Posteado por: Javier | octubre 13, 2015

Nada que celebrar: vale, pero sin hacer el tonto

Ayer que se celebró el conocido como “Día de la Hispanidad” (en EEUU lo llaman “Día de Colón”) tuvimos que asistir a un espectáculo un poco tonto de parte de algunos.

Dejando aparte la ya habitual diarrea dialéctica de Willy Toledo (a las que ya estamos acostumbrados, nada nuevo bajo el sol con un señor al que le gusta tantísimo llamar la atención), tuvimos a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, diciendo en un tuit que “Vergüenza de estado aquel q celebra un genocidio, y encima con un desfile militar que cuesta 800.000€”. A lo que salió en su apoyo el alcalde de Cádiz, José María González, “Kichi”.

Por su parte, Participa Sevilla, la candidatura municipal vinculada a Podemos en la capital de Andalucía, anunció que no participaría en el “Te Deum” que se celebraría en la Catedral ni en el resto de actos del 12 de Octubre (bien, hasta ahí bien)… pero dando el motivo de “por respeto a las poblaciones hermanas de América”, dado que tras el descubrimiento “millones de personas de esos pueblos fueron asesinadas”. SÍ: no tiene el más mínimo sentido que representantes públicos acudan como tales a eso del “Te Deum” de la Catedral (ni A NINGÚN OTRO ACTO RELIGIOSO, sea el que sea), otra cosa es que decidieran acudir a título individual, en lo que están en su derecho. Lo que es una tontería es eso de “millones de personas de esos pueblos” que habrían sido “asesinadas”.

La noción “genocidio” es un neologismo que debemos a Raphael Lemkin, un jurista polaco que a la vista de las matanzas masivas, sistemáticas y deliberadas (un verdadero sistema de exterminio organizado industrialmente) que estaban llevando a cabo los nazis sobre determinados colectivos decidió calificar tales actos con ese nuevo término. Y es que en su opinión, era la primera vez en la Historia que se producía una masacre intencionada sobre un colectivo sobre la base de compartir un determinado rasgo como la raza, etnia, nacionalidad, etc. A partir de ahí, con alguna modificación, se introdujo en el Convención sobre Prevención y Sanción del delito de genocidio de 1948, donde se establece claramente que para que haya genocidio debe haber una intención especial de destruir a un determinado grupo humano identificable o reconocible por esos rasgos. Muy osado históricamente es hablar de genocidio en el caso de la conquista española de las Américas, a pesar de lo lamentable de muchos de sus hechos, al igual que en el caso de otras potencias coloniales. Las muertes de indígenas durante la conquista se debieron a la propia lógica de la guerra, a la transmisión de enfermedades y las duras condiciones de trabajo (que afectaron también a los castellanos que fueron a esas tierras pero que, como es normal, afectó a más a los indios, que eran muy mayoritarios) y al hecho de que las tropas conquistadoras, al ser muy inferiores en números, hubieron de recurrir ocasionalmente a soldados indígenas, que aprovecharon la coyuntura para ejecutar venganzas por antiguos pleitos con otros pueblos vecinos.

Es muy ridículo hablar de genocidio cuando, inmediatamente tras el descubrimiento, empezó el mestizaje de los indígenas con los españoles y con los negros traídos de África. De todo esto surgieron los mestizos (mezcla de indígena y europeo), los moriscos (mezcla de mulato y europeo), los cholos (mezcla de mestizo e indígena), los mulatos (mezcla de africano y europeo), los zambos (mezcla de africano con indígena) o los castizos (mezcla de mestizo con europeo). Si hubo un “genocidio”, ¿cómo es que en Sudamérica mandan y han mandado mucho medio indígenas con apellido español tipo Hugo Chávez, Rafael Correa o Evo Morales? ¿Cómo hay tanto mestizo con apellido español si hubo un “exterminio” general o “genocidio”? Si lo que se celebrase fuera un “genocidio”, ¿acaso la comunidad internacional, empezando por los países víctimas del “genocidio”, se quedarían de brazos cruzados?

La verdad, no sé qué pasa con algunos miembros de esta izquierda postmoderna o alternativa que, haciendo en muchas ocasiones lo correcto, más de una vez la cagan cuando se explican y dan sus razones. En este sentido, mucho mejor ha sido la razón dada por Pablo Iglesias para declinar la invitación de la Casa Real a acudir a los actos de Madrid: “Consideramos que nuestra presencia es más útil en la defensa de los derechos y la justicia social en este país, como hacemos a diario junto con otras personas, organizaciones e instituciones, que en este tipo de actos. Combatir la desigualdad es una de nuestras principales prioridades como estamos seguro que también lo será para la Jefatura del Estado y, por tanto, estamos convencidos de que comprenderá esta decisión”. No es “santo” de mi devoción Iglesias, pero hay que reconocer que el suyo es mucho mejor motivo que el de algunos de sus compañeros.

Yo mismo, de hecho, ese día tampoco participo ni celebro nada, pero porque suelo pasar olímpicamente de este tipo de festejos místico-litúrgicos de raíz católico-papista (de hecho, ya en el siglo XIX, no pocos liberales protestantes en EEUU se oponían a la celebración del “Día de Colón” porque consideraban que exaltaba la propagación de catolicismo, papismo, y otras doctrinas indeseables para la libertad). En otras ocasiones he escrito desmintiendo la “Leyenda Negra” (AQUÍ o AQUÍ), puesto que me parece una mentira calumniosa y algo grotesco que se hable de “genocidio” en boca de algunos franceses o anglosajones. Como también de parte de indigenistas, con rasgos aztecas o incaicos, que ni hubieran llegado a nacer si sus antepasados, en lugar de caer en manos de españoles, lo hubieran hecho en las de ingleses.

Pero una cosa es eso y otra exaltar o celebrar patrioteramente nada (o, mejor dicho, chovinistamente, puesto que todo esto tiene mucho de chovinismo y poco de patriotismo), sobre todo cuando se trata de celebrar una empresa dirigida por Roma como fue la conquista y colonización de América, puesto que no hay que olvidar que en aquellos tiempos España era política y espiritualmente sierva del papado (en cierto modo, a la vista de estos festejos fastuosos y oficiales que se celebran hoy en día, aún lo es). Lo que hayan hecho nuestros antepasados es historia de ellos y punto y no hay porqué festejarlo necesariamente ni tener que compartirlo por narices (pasa igual que con lo que hayan hecho familiares nuestros, no hay ninguna obligación de defenderlo porque sí, puesto que, al fin y al cabo, nosotros no hemos elegido en qué familia nacer). Eso lo dejo a los místicos tribales. Prefiero ocuparme y preocuparme por los problemas reales de la gente que en misticismos sentimentaloides. El patriotismo que no está subordinado a lo social y que no se preocupa por el bienestar del pueblo, no es verdadero patriotismo. El patriotismo de la derecha, basado en esencias nacionalistas, misticismo, banderitas y tribalismo a menudo es un invento de las oligarquías para mantener sometido a un pueblo a sus intereses, un pueblo, las más de las veces, analfabeto. Si pretendes que te tome en serio, no me vengas con ese patrioterismo barato.

Buenas noches.


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