los africanos.

Y no solo por pragmatismo. También por motivos de la moralidad más elemental, pues han de preocuparnos todos los afectados por esta plaga, sean blanquitos o negritos.


Responses

  1. No entiendo como Ana Mato, Javier Rodríguez y la persona que autorizó la entrada de los misioneros (¿Ana Mato, Jorge Fernández Díaz, Mariano Pinocho?) no han dimitido aun.

  2. Pues tampoco lo entiendo, la verdad.

    Independientemente de que la enfermera también parece ser que cometió un error al quitarse el traje, esto ha sido un desastre desde el inicio. Hay otros países, como Alemania o Noruega, que han repatriado enfermos también, eso no se duda, pero es que la cuestión en España ha sido montar este espectáculo sin tener instalaciones de aislamiento como las que requiere el Ébola, sin proveer los medios adecuados y sin emplear personal debidamente preparado. Y eso sí es responsabilidad tanto de Marianico como de toda la cadena de mando que le sigue.


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