Posteado por: Javier | enero 6, 2015

La Escuela Austriaca de Economía: pseudociencia económica y vudú

Allá por el pasado mes de septiembre anuncié una entrada sobre la famosa “Escuela Austriaca de Economía” y, como lo prometido es deuda, aquí llega con el nuevo año.

Es verdad, lo reconozco, lo normal y lo mejor, en condiciones normales, sería dedicar el tiempo a cosas edificantes y constructivas, que no estar todo el tiempo dando vueltas a estupideces (tan estupidas como el caso que hoy nos ocupa de esta teoría “austriaca” de la economía) que son absolutamente irrelevantes en los ámbitos académicos serios y que ya han sido no solo absolutamente rebatidas, sino incluso arrastradas por los suelos y pisoteadas dialécticamente.

Pero, evidentemente, hay que seguir en la lucha sin descanso, sobre todo cuando ves a estos “austriacos” pululando por la red y soltando sus paridas sin ningún pudor ni decoro. No hace demasiado, uno de estos especímenes internauticos tuvo la poca vergüenza de intentar colarnos la trola de que su amada Escuela Austriaca de Economía era tan “prestigiosa” que tenía nada menos que… ¡cinco Premios Nobel! Eso es una mentira como un templo, por supuesto. El único Premio Nobel recibido por un economista austriaco fue el que se concedió a Friedrich Hayek en 1974 y pare usted de contar. Obviamente, cuando se pidió a este pipiolo “austriaco” que citara a los otros cuatro Premios Nobel, lo que hizo fue irse por los Cerros de Úbeda y dedicarse a desviar la conversación a otras cosas, para terminar escabulléndose. Lo que ocurre es que los austriacos suelen estar tan acostumbrados a que sus tonterías nunca sean rebatidas, que las sueltan en la total confianza de que nunca van a tener respuesta. O de que sus seguidores son tan fanáticos y místicos que ni se las van a cuestionar siquiera.

Vale, son chorradas, pero, entonces, ¿qué sentido tiene estar hablando tanto de ellas? Todo el del mundo, desde el momento en que afectan a las vidas de tanta gente. La teoría económica austriaca no ha sido precisamente un gran éxito académico que digamos y ha sido puesta en entredicho por numerosos economistas… pero es que ese realmente nunca se puede decir que fuera su objetivo. El objetivo final de la Escuela Austriaca no es explicar el funcionamiento de la economía, sino la propaganda. Es necesaria una ideología (que sea lo más sectaria y adoctrinadora posible) que intente tapar cosas como porqué en un mundo en el que se produce tanta riqueza, sin embargo existen lacras como tantísima pobreza y explotación laboral. Hay que desarrollar una teoría que tenga una apariencia de tener cierta altura y ampulosidad intelectual que justifique lo que en la práctica sería totalmente injustificable. Por eso es importante hablar de esto. Si fuere una tontería sin más, pues nos reiríamos de ella y ya está. Pero es que, una cosa es que ningún economista serio se la tome por otra cosa que no sea como una broma, y otra que estas ideas no tengan ninguna influencia en el mundo de la política y los medios de comunicación de masas. Se puede perfectamente ser un fracasado académico y, sin embargo, conseguir que tus puntos de vista copen los medios de comunicación, a través de los cuales influyas en muchísima gente que termine adoptando como propias todas tus posturas. A nivel de las facultades de economía, la Escuela Austriaca estará considerada poco menos que un fraude, pero es indudable que sus ideas han conseguido infiltrarse y acoplarse muy exitosamente con las políticas neoliberales que se están aplicando en todo el mundo desde hace unos treinta años hasta acá (y da igual que estas políticas económicas nunca lleven la etiqueta de “austriacas” si en el fondo, y no en la denominación, consiguen el objetivo de influir e imponerse.

Cuando no se puede justificar una eficacia en la realidad económica, lo mejor es apoyarse en modelos metafísicos macroeconómicos ideales disfrazados de ciencia. Una metafísica macroeconómica manipulada minuciosamente permite mostrar como positivo, algo que, para la mayor parte de la población, o es negativo, o no es todo lo positivo que podría ser. La clave es conseguir crear en la mayoría de la gente una serie de prejuicios e ideas que les lleven a apoyar e incluso a votar por políticas que en la práctica son el harakiri para ellos, como pegarse un tiro en su pie. Como se trata de ocultar las evidentes y sencillas realidades económicas, las explicaciones que hacen los austriacos son deliberadamente confusas, dando a entender que la realidad económica sólo está al alcance de sus “privilegiadas” inteligencias (por eso suelen usar continuamente unas jergas tan confusas al hablar). Lo que no pasa de ser pura ideología e ideas preconcebidas se camufla con un manto de aparente metodología científica. Estas ideas preconcebidas, pero sin ningún apoyo fáctico, que los austriacos han conseguido infiltrar, inspiran a infinidad de pirados que circulan por internet soltando afirmaciones tan rocambolescas como que “el dinero es deuda”, “hay que volver al patrón oro en pleno siglo XXI”, “la actual crisis la han provocado los bancos centrales con su sistema de reserva fraccional”, el “dinero-papel es un fraude”, “la Seguridad Social es un sistema fraudulento piramidal” o “los impuestos son un expolio a mano armada por parte del malvado Estado”. Estas afirmaciones, más o menos inspiradas en lo que dicen los representantes más “presentables” de la Escuela Austriaca, son defendidas y propagadas con devoción casi religiosa y fanatismo por todo tipo de personajes chillones y conspiranoicos que piensan que existe algún tipo de “mano negra” estatista que intenta silenciarles (es curioso la cantidad de manos en las que creen, puesto que también piensan que el mercado se autoregularía solo, sin ningún tipo de límite legal, gracias algún tipo de “mano invisible”, pero que, en realidad, estamos acosados por todas partes por un “socialismo estatista” omnipresente). La mayoría de ellos se definen como “libertarios”, una corriente política ultraderechista muy activa en los EEUU (en septiembre vimos todo el entramado empresarial y financiero que la sostiene en el país useño), a través de think tanks y asociaciones como el Tea Party, infestadas de extremistas, y que también ha ganado muchos seguidores en España y Latinoamérica, hasta el punto de que en el mundo de habla hispana ha llegado a producirse una indeseable identificación entre liberalismo y libertarismo, como si fueran dos ideas equivalentes.

Para entender porqué esta doctrina austriaca es totalmente anticientífica hay que hacer una referencia ineludible al pensamiento de sus fundadores. Los miembros fundamentales fueron Mises, Hayek y Murray Rothbard (en España, actualmente, sus dos mascarones de proa son Jesús Huerta de Soto y Juan Ramón Rallo, pero aquí vamos a ver las ideas de los anteriores, no las concretas de estos dos personajes). Ludwig von Mises fue el referente clave de la Escuela Austriaca y, aunque no fue su fundador material, él fue quien difundió y popularizó las ideas de Carl Menger y de su discípulo Eugen von Böhm-Bawerk, dos miembros de la nobleza del Imperio Austro-húngaro que, a finales del siglo XIX, sentaron las bases de lo que sería el pensamiento “austriaco” en la economía. A propósito, casualmente, estas ideas surgen en una sociedad atrasada culturalmente y muy agraria, dominada por grandes terratenientes, como era la de Austria… mientras, hoy día, donde hacen furor es en el sur de EEUU, un sitio con unas características tradicionalmente muy similares. La influencia de Mises fue tan fundamental que fue la inspiración principal del trabajo de Friedrich Hayek (éste, todo hay que decirlo, fue el más potable dentro de la Escuela Austriaca), quien la llevó a la Universidad de Chicago y, desde allí, es cuando empezaron a dar la vuelta al mundo, impregnando el sistema económico ahora dominante y que ha venido en ser calificado como “neoliberalismo”. En descargo de los economistas de Chicago, no obstante, hay que decir que estos, por lo menos, intentaron sostener sus premisas sobre métodos matemáticos y empíricos, a diferencia de los austriacos, quienes despreciaban totalmente el método científico, como veremos más adelantes. El propio Milton Friedman (neoliberal) es uno de los economistas de Chicago que se tomó el trabajo de intentar refutar a los austriacos (y es que, de hecho, los austriacos más radicales desprecian profundamente a Friedman y lo tachan de ¡SOCIALISTA!… para estos alocados, cualquiera, menos ellos, es un “socialista” o un “rojo”). Es decir, pese a los trabajos anteriores de Menger, Bawerk o Mises, no es hasta Hayek, cuando, allá por los años 70, se produce un florecimiento de las ideas de la Escuela Austriaca. Hasta entonces se habían mantenido como una curiosidad académica más o menos disparatada, pero que de las aulas de las universidades donde algunos de sus miembros (no muchos) consiguieran colocarse no pasaban. Es a partir de la crisis económica del petróleo de 1973 cuando se ponen en cuestión las políticas keynesianas que hasta entonces habían sido preponderantes y cuando ideas como las de los austriacos empiezan a difundirse.

Pero, con mucha anterioridad, en su libro de 1949 “La acción humana, un tratado de economía”, Mises había dejado muy clarito cuál era su concepción de la ciencia y de qué forma se debía alcanzar el conocimiento. Él despreciaba el empirismo y el método científico como fuente de conocimiento en economía, así como la experiencia histórica.

Vamos a dejar que sea el propio Mises el que hable:

“Respecto a la acción humana, no se pueden realizar experimentos de laboratorio. Nunca estamos en posición de observar el cambio en un sólo elemento mientras el resto de condiciones del acontecimiento permanecen iguales. […] La información transmitida por la experiencia histórica no se puede usar como material de construcción de teorías ni en la predicción de acontecimentos futuros. […] Ni la verificación ni la falsación experimentales de una proposición general es posible en su campo.” (“La acción humana”, página 31). “La historia no puede ni probar ni refutar ninguna afirmación de valor general como lo hacen las ciencias naturales, las cuales aceptan o rechazan las hipótesis según coincidan o no con la experimentación” (p. 39). “La historia no puede instruirnos acerca de normas, principios o leyes generales. Es imposible deducir, a posteriori, de una experiencia histórica, teoría ni teorema alguno referente a la actuación o conducta humana. La historia no sería más que un conjunto de acaecimientos sin relación, un mundo de confusión, si no fuera posible aclarar, ordenar e interpretar los datos disponibles mediante el sistematizado conocimiento praxeológico” (p. 50).

Aplicando esta filosofía simplona que se esconde detrás de esta parrafada de palabrería hueca y barata (también hoy siguen siendo muy aficionados a revestir sus absurdas teoría con un gran follaje de mucha palabrería y divagación), un austriaco mentalmente siempre rechazará todos los datos económicos que demuestren que sus propuestas son ineficaces. Si los datos no avalan las premisas de las cuales ellos mismos se han autoconvencido es que “son datos falsos”. Lo que fallarán siempre serán los datos, no sus convicciones formadas “a priori”. Sus afirmaciones sobre economía no necesitan corresponderse con la experiencia presente o pasada puesto que son “ciertas” a priori, igual que son ciertas las verdades de las matemáticas o la lógica. En su fuero interno, un austriaco siempre creerá de forma mística que él ya sabe a priori qué sentido deben tener los datos económicos y, si estos no validan sus axiomas, el error es de los datos, no de lo que ellos dicen, puesto que ellos ya saben a priori cuál es la realidad económica. Mises llamaba a esto “praxeología”:

“La praxeología es una ciencia teorética y sistemática, no histórica. […] Aspira a un conocimiento válido en todos los casos en que las condiciones correspondan exactamente a las supuestas en sus suposiciones e inferencias. Sus afirmaciones y proposiciones no se derivan de la experiencia. Son, como las de la lógica y la matemática, a priori. No están sujetas a verificación ni falsación por la experiencia ni los hechos. Son tanto lógica como temporalmente previas a cualquier comprensión de los hechos históricos”. (p. 31)  “El conocimiento praxeológico, como el lógico o el matemático, lo llevamos en nuestro interior; no nos viene de fuera” (p. 78).

Con lo que puede decirse que esta “praxeología” es escolástica pura: renuncia al método científico empírico que, según sabemos desde Galileo, es la única forma de decir algo razonablemente cierto sobre la realidad física y plantea un método puramente deductivo: a partir de primeras premisas, de axiomas que son “evidentes en sí mismos”, se lanza a hacer deducciones QUE NO CONTRASTA CON LA REALIDAD. Por ello, el austriaco no admite que sus dogmas (sus axiomas) o sus consecuencias sean discutidos: es un sistema cerrado de CREENCIAS. Y por ello, inherentemente fallido.

Y es que, de hecho, Mises continúa diciendo que estos axiomas a priori están fuera de toda prueba (son como dogmas religiosos):

Las relaciones lógicas fundamentales no pueden ser objeto de demostración ni de refutación. El pretender demostrar su certeza obliga a presuponer su validez. Es imposible explicarlas a quien, por sí solo, no las advierta (….) Se trata de categorías primordiales, que no pueden ser objeto de análisis. La mente humana es incapaz de concebir otras categorías lógicas diferentes” (p.42).

O sea que “Es imposible explicárselas a quien no las advierta”. Para Mises (y sus discípulos) son verdades tan evidentes como que el sol sale cada mañana, que el cielo es azul o que 2 + 2 son 4. Por mucho que las adorne, todas estas afirmaciones misesianas no son más que solemnes idioteces. La principal “prueba” que tiene Mises para defender sus afirmaciones es su propio sentimiento de autoevidencia, lo que podría decirse también de otra forma, la verdad está confirmada por la fe que tengo en ella (¿De qué se supone que estamos hablando? ¿De economía o de religión?). Entendemos de esta forma porqué sus seguidores más embrutecidos y menos refinados utilizan axiomas tan cochambrosos como: “Cualquier intervención estatal en la economía por mínima que sea = estatismo = socialismo = malo”. La realidad es que el criterio no es si el Estado interviene o deja de intervenir como algo bueno o malo en sí mismo, habrá veces en que tendrá que apartarse y otras en que deba intervenir, el criterio es la eficacia. Pero para ellos, a priori, cualquier intervención es mala y nociva, y es “socialismo”.

Son verdades tan evidentes que, según Mises, aquellos pobres enanos mentales, que no han sido iluminados divinamente para que esta fuente de conocimiento no brote de su interior, son practicamente unos enfermos mentales. En la introducción a una obra anterior, “Liberalismo” (1927), dice que:

“La raíz del antiliberalismo no puede ser aprehendida por vía de la razón pura, pues no es de orden racional, constituye, por el contrario, el fruto de una disposición mental patológica, que brota del resentimiento, de una condición neurasténica, que cabría denominar el complejo de Fourier, en recuerdo del conocido socialista francés.[…] El complejo de Fourier, en cambio, resulta más difícil de combatir. Estamos, ahora, ante una grave enfermedad nerviosa, una auténtica neurosis, cuyo tratamiento compete más al psiquiatra que al legislador. Constituye, sin embargo, una circunstancia que debe ser tenida en cuenta al enfrentarse con los problemas de nuestra actual sociedad. La ciencia médica, por desgracia, se ha ocupado muy poco del complejo de Fourier. Se trata de un tema que casi pasó inadvertido a Freud.[…] No hay, desde luego, en el mundo, psiquiatras suficientes para atender a todos los infectados por el complejo de Fourier. Su número es excesivo. Tienen que tratar de curarse ellos mismos, reconociendo la realidad de la vida. Cada uno de nosotros tiene que afrontar su propio destino, es indigno buscar chivos expiatorios y es necesario comprender las inconmovibles leyes de la cooperación social”.

Al menos, si no estás de acuerdo con él, Mises solo te manda al psiquiatra, no llega a los niveles de Stalin o Mao, quienes te mandan al campo de reeducación. Pero en la esencia, los austriacos son tan alérgicos a las críticas de sus métodos como pudieran serlo los marxistas más cerriles y cerrados. Como lo que dicen son verdades “evidentes” en sí mismas, entonces, quien discrepe de las mismas es que debe sufrir algún tipo de patología cerebral. Por algo, los escasísimos seguidores que hasta los 70 tuvo la Escuela Austriaca de Economía prácticamente eran considerados casi como fanáticos religiosos.

En resumen, vemos que desde el principio (o, al menos, desde que Mises sistematizó todas estas ideas) las señas de identidad de la “economía austriaca” han sido la negación de validez o el rechazo del método científico y el odio al empirismo y la formulación matemática. Lo que ha llevado a que la comunidad acedémica y científica económica la considere tan absolutamente minoritaria y radical que la haya dejado de lado, mientras que, por otra parte, conspiranoicos de todo tipo (aquellos que no quieren aceptar pruebas ni evidencias que contradigan su visión particular de la realidad) son entusiastas de la misma. Ellos mismos lo reconocen, puesto que les gusta mucho hablar de “economistas mainstream”, refiriéndose a los demás, quienes serían economistas “del sistema” o, lo que es lo mismo, en el fondo “todos unos putos socialistas que nos quieren quitar la libertad” (esta es la mentalidad tan conspiranoica que he mencionado ya varias veces). Para estos austriacos, inspirados por su “dios” Ludwig von Mises, lo único que sirve en economía es el estudio “directo” de la realidad mediante análisis no empíricos y a priori. Dicho en castellano castizo: esto es así por que yo digo que es una verdad evidente, y punto pelota.

Aunque podríamos llevarnos horas y horas analizando las ideas de esta escuela, es en su archifamosa “Teoría del Ciclo Económico” (sí, esa por la que dicen que son capaces de predecir cuándo se va a producir una crisis econonómica, como unos pitonisos con una bola de cristal), formulada por Mises y Hayek, donde se ve más claramente el fraude austriaco.

Nadie, ningún economista es capaz de predecir cuándo, en medio de todas las fluctuaciones que afectan a las economías nacionales o a la mundial, con ciclos de crecimiento y decrecimiento, de la producción y la actividad económica, se va a producir una crisis. Bueno… nadie, menos los economistas austriacos, por supuesto. Ellos dicen ser capaces de predecir las crisis económicas (o los “ciclos de crédito”, como las llaman ellos). ¿Cómo lo hacen? Pues muy fácil. Gracias a que ellos tienen un don de ver las verdades evidentes del cual carecemos el resto de los seres humanos, se han dado cuenta de que estos ciclos económicos (el crecimiento y las crisis) dependen de un excesivo crecimiento del crédito dado por los bancos privados, que ha venido motivado previamente por una equivocada política por parte de los bancos centrales, los cuales han expandido el crédito aplicando unos tipos de interés muy bajos durante mucho tiempo (por eso llaman a esto “ciclo de crédito). Es decir, los bancos centrales causan una expansión del crédito que lleva a que los bancos privados, a su vez, concedan demasiados créditos y a que los agentes económicos privados dediquen todo este exceso de liquidez que han obtenido de la alegría a la hora de dar créditos a especular y a invertir en negocios burbujísticos, en lugar de ahorrar. Cómo no, para los austriacos, la culpa de todo esto es de los bancos centrales, que son quienes, al abaratar el dinero, han “inducido” a los bancos privados y a las empresas y particulares a meterse en una fiesta de crédito e inversión ineficiente hasta que todo ha estallado, llegando después la resaca posterior a la borrachera. Durante esta resaca, los sectores que han reventado desaparecen y la economía (gracias a que el mercado es “sabio” y “eficiente” en sí mismo) se reorienta por sí sola a otros sectores más seguros. Al final pondré un video con una entrevista a Huerta de Soto en su cadena amiga, Telemadrid, donde veremos que dice punto por punto estas mismas cosas (siempre son de guión fijo, puesto que, a diferencia de otras escuelas de economía, no adaptan sus conclusiones a la evolución de la realidad, es la realidad la que se debe adaptar a ellos y, si no… ¡que se joda la realidad!).

¿Cómo se produce este estallido en la economía y, por tanto, la crisis? Dicen los austriacos que cuando se crea excesivo crédito POR CULPA (por supuestísimo) del banco central (de sus bajos tipos de interés durante un largo período de tiempo) esto lleva a que se estimulen artificialmente inversiones de riesgo con las que obtener rápidamente el dinero necesario para devolver todos estos créditos. Como hay tanto dinero en circulacion, muchos tienen una gran cantidad para invertir, con lo que copan rápidamente los negocios seguros. Así que, agotados los nichos de mercado en los negocios seguros, hay que dirigirse a los riesgosos. La corrección a este proceso demencial se produce cuando ya no se puede sostener el crecimiento de la creación de crédito, porque nadie pida más al no haber ya donde invertir o porque cada vez den menos beneficios con lo que se concedan menos, y deja de suministrarse dinero. Con lo que todo el mundo, al cortarse el grifo del crédito, o pierde todo su dinero, o reorienta sus inversiones a los sectores de negocio seguros, o lo ahorra. Esto es lo que ellos llaman “autorregulación de los mercados”. Dicen que el mercado, por sí solo y sin intervención del Estado ni de los bancos centrales, purga los malos negocios e inversiones y reorienta la economía a sectores “sanos”. Los austriacos, cómo no, nunca culparán a los bancos privados. La culpa es del gobierno y de los bancos centrales que, con sus políticas de expansión del crédito, habrían creado a los privados un efecto similar al que suministra a alguien una droga alucinógena: los bancos privados, totalmente confundidos, se habrían dedicado, sin ser conscientes de las consecuencias, a dar créditos a mansalva que habrían terminado en negocios burbujísticos que, al estallar, habrían provocado la recesión.

El propio Friedrich Hayek decía que:

Si el suministro de dinero-capital se incrementa mediante cambios monetarios por encima de determinada cantidad, el resultado será que el tipo de interés descenderá por debajo del punto de equilibrio y los emprendedores se verán inducidos a emplear una mayor parte de sus recursos a la producción para un distante futuro que se corresponda con el modo en que los consumidores dividan sus ingresos entre ahorro y consumo”.

Con lo que la teoría de Hayek es que los tipos de interés bajos causaban una distorsión e “inducían” a las empresas a invertir más en ciertas actividades equivocadas, al creer erróneamente que los consumidores, al tener más dinero disponible por la expansión del crédito, se iban a comportar de una cierta forma. Esto de que los pobrecillos bancos privados y las empresas se ven “inducidos” por el gobierno y el banco central a dar excesivo crédito e invertir mal, vemos que viene ya de antiguo, no es una aportación de los austriacos actuales.

Evidentemente, si todas las crisis se produjeran así (y, si expansión del crédito por el banco central y crisis fueran causa-efecto), los austriacos tendrían razón. Pero es que no es así. No todas las recesiones se producen de esta forma. Milton Friedman estudió en 1969 todos los periodos anteriores a ese año hasta 1913, cuando se fundó la Reserva Federal de EEUU (la Fed), y lo volvió a hacer la comprobación en 1993, para ver si efectivamente se había producido o no el famoso ciclo de crédito del que hablaban los austriacos. Y resultó que no existía esta correlación automática entre tipos de interés bajos y crisis económicas. No que no pudieran coincidir períodos de bajos tipos por parte del banco central con crisis, o que no pudieran ser una de las causas, sino que, desde luego, ni siempre coincidían ni se podía decir que fueran LA CAUSA de la crisis. Con lo que a Friedman no le quedó más remedio que decir que: “La explicación de Hayek y Mises sobre el ciclo de negocio se contradice con la evidencia. Es, según creo, falsa”. AQUÍ el informe completo de Friedman en que refuta la teoría austriaca del ciclo de crédito (páginas 261-284).

En una entrevista publicada en agosto de 1998, Friedman volvió a insistir en la falsedad de esta teoría:

“Creo que la teoría del ciclo de negocios de la escuela austríaca ha hecho al mundo una gran cantidad de daño. Si retrocedes hasta los años treinta, que fue un momento clave, tenías a los austríacos en Londres, a Hayek y a Lionel Robbins, diciendo que teníamos que dejar caer el mundo hasta el mismísimo fondo. Que tenías que dejar que se curara solo. Que no podías hacer nada sobre eso. Que sólo lo empeorarías. Tenías a Rothbard diciendo que era un gran error no dejar que el sistema financiero colapsara. Pienso que al animar a realizar estas políticas de no hacer nada tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, hiceron auténtico daño”.

Si comprobamos en la web de la Reserva Federal americana el dato de cuándo se producen las bajadas de tipos de interés y cuándo los períodos de recesión económica, veremos que, en efecto, no siempre son coincidentes. Lo que SÍ ha ocurrido es que, ya comenzada la recesión, se han bajado los tipos para aumentar la liquidez y ayudar a la recuperación, pero que sean la causa. Los austriacos obvian eso puesto que su idea a priori es que los tipos bajos producen una expansión ilimitada del crédito y una reacción en cadena que lleva a una recesión. Ya les puedes dar todos los datos que quieras que desvirtuen su opinión. Ellos no se van a bajar del burro.

La función de los bancos centrales puede ser mejor o peor desempeñada pero ello no exime de responsabilidades a los privados. Los austriacos culpan de todo a los centrales pero eximen a los privados. Si han actuado mal es “inducidos” por los bancos centrales, que han distorsionado ese maravilloso mercado que se autorregula solo, inundándolo de dinero barato. Suponen que el banco central va a actuar mal al crear dinero, pero dan por hecho que la banca privada sí actuaría bien si ella fuera quien tuviera el control de la creación del dinero. Pero la realidad es muy tozuda y demuestra que no es ésta, la bajada de tipos de interés por los bancos centrales y la subsiguiente expansión del crédito, la única causa de las crisis, pueden haber infinidad de factores.

Si estos austriacos intentan convencer a las masas de que la causa de las crisis y sus infortunios es esta (eso sí, no usan tantas sutilezas para su propaganda destinada al “común del bulgo”, se limitan a despachar el asunto diciendo que es culpa del “socialismo” o del “comunismo”) es sencillamente porque detestan todo lo que huela a Estado y a regulación de la economía. Quieren manejar el dinero como les de la real gana, sin organismos de regulación y control. Por eso es tan importante atacar inmisericordemente a estos organismos reguladores y resaltar que son “inútiles” o que distorsionan el libre mercado provocando crisis económicas. Y por eso les molesta que los bancos centrales creen dinero, pero no que lo hagan sus amiguitos bancos privados.

Ni que decir tiene que esta ideología (porque esto no es ciencia económica, esto es IDEOLOGÍA pura y dura) es solo para hiperricos (normalmente, además, suelen tratarse de magnates que no han tenido que producir nada de valor para conseguir su gran fortuna) y para los lacayos que se encargan de hacer propaganda difundiendo toda esta sarta de tonterías. Luego están los pardillos que compran esta propaganda, por supuesto, algunos de ellos bastante pringaos, gente que suelen pasarse el día echando la culpa a “los sociatas” de todos sus problemas (como los austriacos, terminan también viendo “sociatas” por todas partes).

Esto es todo, de momento, sobre la “Economía Austriaca” y sus brujos.

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Aquí está el video de Huerta de Soto que he mencionado antes, en uno de los espacios pagados con dinero PÚBLICO con que Esperanza Aguirre le obsequiaba para que pudiera infiltrar a sus anchas propaganda austriaca radical. Cómo no, diciendo las mismas tonterías que siempre repiten los austriacos como si fueran papagayos:


Responses

  1. A ver rojo de los huevos , tu no te has leído naa de la escuela austriaca ni de lejos , analfabeto. No tienes ni idea de lo que ofrece y toda esta sarta de mierdadas que sueltas , esque tu no sabes nada de economia , lo que transmite la escuela austriaca es libertad de empresa y por si fuera poco NUNCA SE PUSO EN PRÁCTICA, NI EL CAPITALISMO LAISSEZ-FAIRE, todo por culpa de los politicastros de mierda y bubojabbas que tanto apoyas y tanto te gustan .A ver si estudias un poco , BUSCA : Introduccion a la escuela austriaca : de Gabriel Zanotti. Si eres economista es que eres una puta vergueza pa la sociedad

    • Amigo Fernando, totalmente de acuerdo contigo. Soy economista y seguidor de la libertad y por tanto, de la escuela Austriaca. Cuando estudié la carrera en los años 80 mencionar a Hayek era mencionar al mismísimo demonio. Keynes era dios y de estas aguas vienen estos lodos. Los que dan el premio nobel de economía no tienen ni idea de economía. Yo cuando leía los libros de keynesiano Stiglitz, no hacía más que anotaciones de los tremendos errores garrafales en los que caía, de hecho, en los últimos pone de ejemplo de prosperidad la economía de la Cristina Kisrchner en Argentina o la Venezuela de Chavez … increíble que le diesen el premio nobel de economía… seguidor del antieconomista por naturaleza, Keynes, el mayor error de la historia económica del siglo XX y padre de la mayor parte de la miseria actual. Países que siguieron su filosofía como La India, Etiopía… ya comprobaron cómo el dirigismo estatal no dictatorial también traía miseria… Pues nada…. le dan el premio nobel. El autor de este artículo, no tiene ni idea de economía, como se puede comprobar, no merece más pérdida de tiempo…

      • Ah, no, no, aquí no te vas a salir con la tuya. Si eres seguidor de la escuela austríaca, no eres “seguidor de la libertad” ni economista, eres un adoctrinador sectario y mercenario.

        ¿Cuánto te ha pagado Rallo por soltar aquí ese escupitajo?

        RESPONDE.

  2. Sobre el idiota que ha soltado el vómito (el tal Fernando Castillo):

    Miren, señores, la catadura de algunos libegales y austriacos extremistas. Qué “grandiosidad” de argumentos y qué sarta de insultos e improperios (aparte de su “exquisito” dominio de la ortografía y la sintaxis).

    Si alguien conoce a este pedazo de basura, por favor, pásenle la dirección del Juan de Mariana o de Libertad Digital. Allí tiene futuro.

    Ya tienes recomendación. Puedes irte a tomar por culo.

    Adiós.

  3. Es mas que evidente que en muchos párrafos que escribiste no leíste nada de los austriacos o al menos no los interpretas. Ademas si para refutar algo que para vos es siemple brujería no deberías haber escrito tan largo loquillo, pareces un peronista, vendes humo, dejate de joder y agarra algo de la escuela austríaca, Te recomiendo “La introducción a la E,A, de economía” de Gabriel Zanotti., podes bajarlo de internet, es un libro corto que te pondrá las ideas en orden y te darás cuenta que el “apriorismo” es mas importante de lo que pensas y no es ninguna estupidez, sobretodo los axiomas (verdades irrefutables) como por ejemplo que nos vamos a morir y que eso influye directamente en factores de la economía como lo es el tiempo, porque los austríacos casi no hablan de tasa de interés sino de tiempo. Saludos y rezaremos por vos como pide el peronista FRancisco.

  4. Por supuesto, Gustavo Rodríguez, por supuesto:

    Hay muchas verdades irrefutables. Que nos vamos a morir algún día, que el cielo es azul, que el agua moja, que el sol sale cada mañana por el este y se pone por el oeste, etc…, que dos más dos son cuatro. Eso es una verdad absoluta y el que quiera discutir algo tan básico, no merece mi atención, es un idiota y en un mundo que no tuviera ética, ni leyes, ni exigencias de trato a los demás, les arrojaría al mar porque no aportan nada de valor a los demás, no son más que bultos de carne con ojos, boca y patas. Por suerte, hay límites a lo que podemos hacer con los demás.

    Hay más verdades irrefutables. Leyendo lo que ha escrito, su estupidez sería otra verdad absoluta e imposible de refutar.

    Ah, y no, ni soy peronista ni considero útil que rece por mí como rezaría el papista Bergoglio. Así que vaya a otro sitio a hacer el payaso.

  5. Excelente artículo, ahora es común ver “economistas” de 9 minutos, que dicen tener todas las soluciones, esta es junto con otras ideas, la estupidez ha nivel mundial que es posible con el internet.

  6. La escuela austriaca suple con insultos, y argumentos al opositor, su falta de pruebas empíricas. Y si consideran el apriorismo como válido en el conocimiento, bajo dicho razonamiento, aún creeríamos en espíritus que producen las enfermedades, duendes que malogran cosechas, entre otras suposiciones que no explican ni resuelven nada.
    Por lo tanto, no merecen credibilidad alguna de parte del público, y menos aún de los académicos.

  7. La escuela austriaca es muy atractiva para todo tipo de “alternativos” y “antisistema” que tanto abundan en internet (y que no tienen ni puñetera idea de Historia ni de Economía) y que se creen que son los bancos centrales los que causan las crisis, desconociendo que antes de la adopción de un banco central las crisis eran un día sí, y uno no. Creen que todo está “orquestado” desde los gobiernos controlados por “malvados estatistas”, por eso sus grupos de seguidores están tan infestados de chalados y conspiranoicos de todo tipo.


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