Posteado por: Javier | septiembre 22, 2015

Un intoxicador llamado González

Hace tan solo unos pocos días, no pocos hemos contemplado con estupefacción al ex-presidente del gobierno Felipe González (el famoso señor X) haciendo unas sorprendentes declaraciones en una rueda de prensa conjunta con la esposa del condenado opositor venezolano  Leopoldo López:

“Visité a dos condenados por la dictadura, que salieron después, en pleno estado de sitio en Chile. Pues el estado de sitio del Chile de Pinochet respetaba mucho más los derechos humanos que el paraíso de paz y prosperidad de Maduro”.

González se refiere a la visita que realizó en 1977 a Erich Schnake, un líder socialista chileno condenado a 25 años de prisión por un tribunal militar. Sus defendidos eran el propio Schnake y Carlos Lazo. Schnake era un ex-senador socialista, que había sido el responsable de Radio Corporación de Chile y de los que se mantuvieron junto a Allende hasta las últimas horas de resistencia a los golpistas en el Palacio de la Moneda. El otro, Lazo, era el cerebro bancario del Gobierno de Allende. Gonzalez, en la forma de manifestarlo tan manipuladora y sibilina que caracteriza a uno de los mayores prestidigitadores que ha dado la historia de la política española (“OTAN no, OTAN sí, ahora por aquí, ahora por allá”), se refiere a que, en comparación, Maduro no habría permitido ninguna visita a Leopoldo López.

Se podrá opinar lo que se quiera, hasta se podrá decir que hay que contextualizar lo que ha dicho, pero lo que se infiere de sus declaraciones es que González pretende proyectar una película en la que la situación de Venezuela sería la de una tiranía aún peor que el régimen dictatorial de Pinochet en Chile, todo porque no le ha gustado que la sentencia que condena a López no haya tenido toda la relevancia mediática que él hubiese querido. González en ese arte es un verdadero maestro: siempre ha sabido manejar mejor que nadie la agenda mediática-política según su interés.

Un pequeño inciso antes de empezar: aquí ni se apoya ni se deja de apoyar a Maduro o el chavismo. Eso es una cuestión interna de Venezuela y LOS VENEZOLANOS tendrán que decidirlo en las próximas elecciones. La cuestión aquí simplemente es poner de manifiesto las sospechas que despierta la “realidad” que nos están pretendiendo vender.

González puede defender legítimamente lo que crea oportuno. Si se identifica políticamente con alguien que ha sido hallado culpable de instigación pública, daños a la propiedad pública y asociación para delinquir durante los sucesos que acabaron con la muerte de 43 venezolanos en 2014, problema del señor González es. Al margen de la causa por la que ha sido condenado, el historial del “opositor” y “defensor de la democracia venezolana” Leopoldo López, desde luego, no tiene desperdicio:

  • fue condenado por haber participado en la persecución y detención ilegal del entonces ministro de Interior y Justicia en el golpe de Estado contra Chávez en 2002 (el propio Chávez lo amnistió en 2007);
  • en 2008, López fue inhabilitado políticamente por la Contraloría General, por un caso de conflictos de intereses de 1999 por su responsabilidad en PDVSA; y
  • en 2011, la Contraloría lo inhabilitó nuevamente por el desvío de recursos públicos cuando era alcalde de Chacao (2000-2008).

Más info sobre el personaje EN ESTE ENLACE. Sobre los hechos de febrero del año pasado por los que ha sido condenado a 13 años de prisión:

“Otra mentira: “López convocó a los ciudadanos para protestar contra el gobierno”. No señor. López en realidad incitó a la violencia pidiendo que la ciudadanía echara del poder a un gobierno democráticamente, repito, DEMOCRÁTICAMENTE elegido, usando como herramienta la protesta callejera violenta, barricadas y bloqueos a suministros que dejaron a varias poblaciones sin acceso a comida, agua, luz o gas…incluso los servicios de urgencias fueron bloqueados.

Como resultado de sus continuadas incitaciones para provocar, ha habido manifestaciones violentas en Venezuela por los seguidores de este personaje — desde ataques pirómanos a cualquier tipo de edificio público, centros de salud, campuses universitarios, el uso de tiradores de primera para asesinar a policías, guardias nacionales y gente del movimiento bolivariano. La violencia instigada por la oposición ha llegado a extremos tales, que varios motoristas han sido decapitados por las trampas tendidas en las carreteras. Las manifestaciones violentas, incluído asesinos y otros delincuentes a sueldo, consiguieron alienar a la mayoría de la población (incluido muchísima gente de la derecha). Debido precisamente a su responsabilidad en estos actos criminales, López está en la cárcel a espera de juicio”.

Incluso con estos antecedentes, el señor González tiene todo el derecho, si así lo desea, a seguir apoyando a López (hasta a decir que es el futurible mejor candidato a dirigir Venezuela, si es que es el que más le gusta a él), a discrepar de la sentencia, a pensar que la Justicia venezolana está corrompida (aunque ningún presidente latinoamericano, ni siquiera su amigo el colombiano Juan Manuel Santos, han protestado contra la sentencia) a que no le guste el gobierno venezolano y a opinar que es una dictadura, a ser amigo íntimo del magnate venezolano Gustavo Cisneros (el empresario al que su Gobierno vendió Galerías Preciados tras la expropiación de Rumasa por un precio de saldo) y puede que hasta a usar un avión de las Fuerzas Aéreas de Colombia para salir de Venezuela (nuestro querido ex-presidente también tiene la nacionalidad colombiana, de hecho, sería bueno que se definiera entre si es español o es colombiano… por ese parecido tan razonable que González tenía, en tiempos de su juventud, con el difunto cantante José Luis Rodríguez “El Puma”, estaría más bien cerca de lo segundo).

Los gobiernos de Chávez y Maduro han cometido muchos errores criticables, eso es indudable, pero ¿desde cuándo a Maduro se le ha nombrado “criminal de lesa humanidad”? ¿A cuántos ha torturado y asesinado Maduro? ¿Cuántos desaparecidos hay bajo su gobierno? ¿Cuántos vuelos de la muerte ha habido bajo su gobierno? ¿Cuántos bebés han sido arrancados de sus madres? ¿Cuántas operaciones Condor ha planificado?

Pero a todos estos derechos no estaría mal que González añadiera un poquito de rigor. Pese a todas las críticas que se puedan hacer a su gobierno, ningún organismo público internacional habla de “dictadura” para referirse a Venezuela. “Casualmente” sí lo hacen think tanks privados que siempre tienen que responder por los intereses de quienes los financian (los cuales muy habitualmente, por no decir casi siempre, suelen ser de ideario derechista-libegal, otra “casualidad”). Ningún organismo internacional ha puesto en cuestión ninguna de las elecciones venezolanas celebradas a lo largo de los últimos 17 años (un total de 19, incluyendo revocatorio, reformas constitucionales, elección presidencial por fallecimiento del presidente Chávez), ni tampoco ningún tribunal internacional ha dictado ninguna sentencia en contra de Venezuela por violación de derechos humanos, y mucho menos, por delitos de lesa humanidad. Si Venezuela es una “dictadura” no se entiende bien cómo la propia esposa de López sale libremente de su país en giras internacionales y dice todo lo que quiere sobre el supuesto carácter “dictatorial” del gobierno venezolano, o cómo es que otros opositores, como el caso de Henry Ramos Allup, Eveling Trejo de Rosales o Ramón Guillermo Aveledo han hecho oposición activa al gobierno sin problemas.

Es de suponer que el señor González sabrá (y lo debe saber, porque de tonto no tiene un pelo) que recientemente la Comisión Valech ha reconocido en Chile a 40.018 víctimas de la dictadura de Pinochet, entre detenciones ilegales, torturas, ejecuciones y desapariciones. Si el señor González afirma tan lozanamente que “el estado de sitio del Chile de Pinochet respetaba mucho más los derechos humanos” que el gobierno de Venezuela, es de suponer que tendrá pruebas de ello que aún no nos ha desvelado, o, en caso contrario, no es más que alguien con una dureza facial muy similar a la del cemento armado.

Cabría preguntarse porqué, si el señor Felipe González quiere apoyar a la oposición al gobierno venezolano, no lo hace con alguien moderado como Henrique Capriles (al menos, alguien que acepta que para gobernar HAY QUE GANAR LAS ELECCIONES). González actúa muy irresponsablemente, ignorando que la situación de violencia en Venezuela fundamentalmente viene de una polarización fortísima entre partidarios y opositores de Maduro. Presentando a Leopoldo López y sus discursos incendiarios como si fuera la única oposición posible a Maduro lo que hace es contribuir a una escenificación interesada, en la que la impresión que se crea es que el gobierno venezolano es tan “tiránico” (y si dice que es aún peor que el de Pinochet, esa es la dirección en que va González) que la única vía que quedaría sería la insurrección violenta, y en echar aún más leña al fuego (aparte de insultar a las víctimas de la dictadura de Pinocho).

Sería muy conveniente que don Felipe González se diera cuenta de que, si se quiere desplazar a Maduro del poder (como parece evidente que quiere el señor González muy vehementemente), lo mejor es apostar por la vía democrática, no por el golpismo. Hay que recordar que el propio Leopoldo López renunció a competir dentro de las filas opositoras de cara a las elecciones del año 2012. Dentro de la MUD (Mesa de Unidad Democrática), era el peor posicionado en las encuestas con apenas el 10% de su propio electorado, lo cual le hizo retirar su candidatura a favor de Henrique Capriles. Leopoldo López nunca fue el elegido en el seno de la oposición, pese a que ahora se esté intentando dar la impresión de que la condena a prisión es una sentencia política por la que se pretende descabezar a la oposición y dejarla sin referentes. López siempre fue marginado por los dos grandes partidos que conforman la mesa opositora, tanto por Copei como Acción Democrática. Ni siquiera Capriles acató la tesis política “La Salida” (“cambio ya, la calle vence”) por la que López llamó en febrero de 2014 a no reconocer al Gobierno legítimo de Venezuela. Por el contrario, Capriles sí cree que en Venezuela sólo se puede llegar a ser presidente cuando real y democráticamente se cuenta con el respaldo de una mayoría social (ese es uno de los motivos por los que, a diferencia de López, no está entre rejas), mayoría que, nos guste o no, hasta el momento prefiere el chavismo como propuesta política.

Puesto que, a diferencia de Felipe González (quien parece creer que la realidad es lo que digan los periódicos, emisoras y programas de TV dominados por las oligarquías que nos gobiernan), parece ser que la mayoría de venezolanos piensa que, más bien, quien estaría más cerca de Pinochet no sería precisamente Maduro.


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