Posteado por: Javier | marzo 14, 2015

En las tierras galaicas (I)

Como algunos saben, la semana anterior a la que hoy acaba anduve por las tierras del norte de España, más concretamente Galicia, o, más bien, parte de ella: las ciudades de Ourense y Santiago de Compostela. Me faltó la costa y eso tendrá que quedar para la próxima (que la habrá, pues me ha gustado muchísimo), aunque por donde he estado ya de por sí había mucho que ver como para no aburrirme.

Lo reconozco, nunca había subido antes a Galicia, pero era más o menos lo que me esperaba.

El clima: para mí, lo mejor. Nada más entrar en la región gallega, una espesa niebla empezó a envolverlo todo. En parte me gustó, pues parecía que estuviésemos en Inglaterra, Escocia o Irlanda, pero también es verdad que me perdí ir viendo durante el viaje los preciosos paisajes gallegos. Tanto en Ourense, donde solo estuve un día por un motivo profesional, como en Santiago hacía a primeros de marzo el mismo frío que en un día crudo de diciembre o enero en el sur, o sea, entre unos 5 y 7 grados. Para quien sea friolero (que yo no lo soy, al contrario) será mucho peor el de Santiago, gélido y seco, que el de Ourense, mucho más húmedo. El miércoles por la mañana estuve en la Praza do Obradoiro y el viento helado entraba en rafagas por las cuatro esquinas. Lo que no impedía que este señor de la foto (el que se ve en pequeñito pegado a la pared) estuviera mañana, tarde y noche tocando la gaita, allí parado en uno de los callejones laterales a la plaza. A las diez de la noche, con unos 4 grados, el gaiteiro seguía tocando imperturbable:

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Sin duda, una cosa que llama mucho la atención de Galicia, en comparación con las tierras sureñas y mesetarias, es que es un lugar mucho menos ruidoso. Ni por la calle, ni en los bares o cafeterías hay el escándalo que se forma en otros sitios de España, ni la gente suele hablar a gritos. Es decir, no es normal encontrarte con el típico bareto español donde tienes que estar pegando voces si quieres que se escuche y donde acabas mareado con el “¡plam, plam, plam!” continuo de los platos, otra cosa muy de bar español.

Ni que decir tiene que consumí exclusivamente platos y productos gallegos y mucha “Estrella Galicia”, una de las mejores cervezas de España.

Por otra parte, también es magnífico el trato de la gente que te atiende. Suele ser muy educada y correcta pero no con una amabilidad exagerada y empalagosa. Los gallegos son gente muy sencilla y hospitalaria, y el tratamiento tanto en los hoteles en que te hospedes como en los restaurantes donde vayas a comer normalmente será atento, pero sin sonrisitas plásticas y prefabricadas y sin llegar al extremo de la tasca “Manolo”, donde te sueltan un “¿Qué quieres?” como si te estuviesen soltando un escupitiajo en la cara. No obstante, decir que si me dan a elegir, prefiero el modelo tasca “Manolo”, no solo porque es genuinamente español y no una burda copia de un modelo americanizado, sino porque el de las sonrisitas suele venir de la mano de empresas y cadenas que se dedican a fomentar un turismo indeseable, cutre y “low cost” a costa de precarizar laboralmente y putear a los trabajadores de mi país. No es que en Galicia no haya un poquito de eso (puesto que lamentablemente están prostituyendo todo el país), pero, al menos, en ciudades más pequeñas y tradicionales, como las gallegas, otras del norte de España o Sevilla, por el sur, no demuelen todavía el patrimonio como en grandes urbes tipo Barcelona o Madrid (recordar de esta última  cómo el gobierno neolibegal instalado allí ha permitido horteradas que dañan la vista como una horrorosa tienda Apple en la Puerta del Sol, quitar de su sitio el historiquísimo cartel de “Tio Pepe” o cambiar el nombre de la estación de metro de Sol por “Vodafone”).

Y mañana continuaré con más impresiones sobre Galicia, después de esta pequeña introducción, que la concluyo con algunas fotos que fui haciendo. Me quedan cosas que contar pero, después de tanto tiempo, quería volver a publicar algo ya, así que he decidido dejar este artículo sobre Galicia como introductorio.

Si ha habido rumores de ello, ante casi un mes de ausencia (ya que parece estar de moda el filtrado de esos bulos y fábulas), NO, no he dejado la bitácora ni voy a cerrarla. Simplemente, soy humano, tengo vida propia fuera del Internet y, aparte de viajar algunas veces, también trabajo, a diferencia de los vendepatrias que calientan con sus culos los asientos del Congreso de los Diputados (cuando les da por pasarse por allí).

Buenas noches y que disfruten de las fotos.

La espectacular Plaza santiaguesa del Obradoiro:

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Algunas muestras de arquitectura galega. En ese sentido, Galicia es una región muy “British”. Parecen casonas de alguna ciudad pequeña de Reino Unido o Irlanda:

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