Posteado por: Javier | diciembre 14, 2014

Los moralistas son abominación

Hacía mucho tiempo que no publicaba nada relacionado con la fe y como sé que a muchos de mis lectores os gusta y decís en los hilos de comentarios que os es de edificación, pues aquí vais a tener unas reflexiones breves, aprovechando que es domingo, y que quería escribir de esto, y también aprovechando un banner (que pongo al final de la entrada) que he encontrado con una de las lapidarias citas del famoso predicador inglés del siglo XIX Charles H. Spurgeon (el “príncipe de los predicadores”, como era conocido).

LOS MORALISTAS SON ABOMINACIÓN.

¿Os parece extraña esta afirmación? Puede ser. Es posible que digáis:

“Oiga, yo vivo una vida moral. No miento, ni robo, soy honrado y justo, no soy un adúltero ni fornico, pago mis impuestos y soy de buena familia, ¿cómo es que soy abominable ante Dios?”.

Podéis ser todo eso, y no soy quién para ponerlo en duda, pero sin embargo, puedes ser INMUNDO ante Dios. Y es porque vuestra confianza está puesta en lo que hacéis o dejáis de hacer, en lugar de tenerla en lo que nuestro amado Señor Jesús hizo por vosotros y en lo que Él es para nosotros.

Alguno de los que estáis leyendo puede que andéis ya entraditos en años y es posible que confiéis en que vuestra pasada vida “moral” os salvará. O que seáis todavía jóvenes y digáis: “¡Buah! Todavía me queda mucho, ya haré algo especial. Ya donaré algo para dar de comer a los pobres o ya me iré a alguna misión en África”. Con lo que pensáis que, de una forma u otra, ya encontraréis alguna forma o algún argumento con el que saliros con la vuestra y entrar en el Cielo gracias a vuestra propia “moralidad”, según entendéis vosotros la “moralidad”.

Pero la realidad es que ESTÁIS PERDIDOS.

Podéis ser pecadores perdidos y abominables a los ojos de Dios si habéis tenido en poco el sacrificio de nuestro Señor Jesús, si confiáis en vuestra propia moralidad, en vuestra propia justicia, en vez de confiar en la justicia de Cristo.

No lo digo yo, lo dice la Palabra de Dios:

“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Isaías 64:6).

¡TRAPOS DE INMUNDICIA!

Pensadlo, toda vuestra justicia y moralidad es como trapos sucios: solo aptos para ser quemados.

Ser “moral” es algo con lo que la mayoría del común de los mortales intenta cumplir. Muchos religiosos y no religiosos lo hacen. Ateos, hindúes, judíos, musulmanes y la mayoría de los que se autodenominan como cristianos. La mayoria de ellos intentan ser “morales”. Su forma de ser moral es en no matar, no robar, no mentir, y no hacer daño a nadie. Y, para ellos, ser “moral” implica que se sienten libres de ser culpables y de tener vergüenza.

Mirando Génesis 2:16-17 vemos que Dios decía al hombre que no debía comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Pero en Génesis 3:6 vemos que Adán y Eva comieron el fruto. Ellos desobedecieron a Dios. En Génesis 3:7 dice: “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”. Pecaron desobedeciendo a Dios y “escondieron” su vergüenza.

Hoy el hombre hace lo mismo. Intenta “esconder” su vergüenza porque es un pecador. Él es “culpable” según la Biblia. Él utiliza todo tipo de medios para tratar de “cubrir” su pecado. Pero normalmente, siendo pecador por naturaleza, intenta echar la culpa a otros por lo que ellos dicen o hacen. Y a veces muestra una actitud como si fuera “perfecto”, mientras los demás son “imperfectos”. En Lucas 18:18-23 se cuenta cómo un hombre se acercó a Jesús y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios. Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico”. Él era muy “moral” pero aún no hizo lo que Dios esperaba.

DIOS REQUIERE UNA OBEDIENCIA PERFECTA. Pero la realidad es que por cuanto todos los hombres pecaron, están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23).

¡NI SIQUIERA LOS CRISTIANOS SOMOS MENOS PECADORES QUE UNA PROSTITUTA O QUE UN DROGADICTO! Simplemente, tenemos pecados diferentes contra los que tratamos de luchar con la ayuda de Dios.

¡Jesús vino a morir para salvar a pecadores, no a moralistas que se considerasen autojustificados y aptos por sí mismos para entrar en el Reino de los Cielos!

Marcos 2:15-17: “Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publícanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido. Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publícanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publícanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”.

Romanos 5:6-8: “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.

1 Pedro 1:18-19: “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”.

1 Timoteo 1:12-17: “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna. Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

Lo que salva a la persona es cuando, hastiado de su pecado, reconoce que es un pecador perdido (Romanos 3:23) y que Cristo derramó Su sangre por su pecado (Hebreos 9:22). Él es el ÚNICO Salvador (Galatas 3:13; Romanos 6:23; 1 Timoteo 4:10) y Su sangre es lo único que puede cubrir nuestro pecado, no los medios que pongamos para evitar el castigo y la vergüenza o el alivio y la falsa paz de que no nos hayan pillado.

CITA SPURGEON


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