Posteado por: Javier | julio 12, 2015

Calvino: reformador y figura provocativa

El pasado viernes se cumplieron 506 años del nacimiento en Francia del gran teólogo reformado Juan Calvino, con lo que aquí va un pequeño homenaje a una figura fundamental en la historia de Europa y Norteamérica (fundamental, seas o no creyente). Aunque el propio Calvino seguramente no hubiera sido muy aficionado a homenajes, ya que él mismo en ningún momento de su vida quiso ser el centro de atención de nada. Para Calvino todo se trataba de Dios y nada de él mismo, hasta el punto que tras morir en 1564 fue enterrado en una tumba anónima a fin de que la misma no se convirtiera en un centro de peregrinación o algo por el estilo.

Durante su juventud fue educado en el catolicismo, realizando estudios de Teología, Humanidades y Derecho. Con poco más de veinte años se convirtió al protestantismo, al adoptar los puntos de vista de Lutero: negación de la autoridad de la Iglesia de Roma, importancia primordial de la Biblia y doctrina de la salvación a través de la fe y no de las obras. Tales convicciones le obligaron a abandonar París en 1534 y buscar refugio en Basilea (Suiza). El de 1536 fue un año decisivo en su vida: por un lado, publicó un libro en el cual sistematizaba la doctrina protestante – La Institución de la religión cristiana-, que alcanzaría enseguida una gran difusión; y por otro, llegó a Ginebra, donde la creciente comunidad protestante le pidió que se quedara para ser su guía espiritual. Calvino se instaló en Ginebra, pero sus autoridades le expulsaron de la ciudad en 1538 por el excesivo rigor moral que entendían había tratado de imponer a sus habitantes. Allí se produjo el hecho más oscuro de su vida: su consentimiento a la ejecución del español Miguel Servet por herejía. Aunque él no fuera quien instigara la ejecución, sino el Consistorio de Ginebra, evidentemente, ese fue el mayor error de la vida de Calvino y algo injustificable, por más que la enseñanza antitrinitaria de Servet también le hubiera llevado a la ejecución de haber caído en manos de la Inquisición católica, y de que en aquella época lo habitual fuese que el poder civil persiguiese la herejía religiosa con la consideración de crimen contra el Estado.

Junto con Lutero, está considerado como uno de los padres de la reforma protestante, aunque sus doctrinas fundamentales darían lugar a otra corriente dentro del propio protestantismo: el calvinismo.

Calvino fue el pensador cristiano que mejor entendió que Dios es absolutamente soberano, el autor de todo lo bueno, infinito, misterioso e incomprensible para el ser humano. No puede ser descubierto mediante ideas humanas. Siendo infinito, Dios trasciende nuestro conocimiento finito y limitado. Por ejemplo, ¿cómo entender mediante razonamiento humano algo como la Trinidad, que Dios sea Uno en vez tres personas? Siendo imposible encontrar a Dios por medio de la sabiduría humana, en consecuencia, sólo puede haber un conocimiento de Dios si el mismo Dios se revela a las personas. El que haya creyentes e incrédulos es resultado de que soberanamente Dios haya decidido intervenir para salvar a algunas personas de la perdición. Dios siempre es el que inicia la relación con el ser humano y, de hecho, Él se interesa más por nosotros que nosotros por él, de forma perfectamente misericordiosa, puesto que (si nos guiáramos por razonamientos humanos) nada habría en nosotros, más que una maldad absoluta, que pudiera intesarle. De ahí pasamos a la doctrina bíblica de la predestinación. Siendo Dios soberano, y el único ser auténticamente libre, es Él el que inicia la relación con nosotros, la relación por la cual nos convertimos en sus hijos y en salvos. Si el ser humano fuera quien decidiera iniciar esa relación con Dios, es que Dios no sería absolutamente soberano. La doctrina de la predestinación es una de la que más ataques ha generado contra el calvinismo, pero el razonamiento es muy sencillo: no creo que nadie criticase que un señor muy bienintencionado acudiese a un orfanato y adoptase solo a unos cuantos de los niños sin hogar que hubiese allí, no creo que nadie le criticase por dejar allí al resto. Al contrario, sería visto como alguien muy caritativo por la buena obra de adoptar a esos pocos. Estando perdida toda la humanidad, ¿por qué criticas, entonces, a Dios cuando actúa soberanamente salvando a algunos y dejando al resto? El amor de Dios se manifiesta en la salvación de esa parte de la humanidad.

Para Calvino, Jesucristo revela el amor y gracia de Dios hacia sus elegidos y es el mediador entre el hombre y Dios. NO hay otro mediador: ni el clero, ni la institución eclesiástica, ni un sistema de sacramentos, ni vírgenes, ni santos, etc., SOLO CRISTO. Dios viene a nosotros a través de Cristo, y solo de Cristo, no de la iglesia. “La Iglesia” no es una institución que esté por encima de los cristianos, los cristianos SON la Iglesia, existe un sacerdocio universal de todos los creyentes. El Espíritu Santo, la Tercera Persona de Trinidad, da testimonio del Padre y de Jesucristo. Él es la fuente del testimonio personal y la revelación, nos puede guiar en nuestras decisiones y nos protege del peligro físico y espiritual. Se le conoce como el Consolador y puede calmar nuestros temores y llenarnos de esperanza. Por medio de Espíritu Santo, somos santificados al arrepentirnos. Es por medio de la influencia del Espíritu Santo que recibimos el conocimiento de nuestro Padre Celestial y de Jesucristo, y sentimos Su poder, bondad y amor. Por obra del Espíritu Santo, Cristo está realmente presente en el sacramento de la Cena del Señor, pero, obviamente, no como en la “transubstanciación” católica romana o en la “consubstanciación” luterana, sino que se trata de una presencia fundamentada en una comunicación espiritual con Cristo, la cual es efectuada por el Espíritu Santo. Esta es una comunión real con Cristo que, no obstante, permanece en el campo espiritual.

El pensamiento calvinista lo podemos resumir muy bien en esta anécdota de una conversación entre una señora y Charles Spurgeon, el famoso predicador inglés del siglo XIX:

Señora: Predicador, hay una frase en la Biblia que no entiendo.

Spurgeon: ¿Cuál frase es la que no entiende usted?

Señora: Cuando Dios dice “A Jacob amé, más a Esaú aborrecí”.

Spurgeon: Ah, pues mire, yo tampoco lo entiendo.

Señora: Bueno, lo que yo no entiendo es una parte.

Spurgeon: ¿Cuál?

Señora: “A Esaú aborrecí”

Spurgeon: ¡Ah, bueno! ¡Yo esa parte la entiendo perfectamente!

Señora: ¿Sí?

Spurgeon: Yo entiendo perfectamente que Dios aborreciese a Esaú, ¡LO QUE NO ENTIENDO ES CÓMO ES QUE AMÓ A JACOB!

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