Posteado por: Javier | julio 5, 2015

OXI

A estas horas, en Grecia ya queda poco tiempo para que se conozcan los resultados del referéndum convocado por su gobierno (y ratificado por la mayoría de su parlamento) ante los términos de la última propuesta de sus acreedores, considerada como no asumible y necesitada del aval del pueblo griego.

Las condiciones que plantean estos acreedores son:

1) una prórroga de cinco meses de su rescate, hasta noviembre de 2015, y

2) una financiación total de unos 15.500 millones de euros para hacer frente a sus próximos vencimientos de deuda.

Como contrapartida, Grecia debería acatar una nueva rebaja de las pensiones y otra subida del IVA, del 23%, para los restaurantes y los hoteles.

El gobierno griego ha dicho “no” reiteradamente a las reformas, que han agravado la situación que empeora desde el primer rescate, hace ya cinco años. Desde entonces, la deuda ha aumentado hasta un 180% del PIB, las pensiones se han visto reducidas en un 45% y el PIB en un 25, tanto la pobreza infantil como las enfermedades y los suicidios han aumentado -un 40 y un 45%, respectivamente- y el paro ha crecido hasta el 27%.

Pese a la indignación de las tan “democráticas” instituciones de Bruselas, lo cierto es que el programa con el que Syriza concurrió y ganó las últimas elecciones generales griegas ya contemplaba claramente que su plan era revertir gran parte de los recortes aplicados por sus predecesores y las medidas de austeridad aprobadas fijadas por la Troika. Además, parte de su programa consistía también en una apuesta por una mayor participación de la sociedad en la toma de decisiones.

No les han dejado otra alternativa y Grecia ha hecho lo que tenia que hacer. Ni la Troika ni el Eurogrupo parecen querer darse por enterados de que el origen del problema es un volumen de deuda impagable por los países del sur de Europa, un sistema financiero occidental insolvente y una verdadera chapuza como fue el invento de la moneda única. Para tapar estos problemas, no hay problema con condenar a la miseria a los países del sur. Una reestructuración o una quita de deuda a los griegos seguramente provocaría como efecto rebote que el actual gobierno español, uno de los más obedientes a los dictados de “las instituciones”, fuera barrido en las elecciones de noviembre, al ponerse de manifiesto la inutilidad de las penurias y del sufrimiento infligidos a Grecia por la Troika. Por eso es tan importante humillar todo lo posible al gobierno de Syriza… aunque sea una estrategia suicida para la propia UE.

Como vengo diciendo desde hace mucho, el euro fue un lamentable invento desde el principio, puesto que es una moneda diseñada a la medida de la economía más exportadora de la UE. Alemania desde siempre ha tenido un déficit tremendo de demanda interna y, por tanto, su fin siempre es colocar en el resto de países de Europa sus excedentes de producción y alcanzar de esta forma el pleno empleo. Estos superávits de la exportaciones alemanas se convierten en déficits comerciales para el resto de países, particularmente los del sur de Europa, que reciben el ahorro alemán, generándose burbujas financieras y endeudamiento. Sencillamente, el euro solo sería viable en una Europa en la que el resto de economías fueran tan exportadoras como la alemana… y eso es absolutamente inviable. En la medida en que se pagan las deudas y no se contraen nuevas, se debilita la demanda agregada, pero no sobre la producción alemana, sino sobre la del resto de países, con tremendos efectos: aumento del desempleo, caída de los ingresos fiscales, aumento del gasto público para atender a los desempleados y subida bestial del déficit que provoca un incremento de la deuda pública. En el momento en que los inversores tienen reticencias a comprar esa deuda pública de los países del sur, desde el norte se impone la austeridad fiscal. Es un sistema auténticamente demencial.

En lo que respecta a Grecia, en la mayor parte de la prensa y medios de comunicación habréis visto y oído numerosos mensajes sobre lo ricamente que han vivido estos años y quieren vivir los griegos a costa de tu dinero. Estos medios básicamente no son otra cosa más que la voz de sus propios acreedores, los mismos que están buscando desviar la atención y eludir sus responsabilidades tanto en la crisis griega como en la del resto de Europa.

La ineficiencia histórica y falta de competitividad del país heleno es de sobra conocida y es algo que no se niega. Así como el despilfarro de gobiernos anteriores y hasta el falseamiento de sus cuentas (todo ello consentido durante años por “las instituciones”, por cierto). Pero Grecia no es más que una excusa y el chivo expiatorio para el sistema financiero y bancario europeo, y, más particularmente el alemán (también en buena medida el francés). Puesto que es éste, y no Grecia, el verdadero problema de Europa.

En 2008, la suma de los seis mayores consorcios financieros de EEUU apenas superaba el 60% del PIB norteamericano. Poca cosa en comparación con la relación entre el tamaño de los bancos europeos y sus países. El Deutsche Bank tiene un tamaño equivalente al 80% del PIB de Alemania. Los cuatro mayores bancos de Reino Unido superan en dimensión al 400% del PIB de su país. Los tres primeros bancos de Italia equivalen al 115% del PIB italiano. Los tres principales bancos de Francia al 300% del PIB francés. ING posee activos cuyo valor contable equivale al doble de todo lo que produce Holanda entera durante un año entero. Si Grecia se desplomase por la absurda política de la Troika y, con ella, la Eurozona y la gran banca europea, estos dinosaurios y mastodontes serían irrescatables.

A mediados de 2010, algunos de los banqueros al frente de unos pocos de estos dinosaurios (mayormente los franceses, concretamente) descubrieron horrorizados que habían prestado mucho más dinero de la cuenta a unos dirigentes griegos tan sinvergüenzas como para engañarles con sus cifras de déficit fiscal (con la inestimable ayuda de Goldman Sachs… ya se sabe, en aquella época, a la hora de hacer negocio, a la banca sí interesaba salvar el culo al tramposo gobierno griego de por aquel entonces). Al igual que “las instituciones” falsearon en 1999 la contabilidad para que Grecia pudiera entrar en el euro. “Casualmente”, Mario Draghi, actual presidente del BCE, había sido vicepresidente en Europa y socio de Goldman Sachs. Por falsear los números de Grecia, el banco estadounidense se llevó un botín de 600 millones de euros. No es de extrañar que, cuando en 2011 Draghi presentó sus credenciales ante el Parlamento Europeo, tuviera que dar explicaciones de su gestión al frente de Goldman Sachs. Naturalmente, dijo que nunca había sabido nada del ocultamiento de la deuda griega.

Al llegar al poder en 2009, el nuevo gobierno griego del socialista Yorgos Papandreu dijo “estar escandalizado” por los trucos contables utilizados por Goldman Sachs para ocultar la deuda. Por supuesto, intentaron dar a entender que todo había sido cosa de Goldman Sachs en connivencia con el anterior gobierno, cuando la realidad es que los gobiernos del PASOK de Costas Simitis habían utilizado también trucos contablesPara tapar un fraude, Papandreu cometió otro: puso al frente de la Agencia de Deuda Pública griega a Petros Christodoulou que también había sido un empleado de Goldman Sachs y, por lo tanto, conocía sus trucos contables a la perfección.

Ese mismo año de 2010, casualmente, era dirigente del FMI un tal Dominique Strauss-Kahn, un político socialista francés tan sexualmente fogoso como políticamente ambicioso, decidido a ser el sucesor de Sarkozy al frente de la presidencia del país galo. Qué mejor para ello que conseguir unos cuantos buenos apoyos en la banca francesa. Lo cierto, casualidad o no, es que el FMI concede en ese momento a Grecia el mayor crédito de la historia de esta institución, a fin de que Grecia pueda pagar a los bancos franceses. También casualmente (no seamos malpensados), un compatriota de Strauss-Kahn al frente del BCE, Jean-Claude Trichet, ordenó la compra de bonos soberanos griegos por valor de 27.000 millones de euros. En definitiva, tanto el BCE como el FMI rescataron a los bancos acreedores de Grecia. Eso sí, dejando al pueblo griego tan endeudado y arruinado como antes y con una losa de granito sobre las espaldas del resto de europeos que durará décadas. Es entonces (con la deuda griego alcanzando el 115% de su PIB) cuando Grecia recibe la receta de austeridad. Los resultados de la austeridad y de cinco años de tremendos recortes que han devastado la economía griega están a la vista: la deuda pública de Grecia supera el 180% de su PIB. El mismo PIB se ha desplomado un 25%. El dinero prestado no se ha invertido en nada productivo, solo en pagar amortizaciones de la deuda anterior. Con lo que el país sigue igual que antes de ser rescatado, pero con más deudas. La demanda pública pulverizada por efecto de la austeridad provoca una caída automática del PIB, con lo que se reducen los ingresos tributarios del Estado y se dispara de nuevo el déficit, siendo necesarios más créditos. Y esto, claro, a lo único que lleva es a más incrementos adicionales de la deuda inicial, más austeridad (puesto que la teoría es que, si la economía se desploma, es que la austeridad no ha sido aplicada con la suficiente intensidad), menos recaudación, más déficit y así en una espiral sin fin de la que no puede salir el país “rescatado”.

Actualmente, con Grecia arrasada desde hace tiempo por estas políticas, hay que convencer al personal de que la culpa es de unos “comunistas” radicales, manirrotos y descerebrados que no llevan ni seis meses en el poder (AQUÍ un artículo muy bueno sobre esta campaña), y de unos vagos jubilados que cobran unas pensiones medias de 350 euros al mes (un auténtico “fortunón” que el FMI insiste en que se reduzca en 120 euros). Estos “manirrotos” se estarían gastando nada menos que el 16% del PIB en estas “suntuosas” pensiones. Lo que los propagandistas de la Troika nunca dicen es que se han desplomado un 40% desde el inicio de las medidas de austeridad. Lo que sucede es que cuando se hunde el PIB de un país, como la austeridad así ha hecho con el de Grecia, automaticamente crece el porcentaje del PIB que representan las pensiones, no que estas se hayan incrementado en su cuantía. Esto unido a otros “vagos” y “aprovechados” como son los desempleados griegos, de los cuales solo el 9% tiene acceso a alguna prestación por desempleo y al año de estar en el paro pierden la posibilidad de acceder a la sanidad pública.

Y es que, realmente, el problema de Grecia no ha sido una “keynesiana política de gasto social disparado”, como insisten los lacayos libegales de la Troika (sí que es verdad que ya sabemos que, para ellos, cualquier partida destinada a esto es excesiva). El gasto público griego en 2009, cuando se dispara el riesgo de impago, era de un 54% del PIB, no demasiado alto en comparación con otros países de la UE. Algo menos que países como Francia o Finlandia y solo un poco más que Italia, Austria, Bélgica u Holanda. El problema era la corrupción y falseamiento de cuentas de los anteriores gobernantes griegos y una recaudación en impuestos bajísima, por unos tipos impositivos ridículos y una evasión fiscal galopante, sobre todo si miramos a las mayores fortunas del país. Lo que ocurre es que hay que utilizar esta propaganda azuzar a las masas populares de los países del norte (algunas también muy castigadas) contra las del sur, e incluso a algunas del sur entre sí (y en algunos sitios parece haber sido una táctica muy exitosa y ventajosa para las oligarquías financieras).

Aquí lo importante no es el dinero, sino obligar a Grecia a ceder y aceptar lo inaceptable: no solo las medidas de austeridad, sino otras políticas regresivas y punitivas. En enero, los griegos eligieron un Gobierno que se comprometió a terminar con la austeridad. Si Tsipras se limitara a cumplir sus promesas electorales, ya habría rechazado la propuesta de la Troika. Pero quería que los griegos tuvieran la posibilidad de pronunciarse sobre una cuestión tan importante para su futuro. Ningún gobierno de la UE preguntó a sus ciudadanos si quería ceder la soberanía sobre su moneda al BCE, únicamente Suecia y los suecos se negaron a ello puesto que sabían que una política como la de este organismo tan obsesiva con la inflación solo provocaría una contracción de su economía y un aumento del desempleo.

Tanto para Bruselas como para sus gobiernos satélites es muy incómodo un Gobierno como el griego contrario a las políticas que han contribuido al aumento de la pobreza y las desigualdades en las naciones del primer mundo y decidido a controlar el poder de la riqueza. Todo vale, hay que derribarlo como sea, puesto que esta es la naturaleza antidemocrática de estas instituciones. Y creen que pueden acabar con él obligándole a aceptar un acuerdo contradictorio con su mandato.

Por ello, hoy los griegos no deberían votar otra cosa más que OXI (¡NO!). El “sí” es una prolongación del tormento y el empobrecimiento actual, con la remota esperanza de que, cuando sea un país totalmente depauperado, dentro de una década más o menos, obtenga un perdón de la deuda. El “no” puede ser una medicina amarga y muchísimas dificultades al principio, pero también la posibilidad de que los griegos puedan tomar las riendas de su destino y construir un futuro no tan prospero como las décadas anteriores pero, al menos, más esperanzador que el actual calvario.


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