Posteado por: Javier | agosto 17, 2015

“El dinero es deuda”: una falacia austriaca

El artículo que dejo aquí reproducido fue publicado originalmente por el señor Esteban Cruz en su blog Aldeas Potemkin y está dedicado a desmentir una de las falacias más difundidas por los seguidores de la Escuela Austriaca de Economía, la de que “el dinero es deuda”.

Para el gran público no demasiado ducho en cuestiones económicas puede parecer un debate lejano y aburrido entre los miembros de distintas escuelas económicas, al igual que otros como el patrón oro cuya vuelta reclaman los austriacos, pero nada más lejos de la realidad. Nos afecta a todos, y, muy especialmente, afecta a las clases menos pudientes, como no podía ser de otra forma en una época en que la riqueza mundial está concentrada en tan pocas manos. Ideas neolibegales y austriacas, fundadas en este disparate de que “el dinero es deuda”, como la de volver al patrón oro o requerir un coeficiente de caja del 100% a los bancos, llevarían a la prohibición de imprimir o crear dinero y muchísima gente perdería el alivio del acceso al crédito y la financiación de los servicios públicos que son los que evitan que en estos tiempos caigan en la pobreza total, puesto que la actividad económica se vería extrangulada y habría una competencia feroz por el poco dinero que habría en circulación.

Los neolibegales interesadamente confunden el síntoma (el endeudamiento masivo) con la enfermedad (la creciente desigualdad y la incapacidad del Estado para corregirla debido a las políticas de los últimos 30 años) puesto que para ellos lo importante es que el dinero de todas sus fortunas e inversiones no pierda valor. De volverse al patrón oro e imponerse un coeficiente de caja del 100%, podría implantarse sin ataduras una austeridad y devaluación salarial prácticamente global, y las empresas estatales estarían maduras para ser privatizadas y adquiridas a precio de saldo. La mayoría de la población caería en la miseria pero eso les importa un pimiento, obviamente. Luego están sus seguidores conspiranoicos, no tan acaudalados como ellos, pero sí llenos de entusiasmo y muy dispuestos a creer que la situación en la que estamos es aquella en que un “malvado Gran Gobierno” busca inflarse sin límite para controlar hasta el último detalle de nuestras vidas, que el altísimo nivel de endeudamiento se debe a un “Estado benefactor” ruinoso y “sociata” que convierte a la gente en “vagos”, así como a creerse las películas de ciencia-ficción apocalíptica que les cuentan sus gurús y a seguir las instrucciones por las que les indican que deben deshacerse de su dinero y canjearlo por oro para cuando colapse todo el sistema financiero mundial.

Desde que el patrón oro dejó de existir, el dinero pasó a ser un activo más (dinero fiat). Antes los billetes tenían un respaldo en oro (por ejemplo, un billete podía estar respaldado por diez onzas de oro) y era una promesa de que podían ser canjeados en oro. Ahora el dinero es un activo más, como puede serlo también el oro, un coche o una parcela de terrenos. Es un activo financiero, como lo son los depósitos, las acciones o los bonos. Y como todo bien o servicio tiene su precio, el tipo de interés, fijado en el mercado en base a la oferta y demanda. La única diferencia es que es un activo de intercambio, igual que en su día lo fue el oro. Con lo que, te pongas como te quieras poner, EL DINERO NO ES DEUDA.

El coeficiente de caja tiene su origen desde el mismo momento en que se inventó la banca, y era una multiplicación del dinero (deuda). Pero actualmente no hay una multiplicación del dinero, lo que hay es una recirculación del dinero y una multiplicación del crédito existente. Es decir, el mismo dinero es prestado una y otra vez hasta el límite de credito que viene dado por el coeficiente de caja o reserva fraccionaria. Para entendernos, si dicha reserva tiene que ser del 2% y hay 100 € en dinero, pues ese dinero puede ser recirculado hasta el límite de credito total de 5.000 €. Este sistema no es inestable, sino que está totalmente balanceado y compensado, es decir, cada credito tiene su depositante, o mejor dicho, cada deudor tiene su acreedor.

La reserva sirve para hacer frente a los pagos que hay que hacer en el corto plazo a los acreedores (retiradas de depósitos, etc…). Pero si todos los acreedores quieren retirar su dinero a la vez, sea esto mediante transferencias o retirada en efectivo, no van a poder, porque el banco lo tiene prestado a otras personas, es decir tiene deudores que le deben dinero. Pueden pasar dos cosas: que acuda rapidamente al interbancario a buscar dinero (bancos acreedores) o pedir ayuda al Banco Central (otro posible acreedor); ó pasar de esa quiebra técnica a un concurso de acreedores, es decir, que pasarías, en el peor de los casos, a ser propietario de deuda (hipotecas, creditos al consumo, acciones, fondos, bonos, etc…).

Ah, y no, con respecto a la impresión de dinero, crea lo que crea mucho conspiranoico, no pasaría como en Zimbawue, donde las maquinitas de imprimir billetes han debido explotar de tanto funcionar y donde el dinero ha perdido tantísimo valor que se llegan a imprimir billetes de 50.000.000 de dólares de ese país. Para evitarlo, los países desarrollados prohíben que el Estado tire de la maquinita para financiarse, y así evitar la tentación de expandir la oferta monetaria hasta reventar la economía.

Así que a otro lado con esos cuentos.

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El dinero no es deuda

Aldeas Potemkin

Esta entrada me he animado a escribirla al ver, durante estos días, cómo circula por la red la traducción de un artículo de David Graeber en el medio de comunicación inglés “The Guardian”, donde el principal mensaje es la popular y errónea consigna de que “el dinero es deuda”. Este hombre, antropólogo de formación (cabe decir que no tengo nada contra los antropólogos, ni contra su área de investigación y métodos, todo lo contrario), se basa en una publicación del Banco de Inglaterra en la cual se trata de explorar algunos mitos o creencias falaces sobre la creación de dinero ampliamente difundidas, donde remarcan que el dinero actual es dinero crédito, generado por los bancos privados, muy diferente a la noción de dinero mercancía de los modelos neoclásicos actuales, los cuales toman el dinero como exógeno en un sistema donde los bancos son meros intermediarios. Hasta aquí bien, pero hay más, un proceso por el cual se explica el proceso de creación de dinero y le da la característica de flujo, y no de stock, que parece habérsele olvidado a David Graeber, claro que así visto, el titular y el atractivo de su brillante y audaz “descubrimiento” no sería tal.

Mi crítica va a estar fundamentada a través de una breve exposición de lo que se conoce como Teoría Monetaria del Circuito, en la cual, como señala el Banco de Inglaterra, también el dinero es endógeno, por lo cual no puede ser fijada su cantidad de manera arbitraria por el Banco Central, siendo fundamental para el proceso económico al permitirse crear dinero conforme lo demanda la economía. Esta teoría es contraria a quienes apoyan la vuelta al patrón oro o el requerimiento de reservas del 100%, situaciones ambas que estrangularían la actividad económica y aumentarían la competencia por la escasez de dinero, creando graves distorsiones en la distribución y agravando los conflictos entre grupos sociales, por lo cual, no es de extrañar que sean éstas propuestas hechas por grupos englobados dentro de la ideología neoliberal. De aquí se deriva además, que la causalidad comúnmente publicitada de que la inflación es ocasionada por una excesiva tasa de crecimiento de dinero, es errónea, yendo en realidad en sentido opuesto. Así, es la tasa de crecimiento de los precios y de la producción lo que va a incidir sobre la tasa de crecimiento del stock de dinero, y por tanto, la inflación debe explicarse por otros factores.

La oferta de dinero se halla determinada por la demanda de créditos y las preferencias del público, invirtiendo la causalidad neoclásica donde el ahorro precede a la inversión, y donde la relación entre bancos y empresas rompe la dicotomía clásica entre economía real y monetaria, acercándose a lo que denominó Keynes como una Teoría Monetaria de la Producción. Se subraya la naturaleza del dinero como deuda, siendo éste una variable flujo, no stock, puesto que se crea y se destruye con la concesión y cancelación de créditos bancarios, concepto muy diferente de la propaganda ultraliberal en la que han caído supuestos “revolucionarios anticapitalistas” de manera ignorante, gracias a documentales como Zeitgeist, Money as debt, o The money masters, y que toma como punta de lanza una falacia bien conocida en Internet, que el dinero es deuda, obviando todo el proceso del dinero como flujo explicado muy bien por los circuitistas francoitalianos, con referencia obligada a autores como Parguez, Graziani, Rochon y Secareccia, aunque también destacan en este aspecto otros, como los norteamericanos como Davidson, Moore y Lavoie, entre otros. Todos ellos se encuadran dentro de enfoque postkeynesiano de la Economía (fuera de la corriente neoclásica en la que sí están neokeynesianos y nuevos keynesianos), cuyos principales antecedentes son Keynes y Kalecki, si bien están presente otros como Schumpeter, Wicksell, Minsky y buena parte de economistas de Cambridge a quienes se les considera iniciadores de esta escuela como Kaldor, Robinson, Sraffa y Pasinetti. La referencia a diversos autores y temas de investigación de esta escuela puede dificultar su delimitación, sin embargo puede observarse un núcleo común como han sugerido Eichner (1984), King (2002) y Lavoie (2005) (he puesto estos autores porque son quienes tienen publicados libros en castellano con una introducción a la Economía Postkeynesiana).

Para explicar muy brevemente la Teoría del Circuito Monetario, me basaré en el libro “La fragilidad financiera del capitalismo”, coordinado por los profesores del departamento de Economía Aplicada y Finanzas de la Universidad de Castilla-La Mancha Oscar de Juan y Eladio Febrero, concretamente en el capítulo de éste último titulado “Inestabilidad financiera, una interpretación desde la óptica de la Teoría Monetaria del Circuito” (recomiendo a quien esté interesado ir a la fuente, por los errores que yo pueda cometer en sintetizarlo o al introducir comentarios míos sobre ello, pese a que intentaré reproducir lo dicho por este autor con la mayor exactitud posible, lo que en alguno de los párrafos haré prácticamente de forma literal). Así, en un sencillo modelo en el cual se consideran dos sectores productivo y sin sector público:

circuito

En la figura de arriba, tenemos que la flecha con un (1) se corresponde con la fase de flujo; la numero (2) con la fase de circulación; la (3) al pago de salarios a los trabajadores del banco, con cargo a los intereses a cobrar al prestatario; (4) ilustra la fase de reflujo; (5) corresponde a la fracción de ahorro de los trabajadores que se deposita en los bancos; y (6) a lo que los trabajadores envían a los mercados financieros.

S. Bk (sector que produce bienes de capital) va a comenzar un nuevo proceso de producción y el nivel de producto a enviar al mercado va a depender de sus expectativas de demanda efectiva. En función de estas, solicita un crédito al banco (privado) para pagar los salarios de sus trabajadores (Lk). El banco concede tal crédito, creándole un depósito emitiendo deuda contra sí mismo con el objeto de que se “monetice” una transacción entre terceros (S. Bk y Lk). Suponemos que los trabajadores emplean su salario completamente en la adquisición de bienes de consumo, producidos por S. Bc, sector que utiliza la liquidez recibida mediante la venta de su producto a Lk, para pagar salarios a sus trabajadores Lc que, a su vez, también la emplearán en adquirir bienes de consumo. Con la liquidez de vuelta en S. Bc, este sector puede emplearla en la adquisición de bienes de capital necesarios para producir más bienes de consumo en el siguiente período de producción. Así, la liquidez va a S.Bk, que la obtiene mediante la venta de su producto a S.Bc, lo que permite al prestatario estar en disposición de devolver la deuda contraída inicialmente con el banco, desapareciendo de un modo simultáneo el crédito y el depósito. Lo expuesto en este párrafo debe dejar claro que el dinero no es una variable stock, sino un flujo que se crea con la concesión de créditos y se destruye con la cancelación de las deudas, sin embargo quedan cuestiones pendientes.

¿Cómo se pagan los intereses bancarios? En el momento en que el banco concede el crédito a S.Bk, crea un depósito por valor M’=M (1+i), pero solo pone a disposición del prestatario un montante de dinero M (=wLk.). De este modo, el balance bancario se ve aumentado, y ahora el banco puede remunerar los factores necesarios para su operatividad (en este sencillo ejemplo suponemos que el banco solo requiere trabajadores) en una cuantía iM. Si los trabajadores del banco (Lb) gastan todos sus salarios en bienes de consumo, esta liquidez va a ir a parar a S.Bc, y este sector la va a utilizar para adquirir bienes de capital, de modo que dicha liquidez va después a las manos de S.Bk. De este modo, este último sector puede pagar el principal más el interés.

¿Qué ocurre si hay ahorro de los agentes? Desde la óptica del circuito se considera la posibilidad de que los agentes tengan dos alternativas para conservar sus ahorros: depósitos bancarios o activos financieros empitados por las empresas, que dependerá de la preferencia por la liquidez de los ahorradores. Quedaría tanta deuda por pagar como dinero han ahorrado los trabajadores, sin embargo imaginando que la preferencia por la liquidez es nula, todos los ahorros irían destinados a la adquisición de títulos financieros, permitiendo adquirir a las empresas no financieras por ésta vía lo que dejan de adquirir por la venta de sus productos, por lo cual de esta forma el circuito vuelve a cerrarse. Sin embargo, si los agentes desean mantener una fracción de sus ahorros en forma de depósitos bancarios, quedarían deudas pendientes de pago, apareciendo una fase adicional de intermediación bancaria donde las empresas refinancian su deuda convirtiéndola en deuda a largo plazo, utilizando los bancos para ello los depósitos de los ahorradores. Debe quedar claro que los depósitos bancarios son consecuencia de la fase de flujo, en contradicción con lo establecido a la teoría monetaria convencional.

Introduciendo un elemento institucional en el sistema descrito como es un Banco Central, sigue siendo válido que los créditos crean los depósitos y que la cantidad de dinero está determinada por la demanda de crédito y por tanto, es endógena. Suponiendo que el Banco Central exige a los bancos privados un determinado volumen proporcional de reservas sobre los depósitos bancarios, ¿de dónde salen éstas? El banco privado no puede crear un depósito adicional al que conlleva el crédito, sino que pide las reservas prestadas al propio Banco Central, pagando un determinado tipo de interés fijado por éste de forma exógena, en proporción al montante del crédito, manteniendo al final del circuito únicamente como reservas la proporción a depósitos mantenidos por familias. Como se aprecia, las reservas no suponen una restricción a priori, sino que aparecen a posteriori. El Banco Central puede alterar las condiciones en que presta las reservas modificando el tipo de interés, pero no se negará a jugar el papel de prestamista de última instancia si ello es necesario para evitar una crisis de confianza que colapsaría el sistema financiero, y luego penalizará al banco en cuestión.

Si no hay límite a la creación de crédito, ¿significa que los bancos juegan un papel puramente pasivo operando como meros acomodadores de la demanda de crédito? No, los bancos deniegan créditos (o deberían para su supervivencia) a aquellos potenciales prestatarios que no presentan avales de suficiente garantía, además de estar sujetos a la supervisión bancaria del Banco Central (cuestión que presenta problemas por la opacidad e ingeniería contable en los balances de los propios bancos privados y la descoordinación entre Bancos Centrales para compartir información de los bancos privados que operan bajo su área de influencia). En cualquier caso, la posible no acomodación de la demanda de crédito no tiene nada que ver con restricciones exógenas de fondos prestables.

La inestabilidad financiera puede surgir, sin ser la única explicación ni ser excluyente con otras posibilidades, con un crecimiento desigual del mercado de bienes y servicios, por un lado, y del mercado financiero, por otro. Si aparecen estímulos a tomar dinero a crédito con la finalidad de invertir en mercados financieros, por motivos especulativos, es decir, con la finalidad de adquirir activos para venderlos posteriormente a un precio superior, ello provocará un aumento en el precio de éstos, aumentando la brecha con los tipos de interés y dando lugar a un incremento mayor del optimismo, dado que el coste del crédito es inferior a la ganancia que se obtiene de su uso. Conforme avanza la situación, el ritmo de expansión de los mercados financieros presenta un ritmo superior al del mercado de bienes y servicios (y mayor todavía que el de los bancos), inflándose el precio de los activos financieros (aquí también podríamos poner el ejemplo de los activos inmobiliarios) por encima del crecimiento de los beneficios derivados de la actividad de las empresas no financieras. Las empresas emplearán sus beneficios derivados de su actividad no financiera en la adquisición de activos financieros con fines especulativos, lo que en el acto provocará una “moderación” del crecimiento del sector no financiero, que no podrá mantenerse durante mucho tiempo. La razón del desplome es que las empresas siguen endeudándose, pero no con la finalidad de expandir la capacidad productiva, el dinero se crea (fase de flujo) pero no circula por el circuito real, sino por el financiero, lo que no da lugar a aumentos de gasto y producción (o al menos, no de forma automática, salvo que las ganancias realizadas en el mercado financiero se empleen en gasto en bienes y servicios). El flujo de retornos en el mercado de bienes y servicios deja de ser suficiente para devolver los créditos, provocando a los prestatarios la necesidad de desprenderse de algunos activos, con la finalidad de obtener liquidez. Si el ritmo de venta de activos provoca una cierta reducción en el aumento de los precios, algunos especuladores pueden verse tentados a seguir la corriente vendedora. Si algunos prestatarios no consiguen vender sus activos financieros a un precio superior al que los adquirieron, van a tener serios problemas para devolver los créditos, lo que se traducirá en incobrados para el banco. Esto, al mismo tiempo, puede provocar un aumento en la preferencia por la liquidez de los bancos (esto es, aumento de la percepción de riesgo de los créditos, por lo que o bien se niegan a prestar o lo hacen a un tipo más alto). La dificultad creciente para encontrar créditos puede entorpecer la actividad del sector real, provocando un desplome generalizado, haciéndose imprescindible la actuación de un agente (en este caso el Banco Central, aunque también puede ser el Sector Público mediante déficits) que, a consecuencia de la falta de demanda efectiva, torna ilíquidos los activos de los bancos por la falta de beneficios de los prestatarios, llevando a los bancos a no conceder créditos a empresas, lo que se traducirá en mayores problemas de demanda efectiva.

Vuelvo a incidir en que quien esté interesado vaya a la fuente de donde he sacado lo aquí expuesto y que pongo más arriba. Espero haber sintetizado las ideas de forma que quede plasmado que el dinero no es deuda tal y como se ha extendido por Internet, en especial por culpa de una serie de documentales que esconden una ideología ultraliberal, los cuales han sido profunda y agresivamente analizados en el blog Chemazdamundi, que recomiendo echar un vistazo por su esfuerzo por desenmascarar algunas de las teorías conspiranoicas que circulan por la red, y cuyo sencillo y atractivo mensaje, atrae a incautos por doquier.

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Responses

  1. Lo de “Para evitarlo, los países desarrollados …” debería explicarlo más. ¿No es precisamente eso de la maquinita de hacer billetes la solución que dicen que ha funcionado para salir de esta crisis ?

  2. Cierto, las cosas de publicar cuando vas con prisa, no está bien explicado.

    Quería decir que aquí hay unos controles que no permitirían al Estado pretender financiarse como en Zimbawue, dándole tan masivamente a la maquinita. Aquí hay (o debería haber) vías de obtener dinero que la complementen, como una mejor redistribución en los impuestos, los bonos del Estado, venta de activos, etc. Con imprimir dinero pasa como con los impuestos, tanto un extremo u otro puede ser contraproducente. Lo que ocurre es que no es raro que haya mucha propaganda contra la impresión de dinero poniendo como ejemplo Zimbawue y un régimen corrupto como el de Mugabe, como si esa fuera la consecuencia inevitable de toda expansión de la masa monetaria.


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