Posteado por: Javier | agosto 14, 2015

¿Otra serpiente de verano con Gibraltar?

Aunque por esta vez parece que la situación no va a ir a mayores que unas escaramuzas en las que, según los “hijos de la Pérfida Albión”, barcos españoles habrían invadido las aguas territoriales de Gibraltar, cuya titularidad España niega que corresponda a los del Peñón, y que todo va a quedar en un entretenimiento estival, tampoco descarten alguna escalada de acontecimientos en estos días ni que se produzca alguna escenificación en forma de llamadas a consultas a los embajadores, apelaciones lacrimógenas a la suerte de los pescadores de la zona, que se lancen bloques de hormigón al mar, que se instalen controles en la verja y banderas españolas en abundancia en las portadas de la prensa derechista (o representar al ministro Margalló como si fuera una especie de “coloso” frente al Peñón), congratulándose de que, por fin, vamos a poner los huevos sobre la mesa y mandar algún buque de la Armada para acojonar un poquito a esos “llanitos” desertores a la Madre Patria.

la razon gibraltarMargallo gibraltar

Gibraltar suele ser cada año un pasatiempo veraniego y una buena cortina de humo para tapar otras cosas. Pero, haciendo honor a la verdad, no solo para el Gobierno español. Al británico, con muchas vergüenzas que tapar también en su propio país, esto tampoco le viene mal como reafirmación nacionalista y patriotera. Lo que ocurre es que, a fuerza de tanta teatralidad y de tanto sobreactuar, todo esto cada vez es menos creíble como cortina de humo. En un sitio y en otro.

Que España no recuperará Gibraltar es una realidad. La posesión del Reino Unido sobre este trozo de tierra es un supuesto de hecho producto de una guerra y un tratado de paz. Los ingleses obtuvieron Gibraltar en base a la lógica de que en el siglo XVIII eran muy poderosos y España decadente. Hoy día algo como el  Tratado de Utrecht y el obtener territorios por la fuerza de las armas sería algo ilegal, pero entonces no lo era y de esa forma se configuraron los territorios de muchas de las actuales naciones. En cualquier caso, no estando integrado Gibraltar en el Reino Unido, y siendo una colonia, lo más lógico sería, de acuerdo a la Carta de la ONU y las resoluciones de la Asamblea General, proceder en su momento a la descolonización vía referéndum. Que los habitantes de Gibraltar decidan en su momento lo que quieren ser. Que, hoy por hoy, parecen estar bastante contentos con ser una colonia británica y no es que tengan precisamente un gran interés en unirse a España. Podemos hacer una defensa todo lo castiza que queramos de la españolidad de Gibraltar, pero lo cierto y verdad es que los “llanitos” no quieren ser españoles y contra eso poco se puede hacer.

En el Tratado de Utrecht es cierto que Felipe V no cedió a Gran Bretaña “soberanía” alguna sobre Gibraltar, lo que cedió a la Corona Británica fue la propiedad de la ciudad, los castillos, el puerto y sus aguas y las defensas de Gibraltar, sin jurisdicción territorial y sin comunicación abierta con el territorio español. En el tratado hay partes que, sobre el papel, otorgarían un teórico “derecho” a España a recuperar Gibraltar o incluso a limitar sus aguas territoriales, pues, según su letra estricta, solo se otorgaba a los británicos la propiedad sobre las aguas del puerto… derecho de recuperación que pudiera ser efectivo por esa vía del tratado de no ser porque ese legajo de pergamino se redactó en una época en que no existían conceptos como los derechos humanos o el derecho de los pueblos a la autodeterminación. En 1713 era perfectamente posible y habitual comprar, vender, ceder o permutar territorios sin necesidad alguna de preguntar a los pobladores, puesto que esos territorios eran tan propiedad del rey como cualquier otro bien. Los pobladores en aquellos tiempos iban incluídos en el paquete y prácticamente se podía hacer con ellos lo que diera la real gana al soberano. Por tanto, según el tratado, España tendría prioridad a la hora de dar por terminada la cesión si los británicos deciden dar, vender o enajenar la propiedad de Gibraltar… y el caso es que el Reino Unido habría decidido ya “enajenarlo” a los propios gibraltareños, al reconocerles el derecho de autodeterminación, en la Constitución que ellos mismos se dieron en 1969.

Pero, nos pongamos como nos pongamos, Utrecht no puede oponerse a la Carta de la ONU. Su artículo 103 dispone claramente que: “En caso de conflicto entre las obligaciones contraídas por los Miembros de las Naciones Unidas en virtud de la presente Carta y sus obligaciones contraídas en virtud de cualquier otro convenio internacional, prevalecerán las obligaciones impuestas por la presente“. Y, de acuerdo a la misma, cualquier veto español o británico a la descolonización e independencia de Gibraltar (o cualquier otro camino que decidieran tomar sus pobladores) sería nulo, así como la pretensión de que únicamente serían aguas gibraltareñas las del puerto. La Convención de la ONU sobre Derecho del Mar de 1958 afirma que todo territorio ribereño tiene asociadas unas aguas territoriales. En concreto, otorga cada territorio con costa hasta 12 millas náuticas de aguas territoriales. Luego en 1982 se estableció la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) donde se establece que “todo Estado tiene derecho a establecer la anchura de su mar territorial hasta un límite que no exceda de 12 millas marinas, medidas a partir de líneas de base determinadas de conformidad con la misma Convención”. Gibraltar no es un estado, pero el Reino Unido sí y Reino Unido incluyó sus territorios de Ultramar en el tratado CONVEMAR. Por tanto, no cabe hablar de que un tratado del siglo XVIII a ese territorio ribereño concreto solo le reconocía “las aguas del puerto”.

Si pretendiéramos ponernos exquisitos con la letra del Tratado de Utrecht, tampoco debería permitirse vivir a moros y judíos en Gibraltar puesto que en otras de sus partes se establece que “Y su Majestad Británica, a instancia del Rey Católico consiente y conviene en que no se permita por motivo alguno que judíos ni moros habiten ni tengan domicilio en la dicha ciudad de Gibraltar”. ¿Alguien en su sano juicio diría que como en Gibraltar ahora mismo sí hay algunos habitantes moros y judíos, en consecuencia, el Reino Unido está incumpliendo el Tratado de Utrecht y que deberían ser deportados? Una disposición como esa muestra que este tratado no es más que un producto de su época con nulo valor normativo hoy día. Actualmente no podemos más que atenernos simplemente a que Gibraltar tiene unos pobladores que son quienes deben decidir en cualquier proceso de descolonización que se inicie.

Por otra parte, Menorca también pasó a manos británicas en virtud del mismo Tratado de Utrecht. El 5 de enero de 1782 fue recuperada por las armas por España y, tras la invasión británica de 1798, fue entregada de nuevo al dominio español en virtud del Tratado de Amiens en 1802. Esto demuestra la inutilidad de invocar el Tratado de Utrecht en esta cuestión como algo vigente en nuestros días, puesto que sería tanto como decir que, cumpliendo con su redacción literal, Menorca debería ser inglesa. Lo cual sería otro soberano disparate si alguien pretendiera defenderlo seriamente.

Con lo que, ateniéndonos a todo esto, es más que claro que Gibraltar o bien se independizará o bien seguirá siendo una colonia británica. Seguramente, poco ayudó a que los “llanitos” tuvieran algo de ganas de unirse a España el cierre de la verja y el aislamiento que se intentó imponer durante la época franquista, y que duró hasta 1985, puesto que hasta entonces tampoco es que existiera un gran sentimiento “nacional” en Gibraltar. Éste afloró de verdad en esos años. Aparte, por supuesto, de que este cierre dejó en la más absoluta miseria a la población española de la zona.

También es cierto que, aparte de utilizarlo, para el bien de todos, contra las potencias del Eje en la II Guerra Mundial, a los ingleses hay que agradecerles que ayudaran también desde Gibraltar (aunque fuera por su propio interés) a evitar que las fuerzas napoleónicas tomaran Cádiz y se pudiera así promulgar la Constitución liberal de 1812, aunque después se liberara España para que el repugnante Fernando VII enterrara la Constitución y mandara al exilio, a la cárcel y a la tumba a sus promotores. O que Gibraltar fuera una vía de escape tras la Guerra Civil para muchos perseguidos por la represión franquista. Así que, en muchas ocasiones, no todo es blanco ni negro, sino que tiene sus matices. 

Hasta ahora he hablado de todo en lo que generalmente se han centrado los gobiernos españoles del PP-SOE para mantener entretenidas a las masas. En el puro sentimentalismo y en una especie de reafirmación de “orgullo nacional” a base de aspavientos y postureos que eviten estar hablando de otras cosas (y no incluyamos aquí lo de los pescadores de La Línea: si poco importa al Gobierno la ruina de millones de españoles, menos aún va a importar la de un puñado de pescadores como para montar un conflicto con el Reino Unido).

En lo que nunca se les vera que pongan verdadero interés, y lo que debería hacer un gobierno serio y no lo que tenemos y hemos tenido, será en no consentir que el territorio gibraltareño sea un paraíso fiscal que daña la economía española mediante miles de empresas que se instalan allí para evitar tributar en España y para burlar nuestras leyes (más de 50.000 empresas allí registradas por los 20.000 habitantes de Gibraltar, o sea, como si cada gibraltareño tuviera más de dos empresas). Pese a que el Reino Unido todavía tiene cierto poder dentro de su decadencia, España en esta cuestión sí podría contar con aliados que obliguen a Gibraltar a regirse por las mismas leyes y fiscalidad que el resto de Europa, evitando esta competencia desleal.

¿Por qué no se han tomado nunca medidas desde el Gobierno para limitar o prohibir operaciones con sociedades domiciliadas en Gibraltar? ¿No será porque habrá amigos y miembros del PP que de cualquier forma se benefician del tráfico económico con ese paraíso fiscal? Si recordamos, solo por poner un ejemplo, la emisión durante la Eurocopa de 2012 de programas deportivos en canales “patriotas”, y defensores del chovinismo españolista más cutre, como Intereconomía (uno de los que da más “caña” y apoya más incondicionalmente las escenificaciones del PP cuando sale el tema de “¡Gibraltar español!”) patrocinados por casas de apuestas que tienen licencia en España y que están ubicadas en Gibraltar, donde sus presentadores anunciaban con sonrisas de oreja a oreja sus marcas y sus bonos, estaremos un poco más cerca de la respuesta.


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