Posteado por: Javier | enero 12, 2015

Las religiones y los religiosos: ¿debemos respetarles?

Con respecto a los asquerosos atentados cometidos por el yihadismo asesino el miércoles de la semana pasada en París contra varios dibujantes de la revista satírica Charlie Hebdo, contra un supermercado judío y contra la vida de un policía musulmán, poco puedo aportar que no se sepa ya. El viernes por la tarde, finalmente los autores de la masacre fueron abatidos, el único fin razonable que pueden tener los terroristas, aunque hay que lamentar las muertes de cuatro de los rehenes que tomaron en la tienda judía en la cual se atrincheraron en su huída.

Es el mismo islamismo que mata y oprime diariamente a tanta gente en otras partes del mundo. En países de Oriente Medio y de África se ha convertido en una triste normalidad de cientos de muertos semanales lo que aquí en Europa nos horroriza al ver una terrorífica anormalidad de una decena en una semana. En cuanto a valoraciones sobre el atentado comparto plenamente la que ha hecho don Alfredo en su bitácora, y no, por aquí tampoco nos solidarizamos con nadie que intente utilizar de forma oportunista los ataques.

Y, en el caso concreto de los viñetistas asesinados, tampoco me voy a solidarizar con las religiones supuestamente “insultadas”, “atacadas” y “vejadas” por las publicaciones de Charlie Hebdo (sea el Islam o sea la que sea, sea el cristianismo, sea el judaismo, sea el budismo o lo que sea), negando a nadie su libertad de expresión por aquello del “no ofendas los sentimientos religiosos”. Los liberales estamos para preocuparnos y defender la libertad de LAS PERSONAS, no los “sentimientos”, del tipo que sean, o la “honorabilidad” de las religiones.

En todo caso, defendemos la LIBERTAD DE CREER en lo que se juzgue oportuno por cada uno, no vamos a defender el que algo, como es la religión, o los “sentimientos” ligados a la religión, que en sus versiones más extremistas causa tanta muerte y sufrimiento a tantos seres humanos en tantas partes del mundo, tenga que ser por narices respetado o no pueda ser objeto de ofensa, mofa o burla. No vamos a defender el Islam, que en sus versiones más duras reprime a tanta gente en tantos sitios de Oriente Medio o África, oprime a tantas mujeres y castiga a tantos disidentes árabes o no árabes, musulmanes o no musulmanes, y regurgita la ideología que está detrás de tantos atentados sangrientos. Como no vamos a defender la presunta honorabilidad del judaismo, que en su versión más extremista llevó a la persecución de los primeros cristianos en el siglo I o al terrorismo de algunos grupos sionistas en la Palestina de los años 40, o a la aparición de pirados dispuestos a volar por los aires la mezquita de Al Aqsa en Jerusalen, como fue el caso del colono radical israelí Yehudá Etzion. Como tampoco al “cristianismo” (y aclaro que yo soy seguidor de Cristo, no del “cristianismo”), que, en sus versiones más extremistas, provocó persecuciones de disidentes paganos una vez fue legalizado en el Imperio Romano, el dominio totalitario de la Iglesia Católica durante la Edad Media, las cruzadas, la Inquisición, las guerras de religión en Europa y, sí lo digo, la persecución y la intolerancia de parte de miembros de algunas denominaciones del protestantismo hacia católicos y hacia protestantes de otras denominaciones, o, ya modernamente, terrorismo como el del IRA en Irlanda del Norte. ¿Hay religiones mejores que otras? En cualquier caso, más que hablar de “mejores que otras”, la diferencia es cuantitativa en cuanto al grado de sufrimiento que han causado sus versiones más extremistas y radicales. Pero, a la vista de la historia, todas ellas albergan en su seno elementos que, cuando encuentran una ideología política totalitaria a la que acoplarse, producen siempre violencia, sea en mayor o menor grado.

Es lo normal, puesto que, al fin y al cabo, las religiones, desde las épocas más antiguas, no han sido más que construcciones que, en su formas más suaves, los hombres se han montado o bien para autosatisfacerse moralmente (teológicamente, yo lo que diría es que son lo que el hombre que no tiene a Dios construye carnalmente con el fin de sentirse autojustificado y bien consigo mismo) y, en las más duras y radicales, como medios de dominación y control de las masas. Cuestión distinta es que la mayoría de los creyentes en ellas son pacíficos, obviamente. En más de una ocasión son víctimas de ellas.

El miércoles fueron violentamente atacadas las personas y la libertad de expresión de los miembros de una revista que habían tenido la valentía de ejercer esa libertad. No vale el “PERO”. “Condenamos el atentado, PERO…”, “pero es que sus portadas eran islamófobas”, “pero es que antes habían atacado también a los católicos o a los judíos” (curiosos “ataques”, cuando uno de los muertos era judío, o “islamofobia”, cuando en la revista hay dibujantes de origen musulmán o cuando algunas portadas anteriores han cargado abiertamente contra la xenofobia). La libertad de expresión incluye la posibilidad de “faltar al respeto” (o podremos hablar de otra cosa, pero no de “libertad de expresión”), puesto que si tenemos que guardar respeto a unas creencias, habremos de tenerselo a todas, hasta a las absurdas, hasta a las repugnantes o hasta las que solo profese una sola persona. No podríamos reirnos de nada ¿Por qué no podemos reirnos de quien siga las estrambóticas costumbres de una religión y sí de un loco que asegure y crea seriamente que de un salto sería capaz de llegar a la Luna o de que sería capaz de beberse él solo toda el agua del mar?

Criticar o mofarse de estos sistemas “religiosos” de creencias NO es atacar a quienes las profesan. Al contrario, en ocasiones, puede terminar siendo hasta liberador para las víctimas que están atrapadas en ellos. ¿En qué nos basamos para penalizar y limitar la libertad de expresión en el caso de las ofensas a algo tan subjetivo, y que es tan distinto de una persona a otra, como son los sentimientos? Algo que incluso no se puede decir que sea inherente a la persona y que es tan cambiante a lo largo de las distintas etapas de su vida. Es absurdo.

Desde la derecha y la izquierda rancias más de uno ha saltado son el “SÍ, PERO…”. Dicen en la derecha que, por lo menos, en Charlie Hebdo “sí tenían cojones de meterse con el Islam” (parece que la libertad de expresión es una cuestión testicular) pero que ofendían también a los católicos y que eso es inadmisible y, en definitiva, no debiera estar permitida la ofensa a la religión en general (ese es su “condeno, PERO…”). En la izquierda, todo hay que decirlo, ha habido algunos que, por esta vez, han sido más ridículos aún que en la derecha: no les molestan las burlas de Charlie Hebdo al cristianismo (al contrario, las jalean y las celebran), pero les sienta mal que se satirice sobre el Islam. Sí es lícito mofarse del catolicismo, pero no del Islam, pues esto último es como mofarse de unos “pobres oprimidos” y fomentar el racismo y la xenofobia. Piden laicismo para los blanquitos europeos en el caso del catolicismo pero, a la vez, respeto al integrismo en el caso de los árabes oscuritos, muchos de los cuales en otros países son cruelmente oprimidos por el radicalismo islamista que usa como excusa la religión. Aparte de este paternalismo tan repugnante, insinúan que hay que “respetar al Islam” (que no tiene nada que ver con no atacar a la persona de los musulmanes) puesto que no hacerlo es “racista y xenófobo”. Estos izquierdistas atolondrados, cuando hacen eso, caen en la misma hemiplejia mental que la derecha. Unos dicen que ridiculizar el catolicismo es atacar personalmente a los católicos. Los otros que ridiculizar el Islam es atacar directamente a los musulmanes y propagar racismo, con el agravante de que en Occidente son un grupo marginal. Desde luego, los propios musulmanes que sufren la esclavitud de las dictaduras teocráticas o los que caen muertos a cientos en atentados que se cometen en lugares del mundo mucho menos cómodos que los salones de las casas de estos que se la cogen con un papel de fumar no pueden tener peores “amigos”.

Los autores de Charlie Hebdo son unos valientes. Son héroes de la libertad. Ellos tuvieron el valor de colocarse en el punto de mira de unos liberticidas atacando satiricamente a ideas que en su aplicación más extrema pueden llegar hasta a matar la libertad y acabar con las vidas de miles de personas por todo el mundo (no solo a las religiones, puesto que se han mofado en sus portadas de todo lo que uno se pueda imaginar). ¿Ofendían? Por supuesto que ofendían. Cuando atacas a unos principios e ideas que favorecen a unos cuantos poderosos y esclavizan a muchos, vas a ofender. También es probable que ofendas a más de un oprimido con mentalidad de esclavo que piense que a quien estás atacando es a él personalmente. Reclamar el ejercicio de la autocensura porque haya sentimientos concretos que se puedan ver ofendidos es, en definitiva, el triunfo de los totalitarios sobre nuestra libertad.

Sobre este tema del respeto a los “sentimientos religiosos”, y la autocensura forozosa que más de uno pretende imponer, os voy a dejar con una magnífica entrada que publicó el mismo Alfredo en su bitácora en el mes de diciembre de 2013 (y que me ha autorizado para reproducir).

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Como saben algunos de mis lectores, el otro día se generó una bronca monumental en mi muro de Facebook porque un católico radical me quitó de su lista de “amigos”. Dice que nosotros “ofendemos” los católicos y que no hay derecho a ello. En consecuencia, escribí lo siguiente en el muro de actualizaciones: “Ayer, un católico-romano me quitó de su “lista de amigos” en Facebook, enviándome además un mensaje diciendo que los liberales debemos “respetar la religión” y que en mi hilo la gente “no respeta” a los religiosos católicos como él. Lejos de pedirle disculpas, me reafirmé en lo liberal: nosotros NO le debemos “respeto” a nadie ni a nada que no nos apetezca. ¿Son acaso el catolicismo o el islam, por poner dos ejemplos, dignos de “respeto”? Seamos consecuentes por favor. ¿Qué significa el respeto? El verdadero ejercicio de la libertad es precisamente poder ridiculizar lo ridículo o hasta poder ser ofensivo. Porque no nos engañemos: Una cosa es tolerarles, otra es respetarles. Si nadie espera que respetemos a un pirado que dice “soy un santo porque eso lo dice mi religión”, ¿por qué la gente espera que respetemos a un individuo que cree en un catecismo escrito por hombres hace siglos? No, no pienso respetarles. Se les tolera siempre que no impongan a los demás. Me alegro que mis hilos sirvan para ridiculizar a estos engañabobos.”

Bien. Pues hoy toca desarrollar más esta idea porque uno de los “choques” que se avecinan en estos últimos tiempos que le quedan a las religiones oficialistas va a ser qué relación tendrán con el Estado democrático y qué grado de “toleración” se podrá aplicar. Sin duda, va a ser uno de los grandes debates y la verdad es que esto representa una buena oportunidad para los juristas europeos y norteamericanos, porque se va a desarrollar de manera distinta en ambos continentes.

Desafortunadamente para el pensamiento libre, un gran porcentaje de “liberales” en España dicen ser católicos o “religiosos”. No sería un gran problema si solo se limitaran a decir que son católicos, pues sería equiparable a otro rasgo inofensivo como ser alto, o bajito, rubio, o moreno, negro, o blanco, etc. El problema surge cuando estos defensores del catolicismo exigen que, en el nombre del liberalismo, se les “respete”. Confunden “respeto” con tolerancia y creo que va siendo hora de definir estos conceptos y desacreditar a los articulistas como Francisco Moreno, del Instituto Juan de Mariana, que dice cosas como “El laicismo es una garantía del respeto del Estado a la conciencia individual”.

No, el laicismo no tiene nada que ver con el “respeto del Estado” sino más bien con la “neutralidad” de dicho estado hacia comportamientos que emanan de una creencia individual de carácter espiritual.

El artículo de Moreno es pésimo y mirad lo que dice su primer párrafo completo:

“El laicismo, se nos dice, lejos de ser un arma contra tal o cual religión, es una garantía del respeto del Estado a la conciencia individual y es la base de una convivencia respetuosa con todas las creencias. Impecable su formulación teórica; veamos las obras de sus acólitos.”

¿Se nos dice? ¿Quiénes lo dicen, señor Moreno? ¿El laicismo es una religión? ¿Cómo es que tiene acólitos entonces?

Moreno procede entonces a denunciar supuestos delitos que cometieron las brigadas antipapistas. Dice así en su homilía velada:

“La Puerta del Sol acabó siendo, empero, escenario de comisiones de delitos en cascada contra los pacíficos católicos allí reunidos. Sufrieron amenazas, vejaciones, insultos y agresiones, entre otros. Todo ese matonismo despreciable quedará impune pese a sus denuncias. El actual y exquisito Ministerio del Interior afirmó que investigaría si hubo excesos policiales contra los ciudadanos que protestaron contra la excesiva presencia de la JMJ en la calle.”

Es verdad que en España, desgraciadamente para la libertad, está prohibido en el Código Penal “ofender los sentimientos religiosos”. Es una ley absurda, liberticida y equiparable a algunas leyes en países musulmanes en los que se prohíbe “ofender al Islam”.

Pero eso no es realmente lo importante aquí, sino el hecho de que un autodenominado “liberal” como Moreno, miembro del Instituto Juan de Mariana en Madrid, justifique denunciar a estas personas. Ningún liberal en España ha denunciado esta actitud fascistoide de Moreno. Si Moreno fuése realmente liberal, denunciaría las leyes en España que prohíben a manifestantes insultar para mostrar su desagrado hacia tal o cual ideología. Y, habrá que ver a qué llama “amenazas” el señor Moreno. Porque yo estuve en esas manifestaciones y no oí a nadie amenazar con violencia a los papistas. Sí se les insultó y eso no me parece mal en absoluto, porque lo que no es digno de “respeto”, puede someterse a insultos. En cuanto a las “vejaciones”, es lo que llaman a las fotos ridiculizando al ex-Papa Benedicto y sus ACÓLITOS (ahora sí podemos usar la palabra correctamente, señor Moreno), hecho que se da en cualquier país libre, incluído EEUU donde se puede poner a parir a cualquiera en una manifestación y gracias a la Primera Enmienda de la Constitución Federal, el ciudadano es intocable cuando se expresa.

Ese hecho no le parece interesar a gente como Moreno, pues en realidad ni son liberales ni les interesa la libertad real – lo que les interesa es el frentismo “anti” izquierdas. No les importa que en ese frentismo, tienen que lógicamente defender a instituciones que nada tienen que ver con la libertad del ser humano, como por ejemplo la Iglesia Católica.

Tolerancia

La tolerancia no es lo mismo al “respeto”. La toleración supone o presupone mejor dicho, nuestro desagrado. En el interés de la libertad, se “tolera” la manifestación de las religiones como el Islam, el catolicismo o la presbiteriana, pero nadie debe tener obligación de “respetar” a nadie. Son dos cosas distintas.Yo no me sentiría raro ni ofendido si un católico me insulta por ser protestante. Como liberal, pediría que insulte más en la manifestación porque esa es su libertad.

La tolerancia supone que NO podemos ser “indiferentes” hacia lo que no nos gusta. Nadie dice “tolero a mis vecinos gays y moros porque soy indiferente”. Se usa “tolerar” cuando se quiere mostrar desagrado o cierto rechazo. Obviamente, en muchos casos, la “indiferencia” sería preferible antes que la tolerancia: mejor que la gente fuera “indiferente” hacia la orientación sexual de un desconocido, antes que decir “bueno les tolero”, o ser indiferente cuando se insulta a un católico, pero ya me váis entendiendo.

El liberal Locke fue uno de los primeros filósofos a la hora de defender la tolerancia, aunque los liberales aquí deberíamos matizar su tolerancia universalista porque creo que es justo dcir que Locke no podía imaginarse hasta qué nivel las entidades privadas en nuestras sociedades modernas y capitalistas pueden ser mucho más sofisticadas a la hora de inculcar creencias y coaccionar activamente con el poder de la cartera. La pasividad histórica de la gente demuestra que los estados sí pueden inculcar creencias, hasta creencias peligrosamente falsas.

Falsos liberales como Francisco Moreno no se quedan contentos con la toleración hacia católicos. Exigen “respeto”, como él mismo deja caer en su artículo (aunque sea por su ignorancia de las definiciones).

Todos somos iguales cuando se trata de nuestra capacidad para creer una mentira sin dar los pasos necesarios para aprender. Pero eso no implica nada más allá de la tolerancia: mientras que tu auto-engaño no haga daño a nadie, a mí no me interesa que te cuelgues un Rosario por el cuello o tengas un rancio crucifijo en tu habitación. Tampoco nos debería importar si una persona “busca el sentido a la vida y en su conciencia”, a pesar de que esto pueda conducir a que sientas asco hacia determinados colectivos o tus sentimientos te lleven a pensar que los homosexuales “destruyen” a las familias tradicionales.

Somos parecidos en muchas facultades, pero nos debería parecer raro eso de otorgarle un sentido respetable a esos ejercicios deficientes de nuestras facultades que vaya más allá de la tolerancia.

Los buenos gobiernos liberales, por supuesto, tienen obligaciones diversas pero una de ellas debe ser la tolerancia hacia aquellas prácticas que merecen esa tolerancia. Pero esto se complica cuando, además, las personas, usando el pretexto de sus conciencias personales, piden no tener que cumplir ciertas leyes aplicables a los demás.

Piensa por ejemplo en el caso de EEUU, donde decenas y decenas de asociaciones se hacen llamar “religiosas” para evitar los impuestos e inscribirse como asociaciones sin “ánimo de lucro”.

La libertad confesional no puede, jamás, ser utilizada como licencia para desobedecer las leyes aplicables a una mayoría democrática. Cuando un funcionario público se niega a casar a personas del mismo sexo en España o EEUU, por ejemplo, alegando “motivos religiosos”, o “su libertad”, jamás se le debe permitir salirse con la suya. Ningún empleado público, financiado con el dinero de TODOS los contribuyentes, debe negarle una libertad a un ciudadano. Si tan “en contra” están realmente de casar a gays, ¿por qué entonces nada dicen sobre los contribuyentes gays que también pagan su sueldo? ¿Pero este cachondeo qué es? O sea, “no te caso porque eres marica”, pero, “tu dinero sí me lo meto en el bolsillo”, porque ahí sí no miro la sexualidad. ¡Hipócritas!

Los calvinistas por lo menos suelen ser más consecuentes: lo dejan a la conciencia individual eso de trabajar como funcionario pero si eligen lo público, asumen las consecuencias y no se quejan.

O, tomemos otro ejemplo: ¿Quién aquí de los lectores aceptaría que un funcionario musulmán en España dijera que se niega a atender a ciudadanas, porque son mujeres? Los católicos pondrían el grito en el cielo si un funcionario musulmán se negara a hablar con una mujer sin velo. ¿Por qué entonces se creen que merecen más respeto a sus creencias que un moro musulmán? Pues porque son hipócritas.

El “ser religioso” NO te da licencia especial para librarte de las normas aplicables a todos los demás sufridos ciudadanos. La libertad religiosa no es la libertad para hacer lo que te dé la gana y que encima te lo respeten, ni tampoco la libertad para redactar tu propia oferta laboral personalizada, o vestirte como quieras en un papel en el que los demás llevan uniformes.

Lee, infórmate por favor. Aprende lo que significa la democracia, la libertad y el pluralismo real, y la tolerancia (que no respeto).

Por último, queda también otra cuestión pendiente:

¿Por qué las religiones merecen más “respeto” jurídico que creencias “no” religiosas? Por ejemplo, ¿por qué las preferencias de un católico o de un musulmán en la ley están por encima de otro tipo de creencias? Tóma el ejemplo de los vegetarianos. Ningún juez se tomaría en serio a un vegetariano trabajando en un supermercado que se negara a vender carne en su puesto de trabajo. Por eso pienso que, al menos en este sentido, Europa está más adelantada que EEUU porque en Europa, en la protección de las libertades, se habla de “religión y/o CREENCIAS” mientras que en EEUU solo se habla de preferencias religiosas. Esto significa que como Europa ha ampliado más la definición, se ha tenido que equilibrar más y son mucho más exigentes cuando los ciudadanos alegan “motivos religiosos” para escaquearse de una ley.

En EEUU, pasa lo contrario: decenas de niños no son escolarizados porque sus padres no “creen” en el colegio (ni el público ni el privado), los Amish no tienen que ir a la guerra aún cuando sea absolutamente vital (ojalá que nunca llegue a eso), y los prisioneros judíos y musulmanes pueden ser excarcelados en sus días festivos.

Los juristas en América deben reconsiderar más estas cuestiones.


Responses

  1. Religión es la dogmatización del hombre por dar a conocer su ego, de tener preferencia con Dios, de ser uno de sus consentidos y por tanto deberán hacer lo que él dice, caso contrario están mal.-

  2. Hola Javier:

    En cuanto al obedecer las leyes, es cierto que es necesario que toda persona deba atenerse a ellas, sino todo sería un caos en la sociedad. Y aquí también pienso entra el tema de la libertad de la expresión porque no todo lo que es puesto como ley tiene que ser realmente bueno, no podemos vivir a merced de codiciosos ni de utopistas que aspiran a una sociedad ultra perfecta cual máquina, los ciudadanos tenemos derecho a expresar nuestro desacuerdo con la ley si está equivocada, pero hay maneras y maneras.

    Respecto a las religiones no se puede respetar lo que no se practica, ni lo que se desconoce, creo que es un tema en el cual se tiende a un simplismo bastante grosero, últimamente estoy leyendo textos tradicionales del hinduismo (no comentarios de terceros interpretándolos) y poco tienen que ver con las prácticas excéntricas que se ven en la India actual (o del pasado), de hecho, hay cosas muy inteligentes (reconocen la existencia de un Dios supremo), aunque obviamente sus bases no son bíblicas.

    Y pienso que en lo que vemos del islam en comparación con el Corán puede ocurrir algo similar.

    El hecho de que uno no concuerde con una religión no creo que sea pretexto para ejercer una soberbia abismal cosa que veo en diversas páginas ateas, pero claro, sería ridículo colocar una ley que penalice la soberbia, jajaja, obviamente entra en el ámbito personal como lo es el mejoramiento del carácter.

    Considero que la sátira es algo que hay que saber hacer y no todo el mundo vale para ello, está el que es verdaderamente gracioso (ejem. los creadores de Los Simpson) o el que transmite su amargura y cinismo. Incluso en la Biblia hay algunos episodios de burla como el de Elías a los profetas de Baal, pero no vemos todo el texto bíblico lleno de burlas.

    Todo tiene su momento y lugar, y la sátira puede servir para liberar tensiones, pero no se puede considerar como un argumento para decir tal o cual cosa está mal.

    He visto en algunas páginas lo que se comenta sobre lo ocurrido con los de Charlie Hebdo y creo se juzga con doble vara, si la revista esta hubiera hecho sátiras de feministas, homosexuales, estoy segura que ellos hubieran acudido a los tribunales pidiendo se cierre la revista por considerarla ofensiva.

    O sea ¿Libertad de expresión es sólo satirizar a unos cuantos, opinar contra ellos? pero a lo que es políticamente correcto ¿Ni tocarlo con el pétalo de una rosa?

    Saludos!


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