Posteado por: Javier | septiembre 12, 2015

Donald J. Trump y la deriva populista de los republicanos

Una de las noticias que más revuelo viene causando en EEUU en los últimos meses es la carrera iniciada por el magnate Donald J. Trump para conseguir la nominación republicana a las elecciones presidenciales de 2016. Aparte de sus ya conocidos exabruptos contra los latinos y contra la apariencia física de sus rivales (o la de todo aquel que le critique), lo que está sorprendiendo a propios y extraños es su ascenso como la espuma desde que presentó su candidatura en junio. Según una encuesta de la CNN, Trump ha llegado ya al 32% de apoyos, frente al 19% de Ben Carson. Justo detrás de ellos van el ex-gobernador de Florida Jeb Bush, con un 9%, el senador por Texas Ted Cruz, con un 7%, y el ex-gobernador de Arkansas Mike Huckabee y el gobernador de Wisconsin Scott Walker, con un 5%. Todos los otros candidatos tienen el 3% o menos.

No es la primera vez que Trump presenta su candidatura en la carrera de los republicanos por la presidencia. Ya lo ha hecho varias veces en el pasado, y hasta ahora siempre se había retirado, sus candidaturas normalmente habían sido parte de los shows mediáticos a que nos tiene acostumbrados Trump. Esta es la primera vez que llega tan lejos.

En un principio debiera ser sorprendente que un candidato tan peculiar y circense como Trump esté cosechando tantos éxitos pero no es tan extraño si tenemos en cuenta la deriva en la que está inmersa el Partido Republicano y la naturaleza populista de uno del movimiento que más oxígueno le da actualmente, el Tea Party.

En cuanto a Donald Trump, este personaje es un magnífico ejemplo de aplicación de la “ley de embudo”. Trump carga contra los inmigrantes en EEUU… siendo él descendiente de inmigrantes. Su madre Mary Anne nació en 1912 en Tong en La Isla de Lewis, costa de Escocia. Su abuelo paterno fue inmigrante alemán. Su abuelo Friedrich Drumpf cambió su apellido por Trump después de la ll Guerra Mundial, a causa de los prejuicios que había en aquella época contra los alemanes. Además, está casado con una inmigrante eslovena, Melania Krauss, una modelo con la que contrajo matrimonio en enero de 2005. Pero a Trump solo le molesta una inmigración en concreto: la inmigración latinoamericana. Trump lo que busca es que el Partido Republicano, a falta de otro argumento, se convierta en el partido identitario de los blancos anglosajones que están abrumados por los cambios en la configuración social de EEUU y que añoran el país en el que nacieron y crecieron, prácticamente dando por sentado que ese tipo de agitación antiinmigración latina y aglutinar todo el voto “blanco” y tradicionalista frente a esa “amenaza” es la única baza electoral que les quedará.

Por otra parte, aunque el Tea Party haya sido descrito en muchas ocasiones como “libertario”, sin embargo, es un movimiento esencialmente populista. La feroz animadversión de los partidarios del Tea Party hacia Washington y, en particular, el presidente americano, tiene sus raíces en el profundo pesimismo acerca de la dirección del país y la convicción de que las políticas de la administración Obama se dirigen de manera desproporcionada a ayudar a los pobres en lugar de la clase media o los ricos.

La abrumadora mayoría de los partidarios del Tea Party dicen que Obama no comparte los valores de la mayoría de los estadounidenses y que no entiende los problemas de la gente como ellos. El 25% de ellos piensa que el gobierno favorece a los negros sobre los blancos, en comparación con el 11% de la población en general. Los teapartistas son mucho más pesimistas acerca de la situación de la economía que los estadounidenses en general. Más del 90% de los partidarios del Tea Party piensa que el país va en la dirección equivocada, en comparación con alrededor del 60% de la población en general. Cerca de 6 de cada 10 de ellos dicen que “los mejores años de los Estados Unidos ya pasaron” cuando hablan de la disponibilidad de buenos empleos para los trabajadores estadounidenses. También les gustaría recortar todos los gastos del gobierno, pero especialmente los de la Seguridad Social y del Medicare.

En su libro “El Tea Party y la reconfiguración del conservadurismo republicano”, las sociólogas Theda Skocpol y Vanessa Williamson realizaron un estudio sobre las creencias y la ideología del Tea Party, encontrándose con que una de sus ideas más repetitivas es que los trabajadores contribuyentes se ven obligados a pagar la factura de vividores que no lo merecen, especialmente los inmigrantes, los pobres y los jóvenes. Estos puntos de vista en ocasiones estaban teñidos de estereotipos étnicos sobre los inmigrantes como “ladrones” de los programas financiados con impuestos. La inmigración era muchas veces la preocupación principal expresada por los activistas del Tea Party, por lo general como una señal de un declive nacional en todos los sentidos. Al preguntarle por qué ella era miembro del movimiento, una mujer de Virginia preguntó retóricamente, “¿Qué está pasando en este país? ¿Qué está pasando con la inmigración?”. Un líder del Tea Party en Massachusetts expresó su deseo de permanecer en la frontera “con una pistola”, mientras que un activista en Arizona se refirió en tono de broma a un plan de inmigración basado en “12 millones de autobuses de pasajeros” para enviar a los inmigrantes fuera de EEUU. En una encuesta de los miembros del Tea Party en Massachusetts, la inmigración estaba en segundo lugar, solamente por detrás de los déficits en la lista de cuestiones que creían que el partido debía abordar.

Todo esto debiera sonar familiar. Es la agenda de Donald Trump. Él es el candidato final del Tea Party, con un definido mensaje anti-inmigración y un fuerte mensaje nacionalista anti-Washington, combinado con guiños a la derecha religiosa sureña. El hecho de que no todos sus seguidores se identifiquen como miembros del Tea Party no significa nada puesto que el movimiento en sí mismo nunca fue realmente una facción política bien definida, sino más bien una reacción a la pérdida de la presidencia a manos de un demócrata negro, a la vergüenza por el fracaso masivo de George W. Bush y el sentido habitual de queja que ha caracterizado al ala derecha del Partido Republicano durante décadas. El Tea Party fue simplemente un cambio de marca del movimiento ultraconservador después de un catastrófico fallo del mercado que se puso de manifiesto en 2008. Ciertamente, los teapartistas hicieron campaña contra los rescates a las entidades financieras en ese año, como fue el caso de AIG. Pero nadie recuerda que se les viera oponerse a ello con tanta energía como la que derrochan oponiéndose a Obamacare o reclamando la libertad absoluta al porte de armas de fuego.

Trump es un populista derechista clásico que pregona la sombra de la sospecha sobre los extranjeros y sobre los que supuestamente “no producen nada y no hacen más que consumir dinero de los programas de asistencia social”. En la ideología populista, la sociedad no se divide entre ricos y pobres, sino entre “productores” y “parásitos”.

Los populistas de derechas desconfían de la riqueza que ellos entienden no se ha ganado “con trabajo duro”, y son hostiles a los pobres “ociosos”, o que consideran que no merecen vivir, tan “ricamente” como lo hacen, a costa del esfuerzo de los trabajadores productivos. Los populistas tienden a atribuir la existencia de un gran número de ricos ociosos y de pobres ociosos a la corrupción del gobierno. De esta forma, pudiera parecer extraño que los populistas elegieran a un multimillonario grandilocuente para expresar sus preocupaciones, pero debe tenerse en cuenta que, a diferencia de cualquier otro republicano, Trump ha apoyado subidas de impuestos a los ricos o, por ejemplo, ha criticado fuertemente a los hedge funds.

Pero, aún así, seamos realistas: en EEUU, el enfoque del populismo de derecha es generalmente dirigido hacia abajo, hacia los inmigrantes y los pobres, y no hacia arriba, hacia los ricos. Las actuales bases republicanas pueden criticar en algún aspecto los “rescates” financieros a los ricos, pero de lo que están totalmente convencidos es de que lo que está haciendo el gobierno es “robar” su dinero duramente ganado y darlo a perezosos que se niegan a trabajar y que no se lo merecen.

¿Es populista es actual movimiento conservador estadounidense?

Sí, en muchos aspectos. Pero también es nacionalista, teocrático y también tiene su puntito libertario, que es exactamente el paquetito que ha hecho Donald Trump en su campaña para presentarse como un héroe del movimiento conservador. De hecho, Trump se ha convertido en gran medida en un fenómeno de la radio, siendo el claro favorito de algunos como Rush Limbaugh, Michael Savage o Laura Ingraham (estos serían, para hacernos una idea, algo así como los Losantos americanos). Estas estrellas de los medios derechistas no se identifican como teapartistas, populistas o libertarios. Ellos identifican como conservadores. El hecho de que lo estén apoyando como si fuera la reencarnación de Ronald Reagan dice todo lo que hace falta saber sobre el fenómeno Trump. El programa de Trump es simplemente la agenda conservadora trasladada al año 2015, nada más y nada menos.

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OTRA NOTICIA, SIN RELACIÓN DIRECTA CON EL TEMA PRINCIPAL:

Esta semana se ha conocido la sentencia que la justicia venezolana ha dictado contra el líder “opositor” Leopoldo López: 13 años de prisión por incitar a las marchas del 12 de febrero de 2014, que se iniciaron en el centro de Caracas, y que fue la primera de varias que se prolongaron por todo el país durante meses, dejando 43 muertos, 600 heridos y más de 3.500 detenidos, además de numerosísimos daños a la propiedad.

Como Venezuela es la principal obsesión de muchos, ya se han hecho comparaciones entre la condena a Leopoldo López y el tiempo que pasó Chávez en prisión tras la intentona golpista de 1992. Pero nada tiene que ver una cosa con la otra, puesto que lo que Chávez estuvo fueron dos años en prisión, desde febrero de 1992 a marzo de 1994, esperando ser juzgado. Si hubiera sido juzgado posiblemente habría sido condenado a una pena bastante dura, pero fue liberado el 27 de marzo de 1994 tras un indulto que le otorgó el presidente Rafael Caldera, es verdad que después de un enjuague político, como parte de un pacto con los partidos de la izquierda para que estos permitieran gobernar al Copei.

De modo que tampoco creo que Leopoldo López llegue a pasar tantos años en la cárcel (posiblemente incluso no pasará demasiado), seguramente lo liberarán si en algún momento llega a haber una situación de mucha violencia en las calles venezolanas que llegue a ser insostenible, como forma de apaciguar a la oposición (de hecho, CHÁVEZ YA INDULTÓ A LÓPEZ EN 2007).

Y, desde luego, condenar la violencia callejera antidemocrática a la que ha incitado este López, así como parte de la “oposición” venezolana, no es en absoluto apoyar a Chávez o Maduro (eso corresponderá hacerlo o dejar de hacerlo a los venezolanos), quienes han cometido muchos errores, por supuesto, entre ellos, fiar toda la economía venezolana a algo tan volátil como son los precios del petróleo o sobrevaluar exageradamente su moneda junto con los controles cambiarios que dificultan a los importadores pagar a sus proveedores, en un país que tiene que importarlo casi todo, creando los famosos desabastecimientos de tiendas (aunque el gobierno de Maduro culpe de ello a especuladores internos).

OJO, este video lo han hecho simpatizantes de Maduro, es cierto, pero es indudable que tanto Leopoldo López como Corina Machado salen diciendo lo que salen diciendo. Y lo que dicen suena muy poco a románticos “opositores democráticos oprimidos” y mucho a extremismo golpista (que personajes como Aguirre, Aznar o los de la Fundación FAES les tengan tanta simpatía es, cuanto menos, para sospechar), ciertamente es que recuerda a los sectores que en Chile apoyaron el golpe de Estado pinochetista:

– “Todo el pueblo venezolano se tiene que alzar”

– “Que lo sepa Nicolás Maduro, vamos a sacarlo de Miraflores”

– “No estamos para esperar a que se de un cambio en Venezuela”

– “Hay algunos que dicen que debemos esperar, esperar, a unas elecciones en unos cuantos años”.

Y estas son las “pacíficas” guarimbas:


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