Posteado por: Javier | agosto 9, 2015

El mito de la “recuperación” española

Hace unas semanas publiqué un artículo sobre el mito extendido entre algunos círculos sobre la “recuperación” irlandesa. No es el único. Aunque la mayoría de españoles sean excépticos, también hay algunos muy forofos del actual gobierno que creen a pie juntillas la propaganda que habla de “recuperación” de nuestro país (o “este gobierno ha sacado a España del agujero en que lo dejaron los socialistas”). En los casos más exagerados, habría incluso alucinados que hablarían casi del “Tigre Ibérico”.

El principal argumento del mito sería que, después de un titánico esfuerzo, hemos puesto “orden en las cuentas públicas” (lo curioso es que ese orden en las cuentas públicas ya existía en 2007) y “eliminado el derroche” de los anteriores gobiernos. Pero la realidad que podemos ver es que el sector de la construcción (el que era el motor de la economía española) es mucho más pequeño que antes de la crisis y que, aparte de esto, no se ve ningún cambio (ni proceso de cambio) en la estructura económica. La fantasía del orden en las cuentas públicas queda desmentida por el ritmo de acumulación de deuda pública que sufrimos (suele ser uno de los efectos más perniciosos de las políticas de austeridad), con lo que la idea de la “recuperación” solo sería sustentable con el dato del crecimiento. Se razona que si se crece, eso debe ser bueno y señal de que las cosas están marchando bien; sin embargo, también se creció a un ritmo alto entre 1999 y 2008 y aquello no fue más que la antesala de un desastre. ¿Podemos esperar otra cosa más que este ciclo de crecimiento, sentado sobre unas bases similares, solo que de un ritmo más modesto, termine de otra forma o incluso peor que el anterior?

Otro de los argumentos muy manidos para sostener el mito es mencionar el descenso en el número de desempleados; mencionarlo, por supuesto, sin dar más datos o tomando solo los que interesen.

Efectivamente, desde el primer trimestre de 2014 el número de desempleados ha venido disminuyendo. Pero aunque haya bajado la tasa de paro, esta se aplica sobre un menor número de ocupados que en el año 2012, entre quienes han abandonado el país y entre quienes sencillamente lo que han abandonado es la búsqueda de un empleo después de estar ya cuatro o cinco años en el paro:

paro

Desde hace un par de años la recaudación de la Seguridad Social se ha recuperado un poco, pero de forma muy débil debido a la escasa calidad del empleo que se crea, con menores salarios y jornadas de trabajo más reducidas que el destruido previamente. España no crea empleo, sino que reparte las horas de trabajo. En un artículo del pasado día 4, el Financial Times ha resumido lo que es la “recuperación” española en el campo del empleo: “El precio de la reactivación económica es más trabajadores con contratos precarios. […] hay contratos por un mes o incluso una semana por sueldos tan bajos como 285 euros.[…] Los contratos temporales se han convertido en un lugar común, incluso en profesiones como la enseñanza […] en España ya no se trabaja para vivir, sino para subsistir. […] Los trabajadores pobres son una realidad en España ahora. […] “España está creando un montón de puestos de trabajo, pero sólo una pequeña fracción de ellos son para puestos estables” […] “En junio, por ejemplo, casi uno de cada cuatro nuevos contratos duró una semana o menos”.

Justamente, esta apariencia de recuperación tiene el coste de aumentar la deuda pública para reducir la privada y hacer de este modo que haya una tímida reactivación de la actividad y el crecimiento. La deuda externa española tuvo un momento de moderación en el segundo trimestre de 2012, volviendo a dispararse en el último de 2013, momento que coincide cuando el empleo empieza a recuperarse algo:

Evolución de la deuda externa

 

 

 

 

 

 

 

Así que la tan cacareada “recuperación” que proclama a los cuatro vientos el gobierno que padecemos y sus medios de comunicación palmeros (casi todos) no es más que algo meramente coyuntural, pero que muy probablemente echara temporalmente algo más de dinerito en los bolsillos de los españoles, por lo menos por unos meses (se prevé que los tipos de interés bajos se mantengan por parte del BCE por lo menos un año más), los suficientes para que a éstos ni se les pase por la cabeza aventuritas, tipo votar a Podemos y demás, y asegure a Rajoy cuatro años más de presidente. Lo malo es que, pese a que evitemos el “apocalipsis bolivariano-podemita” (al menos, esa es la película de terror que nos proyectan noche tras noche en las tertulias digitales de las teles de la derecha española), esta deuda pública con la que se ha ayudado a reducir la privada está apalancada sobre deuda externa. Esto no es otra cosa más que un suicidio, sobre todo para un país como España, que no tiene soberanía monetaria ni capacidad de devaluar, dado que cualquier cambio en el atrevimiento para invertir de los mercados internacionales (como el que a buen seguro se producirá con la nueva crisis financiera que está cociéndose) puede hacer que estos se lleven de vuelta los capitales que han estado entrado gracias a esa política de tipos bajos del BCE, volviendo a dejar a dos velas la economía española.

Aquí vemos cómo han ido evolucionando la deuda privada, la pública y la total:

Deuda total

Además de esta mejora de ciclo en la Eurozona favorecida por la política del BCE, el otro factor totalmente volatil que ha beneficiado a un cierto aumento de la demanda privada y la actividad (y a la “recuperación”) son los bajos precios del petróleo. Las importaciones de petróleo supusieron aproximadamente el 3,6% del PIB de España en 2014 y esta bajada de precios ha dado aunque sea un respiro a la economía española (de todas formas, todavía está 2,5 veces más caro que en el año 1999, cuando empezamos a hinchar de verdad nuestra burbuja inmobiliaria). Los precios bajos parece ser que se prolongarán por dos años más, pero parece que esta época de petróleo barato se acerca a su fin. Bastaría con que Arabia Saudí dejara de inundar de petróleo el mercado. De momento, parece que los sauditas seguirán con su estrategia de abaratar el petróleo para evitar que EEUU se vuelva autosuficiente energéticamente gracias al fracking (el objetivo saudita es que, por sus altos costes, el fracking no le sea rentable a los yankis pudiendo comprarles a ellos más barato el petróleo). Si esto ocurriera, al no depender del suministro petrolífero árabe, la estabilidad de Oriente Medio sería ya algo irrelevante, estratégicamente hablando, para los norteamericanos, con lo que se desentenderían de esa región y se centrarían en la disputa económica con China y los otros BRICs. Que es lo que quiere el pueblo norteamericano, harto de guerras en esa zona, y lo que no quieren ver ni en pintura los jeques petroleros sauditas. Esto está beneficiando indirectamente a los países europeos que no tienen petróleo y que tienen una dependencia energética total del exterior pero ¿hasta cuándo durará este pulso?

Esta “recuperación” no es tal, ni tiene base sólida ninguna. No es más que una mejoría en la demanda interna y, en correlación, en la actividad económica, producida por fenómenos coyunturales, aderezada con el maquillaje sinvergüenza de contar como “empleos creados” el descuartizamiento del que había antes o el empleo precario o temporal (lo que vulgarmente se llama “empleo basura”), que es lo que mayormente hay ahora gracias a la “exitosa” reforma laboral. El sector clave de la economía antes de la crisis, la construcción, es mucho más pequeño que antes de 2008 y no se ha desarrollado otro que lo sustituya y que sea el motor, entre otras cosas, porque parece que en España invertir en innovación y tecnologías por parte del gobierno y ayudar a crear sectores con valor añadido (algo que no van a hacer los empresaurios españoles) es casi como si fuera un sacrilegio. ¿Qué ha cambiado entonces como para hablar de una “recuperación” real?

Estas circunstancias que han alimentado el mito de la “recuperación” se hubieran producido estando Zapatero en la Moncloa, estando Rajoy o estando un chihuahua (para el caso no hay mucha diferencia entre que la Moncloa la ocupase este animalito o los dos especímenes anteriores, por lo menos el perrito es más simpático). Que no te engañen.


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